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DÍA DE LA INDEPENDENCIA

09/07/1816, cuando las Provincias pudieron trascender (fugazmente) a Buenos Aires

Mie, 10/07/2019 - 9:12am
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Por Urgente24

El 25/05/1810, los porteños habían elegido un gobierno propio, y destituido al representante de la monarquía española en el Virreynato del Río de la Plata, pero no habían logrado acordar casi nada con el resto del Virreynato.En verdad, el Acta de la Independencia fue el 1er. documento que selló el compromiso entre los Representantes de las Provincias Unidas (ex Virreynato) de vivir como una Nación libre y se declaran independientes de los reyes de España, su metrópoli y de toda dominación extranjera.

Contenido

La Revolución del 25/05/1810 fue un movimiento porteño, de destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, y establecimiento de la 1ra. Junta de gobierno, que no reflejaba a todo el Virreynato del Río de la Plata. Y cuando se intentó precisamente incorporar a todo el territorio -la Junta Grande- se fracasó estrepitosamente, un poco por falta de liderazgo, otro tanto por falta de proyecto, y también por falta de diplomacia.

El paso siguiente fue reducir la cantidad de personas en el Ejecutivo, para acelerar la toma de decisiones. Y así nació el Triunvirato, que tampoco fue una institución exitosa. En 1814 se pasó al Directorio Supremo. En el interín ocurrió la Asamblea del año XIII, en parte consecuencia de la Revolución de 1812 de la Logia Lautaro contra Bernardino Rivadavia más que contra el 1er. Triunvirato.

La Asamblea tuvo un inicio impetuoso y rápidamente fue mermando, en parte por decisiones del grupo dominante en Ciudad de Buenos Aires. No hubo declaración de independencia pero sí algunas herramientas para la gestión del Estado, una contradicción evidente.

Resultó que había soldados muriendo en el campo de combate por una Nación inexistente, sin tan siquiera voluntad de asumirse como independiente pero declamaba su libertad. Por este motivo fue fundamental el Acta de la Independencia, el 09/07/1816, en San Miguel de Tucumán.

La Logia Lautaro quería la jefatura del Estado para Carlos María de Alvear (tan personalista como Rivadavia) pero, por fortuna, el proyecto no pudo consolidarse y el 15/04/1815, asumió Ignacio Álvarez Thomas como Director Supremo interino, quien no era la panacea sino una extensión de Alvear pero concedió invitar a las provincias a elegir sus representantes para un Congreso que se reuniría en San Miguel de Tucumán.

Días de caos

El absolutismo monárquico estaba fortalecido en Europa: Napoleón Bonaparte había perdido en Waterloo el 18/06/1815. La Santa Alianza -Rusia, Prusia y Austria- reclamaba la restauración conservadora, y ofrecía un acuerdo a España para recuperar las colonias americanas. Otra fortuna: la negociación fracasó. Fernando VII concluyó que no necesitaba socios para alcanzar su objetivo.

Había una realidad incontrastable: los movimientos independentistas en América lucían agotados.

Bastante tuvieron que ver con la supervivencia del independismo, por diferentes motivos, Francia e Inglaterra.

Ambos comprendieron que las logías masónicas eran herramientas útiles para influenciar sobre las colonias americanas.

Por ejemplo, la Logia Lautaro (nombre propuesto por Bernardo O’Higgins en homenaje al caudillo mapuche Lautaro), cuyo objetivo principal era lograr la emancipación continental de la América española. La 1ra. filial de la logia fue en Cádiz en 1811.

Se trataba de una rama de la Logia Gran Reunión Americana o Logia de los Caballeros Racionales, fundada en Londres, en 1798, por el  venezolano Francisco de Miranda.

José Francisco de San Martín, quien se había iniciado en la masonería en la Logia Integridad de Cádiz, y pasó a la Logia Caballeros Racionales Nº 3 también en Cádiz, ingresó más tarde a la Logia Caballeros Racionales Nº 7 en Londres, fundada por Alvear.

Pero todas las teorías quedaron de lado cuando el 04/05/1814, Fernando VII disolvió las juntas de Cádiz, abolió la Constitución de 1812, restableció el absolutismo y ordenó un ejército de 10.612 hombres para la reconquista.

