MIGUEL PEIRANO
"El Gobierno no tiene un plan contra la inflación"
Miguel Peirano inspira confianza entre los agentes económicos. Él es uno de los varios consejeros en economía que tiene Sergio Massa pero, probablemente, es el que más consensos consigue, sin buscarlos, porque se lo conoce como afable, llano y sin segundas intenciones. No tuvo empacho en renunciar al Palacio de Hacienda y se lo explicó a Néstor Kirchner: no estaba dispuesto a convivir con Guillermo Moreno. Varios años después, tardíamente, Cristina Fernández de Kirchner le terminó dando la razón. Peirano insiste en que Cristina carece de un plan económico y se encuentra muy preocupado por las consecuencias de la confusión que invade a la Presidente y su gente.
12 de enero de 2014 - 00:00
-¿Cómo imagina el escenario económico de este año que acaba de empezar?
-El escenario económico de 2014 estará muy determinado por las decisiones que adopte el Gobierno nacional. Es claro que si no hay un cambio en las decisiones, si no hay un ordenamiento en materia de política económica y si no se avanza en un plan antiinflacionario, la realidad va a estar signada por dificultades en materia de competitividad, por problemas en las economías regionales y por una tensión inflacionaria permanente que va afectando el desenvolvimiento de la economía. Por eso, se vuelve determinante tomar medidas y encarar un plan integral y consistente de política económica que permita ordenar los desequilibrios macroeconómicos, la realidad de los sectores productivos, disminuir la inflación y generar un cambio de expectativas y de clima económico.
-¿Cree que el acuerdo de precios puede servir para bajar las expectativas inflacionarias?
-El acuerdo de precios, evidentemente, no es una política antiinflacionaria es sí misma. Por lo tanto, no va a lograr resolver el problema inflacionario en Argentina. Luego de tantos años de inflación elevada y crónica, con pérdida de reservas y con un cepo cambiario, evidentemente eso genera desafíos mucho más profundos e integrales. Por eso se necesita una política integral que vaya desde lo macroeconómico, desde lo sectorial y desde la coordinación de expectativas. Esa es la manera de cambiar la tendencia inflacionaria y empezar a lograr resultados graduales.
-¿Por qué cree que el acuerdo de precios se demoró en lanzarse al interior del país?
-Desconozco la medida, de todos modos creo que es primordial entender que en el interior del país y en las economías regionales hay que tomar medidas centrales, porque se están reflejando en el sector privado dificultades objetivas vinculadas al poder adquisitivo y a las consecuencias de la propia inflación. El interior tiene una enorme capacidad de recuperación y dinamismo, y cuando se observan dificultades macroeconómicas y de competitividad se nota mucho en el interior y en el poder adquisitivo de la gente.
-¿Cuáles piensa que deberían ser las dos o tres medidas centrales para bajar la inflación?
-Son varias medidas, no son dos o tres. En primer lugar reconocer el problema, y eso implica tener un Indec autónomo con estadísticas precisas y claras. En segundo orden, entender que el proceso inflacionario requiere de una política integral y consistente. La integralidad implica saber que hay decisiones macroeconómicas, decisiones en materia de certidumbre cambiaria, decisiones de coordinación monetaria y fiscal y decisiones en materia de administración de importaciones. Además, decisiones en materia de negociaciones internacionales, medidas que incrementen la producción agropecuaria y medidas que generen un fuerte shock a la inversión, de manera que la oferta acompañe a la demanda. En ese sentido, una medida que tendría un impacto inmediato sería desgravar en el impuesto a las Ganancias la reinversión de utilidades en maquinaria en la pequeña y mediana empresa y en los sectores que son productores. Eso generaría un aumento de oferta y bajaría la inflación.
También es claro que hay una necesidad de explicitar la política económica para los próximos años y bajar los niveles de incertidumbre. Creo que esas son medidas que permitirían al menos cambiar la tendencia y generar reducciones graduales. También es importante que el Gobierno, como sucedió en 2013, deje de generar inflación con decisiones equivocadas o generando incertidumbre innecesaria por decisiones económicas contradictorias e incoherentes.
-¿Cuánto supone que habría que bajar la emisión monetaria?
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-Se trata de un plan coordinado, no de encararlo desde un solo punto de vista. Hay que definir los objetivos cambiarios, los objetivos fiscales y en ese marco tener una política monetaria coordinada. Creo que los cambios deben ser graduales para evitar shocks, pero, fundamentalmente, ser explícitos y marcar un horizonte. Me parece que lo que reclaman los actores económicos es previsibilidad, explicitación y de mínima poder tener previsión para los próximos dos años por parte del Gobierno. Creo que las expectativas de cambio político para 2015 generan expectativas favorables en términos económicos. Hay que recorrer la transición con previsibilidad y en el orden macroeconómico por lo menos mostrar un cambio de tendencia y un grado de coherencia.
-¿A qué adjudica la disparada del dólar paralelo, que esta semana llegó a cerca de $11?
