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DESENLACE “AGRIDULCE”

Lo que nos dejó Game of Thrones: El final del juego y… ¿el inicio de la democracia?

Lun, 20/05/2019 - 5:02pm
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Después de 8 temporadas se terminó la serie más vista de todos los tiempos. Con un final que fue excelente para unos, decepcionante para otros… ¿agridulce como dijo George R.R Martin? Aquí vamos a desglosar los hechos y analizar todo lo que acaba de suceder en el último episodio de la vida de la gran, gran Juego de Tronos.

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Terminó la serie que más presupuesto tuvo de todos los tiempos, terminó la serie que hizo parar a medio mundo por una hora cada domingo para volver a los tiempos de antes: juntarse, sentarse en frente de la tele y concentrarse en eso por una hora o más y después comentarlo en todas las redes sociales por una semana hasta el siguiente episodio, formular teorías, inventar secuencias y conspiraciones que finalmente terminaron en el sexto capítulo de la octava temporada. 

Hay aquellos felices, aquellos conformes, aquellos disgustados, otros contrariados ¿Fue un buen final? ¿Sucedió lo que tenía que suceder? Aquí lo vamos a desglosar y tratar de encontrarle explicaciones a las distintas escenas de este final de serie, este último episodio de todos los tiempos de Game of Thrones:

 

La ciudad en ruinas

Tyrion camina por la ciudad en ruinas, King’s Landing, con Jon Snow y Sir Davos a sus espaldas. Solo vemos a dos “sobrevivientes” ciudadanos de King’s Landing, uno semi quemado que pasa a su lado y otro llorando entre los escombros. El caballo de juguete de la nena que murió incinerada con la madre, que vimos en el episodio anterior, sigue en el mismo lugar como representación de la muerte de la inocencia (donde no queda ni un niño vivo). 

Se encuentran con Greyworm cortando las cabezas de los ex soldados de la guardia de Cersei e intentan detenerlo para que deje de haber sangre, a lo que responden “órdenes de la reina”, ya no hay códigos, ya no es seguro. 

Vemos a Tyrion bajar hasta las catacumbas del castillo, donde se encontraba el cráneo de dragón intacto pero la mitad del cuarto derrumbado y busca entre los escombros hasta encontrar a sus dos hermanos muertos, abrazados, uno encima del otro. Recordemos que Tyrion le aconsejó a Jaimie que si la cosa se ponía fea fueran ahí abajo, por lo que un poco es su culpa que hayan muerto sus hermanos.

Daenerys dictadora

La vemos, saliendo a donde está su ejército de Inmaculados y el resto de los Dorthraki, con Drogon detrás de ella como formándole unas alas de Madre Dragón, o de Ángel de la muerte. Da un discurso que da miedo, advirtiendo que así como “liberó” a los esclavos y “liberó” a King’s Landing de la tiranía, liberaría a todo el mundo entero (cueste lo que cueste) y los Inmaculados con los Dorthraki aplaudieron su discurso, con la mirada asustada de Jon Snow y de Tyrion Lannister detrás de ella.

El último se acerca y ella le dice “me traicionaste, liberaste a tu hermano”. “Sí”, responde Tyrion, “pero vos quemaste toda la ciudad” y tira su insignia de mano de la Reina por las escaleras. 

Es encerrado para, suponemos, luego ser ejecutado y tiene una conversación larga (demasiado larga) y tendida con Jon Snow de la cual surgen cosas importantes: se remarca el hecho de que Jon no es igual a Daenerys porque no quemaría ciudades enteras para ganar poder ni quedarse con el reino, ambos admiten que están enamorados de Daenerys (gran revelación por parte de Tyrion) y que eso los cegó a ambos a la hora de juzgar en qué se estaba convirtiendo su reina. 

“El amor es la muerte del deber”, dice Jon, la frase que le dijo en la Night’s Watch Aemon Targaryen, el único Targaryen “cuerdo” que conocimos además de, bueno, Jon. 

“A veces, el deber es la muerte del amor”, respondió Tyrion, dejando claro lo que Jon debía hacer. 

 

La muerte de ¿la última? tirana 

Daenerys cumple con su visión. El castillo destruido, el trono al aire libre, las cenizas cayendo por todos lados como si fueran nieve. Ella con ojos abiertos, de loca, como si no pudiera ver las atrocidades que hizo para llegar ahí (cosa que sucedió en tan solo dos episodios y que no desarrollaron más como mucha gente se quejó que debería haber sido).

