"SOMOS LOS NUEVOS NI-NI: NI MACRI NI CFK"

El 2018 termina con un aplazo al gobierno y a la oposición

2018 pudo haber sido un buen año para Mauricio Macri pero resultó un desastre. Y 2018 pudo, entonces, haber resultado un gran año para la oposición a Macri, pero resulta que todavía ni siquiera convencen que pueden ganar. Sobre esto escribió Luis Rizzi:

El 28/12/2017 el gobierno generó un papelón económico y financiero que tuvo sus consecuencias en el año que finaliza el lunes próximo.

La política tiene sus paradojas y el gobierno de Mauricio Macri fue protagonista de una de ellas que ni G.K. Chesterton hubiera podido imaginar. Contribuyó, inocentemente, a desactivar la explosiva bomba que le había dejado el gobierno de Kristina al tiempo que no le prestaba atención al explosivo cocktail que estaba armando –Toto Caputo- como excelso gestor financiero, mediante endeudamiento para financiar gasto, lo que a su vez sobrevaluaba nuestra llamada moneda “el peso”, mientras el Banco Central potenciaba las tasas de interés como medio para combatir la inflación lo que a su vez dejaba sin crédito a la llamada “economía real”.

En fin, era tal la cadena de desaciertos, por no llamarlas lisa y llanamente “macanas” que, finalmente y sin que los “gurúes de la citi”, lo anticiparan en sus informes semanales, quincenales y mensuales  -salvo excepciones- la famosa “bomba” le explotó al gobierno sin que los servicios de asistencia y salvamento –Banco Central y los ministros del área económica- tuvieran la idoneidad mínima para amortiguar sus consecuencias.

Veamos: el Central financió la devaluación gradual perdiendo mas de US$ 20.000 millones, en vez de haber devaluado como lo imponía la realidad evitando esa pérdida sustituida con nuevo endeudamiento, esta vez del FMI, que por el momento cumplió la función de mero calmante hasta diciembre de 2019.

No solo eso: las tasas de interés se llevaron a casi 20 y pico de puntos por sobre la inflación (65/72% anual), con lo cual se terminó de eliminar lo poco de crédito que las Pymes podían obtener.

La economía entró en recesión y el gobierno logró tener el mismo o mayor nivel de rechazo que Kristina Kirchner.

El gobierno de Mauricio Macri, cuyo nivel de soberbia es desmesurado, continuó insistiendo con las viejas recetas cuyos malos resultados debieran formar parte de nuestro bagaje cultural. Sus métodos me recuerdan a las famosas sangrías que practicaban los médicos de antaño recurriendo incluso a sanguijuelas con la finalidad de succionar la sangre para “limpiar el cuerpo” del sufrido paciente.

El gobierno adoptó el papel de ese anélido acuático que se alimenta de la sangre de sus congéneres a los que logra prenderse. Incremento algunas retenciones, mantuvo la insoportable presión fiscal, acepta hasta cierto punto el ajuste por inflación, con lo cual cobra impuestos de modo ilegitimo y en complicidad con la oposición estableció al renta financiera para desalentar inversiones, cuando lo que debió hacer es limitar la estancia en el país de los llamados “capitales golondrinas”.

Pero insiste en sus “macanas” diciendo que sigue haciendo lo que hay que hacer. A esta altura ha logrado superar la comicidad irónica del recordado Tato Bores, pero haciendo de nuestra vida diaria una real tragedia, porque parecería que su objetivo es demostrarnos que todos somos lo mismo, a pesar de Maria Eugenia Vidal, cuya gestión provincial muestra algunas diferencias. Pero el macrismo en estado “Peña” le pasa por arriba.

Hasta hoy Macri nos demostró que es lo mismo, con mejor aroma y otra prolijidad, tal como suele decir José Luis Espert.

Ni siquiera en política exterior se destacó el gobierno, solo mejoró el trato protocolar, pero la diplomacia es otra cosa y la Argentina sigue siendo un país insignificante, mal que nos pese. En ese sentido, Chile con mucho menos que la Argentina, es un país respetado porqué hasta ahora tiene un mínimo de políticas de Estado.

El aplazo del gobierno de Macri, mas allá de que algunas encuestas muestren pequeños repuntes, es contundente.

La otra muestra de sus fracasos es su mal humor en especial con los gremios, sin advertir que ha sido incapaz de liderar un moderno nivel de negociación para generar las bases de un nuevo sistema laboral.

La muestra máxima la está dando con Aerolíneas Argentinas, empresa a la que sigue poniendo dinero necesario para otras prioridades al tiempo que no atina para generar un nuevo sistema de gerenciamiento con participación de su personal. Por el contrario, su política es la agresión y el enojo, siguiendo la escuela del anterior Mario Dell’Acqua que hizo mérito de sus enojos… como lo continua haciendo Luis Malvido que ya ha fracasado aunque continúe en su función. Es obvio la dirigencia gremial ya se ha adecuado a los enojos y no será fácil generar un nuevo clima de confianza lo que no quiere decir de sumisión ni impotencia.

Tampoco la oposición se salva del aplazo cuyo papel ha sido deplorable y mezquino como si su objetivo fuera el de gobernar un país devastado.

Lo real es que carecemos de “élites”, los juicios de “los cuadernos del ya célebre Oscar Centeno” nos mostraron nuestra total y antiestética desnudez. Funcionarios públicos y privados compartieron y se beneficiaron en el perverso juego de la corrupción. Los arrepentimientos, no parecen convincentes porque ninguno propone devolver lo mal habido, suenan más bien a simples “alcahueterías” por eso invito a los lectores para que en la RAE busquen sus acepciones, pero les anticipo algo: alcahuete: Persona que concierta, encubre o facilita una relación generalmente ilícita; o persona o cosa que encubre u oculta algo.

Nuestros históricos arrepentidos, en verdad no serian más bien, unos reales “alcahuetes” que solo buscan encubrir sus propias fortunas.

Como diría Juan Carlos de Pablo, los únicos aprobados en este 2018, somos los sufridos contribuyentes que contribuimos con un 52%, como mínimo, de nuestros ingresos anuales para mantener a un gobierno y una oposición que insisten en hacer lo que están haciendo y que aun seguimos buscando, cada vez con menos optimismo una buena dirigencia.

Somos los nuevos “ni-ni”: ni Macri ni Cristina.
Nos han reducido a eso o mejor dicho, nos dejamos reducir a eso…