-Es consecuencia de los errores del Gobierno y de la falta de políticas de largo plazo. El Gobierno incurrió en el error del cepo y ha tenido conceptos muy contradictorios respecto a la intervención en el mercado del dólar ilegal, donde pasó de sostener en etapas que el Estado debía desentenderse totalmente y en otros momentos a realizar intervenciones muy fuertes. Lo mismo pasó con la política del tipo de cambio oficial, que en determinadas etapas implicó mantenerlo sostenido totalmente sin política devaluatoria y en los últimos meses se generó una tasa de devaluación excesiva. Evidentemente, hay un nivel de contradicciones que se suma a los problemas de fundamento macroeconómico y a los problemas de fondo de la economía. Los problemas cambiarios se resuelven con consistencia, integralidad y teniendo coherencia de largo plazo para no cambiar permanentemente los criterios respecto a un tema tan importante como la política cambiaria.
-Usted habla de que “en los últimos meses hubo una tasa de devaluación excesiva” del dólar oficial, pero varios sectores de la economía reclamaban algo así...
-Lo que sucede es que las devaluaciones, cuando no se enmarcan en una plan integral, terminan no teniendo el efecto buscado en materia de tipo de cambio real y de competitividad. Lo importante es que los sectores productivos, en particular los del interior del país, tengan rentabilidad. En ese marco, una devaluación sin consistencia global, sin plan económico y sin integralidad termina evidentemente licuándose en el propio aumento de precios. Por eso, se trata de tener un horizonte de previsibilidad y certidumbre, y en ese caso analizar la política cambiaria. Ninguna medida en sí misma aisladamente va a tener efectos positivos.
-El Gobierno dice que el dólar paralelo es un mercado marginal y que no le preocupa, ¿coincide con esa percepción?
(Se toma un instante para responder) -El dólar paralelo evidentemente no implica el comportamiento de todos los precios de la economía, pero sí tiene influencia en muchos mercados, en muchas actividades y en las propias expectativas de inversión. Por lo tanto, no es una variable que carezca de impacto o relevancia como los propios niveles de brecha entre el cambio oficial y el ilegal. Es una variable a tener en cuenta y debe formar parte de las decisiones económicas que se deben contemplar, incluso para generar el horizonte para terminar con el cepo y con un dólar ilegal con la brecha que existe hoy. Yo creo que tiene impacto y tiene que ser considerado.
-¿Cree que la crisis energética tendrá alguna solución en el corto plazo o que los argentinos están condenados a repetir los cortes de este verano durante 3 o 5 años más?
-Yo creo que los sectores económicos y la propia población lo que reclaman es tener un horizonte claro en la administración de la energía. Considero que existen medidas que en el corto plazo permitirían incluso atender la situación de los sectores más marginados. Uno observa un Estado ausente frente a las dificultades de los propios ciudadanos. Creo que tanto en materia petrolera como de energías alternativas existen decisiones que podrían tomarse para cambiar el horizonte en 2014. No solo se trata de las inversiones en Vaca Muerta, que sí tienen un plazo de maduración más largo, pero en estos sectores que estoy señalando existen potencialidades y en el campo eléctrico y en las inversiones en materia de distribución también. Si el Estado tuviese una planificación, creo que tanto en el corto como en el largo plazo hay capacidad para resolver muchos problemas. Lo que se evidencia es falta de planificación, falta de inversiones y falta de una visión integral.
-¿Cómo evalúa las contradicciones que se dieron los últimos días en el Gobierno en materia de bienes personales?
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-Pienso que es parte de lo que señalaba anteriormente. Se necesita un plan integral y cuando existe una visión global, evidentemente, este tipo de contradicciones pierden importancia o no suceden. Cuando las medidas son permanentemente aisladas, contradictorias o cambiantes y cuando no hay explicitación de un plan, este tipo de situaciones toman una dimensión superior a la que debiera porque se advierten las propias indefiniciones en temas centrales que pasan de anuncios a negaciones.
-¿Cree que la recuperación de la Presidenta está afectando la gobernabilidad del país?
(Silencio) -Yo creo que de lo que se trata en materia económica, que es mi competencia, es de tomar decisiones acertadas. Yo analizo más las decisiones que otro tipo de consideraciones que me exceden.
-Tras las modificaciones en casi todo el equipo económico, ¿nota cambios?
-Creo que hay un cambio que merece considerarse que más que económico es institucional. Me parece que la Secretaría de Comercio Interior, con Guillermo Moreno a la cabeza, tenía una conducta permanente vinculada a la falta de reglas, a la falta de normas, a la falta de respeto y a los atropellos o amenazas a los actores económicos. Es un tema institucional que se vinculaba con una lógica económica una carencia total de reglas en la administración del comercio y de los precios. Creo que desde el punto de vista institucional eso ha cambiado notablemente, aunque todavía no vemos decisiones que permitan advertir un cambio de la lógica económica.
-Hay gremios que están pidiendo subas de hasta el 32%, ¿le parece lógico eso?
-Más allá de los porcentajes, lo central es entender que si existe una inflación muy elevada son tan justos los reclamos salariales para conservar el poder adquisitivo como dificultades que plantean los sectores empresarios o las economías regionales respecto a la competitividad. Este tipo de situaciones se resuelven con un Estado que reconoce el problema y lidera las soluciones. No se va a resolver desde la relación gremios-empresas porque cada sector plantea sus dificultades.