En principio, el objetivo era auxiliar a la plaza sitiada de Montevideo. La idea era un movimiento de pinzas, entre los desembarcados de Europa y una ofensiva desde el Norte a cargo del Ejército Real del Perú. 

Las llamadas Provincias Unidas era el movimiento independista sobreviviente y el Reino podía aniquilarlo. Otra vez la fortuna intervino: Fernando VII cambió de planes y envió la flota a un punto geográfico más cercano: Venezuela y Nueva Granada porque había ocurrido la revolución del Cuzco, en la retaguardia del Ejército Real. Y estaba en progreso la insurrección de las provincias de Costa Firme. Por si faltaran malas noticias, la Real Armada había sido derrotada en el Río de la Plata, y esto complicada la opción inicial.

Había una ventana de oportunidad para las Provincias Unidas aunque otro adversario estaba al acecho: la corte portuguesa instalada en Brasil, aliada de Inglaterra que tenía un objetivo: el librecomercio.

Un debate extraño

De pronto se profundizó un dilema: ¿Cuál era el sistema de gobierno apropiado para las Provincias Unidas en marcha?

Algunos promovían una acción intermedia, una libertad vigilada: que la infanta Carlota Joaquina Teresa Cayetana de Borbón y Borbóna (1775-1830) fuese pretendiente al trono de una Reino de las Provincias Unidas. 

Coherente con su ambición, Carlota -esposa del rey de Portugal, Juan VI, y hermana de Fernando VII- operaba en contra de los movimientos independentistas.

El asunto es muy turbio porque involucra a los propios congresistas de 1816, quienes acordaron actas secretas que, por ejemplo, avalaron la invasión de Portugal a la Banda Oriental para intentar quitar del medio al disidente José Gervasio Artigas.

Inglaterra, que ya que había perdido sus 2 invasiones de Buenos Aires, en 1806 y 1807, también respaldó esa invasión, según el historiador Felipe Pigna, citando al historiador portugués Caio Prado Junior. 

En cualquier caso estaba en grave riesgo el foco rebelde en el territorio del ex Virreynato del Río de la Plata.

En México había ocurrido el fusilamiento de José María Morelos, capturado por el coronel español Manuel de la Concha, en Temalaca el 05/11/1815. Juzgado por la Inquisición, fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, el 22/12/1815.

En Venezuela y Nueva Granada, la “expedición pacificadora” ordenada por Fernando VII en 1814, desbarató los planes independentistas. El general Pablo Morillo detuvo el avance de Simón Bolívar hacia Caracas, quien tuvo que refugiarse en Jamaica.

En Chile, los conflictos internos entre criollos habían llevado al desastre de Rancagua. Era posible invadir las Provincias Unidas desde Chile.

En el Alto Perú, el movimiento revolucionario cuzqueño fue desarticulado por el Ejercito Real del Perú. Y en su avance hacia el sur, el general Joaquín de la Pezuela derrotó a José Rondeau en Sipe Sipe, en noviembre de 1815, dejando liberada la frontera norte de las Provincias Unidas al avance de las tropas realistas.

En la Banda Oriental, las riberas del Río de la Plata y Paraná se había logrado vencer a la Armada Real en 1814. Pero habían llegado los portugueses. 

Los porteños temían y odiaban más a Artigas que a los portugueses.

Y algo peor: las disputas internas entre las distintas facciones que se disputaban el poder, se dirimían a golpes de mando, asonadas y presiones militares que provocaban cambios en el gobierno, encarcelamientos y destierros de quienes eran derrotados.

Las sesiones

El Congreso se reunió en una casa colonial de fines del siglo XVIII, ubicada en Calle del Rey N° 151 de la ciudad de San Miguel de Tucumán.

Fue elegida la ciudad de Tucumán por resultar el centro geográfico del antiguo Virreynato del Río de la Plata. Además, era imposible que las provincias aceptaran hacerlo en Buenos Aires.

San Miguel de Tucumán contaba con 13.000 habitantes. El casco céntrico de la ciudad eran 12 manzanas. Sus edificios principales, eran 4 iglesias y 1 cabildo.

Enviaron sus representantes las provincias de Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Catamarca, la Rioja, Mendoza, San Juan, Charcas, Chichas, Córdoba, Mizque y posteriormente Santiago del Estero y Salta.

Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental decidieron no enviar representantes. 

