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¡BASTA DE GRIETA!

Yo polarizo, tu recontrapolarizas, él hiperpolariza: grotesca Argentina 2019

Dom, 14/07/2019 - 9:45pm
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La Argentina se encuentra tal como está (muy mal, pésimo) por la sumatoria de los años K y los años M. Pero resulta que más del 80% de los electores reivindica a los K o a los M. El triunfo depende del porcentaje que todavía no se inclina ni por los K ni por los M, pero ambos parecen querer obligarlo a elegir entre el fracaso de uno o el fracaso de otro. ¿Cuál es el futuro de una sociedad que gestiona el porvenir en estos términos? Muy interesante la columna que sigue:

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Desde el comienzo, el macrismo planteó como estrategia principal de la campaña polarizar. El kirchnerismo respondió ultrapolarizando.

Ahora, el macrismo quiere hiper-ultrapolarizar.

Sin embargo, en este proceso, el macrismo está kirchnerizando su discurso, mientras que Alberto Fernández está macrizando el suyo.

Incluso, en las propagandas electorales las semejanzas son notables, pero se diferencian fuertemente en las RRSS (redes sociales). ¿Se mantendrá esta estrategia las 4 semanas que quedan hasta las PASO?

Las encuestas son claras: ambos necesitan polarizar al máximo.

Las elecciones se encaminan a definirse en la 1ra. vuelta. En realidad, ni macristas ni kirchneristas quieren llegar al balotaje, dado que queda claro que el ganador se impondría por 2 o 3 puntos porcentuales. Una escasa diferencia que impide al ganador capitalizar el resultado políticamente.

Pero tampoco ganar en 1ra. Vuelta con 4 o 5 puntos de diferencia consolidará el escenario agonal político, salvo que en el bando perdedor, las fuerzas que la componen rompan los endebles pactos alcanzados y atomicen su poder electoral, tal como ocurrió con la “Alianza” que gobernó hasta 2001.

A un mes de la elección, las dos fuerzas dominantes revisan sus respectivas estrategias discursivas.

El macrismo

** victimiza a María Eugenia Vidal,

** Mauricio Macri enfrenta a los gremios y traza las diferencias con la gestión kirchnerista,

** Miguel Ángel Pichetto apunta a demostrar que el macrismo se abrió a otros sectores.

Todos buscan no sólo enfrentar al kirchnerismo, sino también, buscan los votos independientes y los de Roberto Lavagna, de José Luis Espert y de Juan José Gómez Centurión.

En el fondo, de esas tres “canteras” de votos saldrán los sufragios que pueden darle la reelección a Macri en un potencial balotaje.

El desfile del 9 de Julio fue un mensaje a la “Familia Militar”, tal como lo fue el anuncio que se revisarán los subsidios e indemnizaciones dadas a supuestas víctimas de la represión militar.

Macri se mete en la pelea entre La Bancaria vs. Mercado Pago (aunque hay grandes bancos apoyando al sindicato bancario porque dicen que el enemigo próximo es la banca digital con clientela propia, no la otra que para ellos no existe) o contra los gremios aeronáuticos para diferenciarse del kirchnerismo y satisfacer los reclamos de los votantes más antiperonista y antisindicalistas. Todo para sumar votos.

Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.
Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal: Hiperpolarizando.

Quien tiene la pelea más dura es María Eugenia Vidal. No sólo tiene que sostener la candidatura de Macri -que en el Gran Buenos Aires viene con hasta 8 a 10 puntos porcentuales de intención de voto por debajo de la Gobernadora- sino también, enfrenta un coro de figuras kirchneristas que la atacan y, los ministros de su Gabinete salen con goteros a responder, no siempre con datos duros y contundentes.
    
Pero lo que sorprende es cómo se trata de victimizar a Vidal, sobre todo en las RRSS, donde luego de cada posteo de la Gobernadora se suceden decenas de mensaje criticándola y ninguno que la defienda. Se hace énfasis en el ataque, no en la argumentación a favor. ¿Es la táctica propia para superar a Axel Kicillof, quien habla sobre macroeconomía tal como si fuera candidato a ministro de Economía, y evita los problemas de los bonaerenses, salvo algunas consignas de campaña? Raro.

