Exterminando al yaguareté (¿por qué?

Exterminando al yaguareté (¿por qué?

La organización Greenpeace logró ingresar a la agenda colectiva la depredación por deforestación del Norte argentino, y en la destrucción del Gran Chaco, el yaguareté está desapareciendo, emblema de la grave situación.

 

INFORME El Sacrificio de Los Bosques Del Gran Chaco FINAL by Urgente24 on Scribd

El jaguar, yaguar o yaguareté es el mayor félido de América y el Nº3 del mundo, después del tigre y el león, la única de las 5 especies de carnívoros félidos de la subfamilia de los Panterinos y género Panthera que se encuentra en América: desde el extremo sur de USA (donde casi fue eliminada) hasta el norte y noreste de Argentina. Se asemeja en apariencia física al leopardo pero es de mayor tamaño, una constitución más robusta y su comportamiento y hábitat son más acordes a los del tigre.
El yaguareté es solitario, y caza tendiendo emboscadas, muy oportunista a la hora de elegir las presas. Muy importante: es una especie clave para la estabilización de los ecosistemas en los que habita; al ser un superpredador, regula las poblaciones de las especies que captura. Pero está calificado como «especie casi amenazada» y su número está en declive por la pérdida y la fragmentación de su hábitat.
Si bien prefiere las selvas densas y húmedas, puede acomodarse a una gran variedad de terrenos boscosos o abiertos. En cualquier escenario, su presencia está estrechamente asociado a la presencia de agua y destaca, junto con el tigre, por ser un félido al que le gusta nadar.
Yaguareté provienen del guaraní 'yaguar' ('fiera'), y 'eté' ('verdadero'). Tiene un peso de hasta 96 kilogramos, aunque hay registros de machos de hasta 158 kg (aproximadamente como una tigresa o una leona). Su longitud varía hasta los 183 cm y la cola puede añadir 75 cm más. Su altura hasta los hombros es hasta 76 cm.
Greenpeace denuncia que los yaguaretés del Gran Chaco dependen de territorios muy grandes (400 a 2.900 km2), pero más del 20% de los bosques del Chaco (142.000 km2) ya fueron convertidos en pastizales y tierras de cultivo, reduciendo la biodiversidad de los mamíferos más grandes. A su vez, los grandes depredadores del Chaco, son cazados por ganaderos, por el riesgo para sus ganados. El ecosistema está en riesgo por la intervención del humano.
El yaguareté cazó un tapir. Un ejemplar adulto puede arrastrar 8 metros un toro de 360 kilogramos entre sus mandíbulas y pulverizar los huesos más duros, o arrastrar a una tortuga de mar de 34 kg a lo largo de más de 90 m en la profundidad de un bosque.​ Puede cazar animales salvajes que pesan hasta 300 kg en el interior de una selva densa y su físico corto y robusto es una adaptación a sus presas y ambiente.
El yaguareté sorprendió a un caimán. Los ejemplares adultos tienen una mordedura muy potente, incluso en comparación con otros grandes félidos: perfora los caparazones de reptiles acorazados como las tortugas. El yaguareté utiliza un método poco habitual para matar: ataca la cabeza de la presa entre las orejas para propinar un mordisco letal que atraviesa el cráneo con sus colmillos alcanzando al cerebro.
Las hembras alcanzan la madurez sexual entre los 12 y 24 meses de edad y los machos entre los 24 y 36 meses. En estado salvaje se aparean durante todo el año, aunque el número de nacimientos se incrementa durante la estación lluviosa, cuando las presas son más abundantes.​ El celo de la hembra dura 6 a 17 días de un ciclo completo de 37 días; e indica que es fértil con marcas odoríferas urinarias y una mayor vocalización. Durante el cortejo ambos sexos cubren un territorio más amplio del habitual.
Los adultos sólo se encuentran para el cortejo y el apareamiento. Ambos sexos cazan. El territorio de las hembras es de hasta 40 km2, pueden superponerse, pero suelen evitarse entre ellos. Los de los machos cubren el doble de superficie. Se producen combates entre machos por las hembras, pero en estado salvaje se ha observado una tendencia a evitar los enfrentamiento. Es un animal crepuscular (su mayor actividad se desarrolla al amanecer y a la puesta del sol).
Las poblaciones remanentes de yaguaretés están asociadas a la presencia de áreas protegidas o de zonas inundables con baja densidad humana y poca deforestación. Estudios detectaron una gran diminución poblacional en la ecoregión del Chaco Seco argentino, con probabilidad de extinción. A pesar de su estado crítico, 81.000 km2 de la región chaqueña semiárida aún tendría potencial para albergar al yaguareté. Esta porción de territorio cuenta con solo 7 áreas protegidas, 6% de la superficie de la región.
No se entiende cómo es que el Estado argentino decidió utilizar al yaguareté para los billetes de $500, supuestamente demostrando un interés en la preservación de la especie, pero nada está haciendo para protegerlo de la deforestación y explotación agropecuaria en el habitat del félido.