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MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

El único general que murió en acción de guerra contra un invasor

Lun, 17/06/2019 - 9:39pm
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Por Urgente24

Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte, hijo del español Gabriel de Güemes Montero, nacido en la región de Cantabria, Tesorero de la Real Hacienda de la corona española; y de María Magdalena de Goyechea y la Corte, de origen jujeño pero ascendencia española y portuguesa, es un héroe de la independencia argentina. La importancia de la acción de Güemes tuvo que ver con su destreza militar para la contención de los avances españoles, su fidelidad a la causa patriota y su recelo del centralismo porteño. Su rol fue similar al de otras figuras poco conocidas que complementaron la acción sanmartiniana, tal como la de Andrés Guaçurarí –el “Comandante Andresito”-, que frenó el avance portugués en la frontera con el imperio del Brasil.  

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Martín Miguel de Güemes tuvo 7 hermanos, destacándose él, su hermano mayor Juan -integró el Cabildo de Salta-, y María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida como Macacha Güemes.

Tuvo una educación importante para la época, gracias a que su familia era pudiente, que complementó con Manuel Antonio Castro.

Pero a los 14 años , él se enroló en el Regimiento Fijo de Infantería, que tenía un batallón en Salta desde la rebelión de Túpac Amaru II, en 1781.

En 1805 fue enviado con su regimiento a Buenos Aires, ya que el Virrey del Río de la Plata, Rafael de Sobremonte, temía un ataque inglés, que ocurrió en 1806.

En la Reconquista, quedó en evidencia su arrojo: cuando el barco inglés Justine encalló por una bajante repentina del río, Güemes dirigió una carga de caballería y lo capturó. 

En 1807 luchó en la Defensa de Buenos Aires. Después, Güemes cayó enfermo y en noviembre murió su padre. En 1808 volvió a a Salta, con los grados de cadete del Regimiento de Infantería y teniente del Cuerpo de Granaderos de Liniers.

Él padecía de hemofilia, una enfermedad genética que dificulta la coagulación de la sangre, lo que explica su particular desempeñpo en el campo de batalla: si era herido, no cicatrizarían. Es un dato relevante.

Su vida cambió dramáticamente en 1810, al abrazar la causa independentista, formando un grupo de caballería con el que se ubicó en Humahuaca, y que fue parte del Ejército del Norte, el encargado de vigilar a los españoles en la frontera de la actual provincia de Jujuy. 

Él participó en la victoria de Suipacha  (1810), colaboró con la retirada de tropas luego de la derrota de Huaqui (1811) y recuperó la ciudad de Tarija en 1812. 

San Martín lo nombró al mando de la vanguardia, reemplazando a Manuel Dorrego, a quien había sido sancionado y desterrado por indisciplina.

Desde su rol de general a cargo del “Ejército de Observación” cumplió un rol clave en la defensa de la frontera norte, sirviendo de barrera y de factor de distracción mientras José Francisco de San Martín y Matorras preparaba e iniciaba su campaña libertadora por Chile. 

San Martín le había encomendado la avanzada del río Pasaje o río Juramento, porque en sus márgenes el general Manuel Belgrano había realizado un colectivo juramento al gobierno de Buenos Aires, la Asamblea del Año XIII y la Bandera Nacional. Luego, Güemes asumió el mando de las partidas que operaban en el Valle de Lerma.

Güemes resultó un experto en el combate irregular, la guerra de guerrillas, más conocida como "Guerra Gaucha".

A órdenes del general José Casimiro Rondeau, nuevo jefe del Ejército del Norte, Güemes participó de la victoria en Puesto del Marqués. Pero a Rondeau no le simpatizaban los gauchos aunque tampoco podía mantener disciplina en sus propias tropas. Güemes se marchó pero al pasar por Jujuy se adueñó del armamento de reserva y Rondeau —también Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por la caída de Carlos María de Alvear— lo declaró traidor.

En Salta, el gobernador intendente Hilarión de la Quintana quedó sin autoridad. El único candidato era Güemes, cuyo hermano mayor, Juan Manuel de Güemes, integraba el Cabildo ese año.

