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POR QUÉ FRACASAN LOS PLANES ECONÓMICOS EN ARGENTINA (1)

De Pablo en U24: "La inflación y el ajuste fiscal no son joda"

Jue, 01/08/2019 - 3:53pm
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¿Por qué fracasan los planes económicos en la Argentina, salvo alguna excepción? Es uno de los dilemas que habría que explorar, debatir en profundidad y responder antes de que el horizonte de Estado Fallido resulte más nítido. Pero los líderes de opinión, incluyendo a los periodistas, prefieren permanecer en la berreta zona de confort, discutir el sexo de los ángeles, regocijarse en la frivolidad, deleitarse en la Grieta que los parió. Con el economista y periodista Juan Carlos de Pablo, Urgente24 inicia una serie de entrevistas del memorioso periodista Rubén Chorny acerca de la retahíla de desencuentros y malas praxis recurrentes en los últimos 70 años de la historia económica argentina, donde se probó de todo: gobiernos peronistas incluyendo interinatos (Juan Perón, Héctor Cámpora, María Estela Martínez, Ítalo Lúder, Carlos Menem, Eduardo Duhalde,  y el matrimonio Kirchner), gobiernos de facto cívico-militares (Revolución Libertadora, Revolución Argentina, Proceso de Reorganización Nacional) y alianzas (incluyendo UCR / Frepaso, de centroizquierda, PRO / UCR / CC ARI, de centroderecha; y la UCRI de Arturo Frondizi). Hubo al menos 10 superplanes económicos: el Quinquenal de Perón; el desarrollista de Frondizi; el de la Revolución Argentina de Adalbert Krieger Vasena; el Pacto Social de José Ber Gelbard; el Programa de Recuperación, Saneamiento y Expansión de José Alfredo Martínez de Hoz; el Austral de Juan Sourrouille; la Convertibilidad de Domingo Cavallo; el dólar recontraalto de Jorge Remes Lenicov en 2002; los superávits gemelos de Roberto Lavagna y el gradualismo de Mauricio Macri. El común denominador fue que todos explotaron y terminaron en brutales devaluaciones, hiperinflación, default, destrucción del aparato productivo, desempleo y pobreza. En el caso de De Pablo, él eligió extraer las buenas experiencias en cada caso, aprender sobre las causas que trabajan sobre la inflación y tomar en serio un ajuste fiscal. 

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Juan Carlos de Pablo tiene una larga trayectoria como economista, que lo tuvo siempre en la primera fila del escenario en el que se produjeron los principales acontecimientos, del Plan Quinquenal de Juan Perón, en los ´50, al gradualismo de Mauricio Macri de nuestros días.

Miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, autor de 52 libros, incluyendo los 8 tomos de "Incompletísimo Diccionario de Economía", el economista ha explicitado hace tiempo su idea del movimiento pendular como tendencia permanente del fracaso argentino. Siempre de extremo a extremo, faltando la madurez de encontrar un equilibrio.

Antes que hablar de fracasos, él prefiere extraer lo mejor de cada experiencia, pero con un común denominador: las causas de la inflación y el ajuste fiscal.   

Juan Carlos De Pablo.
De Pablo: "Hay planes que duraron un día y otros una década. Las diferencias son muy fuertes. Si uno toma los mejores, la pregunta sería por qué no duran."

-¿Por qué no funcionó ningún plan económico en Argentina?

-Es una generalización que no creo que sirva para entender. Hay cosas mejores que otras. Uno lo que tiene que hacer es aprender de las buenas experiencias, por ejemplo, ¿qué aprendo de Krieger? Que el ministro de Economía o el presidente del Banco Central tienen que ser un buen gerente. ¿Qué aprendo del Austral? Que hay que tener en cuenta que son varias las causas que trabajan sobre la inflación. ¿Qué aprendo de los otros? Que tenés que tener en cuenta las limitaciones políticas. No se puede juzgar con la misma vara a Martínez de Hoz, Gelbard, Krieger, Cavallo 91/96 que a los últimos ministros de Economía: Mondelli, Jesús Rodríguez, Kicillof, porque tenían carencias políticas evidentes.

