ENTUERTO POSTSETENTISTA

Con homenaje de Cristina, los "ladriprogres" cubren su amnesia por el asesinato de Mugica

Homenaje de Cristina Fernández de Kirchner al sacerdote católica Carlos Mugica, asesinado en los crueles años '70. ¿Quién mató a Carlos Mugica? Sin fundamento sólido alguno, la prensa K afirma que fue la Triple A. Sin embargo, en los años '70, prevaleció la sospecha que fue la Organización Montoneros, la misma que tampoco se hizo cargo oficialmente de haber eliminado al sindicalista José Ignacio Rucci. Afima la agencia estatal de noticias Telam: "Cristina lo expresó al hablar durante uno de los dos homenajes que se hicieron hoy en simultáneo, en la avenida 9 de Julio y en la Villa 31 de Retiro, para recordar al sacerdote Carlos Mugica, asesinado hace 40 años por el grupo parapolicial de ultraderecha Triple A. Cristina lo expresó al hablar durante uno de los dos homenajes que se hicieron hoy en simultáneo, en la avenida 9 de Julio y en la Villa 31 de Retiro, para recordar al sacerdote Carlos Mugica, asesinado hace 40 años por el grupo parapolicial de ultraderecha Triple A." Telam no explica cuáles son sus fundamentos acerca de la Triple A. Sin embargo, aquí van 2 versiones sobre Montoneros:

Versión 1
 
En la Argentina de esos años, dijo alguna vez Balbín, se sabía quién moría, pero no siempre quién mataba. Lo más significativo no es que el asesinato del Padre Mugica no esté esclarecido, sino que en verdad nunca se ha hecho nada, desde la justicia y el Estado, en los muchos años de gobiernos peronistas, para esclarecerlo. Vale la pena un breve repaso de lo que ha sido dicho sobre el episodio. 
 
“Entre dos fuegos” (es decir, entre la Triple A y la organización Montoneros) es la figura elegida por uno de sus biógrafos, Martín G. de Biase, para situar el asesinato. En efecto, Mugica se había enfrentado públicamente con López Rega, después de aceptar un cargo de asesor en el Ministerio de Bienestar Social; pero también con Montoneros, a partir del asesinato de Rucci y de la guerra de la organización contra Perón. 
 
El 1º de mayo de 1974 el Líder los había llamado “imberbes” e “infiltrados”; los Montoneros se retiraron de la Plaza y Mugica se quedó. En verdad el conflicto había empezado antes: en marzo, la revista Militancia Peronista para la Liberación, que respondía a Montoneros (dirigida por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo L. Duhalde), incluyó a Mugica en su “cárcel del pueblo”. Le marcaba sus contradicciones (“conservador progresista”, “oligarca popular”, “revolucionario y defensor del Sistema”), le reprochaba un supuesto acercamiento al lopezrregismo y lo llamaba “cruzado del oportunismo”. 
 
En la web es fácil encontrar diversas intervenciones, con pocos elementos y mucha imaginación conspirativa, que adjudican el crimen a la guerrilla peronista. Parece más sólida la versión que lo carga sobre la acción de la Triple A. 
 
En esa dirección, Miguel Bonasso incorpora una hipótesis más inquietante, a partir del testimonio que le ofrece Arturo Sampay, que conocía muy bien al General y su corte: "el asesinato del padre Mugica es la respuesta de Perón al retiro de ustedes en la Plaza. Es una operación maquiavélica, destinada a que los militantes de la Tendencia se maten entre sí. Demasiado inteligente para que se le haya ocurrido al animal de López Rega". 
 
El Padre Mugica temía por su vida. En eso todos coinciden: la muerte no lo tomó enteramente por sorpresa. Según algunos testimonios de allegados y compañeros de militancia pensaba que la amenaza provenía de López Rega. Pero hay otros testimonios, de Jacobo Timerman (que lo escribió inmediatamente) y Antonio Cafiero (a posteriori) que dicen que, pocos días antes, pensaba que podía ser muerto por Montoneros. 
 
Es posible que en el instante último, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica no supiera de dónde partían las balas. En esa incertidumbre se encierra el núcleo más trágico de una guerra civil entre peronistas que arrasaba con el trabajo social o político que se desplegaba en los barrios y las villas. 
 
