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CUENTA REGRESIVA PARA LAS PASO

Temor en los candidatos de una elección con 2 o 3 balotajes

Lun, 22/07/2019 - 9:20am
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Notable coincidencia de Claudio Chiaruttini con Gustavo Marangoni: ambos insisten en que hay mucho miedo en ambos comandos electorales. Los públicos electorales son los que están. Al votante kirchnerista no le interesa ni le mueve su intención de voto las acusaciones de corrupción sobre funcionarios de CFK. Pueden encontrar un contenedor repleto de dólares que no pasará nada. Otra cosa es si fueran 100 containers. Y al votante de Mauricio Macri no le importan los 'Panama Paper´s' ni una cuenta oculta o una empresa 'offshore'. El rechazo se impone al error del propio. ¿Y entonces? ¿Vale la pena tanto esfuerzo cuando los públicos electorales parecen bien definidos? Todo pasa por intentar quitarle lo que se pueda al tercer espacio.

La campaña electoral ingresa a una etapa definitiva, con una enorme presión sobre los binomios presidenciales.
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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Los nervios comienzan a ganar a los candidatos. Las encuestas son claras: La diferencia entre el Frente “Todos” y “Juntos por el Cambio” entró en terreno del error estadístico y ambas fuerzas crecen en un marco de hiperpolarización en desmedro de los otros candidatos, lo que hace parecer a las PASO, cada día más, a un balotaje; confirmando que, quizás, estemos en una elección que, en realidad, tendrá 2 o 3 balotajes.

** María Eugenia Vidal no sabe responder por qué crece la pobreza. 
** Alberto Fernández sigue peleándose con periodistas. 
** Axel Kicillof no puede contestar una simple pregunta de economía. 
** Cristina Fernández de Kirchner dice que ahora “proliferan marcas La Pindonga o Cuchuflito”, sin entender que muchas, son de Pymes que están creciendo. 
** Mauricio Macri sigue haciendo actos a los 8 de la mañana, cuando nadie lo ve. 
** Horacio Rodríguez Larreta sale a pelear contra “La Cámpora”. Demasiado ruido, pocos votos.

Quienes atacan incurren en un error: Creen que le hacen cambiar de opinión a un votante. Quienes destacan el error del contrincante incurren en otro error: Creen que aquellos que “mete la pata” pierden votos. El voto duro macrista no va a abandonar al macrismo. El voto duro kirchnerista no va a abandonar al kirchnerismo. Los indecisos e independientes no están volcando su voto a una u otra fuerza por un error, por un insulto, por un meme o porque le repiten lemas de campaña.

El clivaje dominante es antimacrismo vs antikirchnerismo. Los rechazos se imponen. En el fondo, se cumple la meta de Jaime Durán Barba: Los argentinos vamos a elegir entre candidatos y fórmulas de “menos malos y, en el camino de esa pelea agonal, las terceras opciones se mantienen por el simple interés de que esos candidatos puedan dañar a otros. Con Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey se intenta sacarle votos a “Los Fernández”. Fracaso. Con Juan Manuel Gómez Centurión y José Luis Espert se busca sacarle votos a Mauricio Macri – Miguel Ángel Pichetto. Fracaso.

Pero, más allá de lo que se ve en los medios, macrismo y kirchnerismo hacen lo imposible para sumar votos. La segmentación y microsegmentación se imponen. Ambas fuerzas usaron el 'big data' para conocer las críticas y necesidades de los votantes; y atacan donde más duele al contrincante. 

** El kirchnerismo se apoya en un pasado idealizado y promete que vuelve el asado. 
** El macrismo muestra lo poco bueno que tiene la gestión (las obras públicas), y evita hablar de economía. 

Tal como en las fotografías, se busca el perfil más hermoso. En el fondo, 80% de los votantes eligen su voto por razones emotivas.
    
A estas alturas, queda claro que ni los Gobernadores ni los “Barones del Conurbano” están apoyando en forma “entusiasta” las candidaturas de Alberto Fernández como de CFK.

