DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

En China, el dinero tampoco compra la felicidad

La economía de China ha crecido casi un 550% en los últimos 20 años. Sin embargo, su población no está más satisfecha que en el pasado y por eso existe un disgusto creciente por la brecha entre ricos y pobres.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Sin duda cuando Bo Xilai, el controvertido y ascendente político chino, fue expulsado del Partido Comunista Chino en marzo, pocos analistas supieron escuchar entre sus últimos comentarios públicos antes de desaparecer en su detención, una frase que pronunció que, entre tanta mentira y excusa política, tiene un halo de realidad que plantea un serio problema para el liderazgo de China en su intento por navegar la transición política de este año, la desaceleración económica y los cabos sueltos tras la purga de Bo y las tramas de Guangcheng y Chan: Bo reveló que el coeficiente Gini de China, un índice que mide la brecha entre ricos y pobres, ha entrado en territorio para preocuparse. Bo anunció un valor de 0,46. Cualquier valor superior a 0,4 se considera peligrosamente alto y capaz de alimentar los disturbios. El índice no se dio a conocer en lo últimos 10 años. 
 
En Chongqing, donde Bo fue secretario del Partido Comunista durante 4 años y medio, hizo la construcción de viviendas protegidas y económicas y la vivienda subsidiada en una de las principales megaciudades más pobre del país, los pilares de su "modelo Chongqing". La corrupción al por mayor que él y su familia han sido acusados de favorecer, si no participar, condujo la brecha de la riqueza en la dirección equivocada, pero Bo entendía la importancia política de aparentar preocuparse por el problema, al igual que conocía el atractivo de tomar medidas enérgicas contra la delincuencia o reactivar la cultura de la época de Mao
 
Es un punto que muchos otros funcionarios parecen haber pasado por alto, conscientes quizá de la declaración de Deng Xiaoping de que "algunos se enriquecerán primero", pero olvidando su correlato, esto es, que su prosperidad a continuación se extendería a todos, lo que en la Argentina se conoció como “la teoría del derrame”. El crecimiento de China en las últimas décadas ha sido asombroso y las encuestas como las realizadas por el Proyecto Global del Centro de Investigaciones Pew han concluido que existen altos niveles de satisfacción y optimismo en China. Pero esos números invitan otras historias. Un examen más profundo de los niveles de satisfacción de los ciudadanos chinos indica que mientras que los más ricos del país están cada vez más contentos, los pobres son cada vez más y más infelices. 
 
Esa es una de las conclusiones de un nuevo informe de un equipo de la Universidad del Sur de California encabezada por el economista Richard Easterlin, y publicado en el último número de Proceedings of the National Academy of Sciences (resultados de la Academia Nacional de Ciencias). El grupo analizó varios estudios sobre la felicidad personal en China remontándose a 1990 y concluyó que en general hubo pocos cambios y tal vez incluso un descenso en las últimas 2 décadas. En la década de 1990, en particular, se produjo un descenso significativo, que los autores dicen que refleja la alta tasa de desempleo por los despidos masivos de las empresas públicas en el marco de las reformas económicas. Después de una meseta en el período 2000-2005, los números de la felicidad se recuperaron para volver a los niveles pre 1990. Escriben:
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“A pesar de una tasa sin precedentes de crecimiento económico, la satisfacción de vida de China en las últimas 2 décadas ha seguido en gran medida las tendencias de los países en transición de Europa central y del este -un descenso, seguido de una recuperación, sin ningún cambio o una tendencia decreciente durante el período siguiente o visto como un todo. No hay evidencia de un marcado aumento en la calidad de vida en China de la magnitud que se podría haber esperado basado en el aumento de 4 veces el nivel de consumo per cápita en ese período. En su transición, China ha pasado de ser uno de los países más igualitarios en términos de distribución de la riqueza y la calidad de vida (entendida como “satisfacción con la vida”) a uno de los menos igualitarios. La satisfacción de vida ha disminuido notablemente en los segmentos de más bajos ingresos y los menos educados de la población, que se ha incrementado un poco en el estrato superior".
 
Si bien los pobres de China son cada vez más infelices, es poco probable que el país vea una revuelta social a la Primavera Árabe. Los problemas son demasiado difusos y los órganos de seguridad del Estado muy propensos a reprimir a la disidencia con potencial de contagio. Sin embargo, a nivel local, la protesta es generalizada, con un promedio de 500 por día en todo el país, según el economista Niu Wenyuan, un asesor del Consejo de Estado de China. La semana pasada, un atentado suicida se coló en una oficina del gobierno en la provincia sureña de Yunnan, matando a 4 personas. El culpable y la motivación detrás del ataque han sido objeto de amplio debate en las redes sociales, pero el objetivo -una oficina donde los residentes reciben compensaciones por viviendas demolidas- ha alimentado la creencia de que el ataque fue impulsado por la ira que causa la reubicación forzosa a la que se somete a mucho trabajadores y agricultores. 
 
Puede ser que China cada vez sea más rica. Pero también está cada vez menos contenta y más enojada.