PUJA WASHINGTON-BEIJING

La OMC no se quiere meter con el yuan

Fogoneado el tema por Brasil y con la moneda china en la mira, el director general de la Organización Mundial del Comercio, Pascal Lamy, advirtió este martes (27/03) de que esa institución puede debatir, pero no resolver por sí sola, las cuestiones macroeconómicas que afectan a la fluctuación de los tipos de cambio.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El rápido ascenso de China como la segunda mayor economía mundial ha convertido al debate sobre los tipos de cambio en una fuente de fuertes tensiones comerciales, sobre todo con USA, que considera que el yuan está artificialmente subvaluado para proteger la competitividad de las exportaciones chinas.

 

 
La guerra de divisas puede mejor explicarse de la siguiente manera: todos le apuntan a Beijing para que aprecie su moneda, encareciendo así sus exportaciones y permitiendo por lo tanto una mejora en la competitividad Occidental. A cambio, se le otorgan ciertas concesiones a China que van desde una menor presión internacional por los abusos que comete el Gigante Asiático en términos de derechos humanos (sacándole presión al régimen) al reconocimiento de derechos intelectuales en China en perjuicio de otros como condición para entrar en el apetecible mercado chino o respetar su liderazgo regional. 
 
Tanto es esto así que USA y China venían exigiendo un debate cerrado sobre políticas cambiarias en la OMC. Canadá hasta pidió que no haya grabación ni los presentes tomen notas, algo que aún no ha ocurrido, por lo menos de manera oficial. Por el momento, todo queda limitado a un simposio organizado por la misma OMC. 
 
Pero existen otros jugadores que mantienen un fuerte interés en el tema, principalmente Brasil. Con su economía también floreciendo, la fuerte apreciación del real ha abierto la puerta a una ola de importaciones chinas. Brasilia entiende que la liquidez que los principales bancos centrales del mundo están inyectando al sistema financiero global es perjudicial para su economía. 
 
Por eso, Brasil pidió el pasado septiembre que la OMC abordara el asunto. Para Brasilia era indispensable que las reglas comerciales globales incluyan las fluctuaciones cambiarias desleales, proponiendo que su existencia justifique la aplicación de represalias comerciales.
 
Frente a la oposición de China, Brasil suavizó su demanda para abrir un debate en favor de un simposio que generara menos divisiones. Aunque algunos diplomáticos siguen desconfiando de los reales motivos de Brasil. 
 
Brasil entiende que la transparencia es clave. Entiende que si no se vislumbra una agenda oculta, no debería haber excusas para mantener una conversación racional sobre esto para perfeccionar el sistema. Pero agenda oculta, hay. Lo que pasa es que Brasil no está invitado a ese debate que por el momento queda restringido a USA y China.
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Sin duda hay partes que quieren ese debate abierto y transparente y otros que prefieren que no cambie el status quo o que las decisiones sean adoptadas producto de una negociación que reditúe algún beneficio en reemplazo del que se resigna. En ese grupo se encuentran tanto USA como China, los titanes en pugna. 
 
Frente a esto, vino la delicada negativa de la OMC. 
 
"El sistema de la OMC, sus políticas y reglas, no podrán resolver las cuestiones macroeconómicas que están en el núcleo de los comportamientos de las divisas en todo el mundo", dijo Pascal Lamy, el director general de la Organización Mundial del Comercio, en la apertura del seminario de 2 días de duración que analiza a puerta cerrada el efecto de los tipos de cambio en el comercio.
 
Como expresamos, el seminario se celebra a petición de Brasil, país que se siente perjudicado por la apreciación de su divisa y que denuncia lo que considera devaluaciones artificiales por parte de China, USA e incluso la Unión Europea (UE) de sus monedas para estimular sus economías.
 
"Las reglas de la OMC no arreglarán las pautas nacionales de consumo o de ahorro, no solucionarán los problemas de competitividad de las industrias domésticas, no determinarán las tasas de interés nacionales", afirmó Lamy, que apostó por un enfoque global.
 
"Todos estos asuntos requieren de una mezcla de cooperación en el terreno macrofinanciero y de políticas domésticas adecuadas, que están al margen de las atribuciones de la OMC", agregó.
 
Lamy defendió "impulsar la reforma del sistema monetario internacional" y argumentó que "los intentos unilaterales para cambiar o retener el sistema actual no funcionarán".
 
"Necesitamos un sistema monetario global que inspire confianza, ofrezca estabilidad y supervise los tipos de cambio de manera más eficiente", así como "promover el diálogo y mejorar el entendimiento de los miembros de la relación económica entre tipos de cambio y comercio", manifestó el máximo responsable de la OMC.
 
Se trata de una asignatura pendiente desde el derrumbe hace 4 décadas del sistema de Bretton-Woods, nacido tras la II Guerra Mundial, con el que, según recordó Lamy, "había un sistema de ajuste ordenado de las tasas reales de cambio".
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"El sistema no era ideal, pero se mantuvo. Pero había un sistema, que proporcionaba un sentimiento de gobierno organizado del sistema monetario internacional. Esto es lo que hoy nos falta", indicó.
 
Lamy consideró un primer paso entablar un debate sobre este asunto: "por una serie de razones, los miembros querían este debate. Yo pienso que, desde un punto de vista institucional, incluso lo necesitábamos. El asunto es tan antiguo como el propio sistema del GATT y la OMC, pero hacía mucho tiempo que no había sido tratado".
 
Apostó en este sentido por "una discusión racional, pedagógica y basada en los hechos", distinguiendo "la realidad de las emociones, que inevitablemente surgen en torno a este asunto".
 
"Los tipos de cambio son, y siempre han sido, un asunto altamente sensible en la OMC. Hay una dimensión emocional, cultural e incluso moral que la comunidad comercial le ha añadido, en el que la frontera entre la realidad y la percepción puede ser difusa", dijo.
 
Este seminario se celebra después de que Brasil propusiera en 2011 al Grupo de Trabajo de la OMC sobre Deuda Comercial y Finanzas un estudio sobre este asunto desde una perspectiva económica basada en la teoría y en los estudios concretos de casos reales. 
El resultado fue un informe del Secretariado de la OMC, difundido el pasado septiembre, sobre la base de 130 estudios de expertos, que "permitieron llegar a la conclusión de que no hay conclusión", según lo caracterizaron fuentes diplomáticas.
 
Pese a la disparidad de conclusiones, Lamy aprecia un impacto en la economía real y en el comercio internacional de las políticas de ajuste de las grandes economías para reflotar sus sistemas financieros, con la inyección de ingentes cantidades de dinero y con los tipos de cambio haciendo de "correas de transmisión".
 
"Después de las recientes crisis financieras, la sensación de que los ajustes del sector financiero en las economías ricas destruyen las economías reales, incluidas las de los países más pobres, es muy real en esta institución", declaró el director general.
 
Esto no quiere decir, matizó a continuación, que los ajustes de los tipos de cambio sean todos malos de por sí.
 
"De hecho corrigen a menudo los desequilibrios macroeconómicos, financieros o por cuenta corriente, cuya persistencia tendría un coste mayor sobre los actores comerciales", argumentó.
 
Tras la nada inicial de de la OMC, Brasil espera ahora que sea el FMI y el G-20 quienes aborden el tema de una manera más constructiva y efectiva.