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AJUSTE Y DEUDA ROBAN CÁMARA

“Desarrollo”, el tag que le faltaría al círculo rojo

Dom, 15/09/2019 - 1:38pm
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No sólo el populismo se abraza a la frase keynesiana de que “en el largo plazo estaremos todos muertos”. En los recortes de prensa de la recta final hacia el recambio presidencial se repite demasiadas veces el tag (etiqueta, en el argot googleano) “deuda”, con poco y nada de mención a “desarrollo”. Y, de algún modo, hasta suenan como dicotomías. No es un dato menor, cuando algo mal se habrá estado haciendo en más de medio siglo de gobiernos de distintos signos y procedencias institucionales para que el país haya acumulado poco y nada de crecimiento, permanente acompañado por una desproporcionada inflación en comparación con el concierto de las naciones. Los ajustes que sucedieron a las explosiones de los modelos ejecutados en distintas Administraciones, incluida la actual, se basaron en el principio de mantener “más de lo mismo”, atribuirlo a las herencias pero continuar indexándolo. Los aprietes monetarios y la recesión resultante han tenido el efecto de somníferos para la sociedad, de modo que los privilegios sectoriales (con los políticos a la vanguardia) se miren y se toquen lo menos posible, con lo que prevalece finalmente la facilidad de cortar hilos por lo más delgado, adosándole endeudamiento, mientras haya acceso, e inflación. La consecuencia amasada se advierte en los argentinos hayamos ahorrado en moneda extranjera el equivalente al total de la angustiosa deuda externa, una especie de sálvense los pocos que puedan. Tan clara la tiene la gran dirigencia que en ninguna de sus DDJJ aparecen empobrecidos. Para colmo de males, a esta altura tampoco los acreedores “se fuman” la factibilidad de un país que, lejos de poner por delante el desarrollo para atraer inversiones, sigue pidiendo prestado para perpetuar el statu quo. Un por ahora outsider de la agenda mediática que consume el círculo rojo, el investigador económico Ariel Coremberg, dejó claro el actual momento en la brevedad de un tuit: “Otra crisis más sin ajuste de la política, corpo sindical y empresarios prebendarios. Sin Justicia independiente no bajará riesgo país estructural”.

"La Argentina ha vuelto a caer en la crisis por la simple razón de que no ha cambiado demasiado desde la última debacle".
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El economista Ariel Coremberg tuiteó tras una entrevista que le hicieron en LN+: 

1. El Estado es impagable, 
2. No se puede cobrar más impuestos, 
3. Ni tomar más deuda, 
4. Ni emitir más pesos. 
5. El equilibrio se restablecerá por licuación inflacionaria... 

La proyección de esta contundente foto de inicio que propone para encarar la nueva etapa económica que se abre en el país, aún si sucediera un más que improbable triunfo oficialista en el comicio de octubre, ameritaría una salvedad: ninguna de esas condiciones sería posible si no se desengancha la indexación, que es el campo de batalla de la puja por el más que diezmado ingreso que deja el mandato que culmina.

El retroceso experimentado en julio por el Índice de Equilibrio Fiscal del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, que se calcula como el cociente entre los gastos y los ingresos totales, fue atribuido por su director, Víctor Beker, “a la escasa dinámica de los ingresos fiscales frente a un gasto creciente, motorizado por el pago de intereses de la deuda”.

En 2020 acecha con más de US$100.000 millones sobre la mesa, cada vez más lejanos del alcance de los impuestos que recauda una economía de signo recesivo como la vigente, aun con los parches preelectorales.

En la tabla que dio el CENE aparece que, en julio (previo a las PASO), los $453.734 millones que entraron no cubrieron los $375.867 millones que se gastaron, con los intereses financieros como protagonistas excluyentes del 17,16% que faltó para equilibrar.

En febrero 2019, el déficit había sido del 4,34%, cuando la administración del acuerdo con el FMI, gracias al bache indexatorio, daba mejores números, y hasta impregnó de triunfalismo las paredes interiores de la Casa Rosada.

