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MACRI VS. F&F

Elegiremos entre la dinastía de los peores

Vie, 24/05/2019 - 8:01pm
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La sociedad argentina aborrece el período de mayor inversión extranjera directa, mayor modernización de la infraestructura y menor inflación (los años '90) pero se efervoriza por una Grieta preelectoral entre dos períodos que fracasaron: el de CFK y el de Mauricio Macri. Difícil de entender a una opinión pública tan particular. Aquí una reflexión al respecto:

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Días pasados ante una consulta de un cliente extranjero le explicaba que entre 2001 y hoy,

> nuestro peso se devaluó con relación al dólar el 4.400%, pasó de costar $1, a $45.00/$46.00 a la fecha,

> la inflación de los últimos 10 años superó el 1.000%,

> el costo social se lleva el 70% del gasto total, por el 30% de pobreza explicita,

> el riesgo-país rondaba los 900 puntos y

> las tasas de interés estaba por arriba del 70% mientras que

> el costo de financiar una tarjeta de crédito excedía el 100%…

y asi le suministraba otros datos sobre nuestra realidad y lo que más le interesaba sobre la medida real de nuestro mercado.

Sin embargo, al tiempo que le mostraba esos datos, me di cuenta de cómo hemos naturalizado estos verdaderos desastres, al punto que parece que no sólo no nos sorprenden, sino que según las encuestas que circulan estaremos “condenados” a elegir al próximo Presidente entre quienes han protagonizada estos casi 20 años, sin contar los precedentes de los últimos 60, 70 80…

Visto la cosa asi, asusta.

Lo repito: hemos naturalizado esta barbarie, palabra que significa falta de cultura o civilidad. 

Sin embargo hasta ahora el menú electoral lo configuran quienes de un modo u otro nos gobernaron en los últimos 20 años.

Es cierto pueden haber diferentes responsabilidades, pero todos tienen algo que ver con ese grosero pasado de desaciertos.

Veamos:

Néstor Kirchner y Cristina gobernaron12 años;

Macri (si finalmente se presenta) gobernó 4;

Alberto Fernández fue jefe de gabinete durante casi cinco años;

Roberto Lavagna ocupó cargos públicos desde  el gobierno de Raul Alfonsín y luego a partir del gobierno de Eduardo Duhalde hasta que en 2005 fue eyectado por Nestor Kirchner;

> Sergio Massa, fue jefe de gabinete de Cristina durante un breve lapso de menos de un año, Intendente del conurbano bonaerense en el partido de Tigre y diputado;

Juan Manuel Urtubey fue un mediocre gobernador de Salta durante ocho años y perdió la última elección;

Miguel Ángel Pichetto estuvo al servicio del cristikirchnerismo durante sus 12 años de gobierno;  

Daniel Scioli estuvo presente desde el inicio de la era “K” y la Provincia de Buenos Aires que dejó en 2015 es suficiente ejemplo de la mala calidad de su gestión.

Es cierto, es difícil saber quién es el menos peor….

Pero como decían los viejos vendedores ambulantes “…y como si esto fuera poco…” ahora pugnan para convencernos que vienen para que todos tengamos un futuro esperanzador, ninguno tuvo nada que ver con el pasado, hasta lo exhiben como tiempo ganado, tanto los K como el mismo Macri.

Además, han entrado en una suerte de juego de “vanidades” para demostrar quién de ellos además podría ser providencial…

Ninguno tiene más capacidad que los otros para expresar lamentos y distribuir culpas  y agravios, sus discursos son solo enfáticos que, muestran una estudiada hipocresía y un mal disimulado cinismo.

Sin embargo creo que vale la pena tener alguna esperanza.

Emmanuel Álvarez Agis en una conversación con Jorge Fontevecchia proponía la necesidad de tomar fondos con asignaciones específicas, lo que podría significar que los recursos destinados al pago de  la deuda con el FMI, por un lapso de cinco a ocho años, se destinaran obras públicas necesarias como la extensión del ferrocarril hasta Vaca muerta. Otra buena propuesta instrumental que es la de establecer encajes para condicionar  el ingreso de capitales por lo menos a un plazo de 18 meses, para evitar financiar a la famosa bicicleta de la ganancia fácil.

Por último, el citado economista tiene una propuesta muy clara para mejorar el sistema previsional y aplicar un principio liberal que dice que las desigualdades sociales se acomoden de tal modo que favorezcan a todos. Esto significaría, con buen criterio, limitar por un tiempo quizás de 10 años los beneficios más altos y, por lo menos, garantizar a la gran base, alrededor del 65% del padrón de jubilados el acceso a la canasta familiar básica. Se trataría de ordenar los recursos previsionales actuales sobre principios de justicia. 

En vez de intentar estos parches que siempre benefician  a unos pocos y perjudican a todos los demás.

Martin Lousteau, si bien tuvo un poco feliz como fugaz paso en el segundo gobierno de Cristina, tiene también una cabeza interesante y una visión de la política económica sustentada en diagnósticos certeros sobre la actualidad y la necesidad de lograr acuerdos mínimos sobre prioridades y la forma de usar los recursos públicos, por cierto muy escasos para satisfacer la ola de reclamos de la sociedad cuya exigencia está por sobre las posibilidades reales del presente.

Maria Eugenia Vidal, comenzó a cambiarle la cara a la Provincia de Buenos Aires y es otra muestra de aire fresco en la política. Tiene el don de la sensibilidad  y la capacidad de ponerse en el lugar de los menos favorecidos de la sociedad, pero será casi imposible su continuidad si debe luchar por el lastre que le significa el nombre de Mauricio Macri en la boleta partidaria. 

Quizás en su momento confundió el nivel de lealtades, y no tuvo en cuenta que esas son con la gente, no con los dirigentes ocasionales.

Somos una sociedad con muy escasa dirigencia y sería saludable un debate entre Alvarez Agis, Lousteau y Vidal y algún otro que debe existir en los vericuetos de la política que podría  aportar ideas y medios para sepultar para siempre las causas que generan los  datos que se mencionan al inicio de esta nota.

De que nos puede servir un debate entre los posibles candidatos que circulan cuando todos ellos van con sus perjuicios como límite político o sus volteretas como virtud, se creen impolutos. 

Alberto Fernández hace mérito de haber  sido “ungido” por una suerte de diosa de la política, ignorando que le deberá culto a perpetuidad y que si piensa en alguna suerte de cisma, será incinerado sin piedad alguna.  

Roberto Lavagna cree que no debe participar en una elección interna porque sus rivales no son dignos…es el “llamado”, lo que no se sabe es quien lo llamó…

Mauricio Macri, porque es el actual Presidente (sic) como suele decir quien podría ser su verdugo preferido, Marcos Peña.

Sergio Massa, no sabe donde le conviene (a él) sentarse. 

En fin todos ellos conforman la dinastía de los peores y solo piensan en sus vanidades. 

Son nuestro peligroso agujero negro.