JAQUE DE MOYANO

"Nos bajamos del 30% si eliminan Ganancias sobre salarios"

Carlos Tomada, ministro de Trabajo, citó a Pablo Moyano a una reunión en la sede de la cartera laboral. La administración kirchnerista quiere evitar que el conflicto estalle, y las consecuencias (luego del problema en los cajeros el viernes 15/06). Pero al ofrecer un trueque entre porcentaje salarial y eliminación del gravamen de Ganancias sobre salarios, Moyano le dio un nuevo enfoque a la crisis, que ya trasciende exclusivamente a Camioneros.

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Pablo Moyano.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El Ejecutivo Nacional convocó de urgencia al Sindicato de Choferes de Camiones a una nueva reunión con las cámaras empresariales del autotransporte de carga para intentar alcanzar un acuerdo salarial y evitar así un paro en el sector.
 
Cuando llegó a la Dirección de Relaciones Laborales, en la avenida Callao, Pablo Moyano dijo: "Nos bajamos del 30% sólo si eliminan el Impuesto a la Ganancias". 
 
Muy interesante el enfoque de Moyano porque entonces toma una causa comun a todos los sindicatos: hace un corte transversal en el universo salarial que integra la Confederación General del Trabajo.
 
No obstante, el gremio tiene previsto continuar hoy con una serie de paros sorpresivos, en la rama de recolección de residuos o de distribución de combustibles, en caso de que fracase la nueva ronda de negociación, segun lo aseguraron a Noticias Argentinas fuentes del gremio conducido por Pablo Moyano.
 
Camioneros convierte su conflicto sectorial en una causa de todos los sindicatos.
 
Y queda en entredicho el enfoque oficialista sobre el conflicto en la CGT. Esa versión K quedó explicada en un fragmento de Horacio Verbitsky en Página/12:
 
 
"(...) ¿Quiere decir esto que se partirá la CGT? La mera pregunta denota escasa percepción del cuadro sindical. De hecho, la CGT ya está tan o más fracturada que la CTA y cada una de las cinco fracciones de este calidoscopio se atraen y se repelen en un juego cuya única regla es la inestabilidad. Los denominados Gordos no asisten desde hace años a las reuniones de la Comisión Directiva, y un grupo de gremios que siguen al gastronómico Luís Barrionuevo han creado un organismo paralelo denominado “CGT Azul y Blanca”. La novedad que puede cristalizar en el Congreso del mes próximo es el regreso de Los Gordos a la central, en alianza con sectores que en los últimos años reconocieron la conducción de Moyano, como aquellos que se hacen llamar Independientes, y que incluyen a José Lingeri, Héctor Rodríguez y Gerardo Martínez, y una exteriorización más visible de la división preexistente.
 
Ante esta perspectiva, Moyano amagó con alejarse pero sin abandonar la central, tal como lo hicieron sus rivales en estos años. Su proyecto era replegarse sobre el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), que lideró en la resistencia al neoliberalismo, y sobre la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), a la que Kirchner devolvió la personería retirada por la dictadura. Pero es poco lo que le queda de ambas estructuras. Muchos de los gremios que integraron el MTA, igual que los de la CATT, le han hecho saber que no lo seguirán hasta estrellarse contra un gobierno sólido que hace tan poco consideraba el mejor para los trabajadores desde el de Juan Perón. De los dirigentes que durante años flanquearon a Moyano, sólo siguen a su lado Juan Carlos Schmidt y Omar Plaini, pero hasta ellos mantienen contacto frecuente con altos funcionarios del gobierno y sólo comparten el lado gremial de las exigencias de Moyano.
 
La afirmación de Amado Boudou de que la presidente no necesita de la dirigencia sindical porque se comunica en forma directa con los trabajadores, es desmentida por la práctica diaria, de la que el mismo vicepresidente participa, de reuniones permanentes con secretarios generales de todos los gremios. Los taxistas, los colectiveros, los marítimos, los aeronavegantes y los conductores de locomotoras abandonaron también la CATT, con lo cual la intimidación de Moyano se reduce a poco más que su propio gremio y a una parte de los pilotos de aviones y los ferroviarios del encarcelado José Pedraza.
 
Pasar de las palabras a la acción tiene dos riesgos simétricos: que fracase y que tenga éxito, lo cual supone que no hay opción ganadora. Cada sector lidia como puede con sus contradicciones. Moyano pasó su próxima movilización del 27 al 26 de junio, para que coincida con el décimo aniversario del asesinato de Kosteki y Santillán y al mismo tiempo recompuso su relación con Gerónimo Venegas, el dirigente de los estibadores rurales cómplice del alto índice de informalidad del trabajo rural. También ha tenido citas con las cámaras patronales agropecuarias, que tampoco quieren pagar impuestos, pero cuyo lockout por la extraterritorialidad de sus posesiones tuvo mínima inserción rural y ninguna urbana, y con la UCR, el partido cuyos últimos dos gobiernos terminaron en forma desastrosa para los trabajadores. Sólo le falta concertar alguna acción con los centenares de caceroleros que se creen poseedores de un derecho individual a atesorar dólares, pero que intentan disimular esta pretensión vergonzante con grandilocuentes consignas patrióticas y moralistas.
 
Pensar que esta ensalada de intereses contrapuestos pueda ser una base política muestra el extravío de quien busca posicionarse como líder popular. Por su parte, los grandes gremios que quieren librarse de Moyano se ven constreñidos a buscar el apoyo de un gobierno que les repugna más que a él. Los que apoyan a ese gobierno (como la CTA que dirige Hugo Yasky) no se sentirían en buena compañía cerca de West Ocampo o Daher, y están impulsando un reagrupamiento sobre un eje muy nítido, cuyo mejor expositor fue un personaje trágico, desgarrado entre dos lealtades: “La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. Nosotros sabemos de qué lado estamos”, dijo en diciembre el otro hijo del camionero, Facundo Moyano. ¿Nosotros?
 
El otro sector de la CTA, representado por Pablo Micheli, sólo puede disimular su nimia capacidad de movilización mimetizándose con agrupaciones pequeñas pero compactas que siempre lo han cuestionado por izquierda como Barrios de Pie o la Corriente Clasista y Combativa, y tendiendo puentes hacia Moyano, a quien durante años despreció, como expresión de una burocracia sindical que en los últimos años demostró ser más representativa que la conducción miniceteaísta, a la que Micheli accedió con un fraude comprobado por la justicia. Moyano no necesita de esos métodos para ganar una elección en Camioneros, pero no los desdeñaría en la CGT, aunque la ferocidad de su ruptura con el gobierno también ha abierto grietas en sus propias filas. Le pasa con Cristina lo mismo que padeció Víctor De Gennaro con Kirchner: la emergencia imprevista de un liderazgo de masas cuya mera existencia cuestionaba el rol al que se creían destinados por la historia o la providencia. Uno y otro emprendieron el difícil tránsito del sindicalismo a la política y cuando quisieron enfrentar a esos gobiernos afines, se les quebraron sus fuerzas sindicales y se despertaron compartiendo el lecho con quien nunca hubieran deseado cuando eran más libres de elegir. (...)".
 
 

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