NUEVO LIBRO DE YOFRE

El Perón que Cristina no conoce

El primer libro de Juan Yofre fue en el 2000, un libro agotado sobre el gobierno de Allende ("Misión Argentina en Chile"). A finales de 2005 le dijo a Roberto García que había que rescatar la Memoria Histórica del lector de Ambito Financiero ante los 30 Años del Proceso que se avecinaba...en medio de los carnavales de Néstor Kirchner. Entre el lunes 20 y viernes 24 de marzo de 2006 se publicaron los 5 suplementos que darian pie a un libro famoso "Nadie Fue". Fue la última vez que se agotó durante 5 días seguidos las ediciones del diario. Por eso él se convenció de que había un gran sector de la sociedad que deseaba escuchar "otro relato". De allí en más publicó 6 libros. El primer "Nadie Fue" resulto una edición de autor cuyas 3 ediciones desaparecieron de las librerias y ahi recién aparecio Sudamericana, que consolidó el proyecto. El lunes 01/07 se cumplirán 39 años de la muerte de Juan Perón. Cristina Fernández de Kirchner se dice peronista pero su concepción del peronismo no proviene de Perón. Esa apreciación resulta avalada por diversos relatos como el que realiza Juan Yofre en su flamante libro La Trama de Madrid (Sudamericana).

por EDGAR MAINHARD
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Los libros de Juan Yofre han resultado muy importantes como  contra-relato a la reescritura de la historia argentina reciente que ensayó el Frente para la Victoria desde 2003 a la fecha. Entre el lunes 20 y viernes 24 de marzo de 2006 se publicaron los 5 suplementos en el diario Ámbito Financiero, que darian pie a un famoso libro del autor, "Nadie Fue", un éxito porque era una historia diferente a la oficial. Luego vinieron otros.
 
Los Kirchner comprendieron, apenas arribaron al gobierno, que para consolidar su poder y ambición política, y la de sus aliados no peronistas, precisaban de un capítulo cultural importante que le brindara sustento a sus propósitos, y ese fue el objetivo de modificar todo lo conocido acerca de la década de 1970. La búsqueda de documentación y reconstrucción histórica que ha realizado, por ejemplo, Yofre permitió ayudar a impedir la hegemonía del relato kirchnerista, que gozó de una abundante difusión y financiación con recursos públicos.
 
El Frente para la Victoria se dijo reivindicador de una línea histórica que podría describirse así: Juan Perón - María Eva Duarte de Perón - John William Cook - Héctor H. Cámpora.
 
Sin embargó, Perón también fue Alfredo Gómez Morales, Antonio Cafiero, Augusto Vandor, Jorge Antonio, José Ignacio Rucci, José López Rega, María Estelma Martínez de Perón y Daniel Paladino, entre otros.
 
Precisamente uno de los archivos que obtuvo Yofre para escribir lo que resulta una contra-historia de Héctor J. Cámpora fue el del antecesor de éste como delegado personal de Perón, Daniel Paladino.
 
La historia de Cámpora que reivindicó el kirchnerismo fue la que escribió Miguel Bonasso en El Presidente que No Fue. Una curiosidad de la Argentina contemporánea consiste en que Bonasso ya no participa del kirchnerismo hace tiempo pero su enfoque fue el que llevó a Néstor Kirchner a crear la agrupación La Cámpora, ocultándose detrás del nombre de su hijo Máximo.
 
El relato de Yofre, que aporta mucha documentación sobre Perón en Puerta de Hierro (Madrid, España) como exiliado argentino que nunca gozó de gran simpatía del generalísimo Francisco Franco (y viceversa), cuestiona la versión más popular hoy día acerca del rol de Cámpora y el significado de aquella consigna de 1973, "Cámpora al gobierno, Perón al poder".
 
