OTRA ALTERNATIVA

Como Menem en el ’99, Macri tiene su debate sobre dolarizar la economía

Mauricio Macri confesó días atrás que la inflación para este año se ubicará en torno al 30 por ciento. Las consultoras privadas no bajan de ese porcentaje en sus estimaciones. Al mismo tiempo, nadie quiere dar por terminada la corrida cambiaria mientras la gente sigue desconfiando del peso y buscando deshacerse de ellos lo más rápido posible. Si el aumento de precios sigue escalando hay riesgo de desembocar en una hiper. Ante esto, y las dificultades que el Gobierno está teniendo para cumplir con el ajuste que pide el FMI a cambio de una ayuda con beneficios dudosos, reaparece la alternativa de la dolarización de la economía. Se trata de una idea que le acercaron a Carlos Menem a fines de los ’90 pero que no se animó instaurar. Ahora se la empiezan a sugerir a Macri.

A fines de los ‘90 cuando la economía argentina estaba en recesión, aumentaba el desempleo y la convertibilidad estaba en una crisis terminal, el por entonces titular del Banco Central, Roque Fernández, le sugirió a Carlos Menem que dolarizara la economía argentina.

"La dolarización es prioridad número uno desde ahora; quiero que se concrete antes de terminar mi mandato", dijo el ahora senador nacional ante su gabinete reunido en la residencia presidencial de Olivos en mayo de 1999. Pero luego se arrepintió. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proponía dolarizar pero antes quería una devaluación.

A diferencia del fin del mandato de Menem, Mauricio Macri tiene una inflación a la que no le encuentra techo; un acuerdo con el FMI de dudosos beneficios y cumplimiento (las provincias no están dispuestas al ajuste); un freno en la economía; una corrida cambiaria que nadie da por sepultada y una sociedad argentina que no confía en el peso y que busca cómo deshacerse de ellos lo más rápido posible.

Hay otras diferencias con el fin de los ’90, pero como en aquellos días, empezó a plantearse el debate por la dolarización de la economía como una salida extrema a la crisis. Una salida, además, que requiere de la autorización del Gobierno de los Estados Unidos y supone otros requerimientos extraeconómicos.

Empezando por la Argentina, quien propuso la dolarización fue el empresario Cristiano Rattazzi en una entrevista con CNN: “El dólar debería seguir subiendo hasta que se estabilice. Un buen precio de equilibrio para el dólar sería de 26 pesos”. Y agregó: “Dolarizar la economía podría ser una solución”. Por esos día el billete verde se vendía a $23. Además, recordó que en su país de origen, Italia, que tenía un crónico 20% de inflación anual, sólo el cambio de la lira por el euro, en una forma de convertibilidad, pudo terminarla.

En junio pasado, Steve Forbes (CEO de la revista especializada en finanzas ‘Forbes’) desestimó que "la salvación" argentina esté en el FMI y le propuso a Macri volver la situación cambiaria hasta casi 2015, a través de la compra de pesos con reservas para bajar el valor de la moneda estadounidense y finalmente dolarizar al país.

"Cuando la crisis pase, que rápidamente lo hará, Macri debería considerar algo realmente radical: hacer del dólar la moneda oficial de la Argentina. La gente cambiaría con gran felicidad sus pesos a dólares a un tipo de cambio de 15 pesos por dólar", explicó Forbes.

El CEO de la revista de finanzas propuso que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) compre pesos usando sus reservas en dólares hasta reducir la base monetaria y que el tipo de cambio pase a estar fijado en 15 pesos por billete norteamericano, es decir, el valor que alcanzaba a los días de la salida de Cristina Fernández de Kirchner de Casa Rosada.

Y agregó: "dada la triste historia de desmanejo monetario del país, los argentinos sabrán que es sólo cuestión de tiempo antes de que el peso se vaporice de nuevo".

Por eso, "Macri debería enviar a sus banqueros centrales una simple nota" que ordene el "cese de inmediato" de "esas tonterías y reduzca la base monetaria hasta que la tasa peso / dólar pase de 25-1 a 15-1".