En el oficialismo, los dirigentes radicales, salvo un par de raras excepciones (Mario Negri o Martín Lousteau) no participan de la campaña electoral. Ya había ocurrido en 2015, salvo el caso de Ernesto Sanz; y en 2017. Después, los radicales reclaman cargos y participar de las decisiones, pero en la campaña, sólo defienden sus territorios, y lo nacional se lo dejan al macrismo.

La última foto que le faltaba a Alberto Fernández era con la cúpula de la CGT. Hubo una intensa puja  para hacer que los medios de comunicación difundieran que la central sindical apoyaba al candidato del Frente “Todos”. Fue en vano. Puertas adentro, los gremialistas se sacaron la foto con el postulante, no se la iban a negar; pero que CFK dejara a los gremios de la CGT sin espacio en las listas y le diera preferencia a Sergio Palazzo y su Corriente Federal de los Trabajadores, evitó un declaración oficial de apoyo cegetista.

Axel Kicillof tampoco tiene el apoyo que necesita. Los “Barones del Conurbano” se sacan fotos con el candidato a gobernador bonaerense. Sin embargo, los rumores de corte de boleta obligaron a una nueva “cumbre”, convocada por Alberto Fernández, con los alcaldes bonaerenses y las candidatos de la fórmula en la Provincia de Buenos Aires, para “recordarles” que se espera que no haya grandes diferencias entre los votos que consigan la fórmula presidencial, la provincial y las municipales. Todos entendieron el mensaje.

Las brechas en el panperonismo existen, aunque no se vean. Imprevistamente, aparecen. Por ejemplo, muchos creían que con la ruptura del Peronismo Federal y la adhesión de la mitad de sus miembros a la candidatura de Alberto Fernández, el Gobierno ya no tendría éxitos en una votación. Sin embargo, esta semana que pasó, la Casa Rosada, con el apoyo de los Gobernadores, logró que el Senado aprobara el nombramiento de 14 jueces. En la sesión no estuvo presente Miguel Ángel Pichetto, pero igualmente, CFK no pudo imponer su voluntad.

Queda claro que Alberto Fernández ha dedicado el grueso de su tiempo al “armado” de la interna kirchnerista y su relación con los peronismos, antes que a diseñar su campaña electoral. Es cierto que tiene asesores y estrategas, pero el ex Jefe de Gabinete es el jefe de su propia campaña, arma su propia agenda y decide dónde ir o no.

Todo lo contrario que Mauricio Macri o María Eugenia Vidal, quienes cuentan con un equipo muy nutrido de asesores, un equipo que les arma “relato” y agenda; pero, al mismo tiempo, tienen que enfrentar duras gestiones, donde no abundan los éxitos que se puedan mostrar, más allá de las obras públicas.

El Gobierno tampoco se queda quieto. Tal como intentó acercarse a la “Familia Militar” con el desfile del Dia de la Patria, y a la clase media con la ampliación del Ahora 12; ahora fue más que evidente el intento de recuperar votos en la comunidad judía. Los estudios que había realizado el equipo de campaña macrista dejaron en claro que el malhumor contra Mauricio Macri era enorme. La economía, el principal factor. Sin embargo, consecuencia de que por el lado económico poco puede hacerse, más allá de mantener el carry trade, se apuntó a factores propios de la identidad de la comunidad.

Declarar organización terrorista a Hezbollah fue un guiño hacia la Administración de Donald Trump, pero sobre todo, hacia la comunidad judía. También lo fue 

** decretar Duelo Nacional el aniversario de la voladura de la AMIA, 
** aumentar las indemnizaciones a víctimas y familiares del atentado; 
** presentar el libro “Justicia Perseguirás” en la Casa Rosada, 
** firmar el dictamen a favor del proyecto de Ley de Juicio en Ausencia para los autores del golpe a la mutual judía; y 
** enviar medio Gabinete al acto que se realizó en la calle Pasteur. 

¿Y por qué Mauricio Macri no fue al acto recordatorio? No se iba a exponer a un escrache gratuitamente.

