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LA ECONOMÍA NO ARRANCA

Argentina 2019: La falta de trabajo no distingue entre humanos y robots

Jue, 04/07/2019 - 4:09pm
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En las terminales automotrices del país hay robots dando vueltas y mirándose las caras por falta de producción, al igual que lo hacen los mortales con mameluco. Es el paro (como le dicen los españoles a la recesión), que barre todo y ni siquiera perdona a las fábricas que exportan las tres cuartas partes de las unidades que manufacturan, como Toyota, el que está dejando a la gente sin trabajo. Sucede con la tapicera Sewtech, el frigorífico Mattievich, Molinos Cañuelas, Musimundo, AY Not Dead, Ayres, Cook, Wanama y Legacy, Agendas Citanova, Necxus, Grimoldi, Lácteos Verónica, laboratorio Elea, Ribeiro y la aceitera Viluco, entre los más recientes casos de cierres de plantas, convocatorias de acreedores, procedimientos preventivos de crisis y conflictos, en los cuales el denominador común es el despido. Que no fue 1 ni 2, sino 203.900 en un año. La malaria se extiende por construcción, alimenticias, retailers, supermercados, indumentaria, calzado, electrodomésticos, metalúrgicos y, por supuesto, automotores. Los problemas laborales han ido en aumento, a pesar de que sigue en pie la incógnita de lo que sucederá cuando irrumpan masivamente los autómatas, por ahora cajoneados por la debacle económica del día antes.

Ni los humanos ni los robots todavía encuentran los brotes verdes en el mercado laboral.
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Las malas noticias en el ámbito laboral se suceden a diario y ponen de relieve que la escasa actividad económica repercute directamente en la falta de trabajo e incide en el salario que la inflación carcome. 

Las últimas zozobras de mayor repercusión provienen de Carcarañá, Santa Fe, y la bonaerense Villa Flandria. 

El frigorífico Mattievich, que el año pasado se reabriera con la presencia del presidente Mauricio Macri, cerró la planta y quedaron en capilla 300 operarios, además de la inversión de Swift, para el caso de que no pueda seguir exportando.   

En el partido de Luján, en tanto, Sewtech, la empresa que desde el parque industrial de Villa Flandria, provincia de Buenos Aires, provee de tapizados a la automotriz Toyota, suma cerca de 260 trabajadores afectados por la baja en la producción de la industria automotriz.

La marca japonesa, que ocupa a 5.000 obreros en las plantas de Zárate y Campana, venía zafando de la debacle sectorial porque, a diferencia de sus colegas, exportaba el 75% de los vehículos que fabrica en el país, con la particularidad de que no dependía de las compras brasileñas. 

Pero, además, tanto la camioneta Hilux, al igual que el auto Etios, han venido liderando las escuálidas ventas domésticas.

La falta de respuesta de la demanda ha sido la causa de que cada vez más empresas se presenten en convocatoria de acreedores, al no poder cumplir con sus vencimientos de deuda. 

Fueron a la justicia comercial Agendas Citanova y también Necxus, que se dedica al e-commerce, dentro de una lista en la que se destacan retailers, supermercados, indumentaria, calzado, electrodomésticos.

Nada apunta a que la situación cambie demasiado en los meses venideros. Las tasas continuarán altas y los bancos seguirán recalificando a los que les deben. 

Molinos Cañuelas con sus 21 plantas en el país, Musimundo, las de indumentaria AY Not Dead, Ayres, Cook, Wanama y Legacy, son algunos de los casos más relevantes.

Grimoldi, Lácteos Verónica, laboratorio Elea, Ribeiro y la aceitera Viluco, entre otras, también atravesaron por la instancia del Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) a fin de achicar la plantilla de personal.

La construcción viene siendo una de las actividades más golpeadas por el parate. En junio se perdieron 3.000 empleos, en torno de un 10%, y no hay ni miras de que mejore hasta fin de año por cuanto el gobierno se quedó sin presupuesto para obra pública.

En la actualidad, la construcción ocupa a 400.000 obreros y dentro del sector privado, los mayores retrocesos afectaron a la industria metalúrgica, comercio, hoteles y restaurantes y actividades inmobiliarias, si bien hubo un leve incremento en la enseñanza privada.

La nómina total registrada

Datos del Ministerio de Producción y Trabajo dan cuenta que, de 203.900 puestos sacrificados en el último año, más de 141.000 corresponden al sector privado.

En abril nada más se destruyeron 15.000 que aportaban al sistema de Seguridad Social.