Martín Miguel de Güemes fue gobernador Intendente de Salta (y Jujuy, Tarija, San Ramón de la Nueva Orán y otros distritos de campaña), y significó la autonomía de Salta respecto del Directorio porteño.

El cabildo de San Salvador de Jujuy no lo reconoció y Güemes avanzó con sus tropas hasta Jujuy, pero su relación con el gobernador local, Mariano de Gordaliza, siempre fue conflictiva.

Güemes se casó con Carmen Puch, de una familia poderosa de Rosario de la Frontera, con quien tuvo tres hijos (Martín del Milagro, Luis e Ignacio Güemes Puch). 

Luego llegó a Tucumán una fuerza en apoyo de Rondeau, al mando de Domingo French. Pero que tenía instrucciones de derrocar a Güemes al pasar por Salta.

Güemes le negó el paso hasta que French lo reconoció gobernador. Pero cuando llegaron a Humahuaca, Rondeau ya había sido derrotado en Sipe Sipe, por el general español Joaquín de la Pezuela, y fue la pérdida definitiva del Alto Perú.

Rondeau, enfurecido con Güemes, retrocedió a Jujuy. Con apoyo del teniente gobernador Gordaliza, se trasladó hasta Salta y ocupó la ciudad. 

Pero Rondeau fue rodeado por las guerrillas de Güemes, que le obligaron a firmar un acuerdo denominado Pacto de los Cerrillos, reconociéndolo como gobernador y encargándole la defensa de la frontera noroeste. 

Después, Rondeau fue reemplazado por Manuel Belgrano, quien se hizo nuevamente cargo del Ejército del Norte, ya con Juan Martín de Pueyrredón, en el Directorio. 

Pero no hubo más expediciones al Alto Perú. Las milicias gauchas pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, y así detuvieron 6 poderosas invasiones españolas.

Las milicias de Güemes contaban con una organización militar que se remontaba a 1815 cuando creó un cuerpo militar denominado "División Infernal de Gauchos de Línea", no autorizado por el gobierno de Buenos Aires pero que fue muy exitosa. 

Las milicias de Güemes contaban con un Estado Mayor y jefes territoriales, con apellidos poco conocidos pero de gran heroísmo: el ex jefe de la Caballería española y hacendado, el noble Juan José Feliciano Fernández Campero; y sus colaboradores, Juan José Quesada, el Comandante de Gauchos, Bonifacio Ruiz de los Llanos; y los capitanes indígenas Diego Cala, Juan Antonio Rojas y Agustín Rivera; y otros 2 militares españoles, los coroneles Manuel Almonte y Fuente y José Antonio Acebey.

También Francisco Pérez de Uriondo, Manuel Arias, José María Pérez de Urdininea, Bartolomé de la Corte, Domingo Arenas, Eustaquio Medina y José de la Quintana. José Ignacio Gorriti, Pablo Latorre y José Antonio Rojas. 

El frente de combate tenía una extensión de más de 700 kilómetros, la Línea del Pasaje, desde la localidad de Volcán, en Jujuy, hasta más allá de San Ramón de la Nueva Orán.

Güemes fue el salvador de la causa de la revolución en 1816, permitiendo que se realizaran las deliberaciones del Congreso reunido en Tucumán, enfrentado a Bernabé Aráoz, quien había proclamado una absurda República Tucumana, para crear un poder que negociara con los españoles. 

Aráoz apoyó a Güemes y trabajó por derrocarlo, en combinación con aristócratas y españoles de Salta.

Cuando el general San Martín lo nombró jefe del Ejército de Observación, Güemes solicitó auxilio a Aráoz. Éste se negó. Entonces Güemes se puso de acuerdo con el coronel Felipe Ibarra, que acababa de ser nombrado gobernador de la nueva provincia de Santiago del Estero, y con el coronel Heredia, quien pretendía el gobierno de Tucumán, para destruir a Aráoz.

Pero Aráoz logró deponer a Güemes, en el Cabildo Abierto del 24/05/1821; cuando un manifiesto se refirió a “la execrable conducta del gobernante”. En reemplazo de Güemes se nombró gobernador a Saturnino Saravia y comandante general de milicias al coronel Antonio Fernández Cornejo.

