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LOS GORDOS NO EXISTEN

La reforma laboral ya empezó y el FDT va por la sindical

Si alguien cree que una informalidad en torno al 70% no es una reforma laboral, que baje de la Luna.

A lo largo de las décadas, entre inflación, pobreza e indigencia, la Argentina no hizo más que hundirse poco a poco en la marginalidad y el campo laboral fue el primer afectado. Si alguien quiere creer que en la Argentina no hay una reforma laboral de hecho, está en todo su derecho, así como también está en todo su derecho a creer que existe Papa Noel.

Lo cierto es que la informalidad laboral alcanza a más del 70% de los trabajadores entre quienes están en negro; están en blanco pero cobran una parte en negro, por ejemplo, para no pagar Ganancias y aquellos en cuyas actividades están en blanco pero no declaran al fisco lo que realmente producen. Así las cosas, informalidad laboral, evasión impositiva y déficit fiscal forman un combo realmente explosivo para un país con una dirigencia política y sindical que ama el gasto excesivo pero no mueve un solo dedo por lanzar o imponer un plan económico.

Todo esto, por supuesto, afecta aún más a la caja de ANSES, de donde debieran salir jubilaciones y pensiones dignas para la sociedad, y también afecta a la caja de las obras sociales de los propios sindicatos, que no reducen sus gastos en función de la cantidad de afiliados y luego presionan a la Casa Rosada de turno para que les financien hasta los hoteles 5 estrellas y los autos de alta gama que los llevan y traen. Obvio: todos con nafta Infinia. Eso sí, YPF. ¡Nacional y Popular, carajo!

Hugo Moyano, quien tuvo la suerte histórica de ser beneficiado por Néstor Kirchner para liderar el sindicalismo argentino hasta que CFK le bajó el pulgar cuando su marido murió en medio del censo 2010, logró que sus trabajadores no paguen Ganancias en 2023 y, entonces, ahora el resto se pregunta cómo seguir porque, nobleza obliga, la clavó al ángulo para su sector.

¿Moyano temía estar al borde de un proceso agotado como en Independiente?

Reforma laboral: De los bonos de ANSES a los bonos laborales y los sindicalistas no existen

La realidad es que los Gordos ya no existen y la debilidad de la CGT es extrema al punto tal que hasta los troskos consideran que están en condiciones de ingresar a la cúpula. Juan Domingo Perón se levantó del cajón y se volvió a morir.

A decir verdad, la reforma laboral no es una discusión acalorada solo en la Argentina. España acaba de aprobar la suya y la Unión Europea en su conjunto analiza reacciones, causas y consecuencias. Colombia va por su propia reforma, al igual que México. También otros países la debaten si es que ya no la aprobaron. La pandemia marcó un punto de inflexión en la historia de la Humanidad y, de no hacerlo, temen terminar como Argentina.

Esto es como el dólar: si no se hacen las correcciones fiscales en un acuerdo tripartito, el mercado se encarga de licuar todo.

La reforma laboral se va a terminar generalizando, tarde o temprano, cuando sean cada vez más los sectores los que tengan sus propios convenios, como el caso de la construcción, metalúrgicos, automotrices, campo, minería. El punto es si la hace el peronismo del Frente de Todos o el peronismo de Juntos por el Cambio. Es más, el problema ni siquera es el trabajador sino el sindicalista/gremialista/delegado.

Por lo pronto, la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y el ministro de Economía Sergio Massa analizan a los actores y las jugadas posibles. Con el presidente Alberto Fernández rezando para terminar el mandato y aferrándose a un grupo de sindicalistas de la CGT tan choriplaneros como los que cortan la 9 de Julio, ellos van por el bono de fin de año.

En el fondo, estimado lector, está en disputa quiénes representan a los trabajadores y al electorado en general. En definitiva, quiénes representan y defienden realmente al Movimiento.

Ya quedó claro que a la CGT solo le importan las obras sociales. Muchos en el FDT dicen: "Ok, quedate con las obras sociales pero hagamos los acuerdos necesarios para abaratar costos y generar nuevas contrataciones que a futuro aporten a esas obras sociales. No podemos seguir tratando a las pymes como empresas grandes o multinacionales, siendo que el 70% de los trabajadores es pyme".

Los de la CGT no quieren ni una cosa ni la otra y ahora van por ubicar más sindicalistas en las listas a diputados.

Nunca fueron capaz de presentar un plan económico y lo único que hacen es cantar la marchita e ir a C5N o TN para criticar lo que está mal, acusan en el Instituto Patria, Tigre y otros puntos que integran el oficialismo e incluso la oposición.

Firmar paritarias por encima del 100% no es normal ni sano para una economía y las pymes insisten que no llegan a pagar semejante número. Ocurrirá otra vez lo mismo: la inflación estará por encima y el aumento general de los salarios será del 70% anual con toda la furia. Eso no es derecho ni calidad ni seguridad económica/laboral/de vida.

Entonces, Unidad Ciudadana y el Frente Renovador avanzan con un bono compensatorio que, sin dudas, el presidente Alberto Fernández deberá firmar en un decreto. No está en condiciones de oponerse porque, en todo caso, tiene que agradecer que le sigan diciendo formalmente presidente. Pero, de nuevo: ¿Quiénes cobrarán ese bono que puede ir de $20.000 a $40.000? ¿Los que están en blanco o también los que están en negro? La confirmación de todo esto es que hasta acá llegaron las paritarias.

Al fin de cuentas, si todo va a depender de los bonos de la Casa Rosada, ¿para qué están los sindicatos y los empresarios? Fin de época y que pase el que sigue. Ojo porque la inflación no solo licúa el peso argentino, muchachos.

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