Leído

LA COMPETITIVIDAD DEL ACUERDO MERCOSUR-UE

Del puntapié refundador a la defunción industrial

Jue, 11/07/2019 - 10:03am
Enviado en:
0 comentarios

La puesta en marcha del tratado de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea sorprende a la economía nacional como una de las más cerradas del planeta. Pero al mismo tiempo la encuentra desguarnecida por la estanflación, el sobreendeudamiento, la ausencia de crédito accesible, de inversiones productivas. Soportando una presión impositiva récord y prácticas laborales desnaturalizadas por abusos más que por derechos de los trabajadores. Cuando se instale un nuevo gobierno en diciembre, aunque sea el actual reelecto, habrá, en el mejor de los casos, una inflación del 2,5% mensual, tipo de cambio, tarifas y precios reprimidos y atrasados, con un elevado riesgo país. Estará en gestación un eventual “sinceramiento de las variables” (como en la época del abuelo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, se solía denominar a las devaluaciones y demás medidas de reacomodamiento de precios relativos), y recién a partir de ahí se podría dar el puntapié inicial al proceso estructural de apertura de la economía a la competencia externa, el que a continuación requeriría de las reformas legislativas estructurales, como la tributaria y laboral.

Contenido

4 ó 5 Presidentes pasarán por la Casa Rosada antes que el aparato productivo nacional haya afrontado plenamente las adecuaciones al acuerdo UE- Mercosur en barbecho, cuando nada más que elegir al 1ro. en ciernes mantiene al país paralizado, distorsionado y expectante.

Es a todas luces evidente que el apuro de Mauricio Macri por firmar los papeles con el bloque de Bruselas no tenía otro propósito que el de incluir la concreción de algún tratado internacional de libre comercio en la campaña electoral, tras 4 años de pregonar la integración al mundo, con la que pretendía diferenciarse de la gestión kirchnerista que lo precediera, sin haber dado ningún paso que no fuese retórica en esa dirección. 
 
En las recientes jornadas en que se meneaban protocolos, el mandatario de Brasil, el socio mayor del Mercosur, Jair Bolsonaro, había optado por ir a USA a rendir pleitesías al colega Donald Trump, dejándole la iniciativa sobre el tema europeo a Macri.

Pero el propio jefe negociador de la Argentina como integrante del Mercosur, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Horacio Reyser, se encargó de aclarar que este acuerdo "tiene un horizonte de 10 a 15 años", lapso en el que el país deberá ir modificando estructuralmente no pocas cuestiones y saltando grietas, de proyectarse las polarizaciones que caracterizan a la política. 

Mirando hacia atrás, desde los ´90 que Argentina acumuló medio centenar de Tratados Bilaterales de Inversión (TBI), muchos de ellos con naciones de la Unión Europea, sin demasiado correlato en ingresos de capital destinados a la producción: US$ 2 de cada US$ 3 entraron por la puerta financiera. 

Aunque habitan en el mismo planeta, vecinos de la región celebraron en todo este tiempo muchos más tratados de libre comercio (TLC) que el de los socios del Mercosur: Argentina tiene 12, Brasil 11 igual que Uruguay y Paraguay 9, mientras Chile mantiene asociaciones comerciales con 56 naciones, Colombia con 35, la mismísima Venezuela con 29 y Perú con 15.

Con esos niveles de integración, cuanto menos, las empresas de esos países han tenido que adecuarse a las reglas internacionales de competencia, como no lo hicieron las del frente del Atlántico Sur. 

Además de tardío, el punto de partida al que se debería arribar tiene muchas más incógnitas que certezas. 

Por ejemplo, antes que nada, ¿adónde irán a parar a partir de diciembre las variables macroeconómicas atrasadas en aras de este congelamiento forzoso justificado en la pax electoral?:

** tipo de cambio, ya que la devaluación que desató el actual ciclo de parálisis del consumo, caída del salario, aceleración de los precios internos, mayor desempleo y pobreza, ya habrá sido devorada por la inflación;

** tarifazos en suspenso desde mayo en electricidad, agua y transporte, atenuados en combustibles y diferidos en gas, que hicieron subir los subsidios económicos y por ende el gasto fiscal primario;

** precios de la canasta básica reprimidos mediante los sistemas de regulación sancionados (cuidados, esenciales);

** poder adquisitivo del salario y consumo sin Ahora 12, préstamos de ANSeS y otrosimpulsos preelectorales;

** desarme de la bomba de tiempo financiera, con vencimientos de más de US$ 20.000 millones que se convirtieron en una bola de nieve al venirse pateando desde el 1er semestre a plazos cada vez más cortos y tasas reales cada vez más positivas a medida que el IPC se acomode en el 2,5% mensual hasta después de noviembre.

Sinceramiento de las variables

Una vez desentrañado el misterio de adónde irán a parar tipo de cambio, tasa de interés, tarifas, precios, salarios, consumo, y mientras la producción primaria y petrolera siguen su curso, debería comenzar la etapa estructural para las empresas, teniendo en cuenta que el 99% largo son Pymes y altamente dependientes del mercado interno: elevada presión impositiva nacional, provincial y municipal, adecuación de los convenios laborales a las exigencias modernas de competitividad, logística en una geografía tan vasta como la nuestra. 

Un horizonte de reformas legislativas e inversiones relegadas en caminos y transportes, a las que se agregarán las relacionadas con la transformación digital de la denominada Industria 4.0. 

