2016 SIN MUCHO PARA FESTEJAR

Todos esperábamos una Navidad diferente...

En vez de buscar un culpable para su Navidad mínima, desangelada, otoñal, la Administración Macri tendría que preguntarse cómo contribuyó a este presente tan alejado del que prometió hace 1 año. Menos mal que, para la alianza Cambiemos, que los opositores no han concretado muchas de sus elucubraciones.... Editorial dominical de Claudio Chiaruttini para su mañana radial por la Concepto FM.

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). No es el fin de año esperado. Ni por Mauricio Macri, ni por sus Ministros, ni por sus militantes, ni por la oposición, ni por los gremios, ni por los empresarios, ni por los banqueros, ni por los inversores, ni por los economistas y, mucho menos, por la gente. Y eso ya es una conclusión de lo que ha sido 2016: Un año donde todas las proyecciones quedaron “cortas”, donde las expectativas no se cumplieron, donde los planes no se concretaron. Sin embargo, no fue un año perdido, pese a ser el 5º año de estanflación continua, uno de los ciclos más extensos de crisis productiva.

Cuánto del fracaso del 2016 y del Gobierno de Mauricio Macri es culpa del PRO en el poder, queda por parte de cada persona y mucho tiene que ver su adhesión o no al macrismo. Quizás algunos opositores sostengan que todo lo que hoy ocurre era esperable. En realidad, son exageraciones, dado que también la oposición está en una posición que no esperaba hace un año, cuando juró Mauricio Macri como Presidente de la Nación.

Los “brotes verdes”, no llegaron. La “lluvia de inversiones” es, por ahora, una larga lista de promesas que tardarán mucho tiempo en concretarse. La inflación está contenida, pero no derrotada. El Gasto Público crece casi al doble de la velocidad que la recaudación. Poco de la Agenda Legislativa de la Casa Rosada fue votada sin grandes modificaciones. Pese a ser inundados de dinero y créditos, los Gobernadores no lograron evitar que la oposición en Diputados pudiera articularse y asentarle tres inmensas derrotas al Presidente de la Nación. Y el futuro del proyecto político del PRO y de Cambiemos aún no está asegurado, lo que mantiene la misma incertidumbre que había el 10 de Diciembre de 2015.

Los 12 meses del Gobierno de Mauricio Macri han sido de mayor a menor. Tanto en imagen positiva, como en calificación de la gestión. El Gobierno, que se negó a llamar a una “Mesa de la Concertación” al comienzo del mandato, tuvo que citarla para evitar la ruptura con la CGT. La oposición sacó el Congreso 2 leyes por cada una que logró aprobar el macrismo. El radicalismo se siente más fuera del Gobierno que hace un año. Elisa Carrió está más incontrolada que nunca. Este escenario es complejo para comenzar el año electoral, pero poco hace la Casa Rosada para revertirlo.

También los ministros de Mauricio Macri han tenido un accionar de mayor a menor.

Alfonso Prat Gay hizo una negociación impecable para salir del default, hoy está vetado de las tratativas del Impuesto a las Ganancias y sus sueños de ser canciller, quedaron en el camino.

Marcos Peña lanzó su precandidatura presidencial en marzo y, hoy, se lo considera el principal responsable de la pésima imagen del Gobierno, de la derrota de voto electrónico y del proyecto oficial de Ganancias en la Cámara de Diputados.

Rogelio Frigerio no pudo hacer arrancar la obra púbica en 12 meses.

Federico Sturzenegger pasó de una ordenada salida del cepo a las dudas con el futuro de las Lebacs y ser apuntado como el responsable de extender la recesión, por el alto nivel de tasa de interés que mantiene.

Esteban Bullrich no ha podido encauzar la relación con los gremios docentes y, aunque la culpa fue del kirchnerismo, lo ciertos es que la Argentina quedó fuera de las Pruebas Pisa.

Ricardo Buryaile es criticado por todas las organizaciones del campo, salvo la Sociedad Rural Argentina. Jorge Lemus, como Julio Martínez (Defensa) y Gustavo Santos (Turismo), son ministros anónimos, sin agenda y sin anuncios.

La contracara es Hernán Lombardi, con un altísimo perfil y un diseño de sistema de medios que protege más los negocios y presencias de “estrellas” del kirchnerismo que de encabezar una batalla cultural que construya una nueva realidad.

Francisco “Pancho” Cabrera es el ministro de Producción de un país que cada vez produce menos, que cada vez exporta menos productos con valor agregado, salvo oleaginosas; y que aún no logra entender qué necesitan los inversores, los empresarios y los industriales para crear fuentes de trabajo.

