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MUERTE, EN CAMPAÑA

El debate sigue vivo: Entonces, ¿Macri y De la Rúa recibieron la misma bomba?

Mie, 10/07/2019 - 2:27pm
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Por Urgente24

Hasta el propio expresidente de la Nación, Fernando de la Rúa, comparó la situación en la que asumió Mauricio Macri con la suya en 1999. Habló de la "bomba con riesgo de explosión" que habrían recibido ambos. Uno, sin embargo, partió en helicóptero antes de concluir su mandato. El otro busca continuar en el poder, y aún si pierde se transformaría en el primer presidente no peronista en terminar su mandato en décadas. Sin embargo, hoy la campaña electoral es tan actual como el fallecimiento de ese hombre que dejó dando vueltas al fantasma del helicóptero, tan funcional para el momento que unos y otros gastaron sus plumas para atraerlo y espantarlo.

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Fue el propio expresidente de la Nación, Fernando de la Rúa, quien comparó la situación en la que asumió Mauricio Macri con la suya en 1999. Dijo que tanto él como el actual Presidente recibieron una "una bomba con riesgo de explosión", aunque agregó que ahora (corría el mes de diciembre de 2016) el riesgo sería mayor. 
 
"Fueron muy fuertes estos 12 años de concentración de poder, desorden económico; estas cosas saltan después y perturban, no permiten llegar y poner una marcha nueva, hay que ir corrigiendo los errores del pasado", sostuvo durante una entrevista en 'Radio Ciudad' el recientemente fallecido.
 
"Hoy nadie duda en Argentina que fue un gobierno corrupto", finalizaba.

Su muerte se produjo en plena campaña electoral. De la Rúa no conocerá el final o la continuidad de este Gobierno. Tampoco sabrá, por tanto, si regresa o no aquel "gobierno corrupto" que dejó una de las bombas de las que habló, y que hoy vuelve a pelear por su regreso al poder.

Lo recordó 'Página 12' a propósito de su muerte: "De la Rúa fue siempre generoso con Mauricio Macri, un conservador como él que, sin embargo, aprendió del pasado. Desde un primer momento buscó coptar sectores del peronismo o neutralizarlos y procuró ampliar la base de sustentación del Gobierno. “No es un modelo de ajuste porque acá se trata de recuperar la economía, el crecimiento, ordenar las cosas y no se quiere despedir a nadie ni bajar los sueldos, sino que se quiere generar empleo", elogió De la Rúa en 2017. El Presidente se enteró del fallecimiento por una colaboradora de ambos, Patricia Bullrich, en Trabajo con De la Rúa y en Seguridad con Macri".

Con la mención a Bullrich apela a la comparación de Macri con el expresidente a la que se apeló más de una vez, y que aún mejor viene en tiempos de campaña.

Washington Uranga, en el mismo diario, remarcó bien claro el "paralelismo": 

"Para quienes vivieron de manera activa la vida política durante los apenas dos años en los que, a partir de 1999, Fernando De la Rúa gobernó el país, la imagen del ahora fallecido ex presidente quedará indefectiblemente asociada al caos, a las 39 muertes ocurridas durante la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001 y al helicóptero partiendo desde la azotea de la Casa Rosada . Significantes que sintetizan una historia política que, con la Alianza, se construyó como una esperanza y culminó como una enorme frustración para una buena parte de los argentinos y las argentinas.

En medio quedó la renuncia nunca suficientemente aclarada de Chacho Álvarez a la vicepresidencia, el ajuste, el megacanje, el "blindaje " y la tablita de José Luis Machinea siguiendo, igual que ahora, instrucciones del Fondo Monetario, también entonces protagonista como hoy de la vida política argentina. Para seguir con los paralelismos no habría que olvidar que De la Rúa contó con el apoyo de George W. Bush (padre) de la misma manera que hoy Donald Trump recomienda a su amigo Mauricio Macri. El entonces Presidente de Estados Unidos calificó a De la Rúa como "un líder muy fuerte" y le manifestó su "aprecio por el esfuerzo que está haciendo para superar las dificultades económicas que ha encontrado" al asumir su mandato.

La "banelco" de Alberto Flamarique para empujar la reforma laboral fue otro ingrediente de la escena política de esos tiempos. Pero también la reducción del salario de los empleados del Estado, el recorte de los haberes previsionales, el antes menemista Domingo Cavallo rescatado como el mago salvador de la economía y Patricia Bullrich como Ministra de Trabajo para seguir ajustando a los trabajadores. Y una tasa de desempleo que en apenas un año, entre 2000 y 2011, trepó del 14,7% al 25%.

