CRECE EL MOVIMENTO DO PASSE LIVRE

Protestas en 12 capitales hacen temblar a Dilma Rousseff

El Movimento do Passe Livre (MPL) sigue creciendo en las grandes ciudades de Brasil y hoy (martes 18/06) volverá a las calles a las 17:00 con una concentración en la paulista Praça da Sé (histórico encuentro en las Diretas Ja!, reclamando comicios durante el gobierno del general Joao Figueiredo). Será la 6ta. manifestación por la reducción de la tarifa del transporte público en São Paulo: 80.000 personas comprometieron su presencia. "Transparencia y combate a la corrupción" fueron las exigencias en las calles de Puerto Alegre. En Belém, el pedido fue por reducción de los índices de criminalidad. La ciudad es una de las más violentas del mundo. Curitiba, Belo Horizonte, Salvador e Maceió también registraron manifestaciones importantes. El reclamo se extendió a localidades del interior, .como Londrina, en el estado Paraná.En Río de Janeiro, en tanto, lo que comenzó como una manifestación pacífica que reunió a 100.000 personas en el centro de la ciudad ex capital federal, terminó en un descontrol cuando un grupo invadió la Assembleia Legislativa estadual (Alerj), en la Avenida Primeiro de Março, destruyendo todo lo que encontraron a su paso.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Fue una nueva ola de protestas, mayor a las de los días anteriores, con una agenda de reclamos más amplia y mucha gente en las calles de las más importantes ciudades de Brasil. La movilización más grande fue en São Paulo, y la 1ra. vez que no concluyó en un combate frontal con la Policía Militar. Es cierto que sobre el final un grupo minoritario intentó invadir el Palácio dos Bandeirantes y recibió una descarga de gas lacrimógeno, pero no pasó a mayores.
 
En Brasil,  manifestantes eludieron un bloqueo policial e invadieron el área externa del Congreso, al grito de "o Congresso é nosso" ("El Congreso es nuestro"), y carteles exigiendo la renuncia del presidente del Senado, Renan Calheiros (PMDB-Rio Grande do Norte), y del presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara, el pastor evangélico Marco Feliciano (PSC-SP).
 
Pero el gran tema fue en Río de Janeiro, donde 100.000 personas se reunieron en las inmediaciones de la Assembleia Legislativa, y ocurrió un choque violento. Por lo menos 5 efectivos de la Policía Militar y 7 manifestantes fueron heridos -1 de ellos, de bala.
 
"Transparencia y combate a la corrupción" fueron las exigencias en las calles de Puerto Alegre.
 
En Belém, el pedido fue por reducción de los índices de criminalidad. La ciudad es una de las más violentas del mundo.
 
Curitiba, Belo Horizonte, Salvador e Maceió también registraron manifestaciones importantes. El reclamo se extendió a localidades del interior, .como Londrina, en el estado Paraná.
 
Hubo choques entre policías y manifestantes en Porto Alegre, Belo Horizonte y Rio.
 
El incremento en las tarifas de transporte es una causa común entre los manifestantes de los diferentes centros urbanos, pero no es el único reclamo.
 
En Brasil hay insatisfacción, y por eso crecen las demandas más diversas: desde el enojo porque se gasta mucho dinero en la Copa del Mundo FIFA 2014 hasta quejas por la violencia policial, más presupuesto para la educación y salud pública...
 
Hay simpatía de la gente que no se moviliza con aquellos que sí se movilizan. Hay una mezcla infrecuente de defensores del medio ambiente, feministas, organizaciones de derechos humanos, docentes, familiares de detenidos en protestas de días anteriores, etc.
 
El gobierno está perplejo. Nadie esperaba que esta multitud, formada por personas de todas las edades y de todos los grupos sociales, saliese de repente a la calle a decir: "Queremos cambiar a Brasil".
 
Para unos fue un sueño de democracia, un despertar después de años de silencio para expresar, de las formas más creativas, que no están satisfechos con la calidad de vida que les ofrece el Gobierno, ni con la corrupción, ni con el despilfarro del dinero público, empezando por los miles de millones gastados para preparar el Mundial de fútbol.
 
