Insólito Pacho O'Donnell, quien escribió: "Vivimos en una sociedad que fomenta la frivolidad, el pragmatismo, la indiferencia, el relativismo, la apariencia.
Por eso el Che está tan vivo, porque simboliza el idealismo, la epopeya, el compromiso, la ética. Su memoria nos empuja a cumplir con aquella recomendación a sus hijos en su carta de despedida: "Sobre todo sean capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia contra cualquiera en cualquier parte del mundo". (...)".
O'Donnell -a menos que su demagogia le haya colapsado la razón- debería recordar que Guevara fue coautor de una enorme injusticia: condenar al pueblo cubano al comunismo.
Porque la única opción a Fulgencio Batista no era el Kremlin que eligieron Guevara y los Castro Ruz (aún cuando los biógrafos de Guevara insistan en que él era más Movimiento No Alineado y Raúl Castro Ruz era el más pro-Moscú).
Pero Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir llegaron a escribir sobre 'el hombre perfecto', después de que visitaran Cuba en los meses siguientes al triunfo de Castro...
Hay otra injusticia que construyó Guevara: autoconvencerse y convencer a otros que la violencia es el camino. Porque Guevara fue un apóstol de la violencia, que ejecutó en Cuba, en el Congo y en Bolivia. Guevara creía en la legitimidad de las armas como vía de acceso al poder.
En la Argentina nunca se debatió en profundidad acerca de Guevara, sometido a las presiones de los extremos. De un lado, los que lo aborrecen desde la derecha bastante primitiva que tiene la Argentina. Del otro, quienes lo incorporaron como un personaje romántico, encarnado en el afiche que ha colgado de habitaciones juveniles durante generaciones.
Precisamente el Guevara del afiche llega ahora al teatro, con producción privada argentina pero conveniencia gubernamental que intenta recuperar su alianza con sectores de izquierda locales, dinamitadas desde que Néstor Kirchner estrechó el vínculo con el peronismo.
La llamada 'transversalidad' se marchó del Frente para la Victoria, aunque ahora se pretende seducirla con convocatorias culturales como un musical sobre Guevara, quien dijo de sí mismo: "No soy Cristo ni un filántropo, soy todo lo contrario de un Cristo".
Pero hay algo más grave aún sobre Guevara: él fue un inspirador de la Conferencia Tricontinental de La Habana, a principios de 1966, que sería, según sus planes, el vector para las Revoluciones en América, Asia y África.
Guevara creía en la posibilidad de producir una guerrilla rural en el Norte argentino, y así llegamos al inicio del terrorismo en el país, 1 de los 2 demonios que tanta muerte y desgracia acumuló a la sociedad doméstica.
Pero ese Guevara no sube a escena en el teatro Konex. El personaje del Ché Guevara, más que el de Fidel Castro, sigue atrayendo a escritores, productores y directores.
Tampoco el otro Guevara, que permanece ocultó: su inmerecida reputación de especialista en guerra de guerrillas. Guevara cometió imprudencias y errores muy graves en sus experiencias insurreccionales en Congo y en Bolivia, que jamás cometería un combatiente experto.
Por lo tanto, ¿cuál es la profundidad del Guevara musical? Más bien es un comic de Guevara, guionado por el psicoanalista Oscar Mangione, compositor y productor artístico y musical; docente especializado en análisis de discurso, según él; y musicalizado por Oscar Laiguera, quien realizó las bandas sonoras de 'La Cruz Invertida' (de Mario David), 'Gardel, el hombre y el mito', y 'El corazón delator' (de David Lipszyc).
Según ellos, el Che "se ha convertido en un verdadero ícono mundial, más allá de cualquier consideración ideológica o política". Pero, ¿por qué cuestionarlos si también el cine ha difundido imágenes múltiples y amigables de Guevara?
Todo comenzó en el cine italiano (Paolo Heuchs, 'Siendo Guevara'), con Francisco Rabal haciendo de Guevara (Paolo Heuchs no tenia ni idea de Cuba).
Luego, Hollywood realizó una superproducción dirigida por Richard Fleischer, 'Ché!' con el actor egipcio Omar Sharif como Guevara y Jack Palance como Fidel Castro (?). Se dijo que esa película estuvo financiada por la CIA.
Andy Warhol realizó en 1965, 'La vida de Juanita Castro', basada en un libro de la hermana anticomunista de Fidel, que relataba aspectos extravagantes de Fidel, Raúl y el Ché, mostrados como 3 travestis quienes -sentados un sofá e interpretados por actrices y vestidos de mujer-, leen líneas del irreverente guión en un intento warholiano de ridiculizar el machismo, la brutalidad de los guerrilleros y el establishment político estadounidense.
Andrew Lloyd Weber, en su ópera rock 'Evita!', incluyó al Ché cantando versos revolucionarios entre las multitudes de la Argentina peronista, una realidad muy reñida con la biografía de Eva Perón y de Guevara. Alan Parker llevó al cine la obra, con Antonio Banderas como el Che.
Juan Carlos Desanzo convocó al debutante Alfredo Vasco para que interpretara al Che en 'Hasta la victoria siempre'.
Anibal de Salvo dirigió 'El Che', producida por Marco David.
En 1994 llegó el documental suizo 'El Ché Guevara, el diario de Bolivia', con una buena edición de las escenas documentales de su reclusión y ejecución.
Gael García Bernal hizo 2 veces de Che Guevara: en 'Fidel' y en 'Diarios de Motocicleta'.
Eduardo Noriega tuvo su oportunidad en 'Che Guevara', película jamás estrenada que cuenta su vida a partir de los recuerdos del Che una vez que es capturado en Bolivia.
'La ciudad perdida', olvidable película dirigida por Andy García y guión del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, muestra al Che Guevara en un pequeño papel realizado por Jesus García.
El puertorriqueño Benicio del Toro ganó el premio a la mejor interpretación masculina en el último Festival de Cannes por su papel del Che Guevara en El Argentino y Guerrilla, 2 películas de Steven Soderbergh, con el Che como un heroe al servicio de su revolucion.
¿Y cuándo llegará la verdad sobre el Che? Evidentemente no hay espacio para ella.















