MACRI EN DAVOS
La Argentina no dejó el populismo, lo hace “gradualmente”
"El gobierno confunde gradualidad -en cuanto prioridades- con gradualismo -que es la falsa creencia que el crecimiento económico, en el largo plazo disminuirá de hecho el déficit fiscal-, y esto es una falsedad porque está visto que sin dinero los gobiernos aumentan el gasto y lo financian con emisión o deuda, cuando tienen más dinero, más gastan y los déficit siguen…", afirma el autor.
28 de enero de 2018 - 00:00
Quizás fue el anuncio más inentendible para eventuales inversores de acá y de allá ya que el grosero déficit fiscal que existe es la prueba más cabal que el populismo sigue vigente.
Se debe aclarar que la cosa no es el déficit en si mismo sino su magnitud y el consecuente nivel de inflación que nos coloca como la 7ma. más alta del mundo.
Es inocultable que el “déficit” se financia contrayendo deuda externa de donde, tal como dice Daniel Artana en el diario La Nacion, “Lo que me preocupa es que nos estamos endeudando para financiar que los argentinos podamos veranear en el exterior. De nuevo, el problema es el déficit de cuenta corriente, aunque el problema de fondo es el déficit fiscal. Si uno no cambia eso, es difícil mover el tipo de cambio real, que tiene una tendencia la apreciación, más allá de algunos episodios de suba”.
Es obvio que esta política es más “populista” que neo liberal y sus consecuencias pegan negativamente en la vida política ya que son fuente permanente de conflicto.
> El primer conflicto es el reclamo del atraso del tipo de cambio que perjudica esencialmente a las economías regionales y se refleja en el déficit comercial de más de ocho mil millones de dólares.
Claro está, no solo el tipo de cambio bajo explica este saldo negativo sino también la falta de productividad del sistema económico. Los US$ 10.000 millones de saldo negativo de la balanza turística es una muestra. Somos un país caro.
> El segundo conflicto es la inflación que genera reclamos de parte de todos los sectores sociales por los incrementos desordenados de los precios. Las comisiones o precios de servicios bancarios se incrementan hasta un 60% (sic).
> El tercer conflicto se presenta a nivel gremial con el reclamo por pautas salariales que como piso respeten el nivel de la inflación pasada y la prevista para el futuro.
> El cuarto conflicto es la intolerable presión fiscal, pensemos en un ejemplo, el precio de los combustibles. En grandes números un litro de nafta super Infinia o Power, cuesta $ 28.00, la mitad es el precio del producto la otra mitad impuestos que se suman al precio.
Al cargar un litro de combustible tenemos una presión fiscal de bolsillo del 50%. Sumemos a la incidencia de los impuestos directos, la de los indirectos y podríamos encontrarnos con que la mayor parte del año trabajamos para el estado sin recibir servicios de calidad y pagando como si lo fueran.
> El quinto conflicto es la indexación permanente, pese a que está prohibida por ley, las cláusulas-gatillo propuestas por el propio gobierno son una muestra de este populismo trasnochado que el Presidente se encarga, con envidiable énfasis, de dar por terminado.
Estas cláusulas “gatillo” se han generalizado en los contratos de alquiler en los que ya es normal que los precios se modifiquen cada seis meses en el orden mínimo de un 10% acumulativo que para este año marcaria un piso inflacionario de más del 20%.
El gobierno confunde gradualidad -en cuanto prioridades- con gradualismo -que es la falsa creencia que el crecimiento económico, en el largo plazo disminuirá de hecho el déficit fiscal-, y esto es una falsedad porque está visto que sin dinero los gobiernos aumentan el gasto y lo financian con emisión o deuda, cuando tienen más dinero, más gastan y los déficit siguen…
Por este motivo la gente cree que la Argentina tiene recursos providenciales y que la indigencia, la pobreza, la marginalidad y la economía negra es una perversión de algunos sectores sociales.
Tampoco y como era de esperar el Presidente tuvo éxito en su intento de dejar abierto el camino para de una buena vez suscribir el tratado de libre comercio entre la UE y el Mercosur.
Será muy difícil para Francia ceder en la cuestión agropecuaria por lo que significa el sector políticamente, como lo reconoció Macron ante el propio Macri.
Allá por el año 1960 y pico, Vicente Pellegrini, jesuita del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social) escribía en su libro “Argentina y el Mercado Común Europeo”: “… Debemos partir de la base de nuestra escasa capacidad de negociación. Nuestra importancia relativa ante el MEC (Mercado común Europeo) es ínfima y por lo tanto no podemos pensar en imponer soluciones…”, como parecería era la Idea de Macri.
Es probable, tal como también lo proponía el propio Pellegrini antaño, que se deba explorar en conjunto y aportar capitales para abastecer a los países deficitarios en alimentos.
Y tal como fue antes lo es ahora la frontera agraria, sigue siendo un obstáculo, pese a que en el mundo escasean los alimentos.
Francia con Emmanuel Macron parecería ser en este momento un líder de la integración y de la globalización, pero queda claro que la política internacional y la local siguen siendo incompatibles.
Allí están con diferentes expresiones Donald Trump por un lado y los campesinos franceses por el otro.
La integración debe ser un juego de creación de riqueza y éste debe ser el motivo de la negociación.






