ADICCIONES LEGALES

Equiparando el azúcar con el alcohol y el tabaco

Científicos de la Universidad de California en San Francisco, sostienen que el azúcar es tóxico y tiene que ser objeto de regulación y control. Bonnie Rochman nos cuenta por que es tan difícil acabar con tan dulce adicción.

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El azúcar activa los mismos procesos que la heroína.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Científicos de la Universidad de California en San Francisco, sostienen que el azúcar es tóxico y tiene que ser objeto de regulación y control. Bonnie Rochman, de Time, nos cuenta por que es tan difícil acabar con tan dulce adicción.
 
Que el azúcar no es bueno en sí es algo que todos sospechamos. Como decía Woody Allen en su celebre Manhattan, parece que nada de lo que nuestros padres nos decían que era bueno para nosotros, era efectivamente bueno: la sal, la leche, el sol… Y ahora, ¡azúcar! 
 
Efectivamente, según sostiene un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), el azúcar plantea suficientes riesgos para la salud que debe ser considerado una sustancia controlada al igual que el alcohol y el tabaco.
 
En un artículo de opinión titulado "La tóxica verdad sobre el azúcar", publicado el 1/02 en la revista Nature, Robert Lustig, Schmidt Laura y Claire Brindis argumentan que es poco apropiado referirse al azúcar como contenedor de "calorías vacías": "No hay nada vacío en esas calorías. Cada vez mayor evidencia científica demuestras que la fructosa puede desencadenar procesos que conducen a la toxicidad del hígado y una serie de otras enfermedades crónicas. Un poco no sería un problema, pero una gran cantidad, mata… poco a poco".
 
Casi todo el mundo ha oído hablar de -o experimentado personalmente- la sensación de exceso de azúcar, por lo que la comparación del azúcar con el alcohol o el tabaco no deberían caer como una sorpresa. Aún así es poco probable que los estadounidenses (y por analogía, el resto de la población mundial) reciban con buenos ojos la regulación de su vicio favorito. USA es una nación que se endulza con su consumo de azúcar: el estadounidense promedio consume unas 22 cucharaditas de azúcar al día, según la American Heart Association (la Asociación Americana del Corazón), mientras que otras encuestas han concluido que los adolescentes rondarían las 34 cucharaditas.
 
Para contrarrestar el consumo, los autores abogan por gravar los alimentos azucarados y controlar su venta a menores de 17 años. A estas alturas, el 17% de los niños y adolescentes estadounidenses son obesos, y en todo el mundo el consumo de azúcar se ha triplicado en los últimos 50 años. El aumento ha ayudado a crear una pandemia mundial de obesidad que conlleva unas 35 millones de muertes anuales en todo el mundo a causa de enfermedades no infecciosas, incluyendo diabetes, enfermedades cardiacas y cáncer.
 
"Hay calorías buenas y calorías malas, así como hay grasas buenas y grasas malas, aminoácidos buenos y malos, carbohidratos buenos y carbohidratos malos", cuenta Lustig, un profesor de pediatría y director de la Evaluación de Peso para la Salud de Niños y Adolescentes (WATCH, por sus siglas en inglés) del programa de la UCSF, en un  comunicado. "Pero el azúcar es tóxico más allá de sus calorías".
 
La industria alimentaria intenta dar a entender que "una caloría es una caloría", dice Kelly Brownell, director del Centro Rudd para Política Alimentaria y Obesidad de la Universidad de Yale. "Pero esta y otras investigaciones sugieren que hay algo diferente en el caso del azúcar", dice Brownell.
 
El informe de la UCSF hace hincapié en los efectos metabólicos de azúcar. El exceso de azúcar puede alterar el metabolismo, aumentar la presión arterial, sesgar la señalización de las hormonas y dañar el hígado -síntomas sospechosamente similares a los que vendrían tras una fuerte ingesta de alcohol-. Schmidt, co-presidente de la del programa de Políticas de Salud y Participación de la UCSF señaló en la CNN: "Cuando se piensa en ello, esto realmente tiene mucho sentido. El alcohol, después de todo, es simplemente la destilación del azúcar. ¿De dónde viene el vodka? del azúcar".
 
Pero también hay otras áreas de impacto donde los investigadores han puesto la lupa: el efecto del azúcar en el cerebro y cómo las calorías líquidas son interpretadas de manera diferente por el cuerpo que las sólidas. La investigación ha sugerido que el azúcar activa los mismos circuitos de recompensa en el cerebro que las drogas tradicionales de abuso como la morfina o la heroína. Nadie está sugiriendo que el efecto del azúcar sea tan potente, pero, dice Brownell, "ayuda a confirmar el por qué la gente te dice de manera anecdótica que anhelan un poco de azúcar y tienen síntomas de abstinencia cuando dejan de tomarlo”.
 
También hay algo particularmente insidioso sobre las bebidas azucaradas. "Cuando las calorías provienen de líquidos, el cuerpo no se siente tan lleno", dice Brownell. "La gente está cada vez incorporando un numero cada vez mayor sus calorías de las bebidas azucaradas".
 
Otros países, como Francia, Grecia y Dinamarca, recaudan impuestos con las gaseosas, concepto que se está considerando en al menos 20 ciudades de USA y en diversos Estados. El verano pasado, Filadelfia estuvo a punto de aprobar un impuesto a los refrescos de US$ 0.02 por onza. El Centro Rudd ha sido un elocuente defensor de un impuesto más modesto, de US$ 0.01 por onza. Pero al menos un estudio del 2010 plantea sus dudas acerca de la efectividad de imponer impuestos a las gaseosas al momento de perder peso. Aparentemente, las personas que están decididas a comer y beber de manera poco saludable, siempre encuentran la manera de hacerlo. 
 
En última instancia, la regulación del azúcar será particularmente difícil porque trasciende los problemas de salud: el azúcar, para mucha gente, representa al amor. Un plato apio cortado difícilmente pueda causar el mismo impacto emocional que una lata llena de galletitas de chocolate hechas en casa. El desafío ahí ya es cultural. Habrá que acostumbrar a nuestros hijos a comerse una buna manzana en lugar de un suculento helado como premio. 
 
Sea como fuere, el primer paso es la toma de conciencia. Y los avances científicos sugieren que la gente tiene que estar mejor educada acerca del azúcar si es que algo ha de cambiar. 
 
Sin duda muchas de las intervenciones que han reducido el consumo de alcohol o tabaco pueden ser modelos para abordar el problema del azúcar, tales como el cobro de impuestos especiales a las ventas, control de acceso, o el endurecimiento de los requisitos para obtener licencias de máquinas expendedoras y cafeterías que vendan productos de alto contenido de azúcar en escuelas y lugares de trabajo.
 
"No estamos hablando de la prohibición", dijo Schmidt. "No estamos abogando por una mayor presencia del gobierno en las vidas de las personas. Estamos hablando de formas suaves que hacen que el consumo de azúcar sea un poco menos conveniente, apartando a la gente de las dosis concentradas. Lo que queremos en realidad es aumentar las opciones de la gente para que puedan acceder d manera más fácil y más económica a alimentos que lleven tanto azúcar, lo que es decir, a alimentos más sanos". Bueno, bonito, barato y saludable. 
 
 

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