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1 SEMANA DESPUÉS DE LAS PASO

Clave para Octubre: Fernández está reaccionando más rápido que Macri

Dom, 18/08/2019 - 9:23pm
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Unos hablan de la visita de un periodista macrista a Alberto Fernández con la bandera blanca desplegada (¿Luis Majul?) y otros de la visita de un empresario macrista (Marcos Galperín, de Mercado Libre, en dura batalla de su Mercado Pago con la banca comercial por el mercado minorista). Pero no se menciona el golpe de autoridad de Alberto F. durante la semana al descubrir la cercanía de Carlos Zannini a la sede de San Telmo: le mandó a decir que se marchara y no regresara más. Alberto F. no imagina ser el restaurador del antiguo régimen sino el constructor de uno diferente, aclaran sus amigos del PJ porteño. En tanto, afirma Claudio Chiaruttini, las menospreciadas y circunstanciales PASO diseñaron un nuevo mapa político que acrecentó la debilidad política que ya tenía antes de la elección Mauricio Macri, fruto de 38 meses de crisis económica; y expuso un panperonismo robusto, ambicioso y poderoso, que se prepara para volver al poder, quizás, para no irse durante una década o más. Ante esta nueva realidad, los operadores financieros actuaron en consecuencia; realizaron sus ganancias o sus pérdidas y despreciaron el riesgo argentino, tomando como base los dichos en campaña del propio Alberto Fernández y sus supuestas "espadas económicas"; además de lo hecho durante 12 años de gobiernos kirchneristas. Previsible.

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). El resultado de las PASO, además, causaron una redistribución del poder político en todas las fuerzas. Alberto Fernández surge con un liderazgo competitivo, aunque es temprano para saber si podrá dar por superada la etapa de poder de Cristina Fernández o si será ella misma la que decida que su tiempo finalizó y es hora de lanzar a Máximo Kirchner como su verdadera herencia política.

Sergio Massa ganó en la estrategia y el armado, habrá que ver el rol que se le asigna en un potencial Gobierno de Alberto Fernández, que en caso de ganar en Octubre y hacer las cosas más o menos bien, sin duda, puede tener planes de quedarse 8 años en la Casa Rosada. En ese tiempo, dentro del panperonismo, pueden pasar tantas cosas, que hacer cualquier proyección es, hoy, totalmente inútil.

María Eugenia Vidal fue aplastada por el “voto castigo” contra Mauricio Macri, y su futuro político, si es que lo quiere tener o si lo puede llegar a tener, es incierto. Será enorme el trabajo de reconstrucción de imagen que deberá hacer, más allá que algunos dicen que ella queda obligada a intentar volver a ganar la Provincia de Buenos Aires dentro de 4 años, y otros le aconsejan tomarse unas vacaciones para meditarlo.

Horacio Rodríguez Larreta, quien no tiene asegurado retener el poder en la Ciudad de Buenos Aires, pero en  estos días de virtual desconcierto de Macri hizo tándem con la Gobernadora bonaerense para tratar de salvar lo poco que se pueda salvar del macrismo, del viejo “Cambiemos” y del próximo a desaparecer “Juntos por el Cambio”. Y si gana en Octubre, en la Ciudad, sin duda intentará hacer la carrera presidencial en 4 años.

El futuro del viejo “Cambiemos” es incierto. Elisa Carrió anticipó hace mucho que, en Diciembre, se retira de la política. Una derrota en Octubre, ¿la  haría cambiar de opinión? Cerca de la chaqueña, lo ponen en duda. Por su parte, los radicales, en la voz de Alfredo Cornejo, dejaron en claro que una derrota en Octubre significará la ruptura con el macrismo, por lo menos, por algunos años; en un vano intento de supervivencia que nunca hubiesen logrado conseguir sin la creación de “Cambiemos” en 2015.

Si alguna vez Juan Schiaretti tenía planes de ser el líder de los Gobernadores peronista, eso es historia. Ahora, intentará retener el máximo poder en su provincia y tender puentes hacia Alberto Fernández. Lo único que le queda es transitar los próximos años con una provincia más o menos ordenada y facilitar la transición a su heredero, que por estas horas, comienzan a disputarse, entre otros, Carlos Alberto Caserío, Natalia de la Sota, etc. etc. 

Ocurre que las elecciones tuvieron tantos resultados impactantes, que las dimensiones del reacomodamiento del poder político recién comienzan a percibirse. Por ejemplo:

Horacio Rodríguez Larreta perdió toda la Zona Sur porteña y las villas, como el Barrio 31, donde el Frente “Todos” tuvo 64% de los votos y “Juntos por el Cambio” no llegó a 17 puntos porcentuales. 

En la Provincia de Buenos Aires, el macrismo perdió 5 de los 8 municipios del Gran Buenos Aires que gobierna, es volver a la situación pre 2015. Además, el corte contra María Eugenia Vidal fue muy importante en la mitad de los municipios controlados por radicales, macristas y vecinalistas cercanos al oficialismo, lo que implica que sus intendentes, ni siquiera trataron de salvar los votos de la Gobernadores bonaerense.

Pese a la derrota, el macrismo aumentó 3,2% el caudal de votos de 2015. Sin embargo, el kirchnerismo lo incrementó en 10,5%.

