JOSÉ IGNACIO RUCCI
Los asesinatos de ellos prescriben, los de los otros son lesa humanidad
El juez federal Ariel Lijo no quería problemas con una causa 'envenenada': varios de los potenciales acusados se encuentran con vida y en libertad, algunos con cierta influencia en la Administración del Estado, segun se dice. Por lo tanto Lijo decidió que el asesinato de José Ignacio Rucci, ocurrido el 25/09/1973, no es un delito de lesa humanidad, por lo cual la causa debe considerarse prescripta. El homicidio "obedeció a razones políticas" en el marco de "un ataque a la burocracia sindical", y fue perpetrado por la por entonces organización político-militar Montoneros, hoy tan reivindicada por el kirchnerismo cristinista. Pero consideró que no está probado que hubo participación estatal, por lo cual no es "terrorismo de Estado", y entonces no es un caso de "lesa humanidad" y no se le aplica la cláusula de imprescriptibilidad.
FAR Montoneros: Terrorismo setentista.
VALOR AGREGADO
- (Ladri) progresismo en crisis: El 'caso Rucci' vulnera un pilar del kirchnerismo
- A 30 años de la Masacre de Ezeiza, el inicio del despegue de Perón de Montoneros y FAR, y la guerra interna del PJ
- A 35 años del asesinato de Rucci: Homenajes, política y el pedido de reapertura de la investigación
- El asesinato de Rucci y una foto clave
IMAGENES DESTACADAS
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El asesinato de José Ignacio Rucci tuvo varias investigaciones recientes, que reunieron testimonios importantes.
Primero fue Juan Bautista Yofre, en su libro Nadie Fue, del que se reproduce un fragmento del Capítulo 6:
"(...) 25 de septiembre de 1973. Asesinato del secretario general de la CGT, José Rucci. Su carrera gremial se desarrolló dentro de la UOM. Le tocó presidir el retorno de Perón a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972. A diferencia de Vandor, Rucci nunca tuvo un gesto de independencia frente a las directivas de Perón. Apoyó la candidatura de Héctor J. Cámpora a la presidencia en marzo de 1973. Cuando la gestión de Cámpora se hizo ingobernable – con el pleno respaldo del sector peronista de izquierda – Rucci pronunció una de sus frases más postreras. Se presentó en la sala de prensa de la Casa Rosada y dijo: “Se terminó la joda”. Horas más tarde, Cámpora renunció. Nunca fue perdonado. Su asesinato llevó el nombre “Operativo Traviata” (por el anuncio de las galletitas Terrabussi de “los agujeritos”). Intervinieron en el atentado, con la conformidad de la conducción de Montoneros, entre otros, Horacio Mendizábal, Roberto Cirilo Perdía, Norberto Habberger, Francisco Urondo, Juan Julio Roqué, Julio César Urien y Lidia Mazzaferro. Las tareas de “inteligencia” les demandó unos cuatro meses de relevamientos, a las órdenes de Antonio “Nelson” Latorre o “Pelado Diego”, Miguel Ángel Castiglia y Rodolfo Walsh (“Esteban” o “Doctor Neurus”). El asesinato de Rucci se realizó dos días más tarde de la elección que llevó a Juan Domingo Perón a la presidencia de la nación por tercera vez. Cuando se enteró se lo vio conmovido. Dijo: “Me cortaron las piernas”. Años más tarde, el diputado nacional Miguel Bonasso , reconoció que el asesinato de José Ignacio Rucci había constituido un error de su organización.
"(...) El 25/05/1975 se llevó a cabo en la Catedral Metropolitana una misa en memoria de José Ignacio Rucci, al cumplirse dos años de su asesinato. Encabezando la ceremonia, asistió el presidente interino. La homilía la pronunció monseñor Daniel Keegan. La sorpresa fue general cuando el alto clérigo contó que los sacerdotes están asistiendo en los últimos tiempos “a pobres seres desgraciados que se les presentan a decir: ‘Padre ¿qué debo hacer? He participado en torturas y muertes de mis semejantes, dígame ¿qué puedo hacer?’”. Los diarios de ese día aparecieron con grandes solicitadas de las “62 Organizaciones” y la CGT en las que se rendían tributo a José Ignacio Rucci.
Osvaldo Agosto se reconoce un histórico del peronismo. A decir verdad no es tan viejo. Lo que sucede es que es un “veterano” porque comenzó a militar casi de pantalones cortos. Conoce los vericuetos de la “resistencia peronista” como pocos. La de fines de los cincuenta, los sesenta y comienzo de los setenta. Siempre en la misma vereda, la del peronismo ortodoxo, el de Juan Domingo Perón:
“Recuerdo una reunión que organicé yo y que presidió José Rucci con todos muchachos de la JP, que serían todos montoneros. Los fui a buscar a la facultad de Ingeniería y Derecho. En esa reunión, Rucci les dijo lo siguiente: ‘Miren muchachos, yo les quiero decir lo siguiente, si a mí Perón me manda que gire a la derecha yo giro a la derecha, si me manda que gire a la izquierda yo giro a la izquierda. Así que si ustedes tienen algo que decirme a mí no me lo digan a mí porque yo hago lo que quiere Perón. ¿Me entendieron?’ Al poco rato de esa definición yo tuve que partir. El doctor Pozzo se quedó acompañando a Rucci. Lo único que puedo asegurar es que los tipos se fueron impactados por los que les dijo Rucci.