Güemes sdejó la campaña donde reunía nuevas fuerzas y se dirigió con una pequeña escolta a la ciudad de Salta. El vecindario armado y algunos escuadrones de gauchos lo esperaron en línea de batalla, en el campo de Castañares. Fiado en el prestigio de su presencia, y como si todo ese aparato no tuviera más objeto que el de deferirle una ovación, Güemes avanzó sobre sus gauchos. 

Los nobles gauchos, habituados a vencer a los españoles bajo las órdenes de su ínclito jefe, levantaron las armas al grito de “¡viva Güemes!” y lo acompañaron hasta la ciudad. 

Güemes manifestó su enojo pidiendo a los hacendados salteños algún dinero que repartió entre sus gauchos.

Sin embargo, los enemigos conocían que ya llegaban 800 hombres por las ásperas serranías de Tacones; descendiendo por un despeñadero peligroso a 15 minutos de la ciudad de Salta, para ocuparla por la noche. Pero el grueso de las tropas españolas se movía hacia Oruro, pero luego volvería sobre la quebrada de Humahuaca para acabar la ocupación.

En la medianoche del 07/06/1821, el coronel José María Valdés, alias "Barbucho", llegó a la plaza de Salta. Güemes había bajado de su campamento a la ciudad y recibía gente en la casa de su hermana Magdalena. Uno de sus ayudantes cruzó la plaza. La partida española le dio el alto: "¿Quién vive?", y al responderle: "La patria", abrieron fuego. 

Al escuchar las detonaciones, Güemes montó a caballo y se dirigió a la plaza seguido de su escolta. 

Hubo otro: "¿Quién vive?" y ante la respuesta "¡La Patria! ", hubo otra fuerte descarga. Güemes se retiró para ganar la campaña, pero otra partida realista que venía a sus espaldas, le hizo una nueva descarga.

Él siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad. Pocos días antes, recibió a 2 oficiales españoles enviados por Valdés que le ofrecieron trasladarlo a Buenos Aires, donde recibiría el mejor tratamiento, con la condición de ordenar el alto el fuego. 

Sin responder a los enviados y en su presencia, Güemes reunió a sus oficiales y les pidió que jurasen que nunca aceptarían ningún tipo de trato para beneficiar al enemigo en suelo patrio; pedido que fue respondido con el juramento de los oficiales y gauchos salteños.

A la herida, pudo añadirse una infección. La herida no cicatrizó correctamente. 

De acuerdo al general José María Paz, en sus Memorias, Güemes “despreció las seductoras ofertas de los generales realistas, hizo una guerra porfiada, y al fin tuvo la gloria de morir por la causa de su elección, que era la de la América entera”.

Pero la prensa contemporánea cubrió de injurias a Güemes: “Acabaron para siempre los dos grandes facinerosos, Güemes y Ramírez (escribían de Córdoba y transcribía La Gaceta de Buenos Aires). Murió el abominable Güemes…al huir de la sorpresa que le hicieran los enemigos con el favor de los comandantes Zerda, Sabala y Benítez, quienes se pasaron al enemigo. Ya tenemos un cacique menos…”.

Sin embargo, Vicente Fidel López, escribió: “(...) en 1816, Güemes había salvado a la América del Sur, detenido a la España en las últimas barreras que le quedaban por vencer. Cuando ya todo lo había avasallado, desde Panamá hasta Chiloé, desde Venezuela a Tarija, Güemes solo era el que había contenido el empuje aterrador de esas victorias, defendiendo con sus heroicos salteños el nido donde estaban formándose las águilas que muy pronto iban a alzar el vuelo con San Martín.”

Güemes murió el 17/06/1821, apenas tenía 36 años de edad. Estaba tirado en la Cañada de la Horqueta, cerca de la ciudad de Salta, en un catre improvisado por el capitán de gauchos Mateo Ríos. Su cadáver fue inhumado en la Capilla del Chamical. Martín Miguel de Güemes fue el único general argentino caído en acción de guerra externa.

Desde que supo de la muerte de su esposo, Carmen Puch se encerró en su habitación de la finca de familiar, falleciendo el 03/04/1822, a los 25 años.