REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

100 años de una ficción de color rojo

Vladimir Lenin y su gente no cumplieron lo que prometieron hace 1 siglo. La Revolución derivó en la URSS, implosionada por desaciertos propios, fragmentada por la incapacidad de conseguir bienestar, y que derivó en muchos países, comenzando por la Federación Rusa, donde no se reivindica a Lenin ni a sus continuadores. La Revolución fue una estafa a los súbditos del zar Nicolás II, que le sirvió a Alemania y a los bolcheviques que anhelaban poder personal, y marcó una continuidad de autoritarismo que todavía no concluyó. Sin embargo, es bueno leer otras opiniones:

 

"Independientemente de lo que se piense del bolchevismo, es innegable que la Revolución Rusa es uno de los mayores acontecimientos de la historia humana, y el gobierno de los bolcheviques un fenómeno de importancia mundial".
John Reed,
01/01/1919, 'Diez días que estremecieron al mundo').

 

Alias 'Lenin' y la bandera de la ex URSS.

El historiador Orlando Figes afirma que el evento fue el fracaso de convertir el derrocamiento del zar Nicolás II en un Estado democrático liberal. La oportunidad de una revolución que llevara a una democracia completa eran muy pequeñas.

Con motivo del centenario de la Revolución de Octubre que catapultó a los bolcheviques al poder en Rusia, Santiago Mayor, para la web rusa RT (Russia Today) dialogó con 3 académicos latinoamericanos:

> "La primera ocasión en la historia en la que se demostró que los campesinos, los obreros, los trabajadores podían tomar el poder político" (historiador venezolano Lionel Muñoz);

> "el hecho político mundial más importante del siglo XX" ya que "el socialismo, en tanto transición a una sociedad poscapitalista, se convirtió en un horizonte posible que involucró a millones de seres humanos" (sociólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Martín Ogando);

> "tuvo el mayor impacto económico en el mundo desde que surgió el capitalismo, en el siglo XVII (...) 30 países que anteriormente estaban ligados al comercio de Europa fueron parte de la gran esfera soviética" (historiador y escritor mexicano Leopoldo Mendívil López).

07/11/1917: Los bolcheviques al poder.

01/11/1917: Vigilia armada en la Plaza.

07/11/1917: Para ser una Revolución hay que romper los supuestos símbolos del poder (¿?).

La teoría bolchevique sostenía que así se construía un mundo mejor (¿?).

David Reynolds, profesor de la Universidad de Cambridge, entrevistado por Cristina Cifuentes, de La Tercera, de Chile, afirmó que Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, “es una figura difícil para los rusos” hoy día:

-¿Cuál es el debate que existe en Rusia respecto de la revolución?

-Mi impresión es que ellos no están haciendo un gran evento de la revolución de octubre. Con relación a febrero hay una gran reverencia por el zar. De hecho, recientemente, hay una nueva película en Rusia sobre el zar Nicolás II y un affair que supuestamente tuvo con una mujer, y esto ha sido muy controvertido en Rusia. Vladimir Putin cuando llegó al poder dijo que la revolución bolchevique había llevado a Rusia hacia un callejón sin salida. Creo que la conmemoración de la revolución bolchevique es un problema para el gobierno y no van a hacer un gran evento.

-¿Por qué es un problema? ¿Les tiene miedo el gobierno a las revoluciones, para que no ocurra lo mismo que pasó en Kiev en 2013-2014?

-No pienso necesariamente eso. El gobierno tiene un gran control sobre los eventos en general. Lo que Putin siempre ha querido hacer es enfatizar su rol como un líder fuerte. Y él no quiere enfatizar el período bolchevique, lo que dice es que Rusia debe ser un poder fuerte, debe tener un gobierno fuerte, debe retomar el lugar que tenía en el mundo en el período antes del colapso de la Unión Soviética en 1991. (...)

-¿Cómo es vista la figura de Lenin en Rusia?

