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NARCOTRÁFICO 2019

Curioso combate sin caídos (ni de un lado ni del otro)

Mie, 26/06/2019 - 7:43pm
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No hay heridos ni muertos en la guerra de Patricia Bullrich contra el narco. En México, El Salvador, Honduras, Colombia hay víctimas y victimarios pero en la Argentina no sucede nada cruento: ¿...? "Así como el año 2014 fue el año de consagración del Narcotráfico en Argentina, el año 2019 termina siendo el año consagración de la lucha contra el Narcotráfico sin tiros", afirma la sociólogo Laura Etcharren, especialista en temas de narcotráfico y narcocriminalidad. Sin derramamiento de sangre, es un un hecho histórico e inédito en la guerra contra las drogas en el mundo, agrega ella con una ironía implacable. Y esto ocurre "Especialmente, en fronteras", agregó.

Patricia Bullrich en Pedro Juan Caballero, Paraguay.
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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Soclauraetcharren). La máquina siniestra de utilizar al Narcotráfico como aparato de etiquetamiento delincuencial no sirve para ganar elecciones porque el narcotráfico es un proyecto de poder tentacular que trasciende cualquier utilización banal. Es un problema atroz y banalizarlo, solo lo alimenta. Lo estimula.

El narcotráfico también se alimenta de las vulnerabilidades sociales, especialmente en su expresión de Narcomenudeo, y también de la ignorancia de la clase política. Aquella que lo utiliza para etiquetar y demonizar personas y/o gobiernos sin el rigor probatorio. Sin medir los impactos.

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La lucha contra el Narcotráfico ha sido y es, un fracaso mundial reconocido. Tal vez porque la estrategia, durante décadas, fue el fracaso. Ocurre que el Narcotráfico, con cantidad de pasos más adelante, supo armar su circuito de postas para seducir, negociar y comprar cualquier plan que intentase voltearlo.

La tendencia mundial siempre fue de masacre reactiva y cuantitativa. De capturas internacionales para que los capos de las organizaciones criminales se convirtiesen en los repugnantes “sapos” de la DEA. La DEA, ese lugar emblemático y sobredimensionado. Observado, por los estimuladores del escritorio, como la panacea de un combate eternizado en el que siempre se perdió.

Pero los “sapos” no fueron suficientes para alcanzar los kilómetros de ventaja que los narcotraficantes le llevaban a la lucha. Tampoco los “sapos” se tragaban, acabadamente, las líneas de la negociación. Y ganar tiempo se convirtió en una premisa de base para que los eslabones de la cadena criminal continuasen y fuesen reproduciendo células por la geografía mundial.

Tan obvia fue la lucha contras las drogas en el continente, que los mismos cárteles se aburrieron y fueron ellos los que cambiaron el paradigma. Fueron, increíblemente, los cárteles de la droga los que le pusieron fin a la centralización de la información y la jerarquía para configurar una red de nodos en donde el derribo de uno, no implicase el derribo de todos.

Se trata de un sistema descentralizado en donde no hay absolutismo ni monopolio de poder personalizado. Hay, hábilmente, una apertura tentacular de manifestaciones y alianzas 2.0.

2019 es 1980

Tal como relataba en un trabajo publicado hace varios meses atrás, en nuestro país, el narcotráfico es combatido con la mentalidad y los métodos de los años ´80 y ´90. Como si la problemático no hubiese crecido. Como si no hubiese mutado. Como si se hubiese quedado sumergida en las márgenes de Pablo Escobar o El “Chapo” Guzmán.

En Argentina, el método sigue siendo reactivo cuantitativo, en un mundo en el cual, la globalización, también alcanzó al crimen organizado posicionado en la cúspide de un sistema recaudatorio favorecido por la falta de prevención, los grandes grupos de poder y los sectores desviados y conmocionados por el billete.

El narcotráfico supo, a su vez, constituir compartimentos estancos a través de un trabajo de ingeniería criminal sofisticado. Compartimentos tan aislados que, sin investigación criminal profunda y activación de inteligencia criminal, abordarlos y detectarlos para eliminarlos, se convirtió en una penosa expresión de deseo carente del reconocimiento de la realidad mundial.

