'FUEGO AMIGO' PARA CRISTINA
Vía Grassi/Colella, Verbitsky vuelve a la carga contra Bergoglio
Hay 2 hipótesis posibles: una es que Horacio Verbitsky, desde el matutino Página/12, que financia la publicidad gubernamental, se niegue al mote de que "arrugó" en su prédica anti Jorge Omar Bergoglio por conveniencia de Cristina Fernández de Kirchner (de hecho, se publicó que notas de Verbitsky contra el hoy papa Francisco, fueron eliminadas del archivo de consulta libre de Página/12); la otra es que a Horacio Verbitsky le toleran la nueva ofensiva contra el obispo de Roma que es argentino (2do. domingo consecutivo) porque Cristina lo invoca porque tiene problemas (¿Hotesur?). Deslizadas ambas hipótesis, aquí va el texto de Verbitsky.
30 de noviembre de 2014 - 00:00
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Acusándolo de tratamiento privilegiado al sacerdote Julio Grassi en un tema de pedofilia (tan sensible hoy día en el Vaticano), el periodista K Horacio Verbitsky vuelve a la carga contra el hoy papa católico apostólico romano Francisco. El columnista militante intenta relacionar, además, a Grassi con el empresario Héctor Colella, de la confianza personal de Jorge Omar Bergoglio. Sólo le faltó explicar que Colella es el amigo de Sergio Massa que le permite a éste despreocuparse de las versiones que le endilgan cierta antipatía de parte del Papa. Pero mejor no perder el foco ante las versiones que lanzan los amigos de Daniel Scioli, y concentrarse en el tema Verbitsky/Francisco. Aquí algunos fragmentos del 2do. artículo dominical consecutivo del periodista K contra el Obispo de Roma:
"(...) Ni un problema psicológico que se cure con asistencia médica, ni un pecado que se redima con penitencia y oración, sino un delito que justifica la separación a divinis de los implicados y su denuncia a la Justicia: ésta parece ser la nueva línea de la Iglesia Católica con los abusadores de niños y esto es lo que ocurrió en Granada, donde ya fueron detenidos por la justicia tres de los sacerdotes.
Este cambio de piel no es una decisión individual sino corporativa, así como el reordenamiento de las finanzas vaticanas que durante décadas sirvieron como pantalla para el lavado de dinero de la mafia y canal para el financiamiento de la CIA a los partidos democristianos durante la Guerra Fría. En ambos casos se trata de detener la sangría de fieles y el desprestigio que, sobre todo en Europa, están reduciendo la institución eclesiástica a una cáscara pomposa y ceremonialista, poco atractiva para las personas y sus problemas reales. Por eso el ungido no fue un europeo sino un cardenal del tercer mundo y por añadidura jesuita, con la mira puesta en los principales reservorios a defender y cultivar: el ya maduro de la América Latina, donde la faena consiste en repeler los avances protestantes y populistas, y el aún incipiente de China, el sueño eterno de la Compañía de Jesús. El argentino Jorge Bergoglio fue elegido para llevar a cabo esa misión en lo que denomina las periferias geográficas y existenciales.
La red de sobrevivientes abusados por sacerdotes celebró su elección porque al menos no provenía de la curia romana. Francisco acordó con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, continuar la línea fijada por Benedicto XVI en casos de abusos sexuales, como pasos importantes para la credibilidad de la Iglesia: proteger a los chicos, ayudar a las víctimas y actuar contra los culpables. A los dos meses de su elección envió a un lugar desconocido en penitencia al cardenal Keith Patrick O’Brien, quien debió renunciar como presidente de la Conferencia Episcopal de Escocia cuando cuatro sacerdotes revelaron que había abusado de ellos en la década de 1980. Hace dos meses colocó bajo arresto domiciliario en el Vaticano al ex nuncio en la República Dominicana, Jozef Wesolowski, por abusos sexuales de niños pobres. Pero detrás de la idolatría que han despertado estos gestos y su apartamiento del boato eclesiástico, sigue habiendo un hombre con una historia que ni la lejanía ni el cambio de las circunstancias pueden borrar. Hasta el día de hoy no ha tenido ni una palabra de repudio hacia el más conocido de los pedófilos eclesiásticos de su propio país ni de comprensión hacia sus víctimas. Por el contrario, ha actuado en respaldo del victimario, utilizando para ello fondos de origen impreciso y contactos con el poder más terrenal.
Como responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger fue inflexible en el cumplimiento del decreto Crimen sollicitacionis, de 1922, que durante casi un siglo prohibió dar aviso a las autoridades civiles de las denuncias por abusos sexuales, dispuso que los acusados fueran traslados a otra diócesis y obligó a guardar secreto al sacerdote señalado, a cualquier testigo e incluso a la propia víctima, bajo pena de excomunión. La Iglesia pretende que esta es una acusación calumniosa y que la idea del secreto surge de una mala traducción al inglés. Pero ya como Papa Benedicto XVI y luego del escándalo de los curas pedófilos en Estados Unidos, Irlanda y Alemania, Ratzinger se plegó a la política de tolerancia cero hacia los abusadores adoptada por los obispos norteamericanos. (...)
Miembro de una familia de empresarios acomodados, el sacerdote salesiano Julio César Grassi creó en 1993 una fundación de ayuda a chicos de la calle, Felices los niños, para la que consiguió millonarias donaciones. Con el aporte de los principales grupos económicos y el beneplácito de algunos medios de comunicación, aparecía como el rostro caritativo de un establi-shment que aborrecía las políticas públicas y respondía a cualquier problema con la iniciativa privada. Así llegó a administrar una docena y media de hogares donde vivían más de 6.000 chicos.