-Él todavía está en un mausoleo en la Plaza Roja. Él es una figura difícil para los rusos. Un ejemplo de esto es Mijail Gorbachov, lo que siempre decía en los 80 era que los problemas de Rusia tenían que ver con el estalinismo y el impacto que Stalin había tenido en el país. De cierta forma, él pensaba que si se pudiera llegar a las ideas puras que llevaron a Lenin y usarlas para reformar el sistema soviético entonces eso sería un progreso. Pero lo que ocurrió fue que los historiadores rusos se dieron cuenta de que el estalinismo tenía las raíces en Lenin, él fue un autócrata brutal."

Lenin, en el centro, en un desfile en la plaza roja de Moscú el 25/05/1919.

Si bien existía el fugaz antecedente de la Comuna de París (1871), la Revolución rusa dio nacimiento a la primera experiencia exitosa de arribo socialista al gobierno.

"Esa toma del poder estuvo relacionada con un desarrollo teórico importante por parte de las corrientes que venían inspirándose en los pensamientos de Karl Marx desde el siglo XIX", planteó Muñoz, director del Instituto de Estudios Hispanoamericano. 

Sin embargo, en ocasión del centenario de la Revolución de 1917, Rusia prefiere una 'Marcha solemne en Moscú recordando el desfile militar de 1941'.

Con el correr de los años y, sobre todo, tras la 2da. Guerra Mundial, la influencia de la Unión Soviética se expandió a gran parte del planeta. Para 1980, en las repúblicas soviéticas vivían alrededor de 400 millones de personas, "la octava parte de la población terrestre", recordó Mendívil López.

Ogando, amplió la mirada y puntualizó que, luego de esa contienda, "un tercio de la humanidad habitaba Estados nación que reivindicaban, bajo distintas modalidades, una organización social identificada con el socialismo".

No obstante, el sociólogo argentino aclaró que "bajo la palabra 'socialismo' se agruparon las más diversas experiencias y se desarrollaron las más agrias controversias".

Jesús Ceberio recuerda, en El País, de Madrid, los eventos de 1917:

"En su Nueva historia de la revolución rusa (Taurus), Sean McMeekin atribuye, como muchos otros, la caída del zar a la decisión de ir a la guerra, que interrumpió un despegue económico a su juicio equiparable al de la actual China y metió al imperio en una fase de inflación galopante. Una manifestación de mujeres pidiendo pan el 23 de febrero (8 de marzo en el calendario actual, Día de la Mujer Trabajadora) actuó como fulminante de una revolución que una semana después provocó la abdicación de Nicolás II.

En medio se habían producido huelgas masivas en las grandes fábricas y motines generalizados en los regimientos de la capital ante la pasividad de los cosacos, que se negaron a disparar contra los manifestantes. Obreros y soldados rescataron una institución creada durante la fallida revolución de 1905: el sóviet, comité de elección asamblearia, que sería determinante en la ruptura de la cadena de mando del ejército y en la posterior conquista del poder por los bolcheviques. Ese órgano dictaría la orden número 1, que garantizaba el derecho de los soldados a organizarse y a ignorar las órdenes de sus oficiales en caso de discrepancia política. El Sóviet de Diputados Obreros y Soldados ocuparía una de las alas del palacio neoclásico de Táuride, sede de la Duma (Parlamento), en una perfecta metáfora del poder dual.

McMeekin concede todo el crédito a la acusación de traición que el Gobierno provisional lanzó contra Lenin por colaborar con los alemanes, a quienes convenía objetivamente su estrategia de alto el fuego unilateral, que permitiría a Berlín concentrar su esfuerzo bélico sobre el flanco franco-británico. (...)".

Delegaciones de 150 países viajan a Rusia para los actos conmemorativos no oficiales del centenario de la Revolución bolchevique, afirmó Guenadi Ziugánov, líder del Partido Comunista de Rusia (KPRF).

