DEMASIADOS ESCÁNDALOS EN LA CASA REAL

Crece el rumor de la abdicación del rey español Juan Carlos I de Borbón

Muchos escándalos, propios y ajenos, y un escenario español pésimo en lo económico-social que necesita una renovación antes que catalanes y vascos cumplan su amenaza de marcharse del Reino: Juan Carlos I de Borbón daría un paso al costado para que su hijo Felipe intente recuperar el prestigio y la idea de utilidad de la Casa Real.

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Juan Carlos I de Borbón y su hijo Felipe: "El cierre de la parábola no puede ser que otro que reconocer la pérdida de prestigio sufrida por la Corona a causa de las malas prácticas reales, y reclamar la necesidad urgente de proceder a recuperar el honor perdido de la jefatura del Estado, invitando al Monarca a llevar a cabo una abdicación controlada en la persona de su hijo, ello en cuanto las circunstancias económicas y sociales del país lo permitan."

VALOR AGREGADO

También el periodista Jesús Cacho, en su habitual columna dominical en su web Voz Pópuli, abordó lo de la abdicación, en 2013, de Juan Carlos I de Borbón a favor de su hijo, Felipe, hoy día príncipe de Asturias:

 

"(...) Chantajeada se encuentra también la Corona, cogida entre la espada y la pared por el escándalo que ayer llevó al yerno del Rey, con las cámaras de televisión de medio mundo por testigo, a declarar en los juzgados de Palma de Mallorca. Pobre imagen de España, mancillada estampa de una España carcomida por las termitas de una corrupción galopante. El duque empalmado se atuvo ayer al libreto, cumplió su papel, que no era otro que tratar de exculpar a la Casa del Rey, es decir, al Rey de España, de cualquier responsabilidad en esa forma de robar el dinero del erario que José Maria Hinojosa, alias el Tempranillo, patentó en la primera mitad del XIX en Sierra Morena, y que el duque ha actualizado ahora con la ayuda de administradores públicos igualmente venales y dignos de caminar con grilletes.

El problema es que, confrontado a la evidencia demoledora de las pruebas que maneja Diego Torres, lo que ayer regurgitó el bello duque no se lo cree nadie. El problema es que en la memoria de cientos, miles de españoles enteraos está presente la forma de operar en asuntos de dinero que nuestro Monarca ha practicado durante los últimos 38 años. El problema es que por Zarzuela ha desfilado no solo Corinna zu Sayn-Wittgenstein, sino toda una patulea de tipos poderosos, particularmente adinerados, cuya visita podía deparar algún rédito. Por pasar ha pasado hasta Arturo Fasana –que llegaba en el helicóptero de Alberto Alcocer y salía conducido por el chófer de Francisco Correa-, acusado por la Justicia española de custodiar y mover desde Suiza el dinero negro de la Gürtel. La cuestión es que Iñaki Urdangarin no ha hecho nada que durante años no viera y oyera hacer en casa de su suegro, nada que no avalara y ratificara su esposa, la infanta Cristina, porque desde la subida al trono se vio como la cosa más natural del mundo que el Rey se enriqueciera a golpe de comisión, y quienes tenían la obligación de haber puesto orden en el caos prefirieron mirar hacia otro lado. Y el problema, ese pecado de enriquecimiento ilícito, ha terminado por concretarse, para desgracia del buen nombre de España, en una cifra, una cualquiera, puede que sea mayor, que The New York Times (NYT) cuantificó en septiembre pasado: 2.300 millones de dólares, algo así como 260.000 millones de las antiguas pesetas.
 
Ante esta realidad, no hay tío páseme el río. Y, si hemos de ser consecuentes por una vez, que ya es hora, hemos de decir que ese es el drama que lleva arrastrando este país desde hace décadas, el sumidero por el que se despeñaron los principios morales, el origen de todos los problemas, la relajación de las barreras éticas que tiempo ha hicieron del español común un ser generalmente honesto y apegado a su buen nombre, y ello porque si no es ejemplar la cabeza mal pueden serlo los pies, de modo que por esa pirámide del oro, del Rey abajo todos, se fue derramando por las arterias de la sociedad española la ensoñación de creced y enriqueceos, malditos, a toda costa. El cierre de la parábola no puede ser que otro que reconocer la pérdida de prestigio sufrida por la Corona a causa de las malas prácticas reales, y reclamar la necesidad urgente de proceder a recuperar el honor perdido de la jefatura del Estado, invitando al Monarca a llevar a cabo una abdicación controlada en la persona de su hijo, ello en cuanto las circunstancias económicas y sociales del país lo permitan.
 
La necesidad de rescatar el honor de la nación
 
El resto es seguir jugando al gato y al ratón, es engañar y engañarnos, es ocultar la realidad y vivir en la ignominia. El prestigio de España no puede seguir sustentado en pies de barro. El honor de la nación no puede permanecer un día más prisionero de conductas que, por muy reales que sean, no tendrían un pase en cualquier democracia europea consolidada. Las cosas no van a mejorar, sino al revés, incluso físicamente, para un Monarca condenado a corto plazo a la silla de ruedas de no mediar milagro. Los perros ladran cada día más alto. Sirva de prueba el comportamiento de tanto escribano cortesano, gente cobarde hasta la náusea que, con las encías gastadas por los años que llevan amorrados al palo de mesana real, parecen estos días fieros revolucionarios reclamando la abdicación. No terminan, sin embargo, de explicar por qué, no acaba de parir la burra, no se atreven, siempre cobardes, aunque a poco que se lo proponga la Casa terminará por hacer de ellos unos peligrosos bolcheviques dispuestos a asaltar el palacio de invierno. 
 
Los españoles parecen abocados a una elección más histórica que dramática: aceptar un cambio controlado en la jefatura del Estado, o correr el riesgo de un inmovilismo que, podrido hasta la raíz, degenere en revuelta o incluso en revolución susceptible de poner patas arriba el bienestar conseguido en las últimas décadas. Hay una tercera vía, que los auténticos demócratas –especie rara en España- aceptarían de mil amores, consistente en la apertura de un proceso constituyente que, con el mayor consenso posible, además de plantear a la ciudadanía la vieja cuestión Monarquía-República, abordara la solución integral de los problemas territoriales, el saneamiento de las instituciones y la regeneración que esta pobre democracia nuestra lleva reclamando hace tanto tiempo, dibujando así un futuro de convivencia para los próximos 40 años.
 
El jefe del Ejecutivo dejó claro el miércoles que, en su opinión, el Estado funciona y su estructura es la adecuada. Según su punto de vista, no es necesario ningún cambio que afecte a las estructuras político-partidarias, y menos aún a la simbiosis de éstas con las oligarquías económico-financieras que controlan el país. Todo está bien como está. A este conservador de provincias, un cambio lampedusiano como en el fondo supondría la sustitución en el trono del Rey por el príncipe Felipe le parece una revolución inaceptable. Pero ni el Gobierno de la nación puede seguir sometido al chantaje de un extesorero, ni la Corona puede continuar prisionera de las malas prácticas de quien ha sido su titular en las últimas cuatro décadas. Diga Rajoy lo que quiera, parece claro que la abdicación del Rey Juan Carlos no es ya cuestión opinable, sino necesidad inaplazable, y que será difícil, si las cosas de la economía echan a andar en el segundo semestre, que el proceso no se inicie antes de fin de año."

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Alguien sabe cuando abdicara la reina batata de "argenzuela"?

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Alguien sabe cuando abdicara la reina batata de "argenzuela"?

Imagen de tinchoguitar

Esa no abdica. Hay que bajarla a patadas!