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Desde este espacio, y para no perder el vicio colectivo de la comparación que persiste, siempre se ha destacado el reconocimiento de la problemática. Una problemática antes negada, minimizada al tránsito, o la particular sensación.

Sin embargo, después de tres años y medio de Cambiemos no hay transformaciones sustanciales más allá de la innegable e irreprochable, especialmente, incautación de marihuana.

Tres años y medio de un Ministerio de Seguridad sin cuadros, pero con una pasión enternecedora por el slogan. Aunque los mismos, sean conceptos límites. Utopías, o absolutos disparates producto de una alarmante y jactanciosa falta de trabajo en el territorio. Tres años y medio donde el plan de lucha se asentó, fundamentalmente, en la Gendarmería. Fuerza de preparación militar de la que se hace uso y abuso.

Una fuerza que en los últimos días asistió al bochorno delictivo interno pero detectado y en función operativa, por pares. Todo transcurrió en el puesto de control oficial de dicha fuerza en el bastión del narcotráfico de la cocaína de CABA donde siempre se encuentra marihuana. Mismos gendarmes, estoicos y decididos, detuvieron a un compañero por venta de estupefacientes. Es que los modos de seducción al interior de la villa, así como la necesidad de sobrevivir dentro de la misma, no son para cualquiera. Sobre todo, para aquellos que se formaron para otro tipo de ocupación y abordaje. Y fundamentalmente, para los débiles que no pueden sostener la extorsión narco. Una extorsión, que jamás terminó en la 1-11-14.

Las paradojas y la falta de inteligencia

Aumentó el consumo de alcohol y de cocaína pese a que el secuestro de la blanca es mucho menor que el secuestro de la marihuana. Se abrieron más mercados del paco, crecieron las cocinas de estiramiento y los laboratorios de síntesis. Comenzaron a asomarse nuevas drogas, nuevas clicas golondrinas pero Argentina va, irreversiblemente, hacia realidad de ser, un país “sin narcotráfico”.

Las clases de Estados Unidos estimulan la actividad onírica en el Ministerio donde el fuego amigo se retrotrajo por el bien de las compras de tecnología a Israel. Estados Unidos envía señales sobre la lucha contra el Narcotráfico que son pontificadas.

Tal vez, porque nuestro ministerio amigo desconoce que, en Estados Unidos, hay epidemia por consumo de opiáceos y las autoridades no activan medidas rígidas de control sobre laboratorios y farmacias. Tal vez, porque nuestro ministerio amigo no sabe que, si bien Estados Unidos logró evitar la formación de carteles locales, no pudo evitar absorber toda la muerte, en materia de sustancias, de dichas organizaciones. Y los altos niveles de consumo son, sin más y siempre, el fracaso de la lucha.

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Mientras vamos hacia una “Argentina sin Narcotráfico”, la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC) sigue acéfala. Una situación, como tantas otras, que se contradice con los slogans y el indiscutido compromiso de lucha.

La acefalía implica no explicar lo que habría que explicar. Una acefalia para evitar explicar, por ejemplo, cómo es posible que no se incaute la máxima pureza colombiana, ni el cripy colombiano. Explicar que el precio de la droga aumentó pero que conseguirla no cuesta porque el estiramiento de las sustancias abarató los costos para garantizar el mercado de consumo.

Explicar, en el marco del contrabando, que detrás de los bagayeros se encuentra la arenga de los sectores desviados uniformados que se llevaban el diezmo por cada bulto de pase.

La acefalía implica no explicar la mágica aparición de la droga rifada. Esa droga "enfriada" en montes sinuosos donde personal de Prefectura y Gendarmería aparece, intrépido y seguido por la intuición, a la caza del cargamento. Donde nadie custodia. Donde no se dispara, ni siquiera, para disimular.