Si se ha venido tornando eterno mantener al dólar en el molde hasta dilucidar quiénes gobernarán la nación dentro de 5 meses, ¿se nos hará así de largo el plazo de 10 a 15 años que se impuso para arribar a la competitividad inmanente a un comercio libre de aranceles con el bloque que tiene al euro como moneda?

Lo único cierto de la actual transición lo refleja el Índice de Equilibrio Fiscal que acaba de dar a conocer el Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE), de la Universidad de Belgrano: los ingresos fiscales han estado creciendo por encima de los gastos, gracias a la cosecha (que derrama también sus beneficios regionales y de refuerzo de divisas) y a una incipiente reactivación del consumo consecuencia del pago de aguinaldos y de los circunstanciales paliativos crediticios del gobierno, en el marco de las contenciones momentáneas de precios y tarifas.

En declaraciones al diario La Voz del Interior (Córdoba), Reyser admitió que en horizonte del acuerdo UE- Mercosur se encuentra la reducción de los impuestos internos que pagan los productores locales, por lo que se trabajará en una "nueva reforma fiscal de largo plazo".

Puso el acento en que "tenemos que trabajar sobre los impuestos provinciales".

Más inminente será la baja de los derechos de exportación, ya que, dijo, en cuanto empiece a regir se rebajará a la mitad la alícuota máxima de alrededor del 28% para productos del complejo sojero que vayan a la Unión Europea, y el resto de la escala arancelaria se irá reduciendo para que la productividad nacional sea más competitiva. 

Asimismo, a fines de 2020, irá a 0% el cargo de las exportaciones industriales que la Administración Macri impuso por decreto temporario en $3 y $4 por dólar para compensar los efectos de una devaluación que la inflación ya se encargó de licuar.

El Índice de Tipo de Cambio Real Bilateral (ITCRB) había estado al amainar la corrida cambiaria iniciada en mayo en 136,08, y ahora apenas supera el nivel de hace un año: 107,11, es decir, 22% abajo.

Pero resulta que la evolución que desde entonces tuvieron las variables económicas movieron todo de lugar: entre julio y mayo los costos en pesos crecieron 47,2%, el salario real perdió -9,6% de poder adquisitivo, el PBI retrocedió -1,5% (el industrial -5%) y la tasa de interés de referencia saltó 50%.

Nadie sabe muy bien dónde quedó parado, pero sin necesidad de verificar estadísticas en el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET) y en la serie desestacionalizada del EMAE, la certeza generalizada sería que la situación está peor que hace 1 año.

Y para medir la competitividad con el exterior podría tomarse como punto de comparación que desde hace 3 meses, y aún en plena liquidación de cosecha, la balanza comercial empezó a dar de nuevo negativa porque descendieron las exportaciones, tras 9 meses consecutivos con el signo + antepuesto.

Los dirigentes industriales y sindicales ven venir que esta vez llega en serio la desprotección a los sectores más vinculados al consumo interno y que quedarán expuestos los déficits tecnológicos y de competitividad que les son propios.

Pero, asimismo, quedan descolocados por las asimetrías fiscales de tasas de interés de infraestructura que caben al Estado y la presión que ejercen sobre sus costos los impuestos provinciales y municipales. 

La vara europea es alta en materia de tecnología y productividad, así como los insumos están en desventaja con el sudeste asiático, China o Turquía.

El vicepresidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADMIRA), Gerardo Venutuolo, admitió al diario BAE Negocios la necesidad de sancionar una reforma laboral que disminuya el ausentismo y el abuso con licencias que a veces son avaladas por un sistema de medicina laboral que exagera. “Hay que eliminar abusos, no los derechos”, puntualizó.

El elevado endeudamiento y lo que sea renegociado por el próximo gobierno marcarán los tiempos para la reforma impositiva que torne más razonables los costos de la tributación, ya que existe una alta dependencia de la agobiante cobranza actual al financiamiento del gasto primario más los intereses acumulados, justo en medio de una economía recesiva como la vigente. 

En ese contexto es que muchas empresas argentinas deberían complementarse con inversores extranjeros para acortar tiempos en el proceso de renovación tecnológica, según el directivo de ADIMRA, si bien es una asignatura pendiente desde los ´90, cuando se celebraron 58 Tratados Bilaterales de Inversión (TBI), inclusive con países de la Unión Europea, aún vigentes pero sin mayores resultados.

Salvo Vaca Muerta y el agrobusiness, la economía argentina no ha despertado atractivos al ingreso de capitales con fines productivos en todo este período.

Si, en cambio, lo fue el marco legal sancionado durante el menemismo, como la Ley de Inversiones Extranjeras y la de privatizaciones. 

Así y todo, entre 1992 y 1998 apenas el 30% de la inversión extranjera directa correspondió a aportes de capital (empresas nuevas o ampliaciones), según el economista Matías Kulfas.
 

Y desde aquel momento, pese a que los TBI llevan cláusulas que permiten remitir libremente todas las utilidades, que prometen que los conflictos se resolverán en tribunales extranjeros y que garantizan que las inversiones recibirán igualdad absoluta en el trato respecto a las empresas locales y también a las de otros países, prevalecieron radicaciones que aprovecharon el cambio barato para la compra de empresas ya establecidas.

Hubo en tal sentido una ola de adquisiciones de firmas locales por parte de grupos brasileños, sobre todo en el rubro alimenticio.

Si no se desempantana la economía, las industrias productoras de bienes de consumo doméstico quedarán fuera de competencia en cuanto empiecen a funcionar los tratados de libre comercio.