Germán Garavano no pudo sacar de su cargo a Alejandra Gils Carbó, el Consejo de la Magistratura volvió a manos kirchneristas y su plan de reformas, sobre todo en el tema Justicia Federal, quedó en nada.

Pero la mayor desilusión es Susana Malcorra, quien levantó una candidatura para Secretaria General de las Naciones Unidas que nunca tuvo el apoyo de las grandes potencias, salvo Estados Unidos, y terminó con papelones con Gran Bretaña, Venezuela, Francisco y, ahora, el caso de Milagro Sala, que tiene un inmenso costo político para el Gobierno y en el cual la Cancillería no movió un dedo para evitar que el lobby de los organismos de derechos humanos kirchneristas obtuvieran apoyo para la acusada, ignorando la independencia del Poder Judicial en la Argentina.

Hay excepciones.

Carolina Stanley mantuvo, a fuerza de inmensas cantidades de dinero, una cierta paz social, pese a los cortes de calles en el Centro porteño.

Patricia Bullrich puede mostrar capturas de droga y fugados de la Justicia como nunca otro Gobierno antes, pese a ser una mala ministra de Seguridad.

Luis Caputo, el secretario de Finanzas que devolvió a la Argentina a los mercados internacionales, cerro el acuerdo con los holdouts y está realizando emisiones de deuda con tasas ultracompetitivas, que marcan un sendero muy “amigable” (en términos de tasa de interés) para provincias y empresas. Una lista demasiado corta.

Hasta ahora, Mauricio Macri ha cumplido pocas de las promesas de campaña, pasó un año y sigue la percepción de que la gestión “no arranca”, quedó estigmatizado como “El Gobierno de los CEOs”, no ha logrado crear un “relato” de su mandato, tampoco creó un “mito de gobierno”, tiene más pobres, más desempleados y más empresas cerradas que hace 12 meses, creció la informalidad laboral y bajó la calidad de los productos que compran las familias en los súper e hipermercados. Y el salario perdió capacidad de compra ante la inflación, en especial, en los rubros alimentos y bebidas.

Pese a eso, hay una fuerte confianza en Mauricio Macri (aunque menor para sus ministros). Sin embargo, la gente no quiere esperar más, no quiere que le digan que es culpa del pasado (o de la “herencia"), ni quiere más promesas de futuros “brotes verdes”. Las encuestas son claras: La opinión pública reclama certidumbre. Se “banca” el ajuste y la recesión, pero quiere certezas sobre su futuro. En el fondo, más allá del Gobierno de Mauricio Macri, hace 5 años que le dicen que la reactivación está cercana.

El Gobierno ha presentado 8 ejes de gestión y 100 medidas a realizar. Parece un nuevo esfuerzo del duranbarbismo para calmar las opiniones negativas que surgen de los estudios demoscópicos. En parte, ya lo hizo en la campaña electoral, con unas 20 promesas, de las cuales sólo cumplió 3, según los punteos realizados por diversos medios; y que luego concentró en 3 propuestas en el primer discurso inaugural que hizo Mauricio Macri en el Congreso de la Nación el 1º de Marzo pasado. En un año, veremos.

Pero pese al diagnóstico negativo del Primer Año en el poder de Mauricio Macri, nadie en la oposición ha sabido/podido capitalizar la debilidad del PRO, de Cambiemos, del Gobierno. Se repite, pero al revés, lo que ocurrió casi 8 años con el kirchnerismo: la fortaleza de Cristina Fernández era la dificultad de la oposición para articularse en su contra. Hoy, la fortaleza del Presidente de la Nación es la atomización opositora y las enormes barreras que hay para que cierren alianzas electorales exitosas para el año que comienza en pocos días más.

La movida de Sergio Massa por Ganancias, gracias a la sucesión inmensa de errores que cometió la Casa Rosada, le dio un triunfo muy importante. Pero fue un triunfo compartido, con el kirchnerismo, con el peronismo, con Axel Kicillof y con Máximo Kirchner. Sin duda el líder del Frente Renovador fue un astuto creador de una maniobra política inteligente, pero sin kirchneristas y peronistas, nunca hubiese derrotado al Gobierno, por eso le cedió el texto de la norma el ex ministro de Economía de Cristina Fernández y necesitó los votos peronistas.

