Desacato exportador al 2019 Año de la Exportación decretado

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NI EL DÓLAR ALTO GARANTIZA COMPETITIVIDAD

Desacato exportador al 2019 Año de la Exportación decretado

Dom, 05/05/2019 - 10:38pm
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La Casa Rosada festejó como un hito triunfal de este 2019, el Año De La Exportación declarado por decreto presidencial, la reciente apertura del mercado chino para el primer embarque de cerdos desde nuestro país. Contrastó, en todo caso, con el comportamiento -6,6% negativo de las exportaciones en marzo, a pesar del dólar a $45, consecuencia directa del constante recorte de las perspectivas de crecimiento del PBI brasileño. La proyección más optimista para todo el año es llegar a los US$ 70.000 millones en total, unos US$ 10.000 millones más que en 2018. Por un lado no está la sequía, pero además se han prendido velas para que Brasil ayude a que continúe la buena dinámica para las manufacturas de origen industrial. Vienen en alza los envíos de combustibles y energía que traen un crecimiento del 70% y van por más. Pero salvo estos comportamientos coyunturales, que ni siquiera alcanzan para equiparar el nivel de 2014, al país le falta vocación y dinámica exportadoras e inclusive, en los últimos años, quedó muy relegado respecto de los vecinos de la región. La Administración Macri se sacó la foto de la inserción internacional, pero se conformó con las agroexportaciones y alguna apuesta futura a Vaca Muerta y a la minería. Tal es así que hasta atacó el déficit fiscal recaudando derechos de exportación a los granos y los servicios digitales. Como excepciones que confirman la regla se han facturado ventas al exterior de cables de acero, butacas para cines 4D, válvulas para motores, ropa de diseño, cerezas frescas, arroz orgánico y videojuegos, por ejemplo y se penetró en mercados asiáticos y africanos, pero poco y nada de presencia argentina se encuentra en los 300 acuerdos bilaterales con que se han ido sustituyendo los alineamientos en bloques y al clásico comercio global.

En el Año de las Exportaciones, los únicos aportes destacados son los que provinieron del campo, sin los avatares climáticos de la anterior campaña agrícola, de las carnes y de la maduración de los proyectos de inversión en el sector energético.
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El presidente Mauricio Macri declaró el 28/12/2018 al ejercicio 2019 como el “Año de la Exportación”.  Desde la publicación en el Boletín Oficial del decreto 1.177/2018, las documentaciones oficiales incorporaron la inscripción en los encabezamientos.

4 meses después, China abre por primera vez su mercado a exportaciones de porcinos desde Argentina para la que habilitó los primeros 3 plantas frigoríficas que podrán hacerlo: La Pompeya , Campo Austral y Paladini.

7 meses tardó en concretarse la operación luego de la emergencia alimentaria china que ocasionó la letal fiebre africana en los planteles locales, obligando a su gobierno, en principio, a cancelar compromisos de entrega de cerdos al exterior y a salir urgente a abastecerse del faltante, entre 25 y 35% de la producción.  

La delegación china que visitó el país en la cumbre del G20 abordó la cuestión con las autoridades nacionales y sólo faltaban firmar papeles para iniciar los despachos, con la ventaja de que los cerdos de estas latitudes poseen uno de los mejores niveles sanitarios del planeta. 

La Casa Rosada festejó como el gol del campeonato esa apertura importadora china para una de las más importantes fuentes proteicas de su población, amenazada por la inesperada enfermedad. 

La oportunidad de colocar comida en el plato de la mayor población mundial se extiende también a las  carnes premium. 

Hubo anuncios, en tal sentido, de que también serán habilitados 22 nuevos establecimientos argentinos exportadores de carne aviar y bovina. 

No todas son sumas lineales. China acordó con USA comprarle aceites de soja que antes se proveían desde el complejo rosarino, que ahora debe conformarse con bajarle unos cambios al valor agregado y despachar granos.

El comercio exterior actual exige conocimiento de fondo, pero asimismo reflejos más propios de traders que de escanciadores de copas en cócteles, especializados en buenos modales y protocolos discursivos.

Los bloques comerciales apadrinados por las potencias se estrangularon, tal como sucede con las células en biología y ahora la mitad de las transacciones del planeta tiene lugar entre países que han celebrado 3 centenares de tratados de apertura recíproca, y la reinserción argentina al mundo proclamada como política por la Administración Macri se concentró en la comunidad financiera y descansó el intercambio de bienes y servicios en las ventas del agro y en la importación de insumos industriales.

Tal es así que más de 2/3 de las mercancías enviadas al exterior se dirigen a mercados en los que paga pesados aranceles por la escasez, precisamente, de acuerdos comerciales suficientes.

Hubo apenas tibias gestiones con la Unión Europea y esperó un cambio de gobierno en Brasil para replantear el Mercosur, y flexibilizar el cepo aduanero. 

Si bien es verdad que Macri heredó de CFK una caída del 18% en las cantidades exportadas en el 2do mandato entre 2011 y 2015 y que el número de exportadores se contrajo 25%, no encaró ninguna decidida política para reposicionarse en el tablero internacional pos Trump. 

