Laclau, un discípulo de Jorge Abelardo Ramos devenido en Braga Menéndez 2

Néstor Kirchner tiene su intelectual de moda: Ernesto Laclau. En 2003, Kirchner publicó un libro en supuesta co-autoría con Torcuato Di Tella, efímero secretario de Cultura de la Nación. Luego llegó la etapa en la que un pensador de cabecera fue Juan Pablo Feinman. Más tarde llegaron los tiempos de Carta Abierta, y entre ellos ha privilegiado, aparentemente, a Laclau, quien reclama "una movilización efectiva de los sectores populares", que no pasa solamente por redistribuir el ingreso sino por la "transformación de las bases sociales del sistema", comenzando por el intento de atraer y movilizar a la clase media. Unos dicen que Laclau exagera. Otros, que ya esta 'gagá'. Pero es el intelectual que apuntala el deseo del 3er. mandato consecutivo.

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Próximo a cumplir 75 años, Ernesto Laclau ha logrado superar a Jorge Abelardo Ramos, a quien tanto admiró, aunque le reprochó el apoyo a Carlos Menem, en 1989. Laclau es citado como un 'explicador' de la lógica del poder de los Kirchner. También de sus caprichos, y, siempre, de sus ambiciones.
En cambio Ramos no llegó a esa estrechez con Menem, pese a la bienvenida que le daba Gustavo Béliz a sus ideas.
Laclau considera que lo mejor del Colorado Ramos ocurrió en los '40, cuando él, formado en el marxismo-leninismo al que ya tenía en revisión, apoyó a Juan Perón. Pero Laclau le reprochó a Ramos cuando, en otro contexto histórico -en el inicio mismo de la caída del Muro de Berlín-, Ramos apoyó a Menem, y éste lo designó embajador en México.
Así, Laclau le concedió originalidad peronista a Ramos en los '40 pero le reprochó su pronunciamiento peronista en los '90, por entender que eran peronismos diferentes, aunque en ambos casos eran expresiones de voluntades populares (igual que el apoyo de Ramos a Perón-Perón en 1973, acerca de lo que Laclau prefiere no analizar en profundidad porque sabe que se expone a controversias kirchneristas).
Para Laclau era válido el revisionismo histórico ensayado por Ramos en los '40 pero era malo el revisionismo histórico en los '90.
¿Y si Menem hubiera convocado a Laclau, tal como convocó a Ramos?
De todos modos esa discrecionalidad de Laclau no es eprochable en sí misma porque el disenso es parte del ejercicio de las ideas, aunque Laclau, tan fervoroso para con los procesos nacionales y populares no se detuvo a reflexionar acerca de los motivos por el que más argentinos votaron a Menem que a los Kirchner. Los Kirchner han conseguido más poder que Menem pero todavía le faltan votos, en especial para alcanzar la re-reelección. En ese caso sí marcarían el record, que Laclau insiste que no sería un peligro para la democracia.
La contradicción fundamental
Laclau trabajó junto a Ramos durante 5 años, según él mismo explicó, en los tiempos del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN).
Laclau dice que Ramos creía que el PSIN sería el punto de convergencia del movimiento obrero, pero que él creía que el PSIN "tenía que ser simplemente un destacamento, junto con otros destacamentos, de la constitución de un movimiento popular más vasto".
Sin embargo, el movimiento obrero que intentaba politizar Ramos poco tiene que ver con el movimiento obrero que privilegian los Kirchner, y que termina siendo, por carácter transitivo, el de referencia de Laclau.
Mucho atrae a los Kirchner esa idea del teórico del posmarxismo acerca del movimiento dentro del movimiento (algo así como matrioskas políticas), porque les permite justificar su insistente búsqueda de acuerdos tan heterogéneos que van desde Hugo Curto a Hebe de Bonafini.
Laclau nunca se detiene a analizar los mecanismos de convencimiento de los Kirchner. El clientelismo, la prebenda, la compra de la voluntad. Para Laclau esos son valores burgueses que no hacen a la revolución. La dignidad es concretar el cambio político-social, y coimear el espíritu es apenas una anécdota en el Gran Combate.