Por ahora, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta ignoran a Alberto Fernández, ellos no quieren atacar su discurso moderado.

Por eso eligen como blanco a “La Cámpora”, a Cristina Fernández de Kirchner, a los sindicatos o los casos de corrupción.

Los 3 tratan de evitar pelear en el centro del escenario electoral, en donde se encuentra parado el candidato presidencial kirchnerista. Ignorarlo, además, es una forma de mantener la lucha agonal, la hiperpolarización que al oficialismo le permite ganar votos.

Por ahora, la campaña del macrismo no es nada propositiva. Precisamente fomenta la agonalidad, defiende la gestión con la inauguración de obras y se repite, casi hasta el cansancio, que el “plan” económico tiene resultados. Pero exageran.

Por ejemplo, Nicolás Dujovne celebra que  el 1er. Semestre, por primera vez en 8 años, se obtiene Superávit Primario por $30.000M, pero no aclara que esto se debe a $20.000M que giró el Fondo de Garantía Sustentable al Tesoro Nacional o  los $48.000M ingresados por la venta de la Central Eléctrica Barragán. Sin esos aportes, se habría terminado el Semestre con un déficit de casi $38.000M. ¿En serio Jaime Durán Barba y Marcos Peña creen que nadie analiza los números?

Por el lado del kirchnerismo, pese a que fue una semana cortada, también se trabajó en afinar las estrategias discursivas.

Alberto Fernández
Alberto Fernández: Buscando el centro.

Durante el fin de semana pasado, hubo una importante discusión en RRSS entre politólogos cercanos al kirchnerismo y todos coincidieron que se notaba una campaña desarticulada, fragmentada y con discursos contradictorios, en especial, los choques entre el discurso económico de Alberto Fernández y las del resto de los candidatos, sobre todo, Axel Kicillof.

Para unificar discurso, en las oficinas de la calle México, que ofician de cuartel general de Alberto Fernández, Santiago Cafiero, que actúa como virtual Jefe de Campaña del candidato presidencial, junto con Juan Courel, estratega en Comunicación Política; se reunieron con voceros de intendentes, dirigentes sociales, partidos políticos que integran el Frente “Todos” y algunos candidatos como Ofelia Fernández, Mariano Recalde, Pino Solanas y Victoria Donda. En total, unas 200 personas y se lanzaron los lineamientos generales del discurso que debe tener ahora la campaña K.

Se destaca el buscar empatía con el votante, tratar de aislar al Gobierno con frases como “en los temas principales, todos los argentinos estamos de acuerdo”; se pidió insistir que 4 años más de Gobierno macrista puede causar daños insalvables al país y al sistema productivo y ubicar a Alberto Fernández como el hombre que va a solucionar los problemas.

Pero entre los 200 presentes, también hubo quejas hacia el discurso que maneja el candidato presidencial kirchnerista. Se lo acusó de

** hablar para Wall Street,

** que sus ideas económicas son ortodoxas y

** le pidieron que hable de medidas heterodoxas,

** que reivindique el “Fútbol para Todos”, las estatizaciones que se hicieron durante el cristinismo,

** que denuncia la amenaza de aumentar los impuestos a los que más tienen,

** que prometa  subsidios para las Pymes y la congelación de tarifas públicas.

Al fin de cuentas, estas ideas son las que identifican al kirchnerismo ortodoxo, el que perdió en 2013, 2015 y 2017 pero el fracaso de Macri no pudo acabar, provocando la confusión de que las derrotas fueron coyunturales y  no estructurales. Esas ideas son las que tendrá que enfrentar Alberto F. si fuese Presidente.

En el fondo, se le pide a Alberto Fernández menos moderación, más dureza, no sólo contra Macri y Vidal, sino también hacia los aliados de “Juntos para el Cambio”, tales como los empresarios, los banqueros, el “Círculo Rojo”.

En pocas palabras, quieren que el candidato presidencial del kirchnerismo levante las banderas del kirchnerismo. Pero es injusto: a  Alberto Fernández se supone que CFK lo convocó para demostrar autocrítica o aceptación de muchas de las críticas que él le hizo desde 2009. Si hubiese buscado un K, no hubiese sido Alberto F. Esto tan simple, le resulta imposible de entender al militante K que todavía hace el duelo porque CFK no es la candidata presidencial.

