Mientras USA intenta levantar cabeza, muchos estadounidenses continúan haciendo malabares financieros para paliar la recesión y los argentinos se desesperan por hacerse con su preciada moneda, el economista y Premio Nobel, Joseph Stiglitz, declara muerto al Sueño Americano, el que podría ser restaurado con mucho esfuerzo si la solución viene de arriba y con mucho sufrimiento si viene de abajo.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El crecimiento económico en USA repuntó en los últimos 2 meses y la contratación de trabajadores mostró señales de un "modesto incremento", dijo el pasado miércoles (6/06) la Reserva Federal en un informe que contrasta con el creciente pesimismo sobre la marcha de la economía del país.
"Informes de 12 distritos de la Reserva Federal sugieren que en general la actividad económica se expandió a un ritmo moderado durante el periodo de reporte, desde inicios de abril a finales de mayo", dijo el banco central estadounidense en su último "Libro Beige" de actividad nacional.
La evaluación de la economía del Libro Beige anterior de la Fed, divulgado el pasado 11/04, pintó un crecimiento de forma más tímida, describiéndolo como de "modesto a moderado".
El Libro Beige, preparado esta vez por la Fed de Dallas basado en información recolectada al 25/05, es importante para los mercados porque se basa en informes que suministran empresarios de todo el país, y por lo tanto refleja las condiciones reales.
Condiciones reales que se apartan bastante de la idolatría argentina al dólar como representativo justamente de lo que ya no es.
Porque si de condiciones reales se trata, nada mejor que revisar el estado del concepto “Sueño Americano”, entendido como la posibilidad de desarrollarse personal y profesionalmente, en carrera ascendente, hacia el “éxito” y la “felicidad”.
Recuerda
Joseph Stiglitz en su artículo publicado en
Slate el pasado 10/06 que a USA le gusta pensarse a si misma como una tierra de oportunidades, y que no son pocos lo que miran al país del norte bajo esa óptica.
Pero, si bien todos podemos pensar en ejemplos de estadounidenses que llegaron a la cima por su cuenta, lo que realmente importa son las estadísticas: ¿En qué medida las oportunidades de vida de un individuo dependen de los ingresos y la educación de sus padres?
[ pagebreak ]
Hoy en día, estas cifras muestran que el sueño americano es un mito. Hay menos igualdad de oportunidades en USA hoy en día que el que existe en Europa -o, de hecho, en cualquier país industrialmente avanzado para los que existen datos.
Esta es una de las razones por las que USA tiene el mayor nivel de desigualdad de cualquiera de los países avanzados -y su brecha con el resto se ha ido ampliando-. En la "recuperación" del 2009-2010, el 1% de los “perceptores de ingresos” de USA capturó el 93% del crecimiento de los ingresos. Los indicadores de desigualdad -como la riqueza, salud y la esperanza de vida- son tan malos o incluso peores. La tendencia clara es una de concentración del ingreso y la riqueza en la parte superior de la pirámide, el vaciamiento de la clase media y una base pobre cada vez mayor.
Una mirada más de cerca a los que están en la parte superior revela un papel desproporcionado en la búsqueda de beneficios: Algunos han obtenido su riqueza mediante el ejercicio del poder monopólico, mientras que otros son CEOs que se han beneficiado de las deficiencias en la gestión empresarial para extraer para sí una parte excesiva de los beneficios empresariales; y aún otros han utilizado sus contactos políticos para beneficiarse de la generosidad del gobierno: ya sea con precios excesivamente altos que el gobierno paga (medicinas), o los precios excesivamente bajos en lo que el gobierno vende (derechos de minería) .
Del mismo modo, parte de la riqueza de las personas en la industria financiera proviene de la explotación de los pobres, a través de los préstamos abusivos y las prácticas abusivas con las tarjetas de crédito. Los que están en la parte superior, en estos casos, se enriquecen a costa de los de debajo de manera directa.
Tal vez no sea tan malo si no hubiera siquiera un grano de verdad en la economía del derrame: la pintoresca noción importada a la Argentina por Domingo Cavallo como ministro de economía de Carlos Menem (cuando Argentina era la “segunda tierra de oportunidades”, en plena época de “relaciones carnales” y el dólar equivalía a un peso) de que todos se beneficien de enriquecimiento de los de arriba. Pero la mayoría de los estadounidenses hoy en día están en peor situación con unos ingresos ajustados por inflación peores a los de 1997, una década y media atrás. Todos los beneficios del crecimiento se han ido a la parte superior.