Lo demás es apenas anecdótico. Hasta el "dicen que soy aburrido" ideado por el publicista Ramiro Agulla para la campaña en la que De la Rúa garantizó "terminar con esta fiesta para unos pocos" adjudicada al menemismo, y prometió un país basado en el "respeto", "las reglas claras", la "dignidad", trabajo, educación y "encarcelar a los delincuentes y corruptos". Y como si fuera poco, sentenció que "al que le aburra, que se vaya", porque "no quiero un pueblo sufriendo mientras algunos pocos se divierten, quiero un país alegre, quiero un pueblo feliz".

Formal y con escaso carisma para las masas, Fernando De la Rúa encarnó la vertiente más conservadora de su partido y sus lazos con el establishment económico, que existieron desde siempre, quedaron en evidencia de inmediato al asumir el gobierno y tiñeron toda la gestión contradiciendo de manera abierta y directa las promesas hechas en la campaña de la "Alianza para el trabajo, la justicia y la educación" que le habilitaron el triunfo sobre Eduardo Duhalde en los comicios de 1999.

Las apariciones públicas del ex presidente ahora fallecido fueron escasas con posterioridad a su huída de la Rosada y varias de ellas forzadas para atender causas judiciales derivadas de su gestión (...)

Pero su periplo formal como ex presidente lo cerró Fernando De la Rúa aceptando la invitación que Mauricio Macri le hizo para participar en la gala del teatro Colón con ocasión del encuentro del G20 el año anterior en Buenos Aires. Allí tuvo la oportunidad de compartir con dos de sus ex colaboradores: Hernán Lombardi y Patricia Bullrich.

El paso de Fernando De la Rúa por la política argentina y por la presidencia simbolizó para muchos argentinos y argentinas el veloz tránsito de la promesa del cambio a una dolorosa, trágica y angustiante frustración".

'El Patagónico' fue otro de los que remarcó los nombres que volvieron al Ejecutivo con Cambiemos, entre ellos, "Patricia Bullrich, la más controvertida".

"Con mayor o menor responsabilidad, varias figuras que tuvieron roles de importancia en el gobierno del fallecido expresidente Fernando de la Rúa volvieron a las "grandes ligas" de la política con Mauricio Macri. Algunos lo acompañaron en la Ciudad y otros se sumaron con la alianza entre la Unión Cívica Radical y el Pro que derivó en Cambiemos.

Son Oscar Aguad, Nicolás Dujovne, Federico Sturzenegger, Hernán Lombardi, Patricia Bullrich y Miguel de Godoy. A excepción del actual jefe del Palacio de Hacienda, todos fueron cercanos a De la Rúa en su fallido gobierno que terminó con la crisis de 2001.

La más notoria es la polémica Bullrich, hoy ministra de Seguridad y que con el radical se hizo cargo del Ministerio de Trabajo cuando renunció Alberto Flamarique, envuelto en el escándalo de los sobornos a senadores.

Bullrich instrumentó el recorte del 13% en los haberes de empleados estatales y jubilados.

Otro de la lista es el actual gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, quien con De la Rúa fue secretario de Desarrollo Humano.

Y otro que prefiere olvidar esa etapa es el actual jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Horacio Rodríguez Larreta, quien era uno de los responsables del PAMI. Según cuenta la leyenda, fue a él a quien le entregó su carta desesperada René Favaloro, pidiendo que el organismo le pagara las deudas que tenía con su instituto para que el mismo continuara funcionando.

Pero Rodríguez Larreta nunca le respondió y el prestigioso cardiólogo halló la “solución” a sus pesares disparándose en el corazón".

En ese marco, de malos y oportunos recuerdos en tiempos de campaña, otros medios y periodistas salieron en la vereda de enfrente a despegar rápidamente esos recuerdos de la actual gestión.

El periodista Luis Majul fue uno de ellos, en el diario 'El Cronista', afirmó:

"El presidente Mauricio Macri estuvo, el año pasado, no muy lejos de terminar como De la Rúa. Por errores propios de su gobierno, sin mayoría parlamentaria, en el medio de una de las sequías más graves de la historia y con un contexto internacional bastante parecido, de extrema vulnerabilidad, lo salvó la ayuda del Fondo Monetario, y la madurez de parte de la opinión pública que no quería verla película repetida.

Igual que el kirchnerismo a Macri, el gobierno anterior le había dejado a De la Rúa una bomba a punto de explotar. Igual que De la Rúa, ni bien asumió, Macri no pudo o no quiso comunicar a los argentinos la envergadura del desastre que le habían tirado por la cabeza. Ahora mismo, la foto de la Argentina se parece mucho a un milagro. 