Olga Fernández Ríos en CubaDebate (Cuba es gobernada por el Partido Comunista desde 1959):

"(...) El propio capitalismo no pudo eludir los impactos de la revolución y se vio obligado a adaptarse a un nuevo contexto en el que le aparecía un fuerte rival que más tarde condujo a la bipolaridad. Las tesis y acciones reformistas a favor del llamado “Estado de Bienestar” en las formaciones del capitalismo europeo fue uno de esos impactos, al igual que la política del llamado New Deal (1933-1938) adoptada por el Presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt.

Fue una revolución genuina con incalculable valor histórico y político, que no puede subestimarse por las desviaciones que en algún momento alejaron a dirigentes y sectores de la sociedad soviética de las bases conceptuales y políticas de la revolución y de las honestas raíces marxistas de los ideales y acciones de Vladimir I. Lenin y de otros líderes de aquella gesta.

No es en esta oportunidad que vamos a juzgar las tergiversaciones acerca del ideal socialista, ni la perversión de prácticas democráticas que más tarde permearon a la URSS, tampoco nos detendremos con puntos de vista acerca del desmontaje de la construcción del socialismo que condujo al desplome de una sociedad que se levantó con notables éxitos como alternativa al capitalismo. Pero mucho menos vamos a demeritar lo que significó la Revolución de Octubre y la existencia de la URSS y el campo socialista europeo para el mundo subdesarrollado y para el avance de la Revolución Cubana. (...)".

Catherine Merridale en su obra 'El tren de Lenin' (Editorial Crítica), afirma que no hubo el río de oro que la prensa británica trataba de descubrir entre el alto mando militar alemán y los bolcheviques, pero sí donaciones significativas que, entre otras cosas, contribuyeron a financiar el diario Pravda y que en parte se canalizaron a través de Alexander Parvus, judío bielorruso miembro del SPD alemán y viejo conocido de Lenin, asentado por aquellos años en Estocolmo.

Este eventual contubernio con el Gobierno alemán es abordado por todos los autores que estudian los acontecimientos de 1917, a sabiendas de que Berlín no necesitaba invertir mucho dinero puesto que Lenin ya había hecho de la paz sin condiciones el eje central de su estrategia política. “Paz, pan, tierra” fue el eslogan con el que arengó a sus seguidores desde el balcón del palacio Kschessinska, convertido en sede provisional de su partido, al día siguiente de su llegada a la estación de Finlandia de Petrogrado, después de atravesar toda Alemania en el famoso “tren sellado”. Su decisión irrevocable de poner fin a la guerra le conquistaría al fin el favor masivo de los soldados para su asalto al poder.

También británico, el escritor trotskista China Miéville escribió en 'Octubre' (Akal) -una suerte de novela de no ficción sobre los hechos acaecidos en Petrogrado de febrero a octubre de 1917-
desde la liquidación de la dinastía trisecular de los Románov hasta la irrupción de la primera dictadura proletaria de la historia, pasando 3 Gobiernos provisionales, un fallido putsch bolchevique que obligó a Lenin a huir de nuevo (a Finlandia) y una intentona militar a cargo del general Lavr Kornílov, mientras el presidente Aleksandr Fiódorovich Kérenski soñaba con repetir el 18 Brumario de Napoleón Bonaparte.

Miéville narra cómo a partir de posiciones a menudo minoritarias Lenin fue ampliando sus apoyos con determinación inquebrantable, fe ilimitada en sí mismo y una absoluta falta de empatía hacia los críticos u opositores.

José M. Faraldo, en 'La revolución rusa: historia y memoria' (Alianza), considera que el pronunciamiento de octubre, apelativo que prefiere al de revolución, fue el inicio de un “gigantesco cataclismo” que se prolongaría hasta la muerte de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como 'Stalin', en 1953. El balance de víctimas resulta casi incomprensible: 2 millones de soldados muertos en la 1ra. Guerra Mundial, de 3 a 5 millones durante la guerra civil y el hambre en el Volga, más de 10 millones (algunos historiadores dicen más de 16 millones) durante Stalin -por las hambrunas de Ucrania y la represión masiva- y 20 millones durante la 2da. Guerra Mundial.

