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¿SALVADOR DE LA CAJA DE DÓLARES O PATO DE LA BODA?

El campo elige entre sembrar lo que cuesta menos y lo que paga más

Mar, 10/09/2019 - 12:30pm
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La agroexportación deparará este año más de US$24.000 millones en total, con una cosecha estimada en 147 millones de toneladas, las cuales habrían requerido de unos US$10 mil millones de inversión desde la siembra a la recolección. La próxima campaña ya iniciada podría repetir esos números de ventas y divisas e inclusive mejorarlos si, como se teme, claudica el aporte del maíz de USA en la oferta mundial y catapulta los precios después de marzo. La carta del campo tiene puestas todas las fichas de ambos lados de la grieta como recaudadora de los dólares que aliviarán el peso del reperfilamiento de la deuda que quien quiera sea el ganador en octubre debería instrumentar. Pero más que salvadores, los productores se sienten el pato de la boda, condenados a las retenciones bajo cualquier circunstancia en la cima del poder, y en pleno momento de decidir entre destinar la tierra en este ciclo 2019-2020 para el trigo, el maíz o la soja, sopesan por el lado del menor costo, es decir, la búsqueda de un riesgo menor al de depender de un precio internacional, con el tipo de cambio al que se pesificará y la quita de las retenciones que se apliquen. El maíz tiene una perspectiva tentadora de cotización, pero como exige una mayor inversión que la soja, muchos de los productores que en principio lo habían elegido, ahora se retraen y optan por la rotación trigo-soja.

En un artículo publicado en Reuters fuentes del sector consignaron que el valor de producción de una hectárea de maíz es de cerca de US$500, casi un 70% más alto que el de la soja.
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Aunque Juan Grabois hiciera hincapié en que los candidatos F&F no tienen en su agenda el proyecto de reforma agraria que él tiró, y conmocionó al campo, del repaso que hacen de las declaraciones de ambos no aparece por ningún lado un taxativo rechazo.

Sí, en cambio, pegó en el sector la franqueza de Alberto Fernández, al admitir ante los ruralistas que hoy no puede responder si deberá incrementar o eliminar las retenciones. 

En su lugar, el candidato a ocupar un prominente cargo en el manejo de la economía, Guillermo Nielsen, fue más explícito: "Con el problema fiscal que deja el gobierno de Mauricio Macri está muy claro que no podemos poner fin a las retenciones por algún tiempo. Esto realmente no es factible", sostuvo. 

En el frente oficialista contabilizaron a favor de sus chances electorales para octubre ambos mensajes y el propio presidente Mauricio Macri se mostró optimista de contar con el voto del campo, aunque haya sido su Administración la que violó la promesa de sacar esa quita fiscal a la exportación de granos e inclusive la terminó incrementando en el caso de la soja.

Hay actividades como la lechería donde, al decir del vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Jorge Chemes, quien no es precisamente un opositor, hasta le reservaría un voto bronca al gobierno, porque “la gestión no da para más”.

Y hasta le envió un mensaje a una eventual sucesión: “si no se otorgan incentivos, habrá que importar leche”. 

La incertidumbre agropecuaria, sin embargo, trasciende las urnas. José E. Bordón escribe en el diario El Litoral que “lamentablemente, frenará muchas decisiones, como la compra de maquinarias y tecnología”, y menciona “una encuesta orientada hacia el sector productivo en la cual la mayoría contestó que reduciría inversiones previstas, mientras los menos se inclinaron por achicar gastos de estructura”.

No es la mejor noticia proveniente de la mayor fuente de recursos de la economía nacional de la que se esperan los dólares para volver a empezar, sin importar a tal fin a quién prefiera al frente de la Casa Rosada.

En números redondos, este año se prevé que ingresarán más de US$24.000 millones por exportaciones agrícolas: casi US$5.000 millones por el maíz, US$17.200 millones por la soja y US$3.200 millones por el trigo, de acuerdo a los pronósticos oficiales. 

El complejo sojero, junto al automotor, maicero, petrolero-petroquímico y triguero (en ese orden), representaron 53,6% de las exportaciones argentinas en el período fuerte de liquidación de divisas.

El economista Luis Secco, ex Deloitte, planteó en Infobae el intríngulis en que se encuentra la balanza comercial: "Si pudiéramos dividir en grandes sectores quiénes tienen capacidad de generar dólares y quiénes no, rápidamente surge que el principal generador de divisas es el agroexportador. Después aparece un sector que había logrado superávit en su balance comercial, después dejó de serlo, y ahora aparece con alto potencial, como el energético de gas y petróleo; y luego hay un sector altamente deficitario que es la industria no alimenticia, que cuando comienza a crecer absorbe todo el excedente de dólares que obtienen los otros sectores".

Exportaciones concentradas

Por el lado de los ingresos, la torta de más de la mitad del complejo exportador nacional se repartió del siguiente modo:

** El sojero aportó el 24,7% (US$7.597 millones) por operaciones con ASEAN (mayoritariamente Vietnam e Indonesia), Unión Europea, India, “Magreb y Egipto” y China.
** El automotor, el 11,1% (US$3.378 millones), en baja del -6,4% respecto de 2018, con Brasil como principal destino.
** El maicero originó el 9,4%.
** El petroquímico, 8,5%.
** El triguero, 5,8%

Más allá de los interrogantes que atribulan a los productores y comercializadores de cosechas, la intención de siembra de la próxima campaña agrícola está jugada. 