Porque es muy difícil, por no decir casi imposible, que Macri se tenga que ir en un helicóptero, que, por otra parte, siempre fue el deseo del núcleo duro del poder que rodea a Cristina Fernández. Y porque, además, el Presidente tiene tantas posibilidades de ser reelecto como de perder frente a Alberto y Cristina Fernández.

Está claro que Cristina ungió a su ex jefe de Gabinete como candidato a presidente para esconderse detrás de Alberto, romper el techo de rechazo y evitar una nueva derrota. Y está más claro, todavía, que necesita ganar para evitar que los juicios, tarde o temprano, la terminen mandando a la cárcel a ella, a su hijo Máximo, y especialmente a Florencia, la única que carece de fueros.

Pero además de ganar, para evitar que la dinámica judicialse la lleve puesta (...)".
 
También lo hizo en su editorial que leyó en 'CNN Radio': 

"Su propia ineptitud fue la más visible, pero no se deberían minimizar ni la irresponsabilidad de Carlos Chacho Alvarez, el vicepresidente que con su renuncia precipitó la crisis, ni los ataques de importantes dirigentes de su propio partido, ni la debilidad parlamentaria y mucho menos, la nerviosa impaciencia del peronismo cuando se encuentra fuera del poder.

¿Sus propios errores fueron determinantes? Claro que sí. El gobierno anterior le había dejado una verdadera bomba de tiempo, no demasiado distinta a la que Cristina Fernández le traspasó al actual presidente Mauricio Macri. Igual que Macri, De la Rúa, en vez de comunicar la verdadera dimensión de la herencia recibida, implementó un ajuste que no pudo sostener y, tras cartón, volvió a designar a Domingo Cavallo para desarmar la bomba de la convertibilidad que él mismo había ayudado a construir.

El resultado final lo recordamos todos los que fuimos testigos de esa época con infinita tristeza: la virtual confiscación de nuestros ahorros, los muertos de diciembre de 2001, los cinco presidentes en una semana y la posterior pesificación de los depósitos es algo que no olvidaremos jamás.

Algo que debería servir como una lección definitiva para no volver a repetirla. Los postales de la época tienen cierto perfume a estos años. Macri, además de cometer el pecado original de no decir a los argentinos el desastre que le dejaron, pecó además de imprudente, soberbio y excesivamente optimista, al suponer que bajaría la inflación en cinco minutos y que lloverían inversiones solo por el mero cambio de gobierno.

Los socios del club del helicóptero olieron sangre pero además lo confundieron con De la Rúa más de una vez. Castigado por un contexto internacional adverso, igual que el ex presidente fallecido hoy, una mayoría parlamentaria que alternó entre el apoyo y la puesta de piedras en el camino, Macri sobrevivió a dos momentos extremos. Uno, al año pasado, cuando parecía que se disponía a cambiar el gabinete completo. Otro este año, durante los mismos días en que el senador Miguel Angel Pichetto le dijo a los inversores, en los Estados Unidos, después de una encuesta electoral que impactó negativamente en los mercados, que Macri le ganaría a Cristina, porque el nivel de rechazo a ella era superior que al del actual mandatario.

Si tuviera que hacer una comparación simple y brutal con aquellos años, diría que la gran diferencia es que Macri no es De la Rúa, y que los argentinos ya aprendimos la lección sobre cómo se mueven y cuáles son los objetivos de ciertos peronistas que harían cualquier cosa para volver al poder. Ahora es casi imposible que Macri se vaya antes de terminar su mandato. Y hasta es probable que pueda ser reelecto, si la dinámica de la campaña de Alberto y Cristina consiste en la vieja costumbre de comparar con el apocalipsis a los las gestiones de los gobiernos que ellos no integraron. Como si ellos hubieran sido perfectos y los demás unos ineptos irrecuperables".

Sin embargo, fue Eduardo van der Kooy en las páginas de 'Clarín' el que hizo mayor esfuerzo: 

"(...) De la Rúa recibió como herencia una crisis enmascarada. El peronismo en el poder posee una envidiable destreza para llegar siempre hasta un límite sin derrumbarse. Podrían dar fe contemporánea sobre ello Cristina Fernández y Mauricio Macri.

El ex mandatario de la Alianza pudo haber cometido, en ese sentido, un pecado similar al del ingeniero. Se aferró para ganar las elecciones a la convertibilidad agotada de Domingo Cavallo, con la cual Carlos Menem estiró una década su estancia en el poder. Tomó un atajo: le prometió a la sociedad en campaña lo que esa sociedad quería escuchar. El mensajero ingrato en la ocasión resultó Eduardo Duhalde. Por ese motivo perdió.