No menos cierto es que desde que empezó el siglo XXI, somos en América del Sur el país con menor crecimiento porcentual de exportaciones, excepto Venezuela.

Retraso regional

El director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, suele actualizar el dato en estos términos: el año pasado, la Argentina exportó 13% de los bienes que factura afuera México, 25% de lo que vende Brasil y 20% menos que Chile, cuando en 1980 estábamos en la mitad que Brasil o México y hace nada más que un lustro superábamos a Chile. 

En el 2000 cuadruplicábamos a Perú, mientras el año pasado apenas lo superábamos en un 30%.

No se trata sólo de una mera cuestión estadística o de balanza de intercambio, siendo que mirándolo desde la mano de obra aplicada a la proveer bienes y servicios al exterior, cada trabajador argentino generaría US$3.350 promedio (contra US$5.517 del ratio mundial), por debajo de los colegas chileno, mexicano, uruguayo, panameño, costarricense y paraguayo.  

En estas condiciones, acceder a mejor producción, más inversión, empleo más calificado y más dólares genuinos sin mejorar la inserción económica internacional se torna muy engorroso. 

De modo que las empresas del país, en general, se enredaron en las trabas internas, terminaron rindiéndose al anquilosamiento y no se aggiornaron para afrontar la competencia exterior en materia de diseños, calidad y marketing 

Quedaron apenas 60  que exportan más de US$100 millones y sólo 15 logran exportar más de US$1.000 millones.

Delante de nuestras propias narices las oportunidades de colocar producción se multiplican ante la aparición de nuevos compradores como Hong Kong, México, Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Taiwán, Rusia, Turquía, Tailandia, Vietnam, Malasia e Indonesia, entre los 30 más activos en importaciones, sin que hayan sido comercialmente abordados como pudiera ser por parte de empresas argentinas.

Las asignaturas pendientes consisten, según los entendidos, en mejorar el capital relacional externo: facilitar el acceso al mundo en materia de mercados (acuerdos comerciales y de integración económica), financiera (normalizando la reputación) y de acceso a proveedores (el arancel de Argentina según la OMC, es, junto al brasileño, el más alto de Latinoamérica: 13,5% promedio simple).

El gobierno le acaba de poner todas las fichas a una oficina: Argentina Exporta, para avanzar en todo lo que no hizo en 3 años la Agencia de Comercio Internacional e Inversiones, que funcionaba en la órbita del Ministerio de la Producción encomendado al principio al amigo del Presidente, Francisco “Pancho” Cabrera.

La nueva tentativa tiene el tiempo en contra, porque los auditores del FMI exigen que la caja del comercio exterior deje saldo a favor, y el único modo inmediato de hacerlo es encomendarse al agro y la energía en los ingresos y en la recesión que ahorre divisas de importación para abastecer a la industria en los egresos. 

El “Año de la Exportación” debuta con un saldo positivo de US$4.000 millones, nada mal de no haber sido porque el factótum fue el drástico corte de la importación, sin que la facturación de ventas ni la apertura de nuevos mercados hayan tenido nada que ver.

En un 2018 que se caracterizó por haberse duplicado la paridad cambiaria y por la sequía que diezmó la cosecha gruesa la oferta externa argentina se basó especialmente en bienes intermedios. 

Los resultados mostraron unos US$23.000 millones de exportaciones manufacturadas de origen agropecuario, unos US$20.000 millones de industriales tradicionales, alrededor de US$14.000 millones de bienes primarios y unos US$4.000 millones de combustible y energía. 

En su mayoría, los receptores fueron de casi 70% del total fueron los mercados emergentes, por US$43.069 millones, mientras los desarrollados compraron por US$18.551 millones, el 30% restante.

Asia-Pacífico se impuso como destino a la Unión Europea y hasta al Mercosur. Y hasta las mercaderías enviadas a África superaron a cualquier país del mundo, con excepción de Brasil.

En el Año de las Exportaciones, los únicos aportes destacados son los que provinieron del campo, sin los avatares climáticos de la anterior campaña agrícola, de las carnes y de la maduración de los proyectos de inversión en el sector energético.

La cosecha fina deparará US$1.000 millones que la precedente y la gruesa trae perspectivas muy auspiciosas.

Las manufacturas industriales están pendientes de una recuperación brasileña más acelerada durante 2019, y de que se mantenga un ritmo de crecimiento similar al del año pasado, que orilló el 10% anual”, proyectan desde Invecq.

Con la caída de los precios internacionales de las commodities, las exportaciones argentinas pasaron de más de US$ 80.000 millones en 2011 a unos US$ 55.000 millones en 2015, “dejando al descubierto que el crecimiento de las exportaciones en la década de los 2000 había sido fundamentalmente un efecto exógeno de aumento de precios mientras que las cantidades producidas con destino a la exportación se habían expandido insignificantemente y en 2015 eran las mismas que en 2005”, recuerda Invecq.