Yofre abre varias polémicas históricas que, sin embargo, son muy actuales porque el pasado reciente es motivo de controversias durante esta interminable transición que vive la democracia representativa y ya lleva 30 años. Probablemente una de las señales acerca del final de la transición ocurrirá cuando el relato de lo que ha sucedido alcance alguna transparencia y solidez, de manera tal que los argentinos puedan abordar sin temores ni rencores la necesaria reconciliación, interrumpida durante la década K. Contribución a ello resultan libros como el de Yofre.
 
Una de las polémicas que abre el autor se refiere al asesinato del sindicalista metalúrgico Augusto Timoteo Vandor. El relato de Montoneros y sus militantes de superficie apuntó siempre a que fue un crimen o consentido o con el que simpatizó Perón. En el relato de Paladino a Perón sobre ese acontecimiento, Yofre propone, por ejemplo, otro enfoque: fue una muerte planificada y ejecutada desde la CGT de los Argentinos para forzar una situación que beneficiara a sus líderes.
 
Hirsch
 
El desprecio que Perón llega explicitar por Cámpora queda muy documentado en el trabajo. No se profundiza, en cambio, por el menosprecio hacia el hijo de Cámpora: Yofre decidió soslayar una cuestión de la intimidad de los Cámpora que, por ejemplo, muy bien conoce Julián Licastro. Pero Esteban Righi no era el ministro del Interior que pensaba designar Cámpora, por ejemplo. Tampoco José Ber Gelbard en Economía.
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Precisamente un ejemplo de la pesquisa de Yofre es la reconstrucción de la designación de Gelbard, contada por 'el Pájaro' Héctor Villalón:
 
"Mientras Buenos Aires era un hervidero, en Puerta de Hierro, antes de que arribara Cámpora, Perón conversaba largamente con el presidente de la CGE, José Ber Gelbard, un hombre formado en las filas del Partido Comunista Argentino y con amplia llegada a sus máximos dirigentes.
 
Por esta misma razón, antes de viajar a Madrid, habló con uno de ellos. Algunos han dicho que fue con "Ramón Rey Fernández", más conocido como Orestes Ghioldi, y que en ese encuentro, así como Arturo Mor Roig había pedido al radicalismo el aval para integrar el gabinete de Lanusse, Gelbard hizo lo propio con el comunismo.
 
Los dos recibieron la misma respuesta: que aceptasen, pero sabiendo que no contarían con el apoyo oficial del partido. También, como Cámpora, que había recibido el adelantado de su designación como delegado en una reunión con José López Rega, en unas oficinas que éste tenía en la Gran Vía, donde atendía la distribución y venta de libros, José Gelbard pasó por la misma prueba y, tras una larga conversación con el secretario de Perón, recibió el ofrecimiento del cargo de ministro de Economía.
 
La designación de Gelbard no estaba en los planes de Cámpora, porque para el presidente electo "don  José" era medio "pastelero" con las fuerzas armadas y temía que se dedicara a negocios personales.
 
Pero, cuando Perón le ofreció el ministerio, no estaba pensando en Cámpora. Estaba pensando en él. Luego de varias semanas, Perón diría en la intimidad, medio con sorna: "Yo soy mío y me gusta saber quién me observa; 'Lopecito' es la CIA, Gelbard es Moscú... el único del palo es Benito Llambí, porque es milico y peronista".
 
En esas conversaciones en Madrid, Gelbard le diría a Perón que había que mandar un mensaje muy claro al establishment, que no se podía seguir con la vocinglería de la Juventud Peronista, porque asustaba. "Está bien, voy a mandar a un hombre que pase un mensaje", le confió Perón. El enviado fue Héctor Villalón; así se lo contó éste al autor por primera vez el 28 de junio de 2006, en Río de Janeiro, y lo mismo, con más detalles, se lo relató por escrito este año. Ésta es la reseña de algunos de los tantos temas que reveló, y que el autor cuenta con autorización para reproducir.
 