Es cierto que Macri en 2015 prometió un cambio. Pero lo ciñó a terminar con la corrupción extendida por los K y solo a maquillajes en la economía, cuya crisis quedó a cielo abierto a partir del vendaval financiero del 2018. Antes de eso, con rédito electoral (legislativas del 2017), el Presidente ensayó el gradualismo. Que terminó en un fuerte desencanto social.

Aquí convendría detenerse en varias diferencias de los tiempos. Aunque a veces simule lo contrario, Macri no comprende al poder como un ejercicio horizontal. Sus consultas, sus diálogos aún con dirigentes que discrepan con él son una cosa. La toma de decisiones, aunque a veces equívoca, otra bien distinta. El ingeniero tampoco observa el poder con indiferencia. Le atrae aunque a veces lo sufre. Nunca esa evidencia aflora en superficie más que durante las épocas electorales. Queda claro cómo está afrontando la campaña para agosto y octubre.

Ese constituye ahora un inconveniente para el peronismo habituado a dominar. Que no tuvo en 2001. Por un par de motivos. Pesaban aún en la escena los liderazgos de Menem y Duhalde. Sobre todo de este último. El peronismo, por otro lado, funcionaba todavía como un mecanismo articulado. En el cual la liga de gobernadores ejercía enorme influencia. Hasta supo condicionar al ex gobernador de Buenos Aires cuando se convirtió en mandatario de emergencia luego del estallido y la renuncia de De la Rúa.

La actualidad indica otra cosa. Un sector importante del peronismo adora la conducción de Cristina. Pero aquel mecanismo de antaño se ha desmembrado. Quizás aún en escala menor a lo que le sucedió al radicalismo. Pero aquella liga de mandatarios no es tal. En las tres fórmulas presidenciales principales hay dirigentes peronistas. Nada menos que el senador Miguel Angel Pichetto, hombre de poder intenso en todos los ciclos del PJ, se anima ahora a acompañar a Macri como candidato a vicepresidente.

De la Rúa sufrió una construcción política que nunca logró administrar. Acordó con el Frepaso que Carlos “Chacho” Alvarez sería su vice. Enseñanza que Macri aprendió en su carrera por llegar: defendió con los dientes una fórmula macrista pura con Gabriela Michetti. Desechó las presiones del radicalismo. Se acaba de abrir, convocando a Pichetto, porque la crisis lo forzó. Habrá que ver cómo funciona ese matrimonio político si obtiene al final la reelección.

El vínculo de De la Rúa con Alvarez nunca fue fluido. Prevaleció la desconfianza entre ellos. El vice solía sentirse más cómodo cuando llegaban a sus oídos las palabras de los dirigentes alfonsinistas que pocas veces comulgaron con las políticas de su correligionario en la Rosada. Su renuncia fue el primer capítulo del desastre. Se produjo por una razón que socavó la poca credibilidad que le quedaba al entonces Presidente y a la Alianza: un grave caso de corrupción. Un pago de coimas en el Senado para que fuera aprobada la reforma laboral, en el cual había estado envuelto un hombre de la cercanía presidencial: el titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Fernando De Santibañes.

La Justicia, ya en épocas del kirchnerismo, nunca pudo comprobar aquella maniobra que la política y el periodismo conocieron de cerca. Decretó la absolución en 2013 de todos los acusados. Pero esa sospecha de corrupción y la crisis económica resultaron letales para De la Rúa.

Su caída fue, al mismo tiempo, una frustración y una tragedia. Por segunda vez un gobierno de signo no peronista vio interrumpida su continuidad. Se perdió la primera oportunidad de poner fin al hegemonismo peronista. De ofertarle a la democracia la posibilidad de una alternancia.

Las derivaciones son conocidas. A la renuncia de De la Rúa y la emergencia de Duhalde le siguió el nacimiento del kirchnerismo. Que, está a la vista, sembró corrupción y desaprovechó una inmejorable ocasión de enderezar algo, siquiera, el rumbo de la estructura económico y social del país. Sus primeros buenos resultados, aquellos de los cuatro años de Néstor Kirchner, resultaron quizás un engaño pernicioso.

La política se degradó con Cristina. La economía profundizó su fragilidad. Nadie sabe, con certeza, cuándo ni cómo podrá recuperarse. Macri no lo ha logrado en su primer mandato que debe concluir en diciembre. Pero parece haber encaminado, al menos, la estabilidad de la coalición que lo sostiene. No se trataría de una medalla menor en una nación de sistema político tan precario como la Argentina. Para comprenderlo, sin embargo, habría que escarbar en el sentido hondo de la historia. Reflejarse también en el espejo del lamentablemente fallecido ex presidente De la Rúa."