INKOHERENCIAS

¿Cuánto falta para que una Florencia de la V sea gobernadora del Chaco?

 "¿Cuánto falta para que una Florencia de la V sea gobernadora del Chaco? Nada, sólo el tiempo y la vocación de quien, desde ese sitio, se lo proponga. Si quisiese podría", advierte el autor.

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Florencia de la V.
por RAÚL ACOSTA (*)
 
ROSARIO (La Capital). Qué felicidad cuando éramos tan infelices. Juan José Goytisolo en Palabras para Julia dice: “Tú no puedes volver atrás porque es la vida la que empuja, como un aullido interminable”.
 
La nostalgia es una certeza nublada, definida en las coplas a la muerte de su padre, don Manrique: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Escrito en el siglo XV.
 
No podemos volver ni recordamos lo triste y feo; solo lo bueno perdura en la memoria cercana. Hurgando muy adentro aparecen las negruras. Pocos se animan ¿para qué?
 
Sobre la vereda de calle Córdoba, la calle de la ciudad, la figura de “Lucho” Schwarstein salía de su consultorio y “Nachi” Suriani bromeaba. El parecido con Astor Piazzolla era mínimo, pero visible. Ruso, sos igual, decía el narigón. El genio es él, ojalá pueda quitarle algo de eso, del genio. Tengo que aprender a tocar el bandoneón. Se charlaba de vereda a vereda. Cada quien sabía que cosas hacía bien. Piazzolla venía a Rosario como a su barrio, a la noche asistía al espectáculo de Rita la Salvaje. No accedieron al mundo cyberespacial.
 
Había algo más en esas charlas. Algo más. Códigos de hermandades vestían las calles. El ruso era el ruso, el narigón igual: narigón. El prognato perita, el gordo eso: gordo. No ha pasado tanto. “Carlitos La española” era uno de los parroquianos Down del bar Sol de Mayo. Todos de igual a igual. Tuertos, flacos, la rusa, la polaca, la correntina. Tiempo de sobrenombres y bromas. De carteros y matiné.
 
Estoy seco, prestame. Dónde vas, te llevo. Dame la mano, palabra de hombre. No puedo, es un secreto. No ha pasado tanto. Hamlet Lima Quintana lo cantó: pueblos de gesto antiguo.
 
No ha pasado tanto. Se nubla la vista. Muchos saben de qué se habla cuando se dice: le di la mano. Los que se criaron en pueblos saben el valor de la palabra y del horario. Cómo fallar un horario. Por favor. Imposible. Aún viven abuelos que no firmaron papeles para pagar la casa o devolver semillas de la cosecha. Las deudas honran al hombre que las paga. Existía la palabra deshonra.
 
No ha pasado tanto tiempo de la bicicleta en la puerta y la puerta abierta. Perros que vivían como perros en la  casa y visitas de los vecinos y vaya tranquilo, mi amigo, que le cuido la casa.
 
Tiempos del niñito Dios, el pesebre y la Primera Comunión el 8 de diciembre. A los indios, a vigilante y ladrón, a las escondidas. 
 
Jugábamos a las estatuas y a las bolitas. Cometa, barrilete y pantalones largos. Rimmel y tacos altos. Gomera y pajaritos. La primera vez, el me vino, mamá me vino, los pantalones largos y el adiós a las muñecas. Muñecas de paño lenci y el reloj. Si se porta bien el reloj vendrá con el boletín de calificaciones. No ha pasado tanto.
 
Aquello era cruel, dicen los que cruzan la realidad con sus tijeras. Tras los visillos sostienen que se castraban voluntades. A qué negar lo que ya no se puede arreglar ni cambiar. Quién sabe qué mundo sería si todo fuese distinto. Las abuelas no se habrían muerto.
 
Pobre, solterona, te has quedado sin ilusión, sin fe. Tu corazón, de angustia, se ha secado. El tango dibujaba arquetipos con poca discusión.
 