Héctor Villalón señaló que Gelbard, desde hacía años, ya "colaboraba con nosotros por acción conjunta de Luis González Torrado, con oficinas en 270 Park Avenue, Nueva York", un empresario que administraba dineros del peronismo y que estuvo al lado del General en algunas etapas de su largo exilio. A través de González Torrado, se establecieron relaciones de negocios con Mario Hirsch, el hombre que convertiría a Bunge y Born en el holding más importante de la Argentina y uno de los más destacados del mundo. Al grupo que era, "don Mario" -así lo llamaban- le agregó, a través de las décadas, un poderoso perfil industrial.
 
Antes de que Perón llegara definitivamente a la Argentina, Villalón fue recibido por don Mario Hirsch. Entró en el palacio de estilo francés, decorado con pinturas de grandes firmas, platería criolla y cuadros coloniales del Alto Perú, que tan bien fue disponiendo con su esposa, Elena Olazábal, "la Negra", para sus amigas. Estaba a metros de la embajada de España, cerca de la réplica de la casa del Libertador General San Martín, en el afrancesado barrio de Palermo Chico. Los ventanales de su amplio living y su comedor daban a los jardines privados de la casa.
 
El enviado, Villalón, habló primero a solas con don Mario, mientras los invitados aguardaban en otro lugar del palacio. En esas confidencias preliminares, salieron los nombres de González Torrado, Vicente Solano Lima, Giancarlo Elia Valori, Licio Gelli, y un hombre que habitaba en el Vaticano. Hirsch se limitó a escuchar. Luego, el enviado habló de Juan Domingo Perón y sus "compromisos". Según Villalón, "le entregué las cartas y mandatos, le avisé que estaba aprobado José Ber Gelbard y él (Hirsch) aceptó el liderazgo de Perón" y, dejándolo solo, don Mario se reunió con los otros invitados en un salón aparte.
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Mientras esperaba, el enviado de Juan Perón se entretuvo mirando las pinturas. Se paró frente a una de Foujita (Léonard Tsuguharu Foujita) y la observó detenidamente. En ese momento escuchó que Hirsch volvía a buscarlo. Cuando entró, le comentó con pesar: "Discúlpeme que le diga, este cuadro es falso, porque el original certificado es mío". Don Mario "no sólo se llevó una bronca por haber comprado un cuadro falso, sino que se interesó en mostrarme toda la casa y los cuadros; en otra sala apreció otro de (Jacques) Voget, legítimo, pero él supo que yo tenía otro diferente de la misma serie".
 
Cuando pasaron al salón de reunión, fue presentado a cada uno de los otros invitados. Se respiraba en el ambiente un clima de gran desconfianza para con el enviado y su jefe. Entonces "tomó la palabra Mario Hirsch y dijo que estaba todo resuelto y que sólo debían escuchar mi mensaje. Lo hice muy bien y se acordó un documento reservado de cinco puntos, entre los delegados de las estructuras presentes, él, y yo como representante de Perón. Cuando la reunión llegaba a su fin, apareció Vicente Solano Lima para apoyar con su presencia toda mi intervención."
 
Es evidente que el período histórico que imaginaba Perón para la Argentina era muy diferente del que pensaban FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), Montoneros, la Juventud Peronista y sus satélites.
 
También difería de la que tenía en mente Cámpora. Es comprensible, por lo tanto, la reacción furiosa de Perón cuando Cámpora inició una administración que resultaba totalmente contraria a los compromisos que el propio Perón había asumido ante terceros.
 
Por lo tanto, la supuesta concepción peronista de Montoneros, la JP y otros, nada tenía que ver con Perón. En verdad, ellos utilizaban a Perón para intentar imponer un proyecto claramente identificado con los hermanos Castro Ruz, de quienes Perón ya había tomado distancia varios años antes.
 
Así, el relato histórico de los Kirchner es falso. Y las construcciones acerca de Perón y sus propósitos, de parte de Carta Abierta y otros intelectuales K son, por lo menos, delirantes.