Pero Artigas, tal como le informó en una carta a José de San Martín, al frente de su Unión de los Pueblos Libres ya había declarado la independencia durante el Congreso de Oriente, el 29/06/1815, Concepción del Uruguay.

Tampoco asistieron diputados de Paraguay y del Alto Perú, con excepción de las ya nombradas Chichas o Potosí, Charcas (Chuquisaca o La Plata) y Mizque o Cochabamba.

La casa donde ocurrió el Congreso pertenecía a Francisca Bazán de Laguna, quien permitió que se realizaran reformas para la ocasión. Fueron derribadas paredes para conseguir un salón de 5 metros por 15 metros. Los muebles fueron un préstamo de la gobernación de Bernabé Aráoz y de los conventos de Santo Domingo y San Francisco.

El 24/03/1816 se inauguró el Congreso de Tucumán, que dedicó su mes N°1 a definir su funcionamiento, alcances y responsabilidades.

Pedro Medrano, diputado por Buenos Aires, fue el presidente provisional. Pero la presidencia era rotativa y mensual, aunque eran permanentes los 2 secretarios: Juan José Paso y José Mariano Serrano. 

Esteban Agustín Gazcón, Teodoro Sánchez de Bustamante y José Mariano Serrano, redactaron un plan de prioridades.

El primer tema importante fue la elección de un Director Supremo: el 03/05/1816 se decidieron por el coronel mayor Juan Martín de Pueyrredón, diputado por San Luis.

De inmediato él viajó a Salta para confirmar a Juan Martín de Güemes como comandante de la frontera Norte. Luego se reunió con José de San Martín en Córdoba, y respaldó el Plan Continental. A pedido de San Martín, regresó a a Tucumán y urgió a la Asamblea a tratar el tema de la firma del Acta de la Independencia. Recién entonces viajó a Buenos Aires.

El tema siguiente en Tucumán fue la forma de gobierno porque definía si habría independencia o no. 

La mayoría de los representantes se inclinaron por la monarquía. La única república vigente en el mundo eran los Estados Unidos de Norteamérica, y no se la consideraba un ejemplo válido.

Las tendencias monárquicas en las Provincias Unidas del Río de la Plata, es un tema que tratamos detalladamente, en el informe de la situación interior y exterior hacia 1816.

Manuel Belgrano, llegado de su fallida misión en Europa, informó a la Asamblea en sesión secreta del 06/07/1816: la moda eran las monarquías pero él dijo que "se haría justicia si llamáramos a ocupar el trono a un representante de la casa de los Incas."

Adhirieron a esta idea, San Martín, Güemes y los diputados altoperuanos, quienes propusieron un reino con capital en Cuzco, lo cual aseguraría la adhesión de los indígenas a la causa revolucionaria. Para Buenos Aires, imposible.

La independencia

La presión de San Martín, ya gobernador de Cuyo, y sus delegados se hizo insostenible para quienes dilataban la gran decisión.

La votación ocurrió el 09/07/18169, cuando presidía el cuerpo uno de los representante de Cuyo, Francisco Narciso de Laprida (diputado por San Juan). 

Ningún país reconoció en ese momento la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero era un riesgo previsible. También era necesario.

El 21/07/1816 fue jurada la Independencia en la sala de sesiones por los miembros del Congreso, ante la presencia del gobernador Aráoz, del general Manuel Belgrano, del clero secular, de las órdenes religiosas y demás corporaciones.

A partir de ese momento comenzó el debate por una Constitución, que recién concluiría en 1853... Sin duda, la Grieta es anterior a la Independencia, y no tiene que ver con fuerzas político-partidarias contemporáneas sino con la idea de qué rol debe cumplir este territorio en el mundo.

El texto

La declaración original en español se tradujo al quechua y al aimara, la traducción al aimara:

"En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de 1816: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados ¿Si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fixando en su virtud la declaración siguiente:

"Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas, y cada una de ellas, así lo publican, declaran y ratifican comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, baxo el seguro y garantía de sus vidas haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación. Y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración." Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios."

El 19/07/1816, en sesión secreta, el diputado Medrano hizo aprobar una modificación a la fórmula del juramento, con la intención de bloquear algunas opciones que se contemplaban en aquel momento. Donde decía «independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli», se añadió:

"...y toda otra dominación extranjera".