[ pagebreak ]
Los defensores de la desigualdad en USA argumentan que los pobres y los de clase media no deberían quejarse. Si bien pueden estar recibiendo una parte más pequeña de la torta de lo que hicieron en el pasado, esta está creciendo mucho, gracias a las contribuciones de los ricos y los superricos, por lo que el tamaño de su porción es más grande. La evidencia, de nuevo, contradice rotundamente esto. De hecho, USA creció mucho más rápido en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, cuando fue creciendo unida, que lo ha hecho desde 1980, cuando comenzó a crecer de manera separada.
Esto no debería ser una sorpresa, una vez que uno entiende las fuentes de la desigualdad. La búsqueda de rentas distorsiona la economía. Las fuerzas del mercado, por supuesto, juegan un papel también, pero los mercados están determinadas por la política, y, en USA, con su sistema cuasi-corrupto de financiación de campañas y sus puertas giratorias entre el gobierno y la industria, la política está determinada por el dinero.
Por ejemplo, una ley de quiebras que privilegia a los derivados por sobre todas las cosas, pero no permite extinguir una deuda estudiantil, sin importar lo inadecuado de la educación recibida, sólo enriquece a los banqueros y empobrece a muchos más en la parte inferior. En un país donde el dinero manda por sobre la democracia, dicha legislación se ha convertido en frecuente y predecible.
Sin embargo, la creciente desigualdad no es inevitable, dice Stilgitz. Hay economías de mercado que están haciendo las cosas mejor, tanto en términos de crecimiento del PIB como en el aumento de los niveles de vida para la mayoría de sus ciudadanos. Algunos, incluso, han reducido las desigualdades.
USA está pagando un alto precio por seguir en la dirección opuesta. La desigualdad conduce a un menor crecimiento y menor eficiencia. La falta de oportunidades significa que su activo más valioso –sus personas- no está siendo plenamente utilizado. Muchos en la parte inferior, o incluso en el medio, no están a la altura de su potencial, porque los ricos, que necesitan muy pocos servicios públicos, temen que un gobierno fuerte pueda redistribuir el ingreso, utilice su influencia política para reducir los impuestos y recortar el gasto gubernamental. Esto conduce a la falta de inversión en infraestructura, educación y tecnología, lo que impide que los motores de crecimiento funcionen.
[ pagebreak ]
La Gran Recesión ha exacerbado la desigualdad, con los recortes en gasto social básico y con alto nivel de desempleo poniendo presión a la baja sobre los salarios. Por otra parte, la Comisión de las Naciones Unidas de Expertos en Reformas del Sistema Monetario y Financiero Internacional, la investigación de las causas de la Gran Recesión, y el Fondo Monetario Internacional han advertido que la desigualdad conduce a la inestabilidad económica.
Pero, lo más importante, la desigualdad de USA está socavando sus valores e identidad. Con la desigualdad llegando a tales extremos, no es de extrañar que sus efectos se manifiesten en todas las decisiones públicas, desde la conducción de la política monetaria a las asignaciones presupuestarias. USA se ha convertido en un país no "con la justicia para todos", sino más bien con el favoritismo para los ricos y justicia para aquellos que pueden permitírselo –algo que se mostró evidente en la crisis hipotecaria, en el que los grandes bancos creyeron que eran demasiado grandes no sólo para no caer, sino también para rendir cuentas.
USA ya no puede considerarse a si misma como la tierra de oportunidades que alguna vez fue. Tiene potencial para hacerlo.
Consideren sino a la familia Walton: los 6 herederos al imperio Walmart poseen una riqueza combinada de unos US$ 90 mil millones, lo cual es equivalente a la riqueza de todo el 30% más bajo de la sociedad estadunidense.
Stiglitz afirma que Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del país, estaba en lo correcto cuando declaró que "ha habido una guerra de clases durante los últimos 20 años, y mi clase ha triunfado".
Pero Stiglitz advierte que para los "plutócratas" la desigualdad debería ser una preocupación, no por generosidad, sino por su propio interés. Los ricos "necesitan una sociedad funcional a su alrededor para sostener su posición. Sociedades ampliamente desiguales no funcionan de manera eficiente y sus economías no son ni estables ni sustentables. La evidencia de la historia y de alrededor del mundo moderno es inequívoca: llega un punto en que la desigualdad es una espiral que lleva a la disfunción económica para toda la sociedad, y cuando eso sucede aun los ricos pagan un precio alto".
[ pagebreak ]
Stiglitz explica que al concentrarse más dinero arriba, la demanda agregada se desploma y si no hay una intervención para cambiarlo, la demanda total de una economía, será inferior a lo que esa economía es capaz de producir, y eso acaba en mayor desempleo y deprime aún más la demanda. "Hoy, la única opción, en medio de una recesión profunda, es gasto gubernamental, justo lo que aquellos en la cima intentan limitar".
Y eso que estamos hablando de los propios estadounidenses... ni hablemos de los inmigrantes...