ESFUERZO (INÚTIL) DE UN DIPLOMÁTICO

Respuesta del embajador de Francia a Hebe de Bonafini

Entre su clientelismo voraz y su inconducta personal, Hebe de Bonafini destruyó su eventual prestigio personal, y el de las Madres de Plaza de Mayo. Ella devino, apenas, en una provocadora de escaso nivel, a quien conviene hasta refugiar en argumentos de que la edad ya le juega en contra. Imposible razonar con Bonafini porque ya desde más joven ella rechazó esa alternativa. ¿No fue ella la que festejó los atentados contra las llamadas Torres Gemelas, en 2001? ¿No fue ella la que públicamente alguna vez defendió al ex grupo terrorista ETA? Por lo tanto, la amable misiva del embajador Jean-Michel Casa probablemente se dirija a la opinión pública antes que a la destinataria:

Señora Hebe de Bonafini: 
 
Quisiera hacerle saber de mi gran indignación ante las declaraciones que, según la prensa (El Cronista), usted pronunciara luego de los atentados de los que fuera víctima Francia. 
 
Respeto, por supuesto, su libertad de expresión: es el valor más importante de la República francesa, valor por el cual caricaturistas de talento (y que nunca fueron condescendientes con nuestros dirigentes políticos), intelectuales progresistas, así como aquellos que los protegían, fueron asesinados a sangre fría, algunos de una bala en la cabeza, a quemarropa. Destaco simplemente que usted es la única asociación argentina de defensa de los derechos humanos, y sin dudas, el único sector de toda la sociedad argentina (unánime, en su rechazo, con las autoridades de la Nación y los diferentes partidos políticos), a haber negado un gesto de solidaridad hacia Francia, y hasta haber agredido verbalmente nuestro país de manera gratuita e indignante, en los momentos de dolor tan difíciles que acabamos de atravesar. 
 
Cuestiono también sus dichos, totalmente desacertados, respecto del ‘colonialismo francés’, mientras que, durante la marcha que reunió en París a millones de franceses, de todos los orígenes y de todas las confesiones, el domingo 11 de enero, desfilaba en la primera fila, a la derecha del Presidente francés, el Presidente de Mali, el Señor Ibrahim Boubacar Këita. El Presidente Këita fue elegido en condiciones perfectamente democráticas por el pueblo malí, luego de que una intervención internacional, principalmente conducida por soldados franceses, a pedido de la ONU y de la Unión Africana, haya liberado al país de un golpe de estado dirigido por fundamentalistas extremistas (cuyas primeras acciones fueron las de destruir lugares santos musulmanes tradicionales, manuscritos antiguos y raros, y sobre todo, generalizar castigos que iban desde la pena de muerte hasta tratos de lo más bárbaros y degradantes contra la población). 
 
Comprendo aún menos las amalgamas que hizo con la intervención americana en Irak, en 2003 (a la cual Francia no dejó de oponerse), o referencias aún más antiguas a la ex Yugoslavia, en la que soldados y policías franceses perdieron la vida, intentando hacer retroceder las guerras civiles. 
 
Lo que me apena más aún, son sus alusiones indecentes hacia nuestro país, refiriéndose a la época de la dictadura argentina. Las mismas son injuriosas para los numerosos militantes franceses que fueron asesinados junto a sus hermanos argentinos, luchando contra la represión, y especialmente en la Iglesia de Santa Cruz, junto a las primeras Madres de Plaza de Mayo. Estas menciones son ofensivas para toda la sociedad francesa, como para los funcionarios de nuestro país, que se movilizaron durante años para ayudar a la liberación y dar asilo en Francia a miles de ciudadanos argentinos progresistas, víctimas del terrorismo de estado practicado por la dictadura militar. Ni uno solo de estos refugiados en nuestro país o de sus hijos, ni un solo defensor de los derechos humanos en Argentina, podría suscribir a sus palabras. 
 
Una vez más, respeto su libertad de expresión, aunque sus palabras me resulten chocantes e inaceptables; y ejerzo la mía, dirigiéndole este mensaje y expresando no querer tener ninguna relación con una asociación que, en tales circunstancias, sostiene propósitos tan contrarios a los valores sobre los cuales se basan históricamente nuestras dos Repúblicas, y las relaciones seculares de amistad entre nuestros dos países.
 
Jean-Michel Casa, 
Embajador de Francia ante la República Argentina.