Mientras tanto, en las provincias comenzó una “batalla” por generalizar las “boletas cortas”. A Alicia Kirchner la dejaron sin el paño presidencial. En Córdoba, se intentó separar las candidaturas de “Juntos por el Cambio” del resto de la boleta. En Misiones, también se quitó el paño presidencial al gobernador. Primero se apuesta a jueces locales, poco imparciales; luego, a la Cámara Federal. Ahora, van todos hacia la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que difícilmente se involucre.

Los gobernadores de Santiago del Estero, Río Negro y Chubut estaban a la espera del fallo en Córdoba, dado que tenían planes de hacer pedidos similares. Pero, luego del revés que tuvo “Hacemos por Córdoba”, esperan un fallo de la Cámara Electoral para avanzar (o no) con su reclamo. Por su parte, hace dos semanas, el gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, intentó competir con una lista adherida a la boleta del Frente “Todos”, pero la iniciativa fue rechazada por la Justicia Federal chubutense.

No es los Gobernadores están tratando de superar el veto que tuvieron de CFK. Los pedidos judiciales salieron del cuartel de campaña de Alberto Fernández, tratando de debilitar al macrismo y de, ahora sí, superar el irracional comportamiento de su compañera de fórmula o el error de algunos gobernadores al jugarse por Sergio Massa o por la trunca Alternativa Federal. Es decir, la Justicia tratando de arreglar lo que se hizo mal desde la política. Por eso los fallos en contra.

Pero no sólo los fueros electorales están en la lupa. Se opera con todas las causas. Desde el 'Caso D´Alessio' al eterno 'Caso Los Sauces', pasando por el incierto futuro del juez federal Claudio Bonadío (¿es cierto que se jubila a fin de año?) al potencial jury contra Alejo Ramos Padilla. El kirchnerismo levanta la 'Causa Correo Argentino', el macrismo levanta las decenas de causas de corrupción pendientes de juicio. ¿Vale la pena tanto esfuerzo cuando los públicos electorales parecen bien definidos?

A decir verdad, al votante kirchnerista no le interesa ni le mueve su intención de voto las acusaciones de corrupción sobre funcionarios de CFK. Hoy, se pueden encontrar un contenedor repleto de dólares que no pasará nada. Otra cosa es si fueran 100 containers. Lo mismo que las causas contra el macrismo y sus funcionarios. Al votante macrista no le importan los 'Panama Papers', una cuenta oculta o una empresa 'offshore'. El rechazo se impone al error del propio. 

Por ese motivo, el clivaje es antimacrismo – antikirchnerismo. Para cada lado de “La Grieta”, el otro es siempre 10, 100, 1.000 veces peor que el candidato propio.

En el fondo, ni la corrupción, ni la Justicia, ni Donald Trump, ni el papa Francisco serán los “Grandes Electores” de esta elección. 

Si gana Alberto Fernández, será el fracaso económico del Gobierno quién le dio los votos. 

Si gana Mauricio Macri, es porque los argentinos siguen rechazando la corrupción kirchnerista. 

Así que 2019 será como 2015, pero al revés. El clivaje no político de esta elección es anticorrupción contra crisis económica. Valores vs. Bolsillo. No son los hombres ni los nombres, son lo que esos hombres y nombres representan para el votante.

Alberto Fernández apuesta al 'aparato' de los “Barones del Conurbano” y la fidelidad de los gobernadores. 

Mauricio Macri apuesta al corte de boleta a favor de María Eugenia Vidal. 

Roberto Lavagna, José Luis Espert o Juan José Gómez Centurión apuestan a que las encuestas están equivocadas. 

Tres dudas se imponen: 

** ¿Hay un voto vergonzante para alguna fuerza entre los indecisos? 

** ¿Cuál es el verdadero nivel de indecisos? 

** ¿Cuánta gente irá a votar? 

Estamos a un paso de que los candidatos caminen sobre el filo del ridículo para ganar un todo. En una lucha voto a voto, perder unos pocos, hace la diferencia en el resultado.