-¿Y cómo se los juzga, entonces?

-Hay planes que duraron un día y otros una década. Las diferencias son muy fuertes. Si uno toma los mejores, la pregunta sería por qué no duran. Si estás excedido de peso y vas al doctor, te da un régimen y lo cumplís. Bajás de peso, el médico te felicita, le decís gracias, y después volvés a engordar. El médico te dice bueno ahora que bajó, lo tiene que mantener así, siempre. A los argentinos nos cuesta aceptarlo. 

-¿Será que no nos gusta la economía?

-Cuando se mira la historia económica argentina, un Presidente que tenía un problema de piel con la economía no dudó en ponerse atrás de Juan Sourrouille cuando lo tuvo que apoyar porque tenía razones evidentes para hacerlo. Pocos meses después aflojó por razones entendibles. Según me dijo uno de los protagonistas, le tuvo que dar un aumento de salarios del 20% a los militares para que no le hicieran un golpe de Estado, ahí se derrumbó todo, tuvieron que flexibilizar el Plan Austral. Entonces, si decimos de ir para adelante, tenemos que convencer a los argentinos que, dentro de un programa que se pone en marcha, decís ajuste fiscal,

a) no es un chiste,

b) llegó para quedarse.

Juan Carlos De Pablo.
De Pablo: "Los argentinos estamos acostumbrados a creer que los únicos quilomberos somos nosotros".

-¿Para qué, si es más fácil devaluar?

-El tipo de cambio es parte de la política económica, y contiene varios objetivos y circunstancias. Argentina es un país cuya población tiene muchos dólares, entonces los vaivenes de credibilidad e incredibilidad modifican el tipo de cambio real de un modo fenomenal. Es real, en Estados Unidos no lo tienen, pero acá es cuantitativamente muy importante. Ahora, utilizar el tipo de cambio como una unilateralidad genera problemas. Lo sabe cualquiera del mundo de la economía. 

-¿Estar dolarizado no implica exponerse aún más a los vaivenes externos?

-Para nosotros, el contexto internacional es exógeno, con lo cual tenés alguna idea y después vienen los pelotazos. Tomá los ´90. Desde el punto de vista internacional, la década estuvo dividida en dos partes iguales. En la primera mitad era una delicia: con bajas tasas de interés, millones de cosas, capitales. La segunda empieza con el Tequila, sigue con la crisis rusa, la asiática, la devaluación de Brasil. Entonces si alguien dice que en 1991 no tendrías que que haber adoptado la convertibilidad porque iba a venir la crisis rusa en 1997 es una pavada enorme. Los argentinos estamos acostumbrados a creer que los únicos quilomberos somos nosotros y cuando te unís al resto del mundo importás tranquilidad. No más. En este momento que estamos hablando acá, hay una guerra comercial entre Estados Unidos y China que Dios sabe cómo sigue, los chinos que tienen que matar el 20 por ciento de los porcinos, y hay que vivir con ese tipo de vaivenes, no sólo comerciales sino financieros.

-Como economista fuiste testigo calificado de lo que estuvo sucediendo desde mitad del siglo pasado. ¿qué conclusiones sacás de las fallidas experiencias acumuladas?

-Acá tengo la colección (muestra su biblioteca): este es el primer plan quinquenal de Perón, lo tengo ahí, la única vez que hubo alguna conexión personal fue cuando Roque Carranza era el presidente del Consejo de Desarrollo en la época de Arturo Illia y él tenía, obviamente, una relación personal con el equipo económico, y lo charlaban. Lo demás fue siempre una cosa por un lado y la otra por el otro.  Y se podría pensar que un Consejo de Desarrollo genera un entrenamiento para los economistas que trabajan ahí, sí puede ser. Los argentinos idealizamos el resto del mundo, y te dicen 'Los otros países saben adónde van'. ¿Ah sí? ¿Estados Unidos sabe adónde va con Donald Trump? ¿Los ingleses saben adónde van con el Brexit? Es cierto, y lo muestra la historia, que las oscilaciones no son tan grandes como en Argentina. Guido Di Tella, que era un gran sabio, decía: “Hacemos lo mismo que los otros países del mundo, pero con mayor entusiasmo”.