Toca el trono de Hierro, el lugar por el que todos los que vimos lucharon durante 8 temporadas y en el cual Daenerys nunca llegó a sentarse porque llegó Jon Snow a decirle que estaban degollando a soldados, y que había quemado niños vivos.

Daenerys responde que fue Cersei la que la llevó a eso al no rendirse ante ella. Como decía Jorge Luis Borges: “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Y la que pareció que salvaría al mundo de la tiranía se convirtió en la misma tirana que juró destruir. 

La profecía de Azor Ahai se cumple cuando Jon termina matando a Daenerys, convirtiéndose en lo que Melisandre, la reina roja, prometió que sería: el príncipe prometido que salvaría a todos y para eso lo resucitó. 

La escena se vuelve devastadora cuando Drogon, el único dragón que quedaba vivo ve a su madre muerta y llora desconsolado. Todos pensaban que quemaría vivo a Jon por haber sido quien la mató, sin embargo, quema y derrite el trono de las mil espadas, el trono de Hierro, simbolizando que en realidad fue eso lo que la mató, fue la sed de poder y la ambición por el trono lo que terminó con la vida de su mamá.

¿Por qué no mató a Jon? Puede ser porque es un Targaryen, o puede ser porque sabe el motivo de por qué la asesinó. La cuestión es que Drogon se lleva en su patita a su madre muerta después de ver una escena muy parecida a la de El Rey León cuando Simba ve muerto a Mufasa y se va volando, donde, por lo que sabemos, nadie más lo ve más que en el cielo volando de vez en cuando. 

 

El arreglo de los Lords y Ladies (o lo que en occidente sería: la aristocracia)

Acá es cuando la cosa se vuelve un poco rara y fantasiosa. Se juntan todas las cabezas de las casas importantes que quedaban en los 7 reinos. Stark, Tully, Tarly, Tarth, Greyjoy, el nuevo príncipe de Dorne, Arryn, etc. 

Sale Greyworm con Tyrion Lannister, que sigue de prisionero, a su lado preguntando qué harían con él quien traicionó a Daenerys y liberó a Jaimie y que debería ser un rey o reina quien decida su destino.

Pero en ese momento todos se dan cuenta “¡Oh! No tenemos rey ni reina”… ¿Y qué se hace? “Bueno, elegimos entre todos quién debería gobernar”. Y nace entonces, el inicio del fin de la monarquía absoluta, lo que para una serie como Game of Thrones donde todos los episodios giraron en torno a quién se queda con el trono  y murieron millones de personas por eso, es muchísimo. Es la evolución de siglos de toda la sociedad occidental en menos de 10 minutos. Inclusive Samwell Tarly propone una democracia total, donde el pueblo sea quien decide quién gobierna.

Ahí sí, los Lords se rieron en su cara, pero ojo que si pasaron de una monarquía absoluta a una parlamentaria en menos de diez minutos no falta más que esperar diez más para que se convierta en una democracia representativa, republicana y federal. 

¿Lo más loco? Quien elige al rey es el mismo al que están tratando de condenar por traidor. Con las esposas todavía puestas, Tyrion es el que decide el futuro del mundo conocido: Bran será quien gobierne Westeros ¿Por qué? Porque no es ambicioso, no quiere ser rey, es quien sabe toda la historia del mundo (y es la historia la que une a los pueblos), es paralítico y por lo que dicen no podrá ser padre ni tener descendencia lo que lleva a decidir: de ahora en más no importa más los hijos de los reyes ni las descendencias, ahora siempre serán por votación, y todos los que están ahí aceptan que Brandon “El roto” Stark gobierne. Menos, Sansa, que con mucha sabiduría exclama que Winterfell será, como lo fue por años, un reino independiente del Sur. Y así Brandon queda como rey de los 6 (no 7) reinos.

“¿Estarías dispuesto a ser rey?”, le pregunta Tyrion a Bran.

“¿Para qué crees que vine hasta acá?”, responde él.

Esto le resultó agridulce a mucha gente porque no creen que Bran haya hecho demasiado para ganarse ese lugar. Sí es cierto que al no tener la ambición ni la pasión de los hombres, por esto de que es el Cuervo de Tres ojos y ya no se siente humano, quizás será mejor gobernante que cualquier otro, pero también lo hace ser menos empático, lo que podría ser una gran complicación a la hora de poner las cartas sobre la mesa. 