El fino arte de la negociación que desarrollo Alberto Fernández durante toda la campaña le permitió al Frente “Todos” ganar en 22 de los 24 distritos y, en el caso de los Gobernadores que llevaban “boleta corta”, desplazarlos y sumar más votos. Incluso, en la macrista Ciudad de Buenos Aires, el oficialismo hizo su mejor elección desde 2011.

Los “arrastres” tuvieron fuertes impactos. La fórmula Fernández -Fernández facilitó que un desconocido, en territorio bonaerense, Axel Kicillof virtualmente aplastara a María Eugenia Vidal, la figura política con mejor imagen de la Argentina, supuestamente. O que un desconocido como Matías Lammens hiciera mejor elección que alguna de las participaciones de Daniel Filmus en la Ciudad de Buenos Aires o que Mariano Recalde, quien salió 3ro. hace 4 años.

Esto sin incluir que un porteño, que nunca encabezó una boleta y sólo una vez obtuvo un cargo electivo, ocupando el 4to. lugar en una lista, Alberto Fernández, le sacara 15 puntos porcentuales al Presidente de la Nación, un hombre que no perdía una elección desde hace más de 15 años.

El problema son las próximas 10 semanas, hasta las elecciones Generales, dado que ambos polos de poder han desarrollado estrategia que poco ayudan a la gobernabilidad y a devolver la calma en los mercados. 

El cruce macrista y albertista debe ser leído en clave política, no económica. El lunes 12/08, el Gobierno apostó al desgaste electoral del kirchnerismo, usando la crisis como instrumento. El martes, hizo lo propio el kirchnerismo contra el macrismo. El miércoles y jueves, Alberto Fernández, le dijo a Mauricio Macri que dejara de hacer campaña y gobernara. Pero la Casa Rosada respondió con un paquete de medidas tardías, escasas y de alcance limitado que mostraban su intención de reaccionar. Entonces, volvió la campaña de desgaste de ambos lados de “La Grieta”, algo natural, dado que estamos en un proceso electoral en desarrollo.

Sin embargo, la velocidad de reacción de Alberto Fernández y su entorno es más ágil que el Gobierno. Es natural, el ex Jefe de Gabinete se sabe y siente ganador. Mauricio Macri, aún, no entiende por qué perdió, sino, no se explica que Marcos Peña siga en su cargo, y hubo que esperar casi 1 semana para que Nicolás Dujovne se fuera a contar los dólares que tiene en el exterior mientras aún Jaime Durán Barba prometa volver “en algunas semanas”, cuando Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Elisa Carrió no pidan su cabeza.

El Gabinete de Mauricio Macri venía necesitando una “oxigenación” desde hace más de un año y medio, pero el Presidente de la Nación se negó a tomar esa medida. También se negaba a “descuidar” las cuentas fiscales, para quedar bien con el Fondo Monetario Internacional, trató de frenar la devaluación del peso y buscó contener la inflación con tasas que ahogaron la economía. Bueno, todo lo que se negaba a hacer el Mandatario, al final, lo tuvo que hacer éll o lo hizo el mercado. ¿De qué valió tanta obstinación?

Las próximas 10 semanas serán de espiralización de la crisis, más si todas las fuerzas pugnan por forzar un adelantamiento de los plazos electorales que impone la Ley. Alberto Fernández debe seguir con su campaña para sumar más votos y Mauricio Macri debe armar un plan económico, algo que no hizo en los 38 meses que lleva en el poder. Las PASO mataron el “relato” macrista y potenciaron el “relato” albertista.

Hernán Lacunza tiene una tarea ciclópea por delante: Debe hacer esfuerzos ingentes para no convertirse en Jorge Wehbe ni en Jesús Rodríguez. Para ello, deberá contar un el respaldo de un Presidente de la Nación que deje de negarse a más cambios en el Gabinete y que acepte que lo hecho en 38 meses, no sirvió para ganar una elección. Después vendrá la negociación con el Fondo Monetario Internacional, los ajustes que deben hacerse en las políticas cambiarias y monetarias del Banco Central o en la creación de medidas económicas socioeconómicas.

Le guste o no le guste a Mauricio Macri, Hernán Lacunza debe “ordenar” la economía, si quiere el oficialismo intentar llegar a un balotaje. Pero ese ordenamiento, también servirá, de ser necesario, para una transición política. No es casual que Alberto Fernández le pidiera a Mauricio Macri que comience a negociar con el Fondo Monetario Internacional un cambio de programa de financiación, para dilatar vencimientos y exigencias macroeconómicas; justo cuando el Gobierno debe intentar mantener el actual, para que ingresen los más de u$s5.000 millones que están pendientes de giro desde Washington.

Pero la verdadera pelea se dará en un mes en el Congreso, cuando el Gobierno de Mauricio Macri deba presentar el proyecto de Ley de Presupuesto 2020, donde el kirchnerismo tratará de hacer todas las modificaciones que pidan Alberto Fernández y sus “espadas económicas”. Esa, será una pelea que la Casa Rosada deberá elegir si quiere pelearla (y desgastarse, en el camino) o si decide presentar un texto que, sabe, el 28 de Octubre, será modificado a pedido de lo que digan las urna.

Las menospreciadas y circunstanciales PASO no causaron ningún vacío de poder o problema de gobernabilidad. Lo que cambió es la distribución del poder político, entre la lentitud de Mauricio Macri por reaccionar y el apuro del kirchnerismo por volver al poder.