Hace un mes, Steve Hanke, un economista estadounidense y profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, afirmó que lo mejor para Argentina sería "eliminar el peso y dolarizar oficialmente el país".

Para el especialista en casos hiperinflacionarios, son los propios locales los que "de manera extraoficial y espontánea se dolarizan todo el tiempo".

Según Hanke, que asesoró al expresidente Carlos Menem en los años noventa, la medida devolvería confianza a los inversores y permitiría "poner a los políticos argentinos en una camisa de fuerza".

Entre quienes rechazan la alternativa de la dolarización, el economista Juan Carlos de Pablo rescató la voz de su par John Marion Letiche profesor Universidad de California en Berkeley, quien opinó: “Me parece una iniciativa política y socialmente destinada al fracaso, y dados los problemas que ustedes ya tienen, no les recomendaría agregar uno que no tienen. A propósito, tengo otro comentario para hacerle: la dolarización de la economía fue planteada como alternativa a la convertibilidad, a comienzos de 1991”.

“El bimonetarismo, en la Argentina, tiene fundadas razones de ser, que no pueden ser modificadas por medio de la legislación, de prohibiciones ni de obligatoriedades. Fraternamente, les recomendaría que se concentraran en los problemas que tienen, que no son pocos, en vez de gastar energías en reclamos que hoy no existen, al menos de manera perentoria”, concluyó.

En el portal Infobae, Nicolás Cachanosky acotó el 26/7: “nadie sostiene que una dolarización sea la solución a todos los males del país ni que esté libre de restricciones. Sin embargo, es irreal evaluar un escenario de dolarización contra un BCRA ideal pero irreal”.

“Una seria discusión sobre una dolarización de Argentina permitiría también discutir una reforma fiscal. Hoy día esta discusión también se encuentra cerrada”, recuerda.

En el diario La Prensa, el Economista y profesor UTDT especializado en macroeconomía, teoría monetaria, y métodos computacionales, Constantino Hevia,  escribió al respecto: “La propuesta de dolarizar la economía presupone que el Estado logrará la disciplina fiscal tras eliminar el financiamiento monetario: o subirán los impuestos o bajará el gasto. Es ingenuo pensar que un Estado como el argentino, que desde principios del siglo XX hasta hoy solo ha tenido un puñado de años con superávit fiscal, mágicamente se transformará en un Estado no deficitario. El Estado tiene otras herramientas, que ya usó en varias ocasiones, para pagar excesos de gasto: el default y las expropiaciones”.

“La convertibilidad es lo más cercano que tuvimos a la dolarización en nuestra historia reciente y la evidencia sugiere que eliminar el financiamiento monetario no resuelve la indisciplina fiscal”, advierte.

Y concluye: “no es creíble que simplemente eliminando el peso también eliminaremos la indisciplina fiscal. Además de una historia inflacionaria, tenemos una historia de defaults y confiscaciones. Si no podemos usar la emisión, es esperable que usemos con mayor frecuencia esas otras herramientas. El problema es más complejo y requiere que entendamos en mayor profundidad la economía política del gasto público y los incentivos que enfrentan los funcionarios y la política en general. El camino es largo pero muchas economías similares a la nuestra lo han logrado. Aprendamos de ellos”.

Las economistas  Myriam Quispe-Agnoli y Elena Whisler, estudiaron los casos ecuatoriano y salvadoreño en relación a la dolarización y que son los ejemplos de quienes defienden esta alternativa: “… si bien  la dolarización limita la capacidad del Banco Central para operar como prestamista de última instancia, puede hacer que las corridas bancarias sean menos frecuentes, porque los consumidores y las empresas tienen mayor confianza en el sistema bancario local. El motivo es que la dolarización reduce el riesgo moral presente en sistemas bancarios muy dolarizados (…) Bajo la dolarización  y sin  riesgo de tipo de cambio, los bancos tendrían que manejar mejor sus riesgos de liquidez y solvencia, tomando medidas precautorias”.