La economía es una emergencia permanente

-¿Es para cualquiera ser ministro de Economía en Argentina?

-Cuando el PBI recupera +9, ¡qué bien! Pero cuando cae -8... Entonces, yo digo: “Muchachos, me he pasado la vida analizando la política económica. Trabajarla es primero una actitud, después es una formación'. Les digo a los alumnos: 'Si hay que trabajar una política económica, como ministro, analista, periodista, se debe pensar en el jefe de la guardia de un hospital. Que está sentado igual que uno, y en un momento se abre la puerta y entran 40 heridos, porque chocaron dos ómnibus:

a) no elige los pacientes, como el ministro de Economía no elige los problemas que le toca enfrentar. En la comunidad académica tu gusta un tema lo tratás y si no te gusta, no.;

b) tiene que tomar decisiones jodidísimas contra reloj, con información pobre, y rodeado de tipos que lo quieren matar. Si tu estómago no resiste eso, olvidate de la política económica, dedicate a la filatelia, a otra cosa. Podés ser muy útil en un museo, en otra cosa.

Enfatizo ésto porque es increíble la cantidad de colegas que son como los mismos 50 mil que están sentados en la tribuna mirando a 22 tipos de pantalones cortos corriendo atrás de la pelota, con 2 técnicos atrás de la línea, y son los que saben todo. 

Juan Carlos De Pablo.
De Pablo: "Mi vieja lo sabía, y cuando había un ingreso extraordinario decía gracias, pintaba la casa, cambiaba las sábanas."

-¿Será la deuda externa el mal de todos los males?

-Argentina termina la Segunda Guerra Mundial siendo acreedora pero de un país fundido que era Inglaterra. Era la gran discusión: qué hacer con ese saldo a favor anotado en el Banco de Inglaterra. Este verano estuve leyendo la biografía de Lionel Robbins, gran economista inglés, que junto con John Keynes, John Richard Stone, John Stuart Mill, muchos de ellos premios Nóbel, trabajaba en el gobierno inglés para hacer frente a los problemas de posguerra. Los tipos fueron al Banco de Inglaterra y había saldo deudor con Pakistán, India, Argentina, y empezó esa discusión. Ya con Perón empezamos un poco de deuda externa, comercial, se fue gastando la posición acreedora y cuando viene la Revolución Libertadora tiene que refinanciar 500 millones de dólares. Para exportaciones de 1.000 millones de dólares al año era un numerito, el Club de París se hizo fundar en 10 cuotas de 50 millones por año, según contaba Roberto Alemann, y arrancaron las deudas de Argentina. En un país como Argentina, la historia de la deuda es la de poder endeudarse. En un gráfico se puede ver que María Estela de Perón no se endeudó pero era porque nadie le prestaba, no era un mérito. Cuando vino Martínez de Hoz fue exactamente al revés. El gobierno militar, en aquel momento, era un activo, había superávit comercial y una relación baja deuda/PBI, porque no le prestaban.  

-¿Qué pasó para que los acreedores primero te tocaran la puerta para venderte créditos y después cortaron el chorro pidiendo que les devolviera todo?  