 

El destino de Jon Snow

Al final, Jon, fue El Salvador de todos, sacrificando a su amante y reina Daenerys, y la junta aristocrática no se decidía con qué hacer con él ya que muchos lo querían libre (como Sansa y Sam) y otros, muerto (como Greyworm y Yara Greyjoy quien amaba y veneraba a Daenerys como reina). 

A nadie le importó su condición de Targaryen, que fuera el heredero legítimo al trono, ni que haya salvado al mundo de una terrible tirana como Daenerys que era capaz de prender fuego todo lo que estuviese a su paso con tal de sentarse en el Trono de Hierro. 

Lo mandaron, irónica y tristemente, a la Night’s Watch una vez más. Al Castillo Negro donde ya no hay nada más que cuidar porque los Caminantes Blancos se murieron. El tiempo pasó sin que nadie se diera cuenta, el Castillo de King’s Landing está mágicamente reconstruido y Jon tiene el mismo peinado que cuando empezó la primera temporada.

No se entiende si quieren significar que la vida es una rueda, que Jon al final volvió al mismo lugar del principio porque no aprendió nada o qué. Lo bueno es que esta vez dejó un poquito la lealtad y el juramento de la Guardia de la Noche a un costado y dijo ¡Chau!, agarró a los Wildings, a los Salvajes donde estaban Tormund y su perro-lobo Ghost (a quien finalmente le hizo un mimo y la gente se pudo tranquilizar) y se fue con ellos para ser el jefe “Beyond the Wall”, más allá del muro y fuera de la Guardia de la Noche y de todo el resto de Westeros. 

 

El destino del resto de los personajes

Sansa reina del Norte, Arya capitana de barco yendo a averiguar lo que siempre quiso saber “¿Qué hay más al Oeste que Westeros?” Nadie  sabe porque ahí termina el mapa. Bueno, ahí es donde ella quiere ir. 

(Para los que se preguntan “¿Arya no iba a cerrar ojos verdes?” La respuesta es: ya lo hizo, cerró los ojos de Lord Baelish, “Little Finger” en la temporada anterior.) 

Greyworm se fue con los Inmaculados a las tierras de Naath, de donde era Missandei. 

Bran como rey y su mesa de consejeros con Sam Tarly como Maestre, Tyrion como su mano, Brienne como Capitana de la Guardia Real, Sir Davos como gerente de los barcos y la guerra y Bronn ¿Bronn? Sí, el tipo con menos ética de toda la serie terminó siendo el jefe de la moneda de Westeros y además Lord de Highgarden, unas de las mejores tierras del mundo de GOT. 

En fin. Fue un final, se podría decir… adecuado. No fue excelente ni estuvo al nivel de lo que suele dar Game of Thrones, esa cosa impredecible que solía dejar al público con el corazón en la boca, algo más picante que fuera realmente agridulce. Sabíamos que iba a morir Daenerys, sí. Que la iba a matar Jon, era muy probable. Que Bran iba a ser rey no nos lo esperábamos tanto pero no era algo tampoco que la audiencia deseó como final.

En lo que la gran mayoría están de acuerdo es que los directores se apuraron sin necesidad. Quisieron resumir en 6 capítulos algo que podría haber tenido un desarrollo de 10 si hubiesen querido o inclusive una temporada más como hubiera deseado el escritor, George R.R Martin. Daenerys se volvió “loca” demasiado pronto, y sí, es cierto que demostró lo que los directores deseaban: que no hay buenos ni malos en las guerras, que quien termina sufriendo siempre es la gente común y corriente, que las revoluciones terminan siendo igual de miserables y tiranas como los gobiernos conservadores (tal como Robert Baratheon al tomar el trono de las manos de Aerys Targaryen “el rey loco”) y que al final, lo que debería ganar es la democracia y el poder popular regido por alguien que no desea ser rey pero tiene las cualidades para serlo (como dijo Tywin Lannister en su momento: “Cualquier hombre que deba decir ‘Yo soy el rey’ no es un verdadero rey”). 

De todos modos ahora estaremos duelando el final de una de las mejores series de todos los tiempos, más allá de si nos gustó o no el final o si nos dejó con un gusto amargo o un gusto dulce, o una sensación de conformidad, felicidad o tristeza, no hay dudas de que fueron muchas temporadas excelentes y que se terminó una historia que además de ser excelente, es un excelente retrato del mundo político y de la realidad del mundo y cómo se manejan las redes que entretejen el poder. La única diferencia es que, en Game of Thrones, hay dragones… por lo menos uno.