Coremberg disparó más munición contra esta bicicleta fiscal y monetaria que se carga sobre las espaldas de la producción y el trabajo, en otro lapidario tuit, tras una charla con el periodista Maxi Montenegro: “Otra crisis más sin ajuste de la política, corpo sindical y empresarios prebendarios. Sin Justicia independiente no bajará riesgo-país estructural”. 

Pecado económico original

En la misma dirección, un funcionario clave del presidente Barack Obama, Mohamed A El-Erian, actualmente principal asesor económico de Allianz, escribió en The Guardian: "la Argentina ha vuelto a caer en la crisis por la simple razón de que no ha cambiado demasiado desde la última debacle"

Un modo de decir que hasta las crisis han sido indexadas en la azarosa historia económica del país. "Las autoridades argentinas sucumbieron a la misma tentación que hizo tropezar a sus predecesores. En un esfuerzo por compensar la lentitud de las mejoras, permitieron una deuda excesiva en moneda extranjera, agravando lo que los economistas llaman el ´pecado original´: un desajuste monetario significativo entre activos y pasivos, así como entre ingresos y deuda servicio", señaló.

“La práctica de la política económica argentina no incorpora los hechos estilizados de nuestra historia económica reciente”, complementó el director Centro de Estudios de Productividad y Coordinador del Proyecto ARKLEMS+LAND en conjunto con Harvard, en otro tuit tras ser entrevistado por Eleonora Core, en el programa de cable “Actualidad en Foco”. 

La política se ha ido indexando en el marco de la alternativa entre shocks o gradualismos de los ajustes que se hacen sobre la secuencia de las distorsiones heredadas que pasan de una a otra administración y explotan.

Avezado conocedor de las intimidades de las cuentas del Estado, el ex Fide, Aníbal Martínez Quijano, lo había expuesto claramente en una columna de opinión publicada en Urgente24 el 04/08/2019: "El país no tiene plan económico porque no hay planeamiento estratégico, ni tampoco Presupuesto", el cual, en consecuencia, "termina siendo una reiteración creciente de gastos de los organismos que integran el sector público" sin que se haya definido previamente "qué se quiere hacer y cómo actuar para modificar una estructura productiva distorsionada e ir solucionando las carencias sociales: un plan de desarrollo". 

De las erogaciones estatales que se presupuestan “a libro cerrado”, actualizadas por inflación y por tanto extendidas, el sector privado es un protagonista excluyente también: personas físicas y jurídicas reciben subsidios fiscales, financieros, arancelarios y prebendas consolidados con el tiempo como derechos adquiridos y justificados por contextos que la historia dejó atrás.

Sin embargo, sobre esta base se perpetúan reglas de juego productivas domésticas y en el Mercosur que van a contramano de la tendencia global, aún con la segmentación canalizada por los múltiples Tratados de Libre Comercio entre países, bloques y subbloques.

Como no se debate internamente la vigencia de la aplicación de este modo sui generis de inserción mundial, el eje de la cuestión pasa a ser quiénes pagarán los costos de mantenerse al margen, de acuerdo al poder de presión de cada corporación.

Siempre se llega por ese camino a una traducción económica del Fuenteovejuna (obra de Lope de Vega, en la que todos y ninguno mataron al comendador), una vez exprimida a punto de reviente la capacidad y tolerancia de los contribuyentes y el límite de los prestamistas: es la vieja historia de la inflación en Argentina.

En diciembre se inaugura una experiencia gubernamental signada por un endeudamiento que rebalsa las posibilidades de cumplimiento si se le frena de golpe la rueda de la refinanciación, con una actividad productiva en recesión, principalmente por el lado de las Pymes (el 90% de las generadoras de empleo), cuya reconversión a las nuevas tecnologías, para colmo, viene demorada porque requiere de inversiones antes que de créditos para no cerrar.

No parecería haber espacio para indexar todo como está, salvo con algunas diferencias encubiertas en reformismos genéricos, sino que es de esperar que “la política” asuma su responsabilidad de imparcial árbitro de los intereses sectoriales, con los propios como estandarte. 

Pero antes debería elaborar un plan económico de crecimiento con equidad e inclusión consensuados y sentarse con los acreedores para honrar los compromisos financieros que lo tornen en confiable, tanto para los ahorristas locales en dólares como para la comunidad internacional.