UN PATRIOTA DIFERENTE

Oportuna reivindicación de Ramos Mexía

Francisco Hermógenes Ramos Mejía Ross (o Mexía), uno de los más importantes hacendados bonaerenses de principios del siglo XIX, fue un destacado defensor de las poblaciones aborígenes. Participó brevemente de la política de su ciudad natal y de la firma del Tratado de Miraflores entre el gobierno y las tribus pampas. Su condena a la violación del tratado por parte del gobierno motivó su detención y aislamiento en una de sus estancias. Defendió una postura religiosa personal lo que le valió ser considerado por sus contemporáneos como un hereje. Sin duda fue una necesaria reivindicación la que realizó Juan Carlos Priora, profesor emérito de la Universidad Adventista del Plata, cuando expuso el caso en la 126ta. Exposición de la Sociedad Rural Argentina.

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Juan Carlos Priora (der.) y el diputado nacional Federico Pinedo.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Francisco Hermógenes Ramos Mexía Ross nació en Buenos Aires el 11/12/1773, 7mo. hijo de los 13 de una familia de alcurnia pero sin dinero. Su padre, el sevillano Gregorio Pedro Joseph de Santa Gertrudis Ramos Mexía; su madre María Cristina Ross, hija de un escocés protestante. 
 
Él fue enviado al Real Colegio Seminario de la Purísima Concepción de la Virgen, al Real Colegio de San Carlos, y a la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca, en el Alto Perú.
 
En 1801 fue nombrado Juez subdelegado en la Provincia de Pacajes, uno de los partidos del departamento de La Paz, con una numerosa población indígena sometida al régimen de la mita, lo que le permitió conocer el trato del aborigen.
 
El 25/10/1808 adquirió por 32.000 pesos de plata corriente a Martín José de Altolaguirre, Comisario de Guerra y Juez Real, una chacra de más de 6.000 hectáreas en la zona de La Matanza: desde el río Matanza hasta los montes de tala (el Palomar de Caseros). 
 
En ese territorio existe hoy día el ejido urbano de Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires.
 
Altolaguirre había efectuado una intensa actividad de forestación. Allí se efectuaron las primeras plantaciones de lino, cultivos de olivares y 100 hectáreas de nogales. El terreno incluía un amplio caserón frente a lo que hoy es la autopista Ricchieri, a Ezeiza. En 1808 no se practicaba aún el alambrado de los campos, por lo que el perímetro estaba marcado con 140 mojones de piedra.
 
Ya se habían extinguido los caballos baguales y las vaquerías de ganado cimarrón. Ramos Mexía inició una explotación racional de ganado, y registró una marca propia para su hacienda.
 
Tampoco había incursiones de aborígenes: en 1740 los pampas habían llegado muy cerca de Buenos Aires y habían sido detenidos por vecinos armados en La Matanza. Pero tras la paz acordada en 1790, en tiempos del virrey marqués de Loreto, cuando se fijó como línea divisoria el río Salado, la población indígena gozaba con relativa tranquilidad del control del territorio pampeano. No obstante, la frontera era permeable y algunos estancieros dedicados a la cría extensiva de ganado vacuno se aventuraron poco a poco más allá del río Salado.
 
La chacra estaba atravesada por el Camino Real, que llevaba a la Guardia de Luján: camino obligado de las carretas (y más tarde las diligencias) en camino a Córdoba y a San Luis o a Córdoba (y de allí a Chile o al Perú). Por la chacra también pasaba el Camino de Gauna, hoy Avenida Gaona.
 
Ocurridos los sucesos del 25 de mayo de 1810, los Ramos Mexía adhirieron la Revolución. Francisco contribuyó con sus recursos a equipar y financiar a las tropas de uno de los ejércitos que nacieron en 1810. Él fue designado regidor del Cabildo de Buenos Aires, el 17/10/1810 y cumplió las funciones de defensor de menores. Luego fue Alférez Real y desde mediados de 1815, Alcalde Provincial.
 
En 1811, tras un desacuerdo, Ramos Mejía dejó su puesto en el Cabildo y en compañía de algunos pocos hombres de la chacra encabezados por José Luis Molina, un baqueano criollo que hablaba las lenguas indígenas, se internó más allá del Salado hasta la zona de la laguna Kaquel Huincul y Mari Huinkul, en el viejo partido de Monsalvo, actual Partido de Maipú, al sur de Dolores, donde compró 64 leguas cuadradas de tierras a los indios pampas, pagándoles 10.000 pesos fuertes.
 
El historiador Adolfo Saldías, en su Historia de la Confederación, revela que Francisco fue el único estanciero de entonces en comprarle tierras a los indios, a la vez que les permitía a ellos permanecer con sus tolderías en ese territorio.
 
Unas 200 personas permanecieron en el predio y aprendieron a sembrar utilizando el caballo para arar, cosecharon trigo, cebada y maíz, y plantaron árboles (cedros, robles, castaños y frutales). El excedente de lo que producían se vendía en Buenos Aires y su producto les pertenecía. Los aborígenes podían abandonar la hacienda en cualquier momento, ninguna servidumbre los ataba a la tierra o a su dueño. Por otro lado, aquellos que preferían no asentarse tenían garantizado el libre y pacífico tránsito por Miraflores.
 
Ramos Mexía trasladó a su familia al lugar, e inició la Estancia Miraflores.
 
Él estableció algunas reglas de convivencia para quienes habitaran sus tierras, que eran conocidas por estos como "la Ley de Ramos". Por ejemplo, prohibió el uso de armas, medida revolucionaria en aquellos tiempos.
 
El 10 de agosto de 1814 presentó al Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio Antonio de Posadas, un plan para poblar pacíficamente la pampa llevando adelante una acción civilizadora y sin fuerza militar.
 
A los indígenas le enseñaba algunos principios de moral cristiana, pero no doctrina católica, y los sábados (no los domingos) dirigía un servicio religioso, en los que no había imágenes sagradas. El rumor de que él bendecía las uniones ilegítimas de los indios provocó alarma entre otros hacendados y las autoridades católicas apostólicas romanas de Buenos Aires.
 
Ramos Mexía predicaba una interpretación cristiana influenciada por el jesuita chileno Manuel Lacunza (1731-1801), famoso por su trabajo La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, acerca de la 2da. venida de Cristo, escrito bajo el seudónimo de Josafat Ben Ezra durante su exilio en Italia, tras la disolución de la orden. 
 
Ramos Mexía estaba tan interesado en esa obra, que copió a mano el manuscrito que poseía el dominico Isidoro Celestino Guerra. Más tarde, él adquirió la edición en 4 tomos publicada en Londres en 1816 por el general Manuel Belgrano, en la que efectuó numerosas anotaciones en los márgenes, algunas veces críticas de las ideas de Lacunza. Ocurrió que Ramos Mejía compartía muchas de las perspectivas de los reformadores protestantes.
 
Juan Manuel de Rosas
 
En 1815, Ramos Mexía recibió del gobierno las tierras en merced pero no la propiedad. Ese mismo año se instaló en la laguna Kaquel Huincul, su territorio, un fortín al mando del capitán Ramón Lara. Las autoridades fijaron la frontera en el nuevo fortín y en el naciente pueblo de Dolores.
 
En las inmediaciones se estableció el principal centro de detención de prisioneros españoles, conocido como Las Bruscas.
 
Recién en 1819 Ramos Mejía pudo adquirir el derecho de propiedad al gobierno, de una extensión de terreno de 250.000 hectáreas.
 
 

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