En el último discurso que pronunció Rucci, en el que colaboró Julio Bornick, demostró que quería integrar a la mayor cantidad de cuadros peronistas. ‘Borrón y cuenta nueva, vamos adelante con Perón’. En el discurso sobrevoló un espíritu muy raro, tenia la clara sensación de que iban a atentar contra su vida. Le llegaban amenazas por carta y llamados telefónicos. El no iba a ir a la casa el día que lo mataron. Se iba a quedar a dormir en la CGT, pero lo llamó el hijo (iba a ser su cumpleaños) y fue. De todas maneras si no era ese día iba a ser otro. El fue un tipo de lucha. Quería verles la cara a esos “bolches hijos de puta” que lo querían matar. Tenían un odio inexplicable.”
-¿Estuviste con Rucci el día del atentado?
“Ese día fui a su casa a las 10 de la mañana . Rucci ya había grabado en una cinta el discurso que pensaba dar a publicidad y le hicimos unos retoques. Fui a su casa en taxi y cuando estoy llegando vi un tipo en la esquina que desapareció. Me cuestioné a mi mismo por el mal presagio, pensé en mi paranoia. Tomamos unos mates, repasamos el discurso, cuando llegan los muchachos a buscarlo en tres autos, Rucci dice “bueno vamos”. Cuando estamos saliendo suena el teléfono y me dice “anda, anda, sigan el auto en el que voy yo que vamos a ir a un canal de televisión”. Cuando estoy entrando a la habitación donde estaba el teléfono siento la primera explosión, alcancé a tirarme contra la pared. No tenía nada para defenderme, llevaba los discursos y unas carpetas.
“Había bronca con (José) Gelbard pero no iba a denunciar el Pacto Social como se dijo . Bueno, Gelbard andaba bien con los montoneros. Tampoco tuvo nada que ver Lorenzo (Miguel) como dicen otros. Lo que sí creo que Lorenzo Miguel tenía un pacto de no agresión con los montoneros. Te pongo un ejemplo: campaña Perón-Perón de septiembre de 1973. Desfile impresionante, nunca visto, por delante de la CGT. En el balcón: López Rega, ‘Isabelita’, Osinde, Lorenzo Miguel, Rucci. Cuando pasan los montoneros gritan ‘Rucci traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor’. Rucci se mete adentro, Lorenzo se quedó en el balcón, nadie criticó a Lorenzo Miguel. No hace falta ser muy inteligente. Eso me llamo muchó la atención.”
- ¿Rucci vivía preparado para morir?
“Nadie está preparado para morir, pero sabía que iban a atentar contra él. Y hay un detalle. A mí me cuidaba mucho, rara vez quería que viajara a su lado. El día que lo voy a buscar para ir a un programa de la televisión, al salir me preguntó: ¿A dónde tenemos que ir? A canal 13, le respondí. ‘Anda vos en el coche de adelante y yo te sigo, no vengas conmigo’. Está de testigo la señora, un día salimos de la CGT y nos cagamos a tiros.
José Rucci vivía en un cuarto en la terraza de la CGT. Allí vivía. Teníamos una vieja ametralladora antiaérea, a pedal, que le había regalado el hermano de Rosendo García, el dirigente que murió durante un tiroteo en la confitería “La Real” de Avellaneda. Si hubiera atacado un helicóptero no sé que hubiera pasado.
-¿Cuándo Perón aún vivía en Madrid, como hacía para comunicarse con Rucci?
"Generalmente, nos comunicábamos vía télex. Un día tenia que viajar a Madrid, Raimundo Ongaro, el jefe de la CGT de los Argentinos. Rucci hacía un informe semanal, o ante cualquier acontecimiento, y se lo mandaba a Perón. Cuando no había línea directa, íbamos al télex de avenida Corrientes y Maipú, porque Perón tenía una maquina en su casa. No existía internet, tampoco el fax, todo era más complicado. Entonces voy a escribir el télex donde se le informaba que estaba por viajar Ongaro y sutilmente le decía que si no lo recibía era mejor. No le decía que no lo recibiera. Entonces Perón, contesta en el acto, preguntando ‘¿el que firma se encuentra ahí?’ Yo por teléfono le pregunto a José (Rucci) y él me dice ‘sí decíle que sí ’. Entonces le escribo, ‘sí general estoy aquí’. De inmediato comienzan a saltar las teclas de la máquina y veo que Perón dice: ‘Me cuentan que Ongaro está contra los militares, eso es bueno, mejor para nosotros. Me dicen que Ongaro cuenta que habla con Dios. Ahora, decíme José ¿si habla con Dios, para qué quiere hablar conmigo?’ “




