-Termina el segundo show petrolero. Los bancos se llenan de guita de la noche a la mañana y empiezan a mirar a Argentina. Participé a mediados de los ´80 en un trabajo del Banco Mundial, una cosa fantástica, porque eran 16 países en desarrollo y creo que fue la primera vez que escuchaba algo concreto de la India, Turquía, Camerún, y no sé qué cagada se habían mandado los coreanos que no les prestaban. A los turcos tampoco. Y a la Argentina… cuando termina el episodio, cuando se dan vuelta con Paul Volcker las tasas de interés, te encontraste con una flor de deuda, caída del PB, y blum. De Lorenzo Sigaut que cada uno diga lo que quiera, pero además de toda la herencia local, él se encuentra con un aumento de la tasa de interés que en los 9 meses que fue ministro sin recibir ni un dólar fresco, la deuda le había aumentado como un 15 por ciento. Es un ejemplo de que los eventos internacionales pueden ser unos grandes pelotazos.   

-¿Conoce la Argentina la palabra anticíclica?

-Tenés la soja a 600 y decís grande, y le dirías al ministro guarde que esto no es para siempre. A nivel individual parece elemental lo que digo, que las oportunidades son oportunidades, pero a nivel gubernamental, con enorme frecuencia, se cree que las mejoras son el piso de lo que sigue, cuando hay que decir en realidad ¡cuidado! Mi vieja lo sabía, y cuando había un ingreso extraordinario decía gracias, pintaba la casa, cambiaba las sábanas. La presión que existe sobre el gasto público hace que se gaste todo. Si le decís a un ministro que guarde, que es algo extraordinario, aparece siempre el hospital de Formosa que necesita gasa, o alguna escuela.  

Juan Carlos De Pablo.
De Pablo: "En el Austral congelaron los precios con otras variables pero no salió ni un inspector a la calle. Era obvio que la sociedad le reclamaba al presidente Alfonsín que hiciera algo, y cuando lo hizo, dijeron Ok, funciona."

-¿Qué opinás de un Pacto Social?

-Fue un acuerdo corporativo y en ese tipo de pactos, los presentes joden a los ausentes. No tiene que ver con la Moncloa, que fue político. De todos modos, pretender en Argentina trabajar sin empresarios nacionales es una pavada. No tengo problema que haya inversión extranjera. Lo que digo es que no hay que regalarle nada al extranjero que quiera venir acá. Perfecto, que lo haga, pero que se ponga y pelee igual que los argentinos. La inversión se hace acá.

-Krieger Vasena armó un acuerdo con multinacionales en un gobierno que presumía de nacionalista...

-Krieger hizo un acuerdo de caballeros con un conjunto de empresas, algunas multinacionales y otras que no lo eran. Funcionó. Hay que recordar que en el Austral congelaron los precios con otras variables pero no salió ni un inspector a la calle. Era obvio que la sociedad le reclamaba al presidente Alfonsín que hiciera algo, y cuando lo hizo, dijeron Ok, funciona. Nada que ver con el congelamiento de precios de Gelbard.

El club de los pagadores

-¿No hay sin embargo una política económica más allá de acuerdos sectoriales?

-La política económica es concreta en el término de medidas. Si ves al Estado como distribuidor del ingreso, aparece un club compuesto por los que pagamos los impuestos, con millones de tipos muy mal organizados. Pero el club de los beneficiarios del gasto público están mucho mejor organizados y así están las cosas.

-¿Y los cobradores de la política?

-La clase política cobra muy caros los servicios. Te doy un ejemplo, le mando unos mangos a Cáritas San Isidro y me llega un resumen con el destino que le dan a esos fondos. Ya no le presto demasiada atención. El 94 por ciento de lo que mando le llega a alguien y 6 por ciento deberían ser una secretaria, una línea de teléfono y una estampilla. Pregunta: de 100 mangos que mando de impuestos, ¿cuánto le llega a algún pobre?, ¿30 capaz?

-¿Por qué se menciona tanto a la pobreza y sigue creciendo?

-Tengo mis dudas con los números de la pobreza.Tenés 100 millones de planes sociales. Cada vez que el INdEC saca el informe de la pobreza al pie de página aparece una nota grande que dice: ojo que este informe está basado en la declaración que hace la gente encuestada sobre cuáles son sus ingresos, por lo que se sospecha que hay una subestimación fenomenal de los ingresos. La mala lectura de esto sería sugerir que digo que no hay pobres en Argentina, sería una huevada. Pero quisiera saber exactamente de qué estamos hablando. Porque el ser humano se las rebusca en todos lados: labura, hace changas, con los planes…

-¿Y qué pasa del lado de los que financian esa pobreza?