¿Cómo reivindicar tanta estupidez en el Kremlin?

El bolchevismo fue la antítesis de lo que prometió Lenin en su carrera hacia el poder. Con Stalin, luego, desbordó todo límite.

Faraldo recuerda al pueblo ruso, desde la euforia por la liquidación de una autocracia que a nadie rendía cuentas hasta el miedo ante un régimen que no dudaba en matar a sus opositores. Una degradación fulminante, un desencanto progresivo pero permanente.

Lenin era consciente de que nunca conseguiría el apoyo mayoritario de sus compatriotas, porque el voto campesino se inclinaba hacia los social revolucionarios, herederos de los naródniki del siglo XIX que les habían acompañado en sus luchas por la tierra. Las elecciones a la asamblea constituyente, celebradas el 12/12/1917, ya bajo el régimen bolchevique, confirmaron sus previsiones otorgando la mayoría a los social revolucionarios. Recurrir al golpe de Estado fue casi una obviedad porque Lenin jamás consideró la posibilidad de compartir el poder. La nueva asamblea constituyente, promesa central de la revolución de febrero, fue disuelta por León Trotski al día siguiente de su constitución.

El historiador estadounidense Richard Pipes -de ideología muy definida y un pasado que incluyó el Consejo de Seguridad de Ronald Reagan-, entiende, en su 'La Revolución Rusa' (Debate) que el leninismo fue un derivado natural de la tradición autoritaria rusa y de su incapacidad para construir una sociedad civil potente y libre. Este concepto sigue vigente a los sucesores del comunismo.

Para darle la razón a Pipes: Si los rusos de hoy retrocedieran en la historia hasta 1917, la mayoría (36%) no apoyaría a ningún partido, aunque los bolcheviques serían la fuerza política preferida para un 32%, seguidos de los monárquicos, con un 5% de apoyo, y los socialistas revolucionarios (ESER) con un 4%, según sondeos realizados por el Centro de Estudios de la Opinión Pública (TSIOM) con motivo del centenario de la Revolución de Octubre.

La sociedad rusa de hoy es conservadora y no quiere ninguna revolución, indican las encuestas del TSIOM. A tenor de los sondeos de esta entidad vinculada a la Administración rusa, un 92% cree que el país no necesita una revolución, mientras el 5% considera que la revolución es necesaria (en 2012, un 13% era de este último parecer). Pero una cosa sería la necesidad y otra la posibilidad. En 2016, según encuestas del mismo centro, un 30% sostenía que la revolución puede suceder en Rusia, mientras un 61% opinaban lo contrario.

A la hora de valorar a los protagonistas de hace 100 años, las simpatías se reparten entre ganadores y perdedores. El zar Nicolás II, que abdicó en marzo de 1917 y fue asesinado en 1918, es el personaje que goza de mayor simpatía (60%), con un notable incremento desde 2005, cuando el porcentaje de simpatizantes era del 42%. En este periodo, por otra parte, la antipatía por Nicolás se redujo de un 28% a un 20%. El segundo entre los favoritos es Félix Dzherzhinski, el fundador de la policía política, con un 57% de simpatía (el 44% en 2005) y con una antipatía menguante hacia él (del 28% al 19% entre 2005 y 2017).

El tercer lugar es para Lenin, el padre de la revolución, con un 53% de ciudadanos con buena opinión hacia su persona (50% en 2005) y un 30% en contra (un 32% en 2005).

Con un 52% de aprobación y un 30% de antipatía, Stalin, el responsable máximo de las grandes purgas de los años '30, le pisa los talones a Lenin, pero mientras éste ha mantenido una posición bastante estable, Stalin ha experimentado un fulgurante resurgir (en 2005 un 37% simpatizaba con Stalin y un 47% tenía una actitud negativa hacia él). Entre los personajes mal vistos se mantiene León Trotski con una antipatía (52%) predominante sobre la simpatía (21%).