La oposición logró unirse, desordenada, en Diputados, pero es muy difícil que esa alianza pueda proyectarse más allá de la Cámara Baja; como quedó demostrado en el Senado, donde el Gobierno logró colocar a 9 Gobernadores contra el proyecto de Ganancias de la oposición. Lo que se armó en 6 horas, la Casa Rosada lo desarmó en 4 días. Como suele ser el PRO, muestra algo de fortaleza cuando actúa en defensiva, luego de que el daño ya fue hecho. Ya lo vimos con el DNU para sumar 2 miembros a la Corte Suprema, con el aumento de tarifas y, ahora, con Ganancias.

Ahora que Mauricio Macri sacó de la negociación a Marcos Peña y Alfonso Prat Gay, la estrategia que llevan adelante Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Mario Quintana y Jorge Triacca cambió el escenario. Sumar un tercero en la negociación, la CGT, dio vuelta el escenario y dejó al Gobierno a un paso de un inmenso triunfo político. Triunfo pírrico, pero triunfo al fin.

El titular de la Bancada del Frente para la Victoria del Senado, Miguel Ángel Pichetto, reconoció que si el Gobierno presenta un proyecto de ley de cambio en el Impuesto a las Ganancias con el apoyo de la CGT, su bancada deberá votarla a favor. Es decir, se “cae” la propuesta que salió de Diputados, un golpe para Sergio Massa, Máximo Kirchner, el peronismo, el kirchnerismo y el massismo, que deberán decidir si ratifican lo votado hace dos semanas (y van contra de la CGT) o aprueban el nuevo proyecto oficial; un tema no menor, y que promete una apertura urticante de las Sesiones Ordinarias el año que viene.

Pero cualquiera sea el resultado final, en el fondo, el tratamiento del tema Ganancias es un desastre, desde el punto de vista político, para todas las partes, dado que todos impusieron condiciones a todos, todos tuvieron que ceder, todos habrán ganado una vez, todos habrán perdido una vez, el déficit fiscal seguirá creciendo (alimentando la inflación y horadando el poder de compra del salario) y muchos trabajadores seguirán pagando injustamente Ganancias. Un “fuego de artificio” costoso.

En la última reunión de Gabinete Ampliado, que se realizó en ya emblemático “templo macrista” llamado Centro Cultural Néstor Kirchner, Mauricio Macri calificó el 1er. año de Gobierno como “de aprendizaje” y pidió a sus funcionarios “hechos”. Es la primera vez en 200 años de historia institucional argentina que un Presidente de la Nación dice que su primer año de Mandato es un “aprendizaje”, como si fuera un “proceso de inducción” en una gran empresa multinacional.

La “confesión” de Mauricio Macri confirma algo que ya el fracaso de la tecnocracia en los ´90 dejó en claro: por más capaz que sea un CEO o management privado, las formas y los mecanismos de gestión son diferentes que en el sector público. Estucturas formales e informales diferentes, gremios y trato con los gremios distinto, eslabones de poder y decisión con otros tiempos, otras formas y otras prioridades. ¿Acaso no sabía esto el PRO cuando preparaba su campaña electoral en la Fundación Pensar?

Quizás, ahora que el Gobierno tiene 100 metas, los funcionarios sepan qué deben hacer. Sin embargo, la realidad es cambiante y deberán acostumbrarse que la oposición también accionar, las corporaciones también accionan y el mundo también acciona. Seguir una lista es bueno, pero saber reaccionar a los cambios, los desafíos y las crisis, es mejor; pero ese desafío, todavía, el macrismo tiene que superarlo.

A los problemas de gestión, de la macroeconomía y políticos, el Gobierno de Mauricio Macri enfrenta un 2017 con un mundo totalmente diferente al que existía cuando asumió y al que apostó políticamente hablando.

Donald Trump es un enigma en sí mismo.

China está quemando reservas como nunca en los últimos 50 años.

Brasil profundiza semana a semana la crisis política, lo que demora el arranque de la economía.

Y sólo una cosecha record, como la que se espera, no puede sacar a la Argentina del proceso de estanflación que perdura.

El tema Ganancias todavía tiene final indefinido. Cómo termine dejará la sensación de un Gobierno fuerte o de un Gobierno débil, pero también, de una oposición fuerte o de una oposición débil. Y, eso, marcará gran parte de la posición desde donde cada uno saldrá a disputar las elecciones electorales. Y, sin duda, eso tendrá impacto en la confianza de inversores, empresarios, industriales y banqueros.

Inicia el 2do. Año de gestión de Mauricio Macri, el que definirá si su proyecto político es de cambio o de transición. Para el Gobierno, ganar es todo. Pero también para Sergio Massa, para Cristina Fernández, para Florencio Randazzo, para Cambiemos, para el kirchnerismo, para el peronismo. Por eso, el 2017, será más duro y desafiante que el 2016.