Desde 2000 circularon historias sobre abusos cometidos en ellos e incluso llegó a la Justicia la denuncia anónima de un empleado de la Fundación, por lo que el juez Alfredo Meade inspeccionó su sede central, en Morón, a pocos kilómetros de la Capital, donde vivía el propio Grassi. Ex alumno de colegios religiosos y militante de Acción Católica, Meade era insospechable de prejuicios contra la Iglesia. “Grassi me dijo que si desconfiaba de él hablara con el cardenal Bergoglio, que era su confesor”, contó Meade al autor de esta nota.
En 2002 la periodista Miriam Lewin presentó en el canal de televisión del Grupo Clarín a varios de los niños que declararon haber sido abusados por Grassi. Uno contó que el cura lo sentó sobre su falda y empezó a tocarlo. “Me dijo que era algo normal, que los hombres se tenían que conocer, que como yo no tenía padre él me quería explicar cómo era la vida”. En un segundo encuentro “me tocó el pene y me dijo: ‘¿Querés que te lo chupe?’ Yo negué con la cabeza pero él lo hizo por un rato largo. Esa noche me escapé”.
El juez Meade ordenó el arresto de Grassi. La secretaria del juzgado, Mirta Ravera Godoy, recibió un llamado telefónico de la Curia:
–El cardenal quiere hablarle –le dijeron.
–Yo sólo atiendo en el tribunal –respondió. (...)
Grassi declaró con orgullo que Bergoglio lo había protegido. Al director de la editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, le dijo en una entrevista que Bergoglio no le soltó la mano y que siempre estaba a su lado. Varias veces el entonces cardenal visitó a Grassi en su Fundación, sin avisar al entonces obispo de Morón, Oscar Justo Laguna, que protestaba por ello, aunque cuando las relaciones de poder no le dejaron más espacio, dijo haberlo perdonado.
Uno de los abogados defensores de Grassi, Abel Maloney, dijo que sus honorarios eran pagados por el hombre de negocios Héctor Colella, quien también apoyó a la Fundación cuando la detención del sacerdote resintió sus finanzas. Colella se hizo famoso en 1998, cuando el empresario postal Alfredo Yabrán se voló la cabeza para no ser detenido y dejó una nota encomendando que su íntimo amigo y socio Colella se hiciera cargo de algunas de sus empresas y de sus asuntos personales.
(...) Los abogados defensores del custodio de Yabrán, Jorge Sandro y Julio Virgolini, encabezaron también la representación legal del cura Grassi, y Sancinetti fue contratado por la Conferencia Episcopal Argentina, presidida por Bergoglio, para realizar un trabajo similar en esta causa. Sancinetti no respondió a una consulta por correo electrónico acerca de los detalles de su contratación, incluyendo el precio convenido y quién lo pagó.
Colella paralizó a la custodia pontificia, el 17 de marzo de 2013, cuando Francisco hizo detener su vehículo descubierto, caminó siete pasos entre los fieles que colmaban la Plaza de San Pedro y se acercó a un hombre que apoyó la frente sobre el hombro papal. Era Colella, quien dijo que se conocieron en su época de estudiantes en la provincia de Córdoba, cuyo Arzobispado ha recibido ricas donaciones de Yabrán.
El dictamen de Sancinetti en defensa de Grassi se publicó en dos tomos, que sumados pasan de las mil páginas, bajo el título “Estudios sobre el caso Grassi”. Allí compara el juicio y condena de Grassi con los procesos por brujería de la Edad Media, lo cual es imaginable que haya provocado sonrisas incómodas entre los comitentes de la obra.
La contratapa del primer tomo aclara que la Conferencia Episcopal Argentina encomendó la realización de estos dictámenes a Sancinetti para tener una opinión objetiva “sobre la regularidad del procedimiento que concluyó en el juicio” y la valoración de la prueba. (...)
El 29 de abril de 2013 el diario de Torino La Stampa trató en su plataforma multimedia Vatican Insider “el extraño caso del padre Grassi”. La nota coincidió con los defensores de Grassi en que la causa “fue montada producto de una disputa de poder en torno a la Fundación”.
Para Vatican Insider el caso “fue utilizado en su momento para enfangar al actual Papa”. Tres días después, el 2 de mayo de 2013, la Agencia Informativa Católica Argentina, AICA, anunció que el nuncio Tscherrig visitó una de las escuelas de la Fundación Felices los Niños, donde le informaron la construcción de un gimnasio que se llamará “Papa Francisco”, lo cual es un pronunciamiento tácito. Andrés Beltramo Alvarez añadió en aquel artículo de Vatican Insider que Francisco y el cardenal Müller acordaron que no habría pronunciamientos del Vaticano sobre el caso hasta que no se produzca la sentencia definitiva.
Desde julio de este año las apelaciones de Grassi y de aquellas víctimas cuyos casos derivaron en absolución están en la Procuración General de la Nación, donde el Procurador Fiscal ante la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Casal, ya terminó su dictamen. Entrará en la Corte antes de fin de año y el primer voto lo firmará otro rendido admirador de Bergoglio, su presidente Ricardo Lorenzetti, quien ya proclamó que el Papa era “absolutamente inocente” del secuestro en 1976 de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics.".









