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CULTURA Y CIVILIZACIÓN

La Pascua es una cuestión de libertad

Dom, 21/04/2019 - 8:06am
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¿Qué significa la Pascua? Una pregunta que, si no tuviese respuestas, al menos merece preguntas en un Occidente que lamenta que Oriente le dispute la iniciativa.
50 Había un hombre bueno y justo llamado José. Era miembro del Concilio Supremo judío, 51 pero no había estado de acuerdo con la decisión y las acciones de los otros líderes religiosos. Era de la ciudad de Judea llamada Arimatea y esperaba la venida del reino de Dios. 52 Fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 53 Luego bajó el cuerpo de la cruz, lo envolvió en un largo lienzo de lino y lo colocó en una tumba nueva que había sido tallada en la roca. 54 Esto sucedió el viernes por la tarde, el día de preparación,[l] cuando el día de descanso estaba por comenzar.

55 Mientras llevaban el cuerpo, las mujeres de Galilea iban detrás y vieron la tumba donde lo colocaron. 56 Luego fueron a sus casas y prepararon especias y ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús; pero cuando terminaron ya había comenzado el día de descanso, así que descansaron como ordena la ley.

Contenido

"Entonces Jesús les dijo a las multitudes y a sus discípulos: 
«Los maestros de la ley religiosa y los fariseos son los intérpretes oficiales de la ley de Moisés.
Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan."

Mateo 23:1-3
(La Biblia, versión NTV).


La Pascua tiene diferentes significados. En verdad, cada uno hace la Pascua que más desea

Unos eligen la Pascua de las minivacaciones que propone el feriado largo, curiosamente en el pasado una imposición del clero al Estado católico apostólico romano. 

Otros prefieren significados más trascendentes, que se disparan en varias direcciones. 

En esto, pues, consiste la maravilla del libre albedrío. Pero es necesario recordar, una vez más, que no hay decisiones sin consecuencias.

La Pascua cuentra una historia para los judíos y otra para los cristianos. Sin embargo, en ambos casos el tema es la liberación. 

En el caso de los judíos, es la liberación de la esclavitud en Egipto. Pero quedarse en esa escena puede resultar mezquino. 

La salida de Egipto fue hacia el desierto, hacia un intento de convivencia directa con su Dios libertador, que le daría leyes y ordenanzas preparándolos para el ingreso a la tierra de Canaán

Deberá afirmarse también que fue la salida hacia una enorme frustración porque esa generación que vió maravillas murió en el desierto por falta de fe en su Dios libertador. Hasta llegaron a construir un totem de metal con forma de becerro para adorar al pie del monte Sinaí.

Es interesante destacar que la liberación de Egipto ocurrió el día posterior a la plaga peor: la muerte de los primogénitos (con el profundo significado que en las culturas antiguas tenía la primogenitura) de aquellos hogares que no hubieran sacrificado un cabrito y pintado con su sangre el dintel de la puerta.

Una reflexión que se ha escuchado por ahí: el cabrito debían asarlo y comerlo rápido, listos para huir, acompañándolo con hierbas amargas y pan ácimo o sin levadura (el matzá), ¿por qué si la liberación tenía condiciones precarias, el Mesías debería llegar en gloria tal como se esperaba al menos en los tiempos de los rabinos Shamai (50 a.C.– 30 d.C.) y Hilel (110 a.C. - 10 d.C.)., contemporáneos de Jesús de Nazareth (4 a.C. - 30 d.C.)?

En el caso de los cristianos, la Pascua es la liberación del Mal.

Tanto el gran conflicto, que es anterior a la creación de la Tierra, según la Biblia (Libro de Job), como el conflicto doméstico (por llamarlo de alguna manera, el que relata el Génesis), requería el cumplimiento de la pena capital para la transgresión de lo que podría llamarse Ley Eterna, pero a la vez debía concretarse la esperanza en la redención. Un concepto contradictorio pero que, para los cristianos, lo resuelve el sacrificio, muerte y resurrección de Jesús, el hijo de Dios nacido entre los humanos.

Por supuesto que es una cuestión de fe, y no de obras, una cuestión nada baladí que se encuentra en el debate de octubre de 1517, el inicio de la Reforma (Martín Lutero).

Las simbologías podrían abundar en otros detalles pero para eso están los teólogos. Lo cierto es que la Pascua hoy día se encuentra en crisis tal como toda la civilización judeocristiana.

Sus valores fundacionales están cuestionados por la mayoría de sus propios integrantes, en parte porque no encuentran en sus líderes el testimonio que respalde las creencias.

Hay o un renunciamiento o un desconocimiento de los valores fundacionales y, a la vez, una incapacidad de encontrar otros de sustitución, si esa fuese su decisión. 

La advertencia acerca de la imposibilidad de construir civilizaciones sin valores es considerada con una frivolidad. Sin duda, una curiosidad que tiene su inicio en los propios cultos judeocristianos, que le concedieron a las tradiciones igual valor que los dogmas, desvirtuándolos, porque le convenía a alguna autoridad de turno.

Por ejemplo, a propósito de la Pascua cristiana, no merece reparo la cuestión de que Jesús permaneciera el sábado en la tumba cedida por José de Arimatea. Si su Padre es el dueño de la Vida, tal como se afirma, ¿por qué esperó a resucitarlo en domingo y no lo hizo el sábado de Pascua, con un Templo de Jerusalén repleto de creyentes?

El relato del médico historiador Lucas 23:50 a 57 es muy impactante:

"Había un hombre bueno y justo llamado José. Era miembro del Concilio Supremo judío, pero no había estado de acuerdo con la decisión y las acciones de los otros líderes religiosos. Era de la ciudad de Judea llamada Arimatea y esperaba la venida del reino de Dios. Fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Luego bajó el cuerpo de la cruz, lo envolvió en un largo lienzo de lino y lo colocó en una tumba nueva que había sido tallada en la roca. 54 Esto sucedió el viernes por la tarde, el día de preparación, cuando el día de descanso estaba por comenzar. Mientras llevaban el cuerpo, las mujeres de Galilea iban detrás y vieron la tumba donde lo colocaron. Luego fueron a sus casas y prepararon especias y ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús; pero cuando terminaron ya había comenzado el día de descanso, así que descansaron como ordena la ley."

Quienes observan estas cuestiones afirman que, en verdad, entre el origen (el libro de Génesis) las costumbres de los descendientes de Jacob aún en Egipto, la Ley en el Monte Sinaí, las enseñanzas de Jesús y su descanso antes de la Resurrección, hay una línea directa que fue modificada, sin embargo, porque convenia a los negocios de algunos obispos con el emperador romano Constantino I el Grande, quien el 07/03/321 d.C. ordenó que el domingo fuese el 'día del Señor', en reemplazo del sábado –'día de reposo'–.

Cuestiones para indagar y debatir en días cuando Occidente se lamenta que es arrasado desde Oriente.