La relación del Padre villero con Montoneros es bien conocida. En su camino de radicalización religiosa y política, Mugica coincidió con Carlos Ramus, Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, a los que conoció en su trabajo en la Acción Católica del Colegio Nacional Buenos Aires. Participó con ellos en una misión pastoral y de acción social en Tartagal. En contacto con la extrema pobreza y con la explotación el grupo maduró su decisión de tomar las armas. Mugica alentó ese camino inicialmente pero luego desistió de recorrerlo. 
 
Graciela Daleo proporciona un testimonio de ese tiempo: “Carlos nos había dado cuerda.., nos había dado elementos como para avanzar; junto con él pusimos en marcha una locomotora que siguió adelante; y Carlos se bajó en un punto del camino”. 
 
Después del asesinato de Aramburu, cuando Abal Medina y Ramos murieron en el enfrentamiento de William Morris, Mugica ofició una misa y pidió por ellos: “que no hayan muerto en vano”, dijo; y llamó a luchar “por la justicia, por la fraternidad, para que todos en nuestra patria, sin explotación, sin marginación de nuestros hermanos, los pequeños, los pobres, los humildes, podamos constituir esa Patria grande... en la cual seamos hermanos". 
 
Estuvo detenido un tiempo por sus relaciones con el grupo, pero siguió solo, acompañado por los pobres de la villa a los que se dedicó. “Estoy dispuesto a morir pero no a matar” es una cita de Mugica que ha sido repetida. 
 
La razón última de sus diferencias con la guerrilla montonera sobreviene después del retorno de Perón, cuando ya gobernaba el justicialismo: “es la hora del arado y de dejar las armas”, dice. 
 
En las memorias de Mugica, de su vida y de su muerte, se anudan muchas de las ambigüedades, los conflictos y las amnesias de la experiencia de esos años, sobre todo en el imaginario del peronismo. ¿Qué hacer con ese conjunto revuelto de recuerdos, odios, filiaciones? 
 
En 1995, veinte años después del asesinato, Marta Mugica, hermana de Carlos, echaba a Firmenich de una manifestación que lo recordaba en las calles de Buenos Aires. Las cámaras de la televisión registraron el momento. No lo acusaba del asesinato sino de la violencia: “Usted hizo mucho daño al país…”, decía. (...)"
 
 
Versión 2
 
 
Quizá el día del crimen sea el tema del que más se ha escrito al desarrollar el último año del padre Mugica. Algunos relatos oportunistas inclusive se saltean varios meses para acoplar viejas amenazas con el momento de su muerte, y así señalar culpables.
 
Libros y pasquines han tratado de establecer como causa de su muerte el día en el que el Brujo se levantó molesto y decidió matarlo. La precaria teoría del paracaidista polaco asesino que justo cayó en ese momento. No podemos generalizar (...)
 
Pero además, muchas personas que lo trataron y lo quisieron nos permitieron conocer que no sólo López Rega lo amenazaba. Lo sabemos por Rulli, por la Fuente X, por el funcionario y por documentos de la época. También por su hermana, Marta Mugica; por Bárbaro, Cafiero, Peyrou; por varios integrantes de la JP Lealtad; por los vecinos de las villas: al momento de su muerte, su conflicto con la Orga se encontraba en su momento más crítico.
 
Aquel sábado 11 de mayo, Carlos almorzó en la casa de su familia y se marchó a la villa para jugar al fútbol con su equipo en el torneo del barrio. Luego se fue a la Parroquia San Francisco Solano, en el límite entre Villa Luro y Mataderos, para dar misa y atender a parejas que se preparaban para el matrimonio. Al salir del templo fue asesinado. Un hombre de contextura robusta y bigotes, con campera y pantalón oscuros, le disparó y subió a un auto Chevrolet Rally 34 que servía de apoyo, en el que se fugó.
 
Esa noche el padre Mugica falleció en el Hospital Salaberry. Antes de morir, alcanzó a murmurar: “Ahora más que nunca debemos estar junto al pueblo”.
 
El dolor para sus hermanos villeros, sus familiares y sus amigos fue inmenso. Todos sabían de los enfrentamientos que había tenido con Montoneros. Por eso, cuando al día siguiente arribaron el diputado Leonardo Bettanin, de la tendencia, y Juan Carlos Añón, titular de la Regional 1 de la JP, la gente los recibió con bronca que se manifestó en insultos, forcejeos y golpes.
 