El ex presidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB) reclamó a los gobernantes y a los líderes de Brasil "actuar entendiendo por qué ocurren estos acontecimientos". Coincidió con él otro ex presidente, Luiz Inácio Lula da Silva (PT): "Las protestas sociales no pueden ser consideradas como una cuestión policial".
 
En verdad, salieron de Facebook y tomaron las calles de Brasil como no se recordaba desde la época en que terminó la dictadura (1964-1985) cuando el pueblo exigía democracia, y desde los reclamos a favor de un juicio político contra el entonces presidente Fernando Collor, en agosto de 1992: desde el viernes 14/06, en São Paulo, comenzó un movimiento contra la subida de la tarifa del transporte público derivó el lunes 17/06 en un grito histórico de indignación en Río de Janeiro, en São Paulo, en Brasilia, Maceió, Porto Alegre, Fortaleza, Salvador, Vitória, Curitiba, Belém y Belo Horizonte sin ningún líder visible, ni ninguna organización dominante, clamaron contra la mala gestión del transporte, la corrupción y la violencia policial, entre otras cuestiones.
 
“Las manifestaciones pacíficas de jóvenes son legítimas y propias de la democracia”, declaró la presidenta Dilma Rousseff, a través de su portavoz, Helena Chagas. A través de su cuenta de twitter, horas antes de la marcha, el gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin informó que garantizaría el derecho de manifestación “de forma segura y pacífica, preservando la libertad de expresión”.
 
Un mar de gente marchó en São Paulo con banderas brasileñas y pancartas desde las 17:00, hora local, a partir del Largo de la Batata, un punto de comercio popular vecino a la calle Faria Lima, uno de los principales centros financieros de la ciudad, y desde allí se dirigieron a diferentes puntos de la ciudad, entre ellos, el puente colgante de la vía expresa Marginal Pinheiros, que es una de las imágenes postales de la ciudad.
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Y conforme la noche avanzaba más gente tomaba las calles, gritando consignas, la mayoría de ellas contra Alckmin y la presidente Rousseff. A las diez de la noche, los manifestantes tomaron completamente la avenida Paulista, la misma que el pasado jueves fue el escenario de una acción abusiva de represión. A diferencia del jueves, cuando la policía se plantó sobre la Paulista, para que nadie entrase en la calle, que es la más emblemática de la ciudad, la policía ahora sólo acompañaba la marcha tímidamente.
 
En los carteles desde el clásico “haz el amor y no la guerra” hasta “libertad para [Julian] Assange”, escrito en inglés; “No venga al Mundial”, también en inglés; “Disculpen las molestias, estamos cambiando el país”; “No son los céntimos, son los derechos”; “Si algún céntimo fuera para educación, yo no estaría aquí”; “Por una vida sin tornos [en referencia a los del metro]”; “el transporte no es mercadería”; “Hace ocho meses éramos electores. Ahora somos vándalos; “Estamos luchando por usted”. 
 
Lo que están diciendo, sobre todo los más jóvenes, explicaba en la televisión el historiador Francisco Carlos Teixeira, es que los políticos “ya no les representan”. Por eso arremetieron anoche contra los símbolos del poder político en Río y en Brasilia.
 
Desde la presidencia de la República, la presidenta Dilma Rousseff, mandó decir que existe en el país el derecho a la libre manifestación y que es típico de los jóvenes protestar. El expresidente Lula da Silva, aún una fuerte referencia en Brasil, salió también al ruedo para decir que sólo “un irracional podía estar en contra de las manifestaciones”.
 
Las protestas son encabezadas por el movimiento de estudiantes Pase Libre (MPL), que convoca las marchas en redes sociales para reclamar contra el aumento del transporte público en todo el país. Según datos difundidos por el MPL, por lo menos 37 millones de brasileños dejaron de usar ómnibus por falta de dinero. “No tener acceso al transporte, es no tener acceso a la ciudad”, dicen manifiestos del grupo, que defiende el transporte gratuito. En São Paulo, es cada vez más notorio, el número de personas que usan bicicletas para ahorrarse el billete, a pesar de que la ciudad no ofrece ninguna seguridad para usar ese tipo de vehículo y del aumento de muertes de ciclistas. Pero esto ya no es el transporte. Es mucho más aunque tampoco se sabe qué es.