Vivir a tres cuadras del tranvía era tener el transporte cercano. El teléfono prestado a la vecina, las medias remendadas y la camisa del hermano más grande. Se estudiaba y se estudiaba. No se aprobaba si no se sabía y la razón, entre el alumno y la maestra era siempre de la maestra, aún para los padres del “malenseñado”. Era duro traer una libreta con malas notas.
 
Se aprendía a leer en voz alta y había que recitar el abecedario. El mundo era más lejano y viajar era una aventura. Por años el mismo comisario y los policías de recorrida.
 
Aquello era cruel, afirman desde la modernidad y el descaro. Eso era oscurantismo, apuntan pos Fukuyama. Las minorías sociales, marginadas, pedían integración, no tomaban revancha. Fueron injustos con todas las minorías sociales. Hoy pisan fuerte, la revancha es un decreto diario. La normalidad una carga pesada. Los comunes se escapan del escenario. Hay que salvar al asesino. Integrar al malvado. Hay que denunciar y castigar los desequilibrios del pasado. Cargar las culpas del ayer les debilita el mañana a los normales.
 
La sociedad era hipócrita, sostienen. Se discute ante las cámaras de televisión o la discusión no vale. Se ha llegado a renunciar, a divorciarse, a despedir y despedirse desde programas televisados. Las reivindicaciones sociales no se debaten o apelan en tribunales. En la calle es el diálogo, la defensa, acusación y fallo.
 
Los patos le tiran a la escopeta. Los alumnos irán a conocer una gallina, un pavo real y una vaca. El recambio de analógico a digital está produciéndose. Si ponemos un punto cero en el 1990 ya votan los que nacieron a caballo de “la compu”. Es de ellos todo el mañana.
 
Un gobernador con una agenda papel (libretita negra) es una broma. Reviglio y Obeid comparten el recuerdo. Un gobernador que no atendía a nadie es una anécdota. Reutemann es una anécdota. Gobernadores y funcionarios que se asustan por un rumor en Internet son cotidianos. El rumor y la difamación es lo cotidiano.
 
Con todas las letras: ha cambiado la relación de mandantes y mandados. Es otro el comportamiento. Más revoque y chafalonía. Menos sólido el edificio. Minga de cimientos.
 
Nadie (casi, casi) lee o estudia para acumular conocimiento. Resúmenes en “gugle” definen al profesor. La compra y venta por Internet abarca biografías, música, tierras, motos, pedidos al súper. Es fácil entender que los piratas, los destripadores de programa, los ladrones, chantajistas, anarquistas, terroristas, los mentirosos y embaucadores de siempre siguen con su oficio ilegal. El rumor, la insidia, la mentira pisa fuerte porque el hombre sigue siendo su territorio. Se juega lo real en el mundo irreal de Internet. Ésa es la cancha.
 
Los jóvenes reniegan del pasado. Es un clásico. Sucedía, sucede, sucederá. Antonio Bonfatti es el último gobernador analógico. Su gabinete tiene otro reparto; hay comité y  casa del pueblo pero, además, funcionarios de claustros, del campo teórico, de una confluencia poco visible, pero muy arraigada: de Blackberry y mensajito. Teorías. Nuevo lenguaje. Esa es, por otra parte, la verdadera pelea de la última presidente analógica. CFK se debate entre los malos conocidos y el mañana. 
 
Cristina no “guglea” ni “tuitea” sino por medio de sus representantes: no tiene Internet. Bonfatti tiene más menú que la viuda. Menos mal. Que quede bien clarito: los próximos serán gobernantes que fueron internautas desde temprano. Alcanzamos a Obama, primer presidente Blackberry.
 
El gobierno refleja la sociedad. La sociedad se mueve ¿Cuánto falta para que una Florencia de la V sea gobernadora del Chaco? Nada, sólo el tiempo y la vocación de quien, desde ese sitio, se lo proponga. Si quisiese podría.
 
Sobre 1950 escribió Gabriel Celaya: “cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades”.
 
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(*) Testigo.

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