Leído

OSCAR LAMBERTO Y RODOLFO TERRAGNO

2 hombres de Estado y una Ley inteligente (21 años de la sanción del Monotributo)

Dom, 16/06/2019 - 9:34am
Enviado en:
0 comentarios

La iniciativa Monotributo fue la decisión más inteligente de política tributaria de los recientes 25 años (justo se cumplen 21). El resto sólo consistió en castigo al contribuyente, acciones para mejorar 'la Caja', resoluciones para aumentar el corset de la AFIP pero nada creativo y mucho menos inteligente. Muy oportuno el recuerdo de Guillermo LoCane, justo cuando los tecnócratas mediocres del Fondo Monetario Internacional pretenderían revisar la estructura vigente del Monotributo.

¿No podría repensarse el Sistema Simplificado como una ventana de oportunidad para el debate de una Reforma Laboral, que tanto necesita nuestra economía para mejorar su competitividad?

Contenido

Finales del siglo 20 en la Argentina. Corría el año 1998 y en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación del Congreso Nacional, dos políticos de alto nivel intelectual, dos verdaderos “Hombres de Estado” (presidente y vice-presidente de la Comisión), uno peronista, el contador público nacional Oscar Lamberto (hoy día auditor general de la Nación), y el otro de la UCR, el abogado y periodista Rodolfo Terragno (hoy día embajador ante la Unesco), ponían toda su capacidad al servicio de su tarea de legisladores, con el objeto de lograr la aprobación de una ley que era toda una novedad y en gran desafío: el Régimen Simplificado para Pequeños Contribuyentes – (en adelante, y para siempre “el Monotributo”).  

El debate en la Comisión fue intenso, cada uno, exponía lo suyo, sin renunciar a sus ideas, pero, y esto es lo fundamental, sin ponerlas como obstáculo del objetivo: Conseguir la mejor ley, que pudiera contribuir a la inclusión laboral, previsional y tributaria de millones de trabajadores que, hasta el momento, desarrollaban su actividad en la más completa informalidad (clandestinidad). 

Fue tan revolucionario el proyecto de ley, que el concepto (Inclusión) tomaba con esta ley, por primera vez en la Argentina, un formato real y concreto, no teórico. La ley salió aprobada por Congreso de la Nación en junio de 1998. Este mes de 2019 cumple su mayoría de edad. En sus primeros días de existencia, los anotados en el novísimo sistema fueron unos 330.000. Esa cifra está hoy multiplicada por diez. Me enorgullece haber formado parte del equipo asesor de esa Comisión.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que con todos sus defectos, frente a todas las críticas de sus detractores, es la única Reforma Laboral, Previsional y Tributaria que ha tenido éxito en la Argentina, y hoy está cumpliendo su mayoría de edad, para beneficio de millones de trabajadores que sin ella serían informales (clandestinos, no autónomos).

Por supuesto que tenía sus detractores. Poderosos, por cierto. Uno, la Burocracia Sindical, que no veía con buenos ojos, que se formalizaran trabajadores que no pagasen la cuota sindical. Y otro, la Burocracia Tributaria, reacia por naturaleza a toda novedad que altere el “status quo”.

También los tiene ahora: Nada menos que los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI), quienes, siempre atentos a las cuestiones de “Caja” (su única obsesión) incluyeron el tema en un “paper” que despertó inquietudes respecto del futuro del régimen. 

En unos párrafos referidos a medidas para una mejor recaudación impositiva que apuntale las cuentas fiscales, se señala que uno de los caminos es identificar (y, obviamente expulsar) a contribuyentes que están en el monotributo cuando deberían estar en el régimen general.

Es lo que en la AFIP (otro enemigo declarado del Régimen Simplificado) llaman desde hace años el "enanismo fiscal". Objetivo declarado de ambos: Terminar con el puente inclusivo pensado en 1998. 

Con la sanción de la ley se buscó: 

a) promover la incorporación al sistema de contribuyentes que operan en la economía informal, 

b) Simplificar y reducir el costo de cumplimiento de las obligaciones tributarias y 

c) Optimizar los recursos de fiscalización y control de la Administración Tributaria.  

A la sanción de “la mejor ley posible” dedicaron su esfuerzo e inteligencia dos verdaderos “hombres de Estado”, Lamberto y Terragno. ¿Fallaron ellos, o falló la implementación? 

El Sistema se pensó como un puente inclusivo que facilitara el tránsito desde la informalidad absoluta hacia la formalidad completa. 

El objetivo del Sistema no se estaría cumpliendo plenamente en la actualidad. ¿Falló la idea, falla la gente o falla el país? 

Antes de decidir su fulminación (por goteo o por decapitación) ¿no podría repensarse el Sistema Simplificado como una ventana de oportunidad para el debate de una Reforma Laboral, que tanto necesita nuestra economía para mejorar su competitividad?  

¿Dónde están hoy los hombres de Estado, qué, como aquellos dos, (un Peronista y un Radical), sin dejar atrás sus ideas, sean capaces de poner su inteligencia al servicio de una ley de relaciones económicas laborales a la altura de las exigencias de este siglo 21 globalmente tan competitivo? 

Y aprovechar el impulso y promover el debate de una Reforma Previsional y Tributaria en serio, pensada como política de Estado para los próximos veinte años.