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) estimó que en la ya concretada 2018/2019 se alcanzó el volumen récord de 141,5 millones de toneladas, con un área sembrada de 36,9 millones de hectáreas, y para 2019/20 prevé "un volumen similar" en torno de las 135,6 millones de toneladas, al tener en cuenta rindes tendenciales, sobre una superficie de 37,5 millones de hectáreas.

De las 141,5 millones de toneladas del ciclo finalizado, 115 millones corresponden a cosecha gruesa (soja y maíz principalmente) y 25 millones de toneladas a la fina (trigo y cebada), mientras que las restantes 1,5 millón de toneladas proceden de otros granos.

El trigo arrancó con todo, con un incremento del área sembrada del 5% respecto de la precedente, al implantarse 6,6 millones de hectáreas. La escasez de agua en algunas zonas trigueras hace dudar ahora de si se cumplirá el pronóstico de que se recolectarán 1,5 millón de toneladas por encima de las 19,46 millones de toneladas que se habían obtenido anteriormente.

El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación aún así es optimista y apuesta a un récord de 21 millones de toneladas, con un 8% de mejoría. "Estamos con un crecimiento sostenible según las estimaciones de siembra de trigo", indicó el titular de la cartera agropecuaria, Luis Miguel Etchevehere, quien no es productor entendido en el tema pero se supone que expresa un mixed entre la opinión de sus funcionarios y su pertenencia a la Administración Macri en campaña electoral.

La nueva metodología de cálculo de cada cultivo que aplica la Administración Macri procesando los anteriores resultados le hace pronosticar una producción de 57 millones de toneladas de maíz, cuando la bolsa rosarina registra 50,5 millones.

Aunque en el caso del maíz, las tribulaciones de los productores sobre si asumir mayores costos (y por lo tanto riesgos) implantándolo en los campos o rotar la soja con el trigo

En un artículo publicado por la agencia Reuters, fuentes del sector consignaron que el valor de producción de una hectárea de maíz es de cerca de US$500, casi un 70% más alto que el de la soja.

Pero, además, como la superficie permanece más tiempo ocupada por el cereal grueso, se prolonga también la incertidumbre.

El laboreo de la tierra empezaría sin que se sepa qué va a pasar con el dólar, con el financiamiento, con las reglas de juego en el sector y sin que se conozca el escrutinio que consagrará a las nuevas autoridades y, al momento de cosechar, todas las respuestas, para bien o para mal, estarán definidas. 

Hay ya estimaciones, tal como la hecha a la agencia británica de noticias por el director de la consultora Agritrend, Gustavo López, de que, en principio, se recortaría en 200.000 hectáreas el área planificada originalmente para el maíz, a 6 millones de hectáreas, mientras que la soja recogería esa superficie para llegar a los 17,7 millones de hectáreas, aunque recién en octubre se inicia la siembra de la oleaginosa y habrá que ver qué sucede.

La certeza actual es que Argentina es el principal exportador mundial del aceite y harina de soja, y el Nº3  de maíz.

Y que, con los resultados de la campaña 2018/19 a la vista, en todo caso, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) brindó un ajustado scorer entre los dos cultivos más importantes del país: 56 millones de toneladas de soja contra 48 millones de toneladas de maíz.

Pero, a la vez que las cuitas locales, los productores intentan desentrañar algo más que lo que podrían depararle al clima las corrientes del Niño, de la Niña y el calentamiento global: qué ocurrirá realmente con los precios internacionales si el USDA, finalmente, reconoce que la producción de maíz de USA termina siendo del orden de 330 millones de toneladas, bastante menos que la pronosticada inicialmente. 

El analista de mercados agrícolas, Enrique Erize, durante una conferencia ofrecida en Mercosoja, recomendó no entusiasmarse más de la cuenta y estar atentos a la suma entre la entrada de una gran cosecha sudamericana de maíz de 2da. y lo que agregue la estadounidense.

Hay antecedentes de cuando los precios explotaron, “aunque por un período limitado dado que posteriormente la oferta se recompuso”, advirtió el presidente de la consultora Nóvitas, e indicó a Reuters que en algún momento del 1er. trimestre de 2020, si se confirma un recorte importante de los stocks de maíz estadounidense, los precios del cereal podrían aumentar en USA ante la necesidad de racionar mercadería para destinarla a las necesidades de los consumos internos (fábricas de etanol, feedlots, tambos, balanceados, etcétera).

La lechería argentina, que atraviesa una interminable crisis sectorial e inclusive soporta una merma del 12% en el consumo interno, no es indiferente a la evolución que tenga el precio del maíz, el principal insumo para la producción, y el tipo de cambio que lo traduzca a su estructura de costos. 

Desde los 11.531 tambos en funcionamiento localizados en las llamadas cuencas lecheras de las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa y Santiago del Estero, que recibió Cambiemos (aunque CRA a comienzos de año contaba que había 80 mil) se llevaban cerrados 800 y otro golpe como el que se recorte en su horizonte, haría disminuir un 20% la producción de leche, con lo que además se pondría en riesgo el abastecimiento interno.

Y hasta la ganadería atraviesa también una paradoja: una sensible mejoría en los precios internacionales de la carne, la apertura de mercados como el chino y el estadounidenses que beneficia a los frigoríficos exportadores, pero un ciclo de liquidación de vientres por la asfixia financiera que afecta a la producción.