-Del lado del tipo que quiere hacer algo en el sector blanco de la economía hay un flor de problema: que después de pagar todos los impuestos te queda muy poca plata para invertir, y en cualquier lugar del mundo, con la parcial excepción de Estados Unidos, el grueso de las inversiones se financian con generación interna de fondos, no con crédito. Y a una tasa de beneficio de prácticamente cero tenés que esperar que la tasa de inversión sea baja. Por otro lado, en Argentina en este momento, no hay tantos buenos negocios que sean a prueba de todos los costos y los riesgos que tenemos. Eso explica por qué hay tan pocas inversiones. 

Juan Carlos De Pablo.

-¿Estás de acuerdo con que el país no mejorará la competitividad si no se hace una reforma laboral y por lo tanto no hay inversiones?

-Cuando mencionan la reforma laboral, digo ah sí, ¿me puede decir de qué está hablando? La impositiva, la médica, lo que se quiera, pero tiene que ser preciso. Ejemplo: acá abajo hay un bar en el que paran los abogados, porque a una cuadra están los juzgados laborales. Ellos dicen: que en Capital hay 80 juzgados laborales y 80 jurisprudencias distintas. Entonces, ¿los problemas son de legislación, de jurisprudencia, de qué estamos hablando?

-¿Un ejemplo?

-Cuando de 10 millones de jubilados, más de un millón son por problemas de invalidez, ¿parece joda, no? El tipo que escribió la ley ¿es un tarado? No creo, la ley debe ser parecida a la de otros países. Alguna junta médica está en la joda.  En consecuencia, la reforma es algunas juntas médicas no a la legislación. Quiero decir, hay que aportar al dirigente político que sea, al gobierno que sea, datos concretos: las reformas no se hacen en base a generalidades. Hay gente acá que dice que si no hacemos la reforma laboral morimos todos, y otros dicen que si la hacemos, morimos todos. Hablemos en serio: ideas concretas, proyectos de ley, o jurisprudencias, o lo que sea, que se pongan al servicio de un tipo que tenga la mala suerte de ganar la elección. Y capaz que alguna vez va a funcionar.

-¿Por qué no tenemos mercado de capitales? 

-Porque no dormirías de noche confiando que una cosa tan sagrada como tus ahorros para tus últimos años en algo que está localizado en Argentina. Las AFJP, que eran una buena idea, las sigo defendiendo, con todo esto se marchitaron, tenían un impacto sobre el mercado de capitales. Pero no las reflotaría porque una vez que se rompió la idea pierde credibilidad. Es como si me preguntaras hoy: ¿privatizaría Aerolíneas? Y no, porque la va a comprar un ciruja que va a pagar 4 mangos pensando que el próximo gobierno se la estatiza. La historia te va condicionando. Las herramientas, las propuestas, no se pueden hacer en el vacío. Hay días que las rompiste, lamentablemente, y capaz que en 200 años puedan existir, no se sabe, pero en este momento no. 

-¿Creés que una buena dolarización sería la solución?    

-Cuando dicen 'hay que dolarizar la economía', respondo, déjense de joder, cuando dicen 'hay que cambiar la cultura de los argentinos para que se olviden del dólar', también déjense de joder. Ya bastantes problemas tenemos con los problemas de un sistema bimonetario. Voy al bar de la esquina, tomo un cortado y le pregunto al mozo cuánto es. Ponele $90, le doy 2 dólares, los agarra y te da las gracias. Usás el peso como unidad de cuenta, el peso o el dólar para las transacciones, y el dólar como reserva de valor. ¡Ya está viejo! Los argentinos sabemos cómo tomar decisiones. Tu tía sabe, no necesita escucharnos para saber qué hacer.