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MAL DE NUNCA ACABAR

El acuerdo "de paz" (que no es) y que está condicionado por el narcotráfico

Mar, 07/05/2019 - 6:30pm
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Por Urgente24

El negocio del narcotráfico aumenta en todo el mundo y parece sin control. En 2016 en Colombia se logró un acuerdo de paz, pero la paz se logra si no se toca el negocio narco, del que las FARC tiene mucho manejo. La transición a la vida política de las FARC no supuso el fin del narcotráfico en Colombia, ni mucho menos, ahora solo cambiaron el mapa de la ruta narco apara tratar de suponer que en Colombia hay paz.

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El narcotráfico ha sido el combustible de la violencia en Colombia desde hace décadas, especialmente gracias a su capacidad de proveer los recursos económicos para la guerra interna.

Desde el inicio de los diálogos de paz entre el expresidente Juan Manuel Santos y la guerrilla, en 2012, los cultivos de coca en Colombia no han dejado de aumentar. En 2012 la superficie sembrada era de 47.490 hectáreas, según las cifras de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), y en cinco años se multiplicaron por más de 3,5. En 2017, el último año registrado por la entidad, las hectáreas de cultivos ilícitos eran 171.000. Desaparecieron las FARC, pero la demanda de cocaína no ha disminuido y otros actores armados han ocupado rápidamente su lugar.

Incluso, según el Ministerio de Defensa colombiano, las Farc manejan el 60% del narcotráfico y tendrían vínculos con carteles internacionales.

Se cree que la relación entre las Farc y el negocio del narcotráfico se viene dando desde mediados de los años 80.  Según analistas, comenzaron con el impuesto de gramaje, después entraron en el tema del cuidado de los cultivos y posteriormente empezaron a tener cultivos propios y a participar en la comercialización.
 
Negocio que está documentado en varios computadores que han sido incautados a jefes guerrilleros como ‘Fabián Ramírez’, ‘John 40’ y los abatidos jefes ‘Raúl Reyes’ y ‘Alfonso Cano’. En ellos están detalladas las zonas donde se encuentran los cultivos, los coordinadores para su tráfico y las rutas que son utilizadas para sacarlas del país.

La alianza narcoparamilitar fue una de las causas del recrudecimiento de la violencia en el conflicto armado, igual que la creciente participación de las FARC en el negocio de la droga. A partir de la década de los 90, “las FARC empezaron a tener una mirada de todo vale”, explica el analista del International Crisis Group, Kyle Johnson, ante la necesidad de generar ingresos para el combate. Algunos frentes empezaron a implicarse de manera directa en la comercialización de la cocaína y a ocupar un lugar “más alto en la cadena del narcotráfico”, apunta el analista de Crisis Group.

Con un control amplio sobre las diversas fronteras de Colombia, la guerrilla podía sacar el producto hacia Ecuador, Venezuela, y Panamá. Las diferencias entre los distintos frentes se agrandaron, creando algunos bloques más ricos y más implicados en el negocio de la droga, y otros con menos recursos económicos.

Según cifras publicadas por el profesor Jerónimo Ríos en Breve historia del conflicto armado en Colombia, el narcotráfico llegó a suponer entre el 40% y el 50% de los ingresos de las FARC en sus últimos años.

Fuente: esglobal

El nuevo mapa del narcotráfico:

Sin embargo, la transición a la vida política de las FARC no supuso el fin del narcotráfico en Colombia, ni mucho menos. El investigador de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), Juan Carlos Garzón, asegura que desde el inicio de las negociaciones entre la guerrilla y el gobierno de Santos “se empezaron a reacomodar los actores ilegales” en los territorios que había ocupado el grupo insurgente, una dinámica que se consolidó con la dejación de las armas definitiva. 

La redistribución de actores ilegales en el narcotráfico no se dio de manera uniforme en toda Colombia. En algunos casos, se “transfirieron las capacidades que tenían las FARC” hacia otras organizaciones a través de “acuerdos explícitos o implícitos” entre ambos.

En otros, se generaron “disputas” para conquistar las zonas abandonadas, como por ejemplo sucede en algunas zonas fronterizas: en el Catatumbo, colindante con Venezuela, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el grupo armado Ejército Popular de Liberación (EPL) mantienen un duro combate por el control del territorio. 

Pero quizás una de las consecuencias más directas del desarme de las FARC ha sido la creación de bandas de antiguos guerrilleros que abandonaron el proceso de paz y pusieron su conocimiento militar y territorial a disposición del narcotráfico.
 

Desde el inicio del proceso, ya hubo frentes que se mostraron reticentes al acuerdo con el Gobierno. En 2016, el Frente Primero de las FARC anunció su retirada de los diálogos de paz y no se desmovilizó como sus compañeros de guerrilla. Fueron los primeros disidentes, a los que se sumaron otros integrantes del Bloque Oriental, que operaba en el este de Colombia. Por ahora, son al menos 600 combatientes organizados en varias agrupaciones. Johnson subraya que “los frentes más metidos en el narcotráfico” y, por lo tanto, “más ricos”, “en general han generado disidencias”.

Fuente: esglobal

La pobreza de las zonas cocaleras:

Los cultivos ilícitos ocupan 171.000 hectáreas de Colombia. Desde 2013, su superficie ha aumentado un promedio anual del 45%. Además, los cultivos producen un 33% más de hoja que en 2012. El 25% de las plantaciones están a menos de 20 kilómetros de una frontera internacional: la frontera con Ecuador y la costa del Pacífico son las zonas con más coca, además de la región que bordea Venezuela y aquellas que tienen conexión fluvial con el Amazonas y, por ende, con Brasil.

Esto sucede a pesar de que el acuerdo de paz con las FARC incluye el Plan Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), un programa que busca subvertir la lógica del narcotráfico desde su origen. A través de incentivos económicos y sociales, el PNIS lleva a las familias cocaleras a dejar la economía ilícita y dedicarse a otro tipo de cultivos.

Según la FIP, el 57% de las familias que viven en las zonas de cultivos de coca están en situación de pobreza monetaria, mientras que la media en la Colombia rural es del 36%. El ingreso mensual por hectárea de un cultivador es de unos 116 euros, la mitad de un salario mínimo en el país.

Desde el desarme de las FARC han cambiado los actores, las cifras y los métodos. Pero la conclusión es clara: el narcotráfico en Colombia sigue más vivo que nunca.