El otro pensamiento de Laclau que subyuga a los Kirchner es el que afirma que "... una sociedad sin antagonismos es imposible". Cuando Néstor es acusado de 'autito chocador' y peleador compulsivo, resulta un alivio encontrar a quien juzga constructiva la búsqueda del conflicto permanente.
Durante los años '60, Laclau dirigió las revistas Izquierda Nacional y Lucha Obrera, del PSIN. Ramos salió del PSIN hacia la creación del Frente de Izquierda Popular (FIP) pero Laclau no lo acompañó. Además de las diferencias, surgió Eric Hobsbawn y la posibilidad de una beca en la Universidad de Oxford para hacer un doctorado desde 1969 hasta 1972. Después obtuvo un fellowship en la Universidad de Essex.
Probablemente, la contradicción sea el vínculo real entre Laclau y Néstor Kirchner.
Laclau es un intelectual subsidiado por el imperio británico, cuna del capitalismo industrial, para elucubrar sobre cómo acotar el imperialismo.
Kirchner es un político argentino que fue aliado de Menem, más que Jorge Abelardo Ramos, beneficiario del menemismo que, en nombre de una supuesta simpatía con la izquierda nacional, llevó el dinero de la provincia al exterior durante más de 1 década, nunca rindió cuentas sobre su utilización y lo acabó regresando de Suiza para frenar un escándalo político, mientras explica los beneficios del ahorro dentro de las fronteras patrias.
Luego, a Laclau le ocurre como a Horacio Verbitsky: no tienen explicación para Julio De Vido ni para Ricardo Jaime, pero ellos deberán aceptar que es el mismo Kirchner el que dialoga con ellos, supuestos intelectuales progresistas, y el que se beneficia y regodea con el terrenal De Vido y el fenicio Jaime.
Verbitsky se encuentra más acostumbrado, él tiene experiencia en justificar lo injustificable siempre que sea posible obtener alguna utilidad. Laclau es más inexperto y tendrá que probarse en esas lides.
Alejandra Rodríguez y Exequiel Siddig realizaron una militante entrevista a Laclau para http://sur.elargentino.com/notas/ernesto-laclau-puede-haber-congresos-co... - internal-link>el semanario clientelar kirchnerista Miradas Al Sur, del multimedios de Sergio Spolsky (Alejandra y Exequiel deberían meditar en si la relación entre Laclau y Kirchner no es tan curiosa como la de Eduardo Anguita, director de la publicación, y el tal Spolsky, hoy un hombre de la revolución nacional (¿?).
Anguita decidió titular la entrevista con aquello que más interesa en la coyuntura: el cuestionamiento a la mayoría no kirchnerista del Legislativo Nacional. Entonces escribió: "Ernesto Laclau: 'Puede haber Congresos con una voluntad antidemocrática'".
No fue sobre lo único que habló Laclau pero sí lo que eligió Anguita, ex PRT-ERP (o sea militante del trotkysta Partido Revolucionario de los Trabajadores, que tuvo un brazo armado llamado Ejército Revolucionario del Pueblo, nada menos aislado de los obreros, vale la pena destacar).
El fragmento respectivo:
"(...) –¿Pueden existir Congresos antidemocráticos hoy en América Latina?
–¿Con una voluntad antidemocrática? Sí, claro que puede haber.
–¿Y en el caso del Congreso argentino actual?
–La oposición fue demasiado estúpida para hacer pleno uso de las posibilidades que se le plantearon. Pero, evidentemente, la tendencia a transformar el Congreso en una forma de coartar la acción del Poder Ejecutivo se movía en una dirección corporativa antidemocrática.
–¿En qué ocasiones, por ejemplo?
–En muchas circunstancias. Una fue intentar tomar por asalto todas las comisiones del Congreso, aprovechando una mayoría circunstancial e ignorando la proporción de los votos que el pueblo había expresado en las elecciones. (...)".