La Cámpora
La Cámpora no entiende por qué perdió en 2013, 2015 y 2017, y no entiende que el país a gestionar 2019/2023 es muy diferente al nac&pop ortodoxo.

Hay que recordar que luego del lanzamiento de la candidatura presidencial, Alberto Fernández estuvo más de tres semanas mostrando sus diferencias con lo hecho por Cristina Fernández.

Ahora, reivindicar lo que antes cuestionó con buen criterio, parece complicado, y caería en una contradicción que desluciría su rol.

Él no debería caer en la trampa de los "imberbes" (así los llamada Juan Perón) que todavía no entienden cómo fue que perdieron el poder. 

Esta pelea interna discursiva era de esperar. Desde que se conoció que CFKno sería la candidata presidencial comenzaron las dudas sobre la “autonomía” real que tendría Alberto Fernández para desplegar su estrategia, su discurso y su potencial como candidato.

Pero en el kirchnerismo ha comenzado a preocupar el crecimiento en intención de voto de Macri y Vidal, que no los pone cerca de la reelección, pero es una tendencia que se enfrenta al virtual “techo” que parecen haber alcanzado las candidaturas del Frente “Todos”, tanto a nivel nacional como en la Provincia de Buenos Aires. 

¿Puede haber algún “cisne negro” en estas cuatro semanas que pueden cambiar la tendencia actual, que dice que el kirchnerismo se impondría en las PASO?

El Gobierno sigue apostando a la mejora del consumo, de las condiciones macroeconómicas, a la estabilidad del dólar, a la baja de la inflación y a que reaparezca CFK, tal como lo hizo durante el fin de semana desde Santa Cruz, donde desplegó un discurso duro, con el fin de apoyar la candidatura de su ex cuñada, Alicia Kirchner.

Por su parte, el kirchnerismo confía en hacer comprender a los votantes que la crisis es culpa del macrismo. Que no hay otra solución que sacarlos del poder, como castigo y como forma de solucionar los problemas.

Alberto Fernández promete poco, argumenta mucho. Sus estrategas dicen que, pasadas las PASO, vendrá el tiempo de las promesas.

De esta forma, tanto la campaña macrista como la kirchnerista usan como estrategia para ganar factores que no pueden manejar con certeza. El Gobierno espera la nueva versión de los “brotes verdes”, mientras impulsa el consumo con el Ahora 12 o con nuevos préstamos; y el Frente “Todos” espera que la dureza de la crisis y la unidad de todas las tribus peronistas consigan la primer derrota del macrismo en más de 15 años.

Donald Trump y Christine Lagarde.
Donald Trump y Christine Lagarde: Los 2 grandes electores de Mauricio Macri, que permiten a Juntos por el Cambio estar vivo en el comicio.

Tres preguntas, hoy, no tiene respuesta. Ellas son: 

** ¿Cuántos votos más puede sumar el kirchnerismo desde las PASO a las Generales?
** ¿Le alcanza al macrismo lo que sume entre las PASO y las Generales para forzar llegar al balotaje? 
** ¿Otra vez van a ser los indecisos los que van a definir la elección, como ocurrió en 2015?

La tercera pregunta tiene una respuesta segura: Sí, los indecisos van a definir la elección. Lo que nadie sabe es hacia dónde se volcarán esos indecisos. Se hacen especulaciones, proyecciones y ensayos con 100 o 200 personas, pero nadie puede asegurar 100% un resultado, lo que abre una duda enorme sobre el futuro de la elección si es que se llega al balotaje.

Por ese motivo el kirchnerismo quiere definir la elección en las Generales.

Es curioso, el macrismo prometa “más de lo mismo, pero mejor”. El kirchnerismo promete “lo que hicimos, pero mejor”.

En el “mientras tanto”, el macrismo ataca al kirchnerismo y el kirchnerismo muestra su desprecio hacia el macrismo.

Se pelean por el apoyo de los gobernadores o de los intendentes, de los medios o de los sindicatos. Todavía nadie tiene en claro cuántos votos tiene ni cuanto les faltan para ganar.

Aún hay casi 15 puntos porcentuales de votantes definidos que pueden cambiar su voto y entre 10 y 12% de indecisos por convencer. Nada está dicho.