El inventario oficial que brinda la cartera registra que el sistema oficial totaliza 12.113.900 puestos entre asalariados del sector público y privado, monotributistas, autónomos y trabajadores de casas particulares. 

En marzo eran 12.128.900. O sea, 0,12% interanual menos.

Al tendal laboral que ha ido dejando la macroeconomía en los 3 años y medio de gestión de Mauricio Macri, que devolvió la tasa de desocupación a los dos dígitos, aún le queda pendiente develar la incógnita de cómo impactará la incorporación de las nuevas tecnologías en el aparato productivo, que es una corriente que se ha propagado en el mundo, y por ende en el empleo.

La robotización ya es un hecho en algunas industrias, como la automotriz, la petrolera, banca, comercio, almacenes, logística y servicios, si bien la recesión e inflación se constituyeron en el bosque que disimuló al árbol.

Los convenios laborales se flexibilizaron por acuerdos de partes, como fue el caso de Vaca Muerta, pero afectaron más los turnos, horarios, traslados, condiciones de trabajo en general, que la estabilidad de la mano de obra.

Aunque la reforma laboral no salió como ley sancionada por el Congreso, como pretendían las patronales, de hecho se fueron imponiendo por separado mecanismos que apuntan a lo mismo: se actualizaron convenios respecto a las nuevas tecnologías, se reconvirtieron tareas y funciones cuidando conquistas, beneficios sociales y condiciones laborales.

Intenta trasladar la experiencia de organizaciones sindicales europeas respecto a la capacitación y traslada a las relaciones de trabajo la modernización flexibilizadora. 

Al movimiento obrero organizado le preocupa alguna intención precarizadora que entrevé en la reforma laboral impulsada en parte por algunos políticos y empresarios sobre cuyo modelo de país para aplicarla discrepan: si será para 44.000.000 de argentinos con matriz productiva o será dedicada a 15.000.000 de compatriotas y, en esencia, será agroexportadora, como le atribuyen como intención al gobierno actual.

Pero también se deberían ir consumando, despejada la incertidumbre, las inversiones en transformación digital, que dentro de la región apuntan principalmente a México, Argentina y Brasil, siendo los países con más penetración de autómatas en la industria Corea del Sur, Singapur y Japón.

Para 2019 se espera que la cantidad de robots se incremente a 2,6 millones a nivel mundial, en el marco de un mercado que en ese momento supera los US$150.000 millones, según estimaciones de Bank of America Merrill Lynch. 

Los autómatas que amplían su dominio son la electrónica, la metalúrgica, la química, la del plástico y la de la goma.

La gran duda existencial que se viene planteando es hasta dónde la robotización reemplazará los puestos de trabajo para seres humanos. 

El escritor y periodista californiano especializado en tecnología, Brian Merchant, autor del libro “The One Device”, expresó en un artículo publicado en "Gizmodo" que "hay que ser muy claros: en este momento concreto, los robots no son entes capaces de buscar y solicitar tu trabajo y aprovecharse de sus ventajas competitivas". 

E ironizó: "no se encuentran en la trastienda de algún lugar conspirando para realizar trabajos humanos en masa. La decisión de automatizar el empleo no es tomada por ellos, sino por las administraciones” y buscan “reducir los costos de mano de obra humana, aunque también para reforzar la eficiencia y mejorar las operaciones y la seguridad". 

Para Merchant, las tensiones sociales originadas en el futuro modelo laboral no serán causados por el ingreso masivo de robots como mano de obra, sino por las decisiones empresariales que en muchos casos "implementan de forma incorrecta la automatización con sistemas que empeoran nuestras vidas y se vuelven más ineficientes".

Como para darle la razón, un reciente estudio de Accenture indica que “sólo 22% de las compañías industriales obtuvieron retornos de sus inversiones digitales que sobrepasaron sus expectativas”.

Enumera los 6 errores más frecuentes que impiden mejorar sus retornos de la innovación digital:

** Falta de alineación entre las gerencias altas y medias en la definición de valor digital y en las formas correctas de potenciar el talento, activos y ecosistemas;

** Deficiencias en la arquitectura tecnológica que dificultan la innovación colaborativa o la

** Falta de habilidades requeridas para identificar, articular, e innovar en la generación de

** Falta de una visión compartida sobre cómo construir y escalar el valor digital basado en datos entre los socios; 

** Ausencia de procesos y métricas para realizar un seguimiento sistemático de los

** Y Ausencia de una cultura que alimente el diseño y el desarrollo.

El exceso de personal no figura en el listado.