A DOS AÑOS DEL CORRALITO: Las discusiones de Cavallo y Maccarone

POR GUSTAVO BASAN (*) Apenas conocido el retiro de depósitos, Domingo Cavallo empezó a discutir con sus colaboradores las medidas para frenarlo y se enfrentó con Roque Maccarone.

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Domingo Cavallo y Roque Maccarone discutieron ayer durante toda la tarde y hasta bien entrada la noche, cara a cara o por teléfono, qué hacer para frenar una nueva salida de los depósitos. Ayer por la tarde, poco después de que los bancos cerraran sus puertas, Maccarone se corrió desde la presidencia del Banco Central hasta el despacho de Cavallo en Economía.

Ahí, junto a Daniel Marx y al vicepresidente del Central, Felipe Murolo, entre otros, calcularon, con los datos que había recogido en la mesa del Banco Central, la magnitud de la caída de los depósitos. Maccarone se animó a decir que, con datos parciales, se podía estimar que se habían perdido 700 millones de pesos, un número que resultó menor al que consideraron algunos bancos.

Daños

Estimados los daños, se debatió qué hacer. La posición de Roque, influido por los bancos, era inmovilizar los depósitos de la manera más amplia posible.

Cavallo quería alguna flexibilidad. Daniel Marx habló de la posibilidad de dolarizar los depósitos. Sobre esos ejes se trabajó hasta que por la noche se filtraron las primeras medidas.

Luego, según algunas versiones, trabajaron sobre un esquema de decreto que habría sido elaborado por Horacio Liendo, asesor de Cavallo.

Tras esa reunión, que terminó cerca de las 18,30, Maccarone volvió a su despacho en el Central y se encerró con un grupo de directores para darles forma a las medidas que deberían contrarrestar la histeria de los ahorristas. Fue el epílogo para un día durísimo y cargado de rumores de todo tipo.

La gente había sacado a relucir el instinto de conservación, muy afilado en la década de los 80, para intentar mantener a buen resguardo sus ahorros, ante el temor de que un feriado bancario (y las medidas que lo acompañen) pudieran inmovilizar por largo tiempo los depósitos.

Por eso cuando desde la mañana se empezó a hablar por los medios de difusión de que sobrevolaba la posibilidad de un feriado bancario para los próximos lunes y martes, la gente fue a buscar dinero de los bancos.

Del otro lado del mostrador, los banqueros asistían nerviosos, pero no sorprendidos, a la reacción de la gente. "Los depósitos fueron hasta ahora la última barrera, pero no estoy seguro de cuán fuertes están las defensas para evitar que nos tape el agua", dijo un banquero, comparando lo que ocurría en los bancos con las inundaciones de la región pampeana.

La oleada de gente en algunas sucursales fue acompañada por la escalada de las tasas que se pagaron en el mercado interbancario.

El problema lo sufrieron quienes tenían posiciones "abiertas", es decir, pesos por cobrar y dólares por pagar. ¿Qué quiere decir esto? Que tenían que salir a "cubrir" esa posición, porque una hipotética devaluación le generaría una fuerte pérdida.

"Si un gerente queda entrampado en una situación así, lo echan sin pensarlo. Por eso algunos bancos salieron a pagar tasas altas para tomar pesos y con eso comprar los dólares que le permitan pasar tranquilo el fin de semana". En realidad, una tasa del 700% anual, para tres días, es un seguro de cambio caro, pero que valía la pena pagar.

El problema lo sufren las empresas que necesitan financiamiento de corto plazo para cubrir distintas necesidades puntuales.

Si el jueves se habló de asfixia financiera, ayer directamente se empezó a sospechar que si la presión de las tasas se mantiene por mucho tiempo, la cantidad de pedidos de convocatoria de acreedores inundará los juzgados el fuero civil y comercial.

Por eso ayer trascendió con fuerza que los bancos estaban presionando al Banco Central para que Roque Maccarone tomara medidas antes de que los bancos volvieran a abrir sus puertas el lunes.

Corrida nacional

El mandamás de uno de los bancos extranjeros con mayor peso en el mercado, advirtió: "Hoy tuvimos una salida que fue fuerte en el microcentro porteño y más débil en las sucursales. Pero si de acá al lunes no se hace algo, la salida va a ser generalizada".

También se discute cómo tomar las medidas. El Central evaluaba si podía dejar librado a cada banco frenar o no los depósitos, o emitir una orden de cumplimiento obligatorio por todo el sistema. Ahí aparecieron las diferencias.

Hay bancos que prefieren que cada uno se haga responsable de dar la cara ante sus clientes. Otros, replican: "Yo no voy a tener problemas en darles a mis clientes toda la plata que me pidan, pero no me causaría ninguna gracia que el banco de al lado no lo haga, porque lo va a sufrir todo el sistema".

(*) Buenos Aires, Argentina. 1 de diciembre de 2001. Clarín.

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