Al día siguiente, lunes 13, cincuenta sacerdotes concelebraron la última misa para Carlos y unas diez mil personas acompañaron su cuerpo hasta el cementerio de la Recoleta, donde quedó en la bóveda familiar.
 
La víspera, domingo 12, La Opinión publicó la nota que el padre Mugica le dejara a Timerman. Allí volvía a criticar la violencia, el socialismo dogmático, “las minorías lúcidas” y “las elites intelectuales”. También instaba a la juventud toda, una vez más, a que volviera a Perón. (...)
Entre lo que se ha escrito sobre la muerte del padre Mugica, algún autor del autoproclamado progresismo instaló algunas premisas que los documentos existentes nos han demostrado inexactas. Una de ellas es que Perón le habría restado importancia al crimen del padre Mugica y que habría aseverado que el asesinato se debía a su indefinición y a que “era tibio”.
 
Poco importa quién lo escribió. En cambio, conviene señalar que el mismo día en que se enterraba al padre Mugica, el 13 de mayo, Perón dio un discurso cuyos destinatarios eran Montoneros y el ERP, con calificativos más severos que los que había expresado el 1º de mayo.
 
Condenó a los infiltrados y a los que continuaban con la violencia asesina; en clara referencia a las guerrillas, habló de microbios y gérmenes patógenos y los acusó de querer llevar al país a una guerra civil. Perón, enojadísimo, aunque lo disimulara, no se expuso al dolor de asistir a otro funeral, tras el sufrimiento que pasó en el de Rucci, por su precario estado de salud. La noticia, seguramente, debió haber resultado otro revés para su debilitado ser. Pero el momento delicado que vivía el país no le permitía darle a nadie la oportunidad de que lo vieran otra vez tan vulnerable.
 
Ese discurso demoledor evidencia que Perón no le restó importancia al asesinato de Carlos, y que menos aún le echó la culpa a la propia víctima. El texto se ha tratado de omitir, cuidadosamente, de la historia argentina. (...)
 
Rulli, una de esas personas a las que es imposible dejar de escuchar cuando habla, lo hacía desde Radio Nacional hasta que la censura le quitó el espacio; entonces llevó su voz a FM Mataderos. Este miembro fundador de la JP, fuente de sabiduría inapelable sobre aquella época, se destaca entre los varios ex montoneros que se oponen al relato maniqueo de ángeles y demonios. Su opinión sobre la Orga, de fuerte autocrítica, sólo se puede comparar con las críticas a la conducción que hicieran Walsh en su momento, o más acá en el tiempo, Gelman y Giussani.
 
A ellos hoy se les suman Leis, Peyrou, Grassi, Carlos Flaskamp, Federico Ramón Ibáñez, Luis Labraña y tantos otros que con valentía honran la memoria de sus compañeros al recordarlos tal como fueron, con sus errores, horrores, aciertos y virtudes, lejos de toda fabulación moralista.
Rulli se expresa con la seguridad de quien ha vivido. No teme a las repercusiones; en realidad parece no temerle a nada. Se esfuerza por vivir como pregonó. En la actualidad milita por el respeto al medio ambiente y por lograr sustentabilidad para todos sin dañarlo. Pero sigue denunciando cierta vinculación entre la Orga y la Triple A, que actuaba eliminando gente que criticaba duramente a la conducción montonera. El lo sufrió en carne propia tras su pelea con la Carolina Natalia. Por fortuna, vivió para contarlo (...)."
 
Cristina en voz alta
 
 
 
 
 
Versión 3
 
 
"Toda la semana pasada Carlos Mugica anduvo por el edificio de La Opinión. Colaborador del diario desde su fundación, hace tres años, con mayor o menor frecuencia se hacía presente.
 
El martes pasado me vino a ver con sus atributos permanentes: voluntad, ansiedad, esperanza. Consideraba que el enfrentamiento -es lo que vino a explicarme- entre el presidente Perón y la Juventud Peronista, debía alcanzar un nivel adecuado de debate ideológico, debía evitar la violencia.
 
Me anunció que comenzaría a escribir con mayor frecuencia desde la posición que había asumido junto con los demás sacerdotes del Tercer Mundo: acatamiento a la autoridad de Perón, discusión abierta para rescatar a la Juventud Peronista de las Regionales, tarea organizativa para que la juventud argentina encontrara los caminos orgánicos necesarios para mantenerse junto a Perón, aceptación de un peronismo únicamente con Perón. (...)".