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> La droga "enfriada" es uno de los métodos más rentables del Narcotráfico.  
> La droga "enfriada" es una estrategia adoptada por el Narcotráfico para no   perder la secuencia del negocio, sino para desviarla cuando es necesario.
> La droga "enfriada" le aporta al Narcotráfico más de lo que se cree. Es una  estrategia que está muy lejos de una pérdida económico productiva.
>  La droga "enfriada" es una muestra de impunidad del narcotráfico

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La lucha contra las drogas se presenta como un acto de campaña permanente desde el 10 de diciembre de 2015. Un acto en donde no importa si hay que hacer el ridículo. Lo importante, es que todo se viralice. Que se viralice la unidad de los ministros de seguridad (Nación y PBA) a pesar de que se midan con recelo, especialmente, después de la masacre de Avellaneda en donde la mugre fue compartida pero desviada, exclusivamente, a la Bonaerense.

Que se viralice la sistemática incautación de marihuana y que la menor incautación de cocaína y precursores sea exacerbada mostrando los métodos utilizados sin entender, después de tantos años, que la visualización del método se reproduce luego en el narcomenudeo y que en materia de narcotráfico lleva a la mutación complejizando así el trabajo de control.

Que se viralice, como si fuese un film de Hollywood, a la ministro Bullrich, con su exquisito vestuario casual chic safari, en medio de las plantaciones de marihuana de Pedro Juan Caballero. Cortando plantas, en actitud de “guerra”, compenetrada y escoltada por los vigorosos Gerardo y Eugenio.

Un enclave del narcotráfico paraguayo, Pedro Juan Caballero, que Argentina no lo divisa como tal, pero que suma para la foto en las redes sociales. Para mostrar que Argentina, aunque no tenga inteligencia criminal, también se suma a la Nueva Alianza, la de Brasil y Paraguay.

El peligro discursivo

Así como el discurso de bala penetró en las policías de mayor corrupción estructural, el discurso anti extranjero tergiversa el proceso de formación del narcotráfico en Argentina.

Argentina no puede explicar su norte sin la impronta de Bolivia y Paraguay. No puede entenderse, la dinámica norteña, sin el capital cultural aportado por ambos países que se fusiona con nuestro color local.

No puede entenderse, esa geografía, sin los usos y costumbres de nuestros límites mediatos. Y por eso mismo, no puede replegarse el discurso en etiquetamientos vulgares de características que rozan la xenofobia.

Tampoco puede comprenderse el delito si se desconocen las diversas líneas de la criminalidad organizada que nuestro país supo asimilar para conformar, entre otras cosas, un delito federal bajo fusión local/internacional. Porque así está conformado el Narcotráfico en Argentina: fusionado. La base local que supo ofrecer el espacio territorial y el tejido vulnerado, más las líneas internacionales que aportaron los métodos y los contactos de los mercados instalados y emergentes.

Cierre sin caídos

Entre el mito y la realidad, fueron por el mito con algunos escasos valores agregados de realidad. 

Un tour por la triple frontera garpa en las redes. E ir por el mito se presenta como lo más conveniente cuando no se tiene inteligencia criminal. Es que Argentina debe disimular los obscenos déficits investigativos y los vacíos de frontera con las llamadas Operaciones de Velo y Engaño. Se tratan, dichas operaciones, de que lo que viene por un lado se lo cubre por el otro. Es decir, un golpe del delito se tapa con un “golpe” al delito.

Simular la realidad de las células golondrinas del PCC (Primer Comando Capital) y el CV (Comando Vermelho), que entran y salen de los 3 países de la Triple Frontera, con un recorrido mega escenográfico de compromiso por la maleza. Haciéndole frente al peligro. En equipo.

Pero la realidad es inquieta e ingrata.

El Crimen Organizado no se conmueve frente a la cinematografía. Y cuando fuiste por el velo y engaño y regresaste al escritorio, te muestra que tenes a la línea afgana un paso adelante introduciendo hachís en Argentina. Pero no importa, porque como sea, vamos hacia una “Argentina sin Narcotráfico”. Sin sangre. Sin luxados, ni caídos.