Pero Laclau nada dice acerca del abuso que cometió el kirchnerismo cuando controlaba el Congreso, al transferir obligaciones y prerrogativas del Legislativo al Ejecutivo, en nombre de una emergencia irreal que mucho tenía de estructura autoritaria.
¿Qué fue más antidemocrático? ¿El denominado 'asalto a las comisiones del Congreso' o el asalto a las atribuciones del Legislativo para delegarlas en el Ejecutivo?
Laclau, quien ahora ya no aparece parapetado detrás del colectivo Carta Abierta sino que su nuevo protagonismo lo obliga a salir de la trinchera para el cuerpo a cuerpo, carece de una respuesta coherente al respecto, en parte porque tener que justificar todo, hasta lo injustificable, lo convierte en una versión 2010 de Fernando Braga Menéndez, el publicitario kirchnerista de 2004 y 2005.
Así, Laclau. hombre de ideas, termina banalizado porque su Norte ya no es el análisis de las ideas sino justificar a Kirchner, hombre bastante errático ya que él es un laborioso oportunista antes que un estratega. En definitiva, él imita al Colorado Ramos de los años '90 que tanto cuestionó.
Laclau termina afirmando que el Legislativo es un obstáculo para la revolución (¿cómo explicarlo en la Venezuela de Hugo Chávez, donde la oposición carece de representación en la Asamblea Nacional, por el error de haberse negado a presentar candidatos propios?):
"Hoy América Latina se debate entre el camino de las democracias nacional-populares y la parlamentarización del poder con el objetivo de imposibilitar llevar a cabo los cambios sociales. En la experiencia democrática de las masas latinoamericanas hay, por un lado, una tendencia administrativista, oligárquica o tecnocrática, que consiste en diluir el poder en una serie de instituciones corporativas. Por otro lado, una tendencia populista que lleva a la consolidación del poder alrededor de ciertos centros. Ahora, esos centros tienen como punto importante de referencia la concentración en ciertas figuras. Eso puede tener una dirección de derecha o de izquierda. El gaullismo en Francia, la V República, hubiera sido impensable sin la concentración simbólica de una nueva figura: De Gaulle. O sea, que no es una cuestión de la ideología del régimen, sino de la existencia de un discurso que divide a la sociedad en dos campos antagónicos. En América Latina, se da una combinación bastante sana entre un institucionalismo reafirmado –porque ya no hay regímenes que estén invocando la destrucción de las instituciones del Estado liberal; es decir, nadie está proponiendo la derogación de la división de poderes– y el momento de un Poder Ejecutivo fuerte con fuertes identificaciones colectivas. (...)".
Laclau termina coincidiendo con Thomas Carlyle, aquel de "La democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan". Al igual que Carlyle, quien creía en que la historia de los hombres excepcionales determinaba la historia de las civilizaciones, Laclau se aferra al personaje porque ¿le paga el salario?
La comparación de Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales con Charles De Gaulle es llamativa. Laclau utiliza la figura de De Gaulle, en parte, porque el francés se negó a ingresar a Francia en la OTAN, una demostración de nacionalismo frente a USA.
Pero si Laclau pretende una lectura histórica apropiada -y no imitar el simplismo de Felipe Pigna, el protegido de Víctor Santa María en Caras y Caretas, el Billiken de estos tiempos-, debería considerar la falta de comprensión del conflicto social que padeció De Gaulle, y le terminó provocando la pérdida del poder.
Si bien es imposible una sociedad sin antagonismos, los antagonismos acaban con quienes no comprenden los límites.
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El pensamiento de Laclau:
http://www.youtube.com/watch?v=I3U6D7lWP20

http://www.youtube.com/watch?v=qqG8CbtGDKI

http://www.youtube.com/watch?v=twwpYPJOB2w&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=se6zWlx7SCQ

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