TONTERÍAS K
Curso básico de La Cámpora para lavar cerebros
Sorprende lo rudimentario del pensamiento que expone la revista La Cámpora, publicación evidentemente dirigida a militantes de un nivel cultural muy básico. Nada se fundamenta y menos se investiga, todo se da por cierto: es el kirchnerismo en su estado puro. Un artículo titulado "Los cómplices necesarios" es un ejemplo de ello.
Ilustración de la revista La Cámpora.
VALOR AGREGADO
N. de la R.: ¿Qué hacían Néstor Kirchner y Cristina Fernández entre 1976 y 1983? Los jóvenes de La Cámpora no se lo preguntan. Segun Hugo Moyano, secretario general de la Confederación General del Trabajo, el matrimonio se dedicaba a acumular una fortuna familiar en base a la especulación financiera, de la que se aprovechaba un estudio jurídico dedicado a la ejecución de garantías prendarios y/o hipotecarias. Entonces ¿los Kirchner fueron beneficiarios de la Circular 1050 que implementó el Banco Central presidido por Adolfo César Diz y con Alejandro Reynal como vicepresidente? Es posible que Moyano haya faltado a la verdad pero si así fuese ¿cómo es que Néstor y Cristina eran lo suficientemente adinerados, hacia el final del Proceso de Reorganización Nacional, como para dedicarse a la política partidaria con dedicación casi exclusiva? Los jóvenes de La Cámpora no se lo preguntan porque, probablemente no piensan y resultaría interesante conocer el motivo: ¿es voluntario creer que el dinero de los Kirchner resultó un evento mágico o es una obligación para pertenecer? En tanto, los jóvenes de La Cámpora opinan sobre el resto de la sociedad. Creen tener derecho a subestimar a quienes conocen acerca de aquellos años, a tratar a todo el mundo como ignorantes. Aquí un ejemplo de las tonterías que publica la revista La Cámpora:
CIUDAD DE BUENOS AIRES (La Cámpora): Ledesma, Ford, Mercedes Benz, Acindar, Clarín, La Nación, Techint, Astarsa y Papel Prensa, entre otras, son algunas de la empresas sobre las que se empieza a correr el velo que deja expuesta su complicidad con los genocidas durante la dictadura.
La reciente apertura de una investigación judicial vinculada a la complicidad de los directivos de Loma Negra con la represión es una buena prueba de ello. La política de verdad y justicia que se lleva adelante en el país desde hace 9 años es la responsable principal de que estas cuestiones que permanecieron ocultas por más de 30 años ahora salgan a la luz.
Por primera vez, este último 24 de marzo, comenzó a debatirse públicamente la complicidad de los grupos económicos con la última dictadura a la que se redefinió como cívico militar, aludiendo a la responsabilidad de muchísimos civiles de sectores políticos, empresarios y eclesiásticos en la perdurabilidad a lo largo de siete años de un régimen de crímenes.
También fue determinante para ello el papel de una prensa cómplice que soslayaba los asesinatos y destacaba la necesidad y la importancia del orden impuesto.
“Los grupos económicos también fueron la dictadura”, decía la bandera que encabezó la última marcha y que plasmó así este cambio de enfoque decisivo.
Gracias a los avances en las investigaciones judiciales que ya devinieron en las primeras sentencias judiciales, y que enviaron a la cárcel a una buena cantidad de genocidas, es que podemos permitirnos pensar a la dictadura desde un espectro más amplio que involucra también a una importante parte de la sociedad civil.
Empresas como Ledesma, Ford, Mercedes Benz, Acindar, Clarín, La Nación, Loma Negra, Techint, Astarsa, Papel Prensa y el Banco de Italia fueron cómplices y beneficiarias del terrorismo de Estado.
El ingenio azucarero Ledesma, de la familia Blaquier, en la provincia de Jujuy, proveyó de camiones al Ejército para la desaparición de sus trabajadores. A mediados de 1976 en la denominada “Noche del Apagón”, la empresa cortó el suministro de energía eléctrica en todo el pueblo, para facilitar los secuestros.
También autorizó que dentro de la empresa funcionase el Escuadrón 20 de Gendarmería, constituido en Centro Clandestino de Detención.
Otra empresa que suministró elementos a la dictadura fue Ford: se usaron camionetas F-100 en los operativos, y en la planta bonaerense de General Pacheco también se instaló un centro clandestino de detención. Incluso personal de la empresa participó de los interrogatorios a delegados e integrantes de la comisión gremial interna realizados en la misma fábrica.
Algo similar sucedió en Mercedes Benz, donde los directivos de la firma fueron los que entregaron las listas negras con los nombres de los trabajadores, también muchos de ellos con activa participación sindical, y que a raíz de ello fueron secuestrados.
Las siderúrgicas Acindar y Siderca, del Grupo Techint, también fueron lugares elegidos para la instalación de centros clandestinos de detención en sus predios de Villa Constitución y Campana, ambos en la provincia de Buenos Aires.
Acindar estaba presidida en 1975 por el después ministro de Economía de la dictadura y cerebro del inicio de la debacle productiva nacional, José Alfredo Martínez de Hoz.
Fue quien antes del Golpe del ’76 impulsó la represión dentro de la compañía para desmembrar la dirección de la UOM local.



































