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TRAS LAS BAMBALINAS DEL DÓLAR A $60

Informe: La mitad del consumo fugado buscó refugio en el colchón 

Jue, 22/08/2019 - 1:42pm
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De los 28 millones de hogares relevados en la encuesta del INdEC, unos 9 millones guarda dólares: desde dentro de una media en el placard o algún recóndito escondite en la casa, hasta en cajas de seguridad, cuentas de ahorro locales en dólares u offshore. Las minorías dolarizadas que zafaron de esta crisis siguieron atesorándolos aunque para ello hubieran tenido que economizar, sacrificar o posponer los consumos, mientras los que estaban con el tanteador en contra en el partido contra la inflación, necesitaron ir cambiando en cuentagotas para cubrir los faltantes que consideraban más importantes en su presupuesto. Sería una potencial base de consumidores de cara al 2020, una vez superadas las 3 transiciones que aguardan y que al menos abarcarán los próximos 7 meses: la electoral, la del cambio de gobierno y la del reacomodamiento de las variables macroeconómicas y de endeudamiento heredadas de la actual Administración compartida entre la ex Cambiemos y el FMI-Donald Trump. 

"Si el equivalente a los dólares atesorados en este crítico lapso se hubiera seguido volcando al mercado interno, la caída hubiera sido la mitad de la que fue y el PIB no hubiese ido a parar a los caños."
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Un veterano en las lides cambiarias suele confirmar que los colchones argentinos albergan contantes y sonantes alrededor de US$100.000 millones, número redondo, y el Banco Central precisa en el reporte correspondiente a junio que más de 1,5 millón de viandantes hicieron transacciones en las entidades oficiales. 

En realidad, de acuerdo con datos extraídos del informe de la Reserva Federal sobre “El uso y falsificación de la moneda de Estados Unidos en el exterior”, publicado en 2006 con cifras de 2005, el stock de dólares en Argentina ya rondaba por entonces los US$50.000 millones, más de US$1.200 en billete por habitante.

En la década siguiente se duplicó y hasta cuadruplicó, si se agregan los depósitos en el exterior en bancos y fondos de inversión.

De ese paquete de casi US$200.000 millones, la mitad coincide con el monto blanqueado por ley en 2016/2017, pero vuelto a fugar fuera de la economía, limpito, en un 95%.

La tendencia a la acumulación se aplacó luego de la corrida iniciada en mayo de 2018, cuando por cada US$ 2 que se compraron, se vendió US$1. 

Ahora que el promedio per cápita de retiros bajó a US$ 1.353 y el de liquidación de posiciones a US$ 1.171, respectivamente, queda a la vista que en 2019 se movieron cantidades menores que al comenzar la corrida 2018, y a medida que transcurrió el tiempo hubo una disminución mayor de atesoramiento que de desprendimiento de billetes estadounidenses.

La simple lectura de este balance indicaría que, además de los movimientos de divisas que se originan en los particulares por viajes, turismo y tarjeta internacional, la avenida cambiaria registraría que

** una mano de las finanzas privadas dolarizadas fue ocupada principalmente por los que dejaron de consumir para reforzar el colchón; y

** la otra, por los que sacaron muy medido para cubrir gastos cotidianos.

El blindaje de los ingresos que intentan con tenencia de dólares los residentes del país que disponen de excedentes de la canasta de subsistencia (compuesta por la básica más algunos gustos) se hace directamente a costillas del mercado interno, el que a su vez alimenta al PBI en un 70%, según suele estimar el especialista en el metier, Guillermo OIiveto.

Su ponderación es que el motor del consumo general en la Argentina está constituido por una clase media alta, compuesta por 17% de los hogares (4,7 millones) y una media baja que reúne al 28% de esas unidades (8 millones).

Desde otro ángulo, 5,6 millones de familias que registra la Encuesta Permanente de Hogares,  a diciembre de 2018, administraban algo así como la mitad del ingreso nacional, o sea unos US$4.000 millones, y otro tanto se distribuiría entre 16,8 millones. 

Para los casi 6 millones que figuran en las escalas mínimas e integran la abultada legión de la pobreza, la preocupación principal más bien se circunscribe a la supervivencia, y gracias si cuentan para los marketineros de la cadena de valor alimentaria.

Los datos sólo servirían como referencia para cuando se agote la transición del dólar a $60 acordada entre la Casa Rosada y los nítidos ganadores de las PASO y casi virtuales sucesores a partir de diciembre, 5 meses en los cuales la prioridad se fijó en cuidar las reservas. 

Por todo ésto, cabe colegir que debería haber una tercera etapa de la transición entre diciembre y marzo/abril, por lo menos, que será el plazo de la convergencia entre una refinanciación, reestructuración o renegociación (como se la quiera llamar) de la deuda con los principales acreedores, empezando por el FMI, el esquema de necesidades financieras resultante y la discusión parlamentaria del Presupuesto Nacional que conformará el plan de gobierno para 2020.

No es una buena noticia para la mayoría de la población que la está pasando mal, con el dólar a $60, recaída de inflación (al 50% mínimo) y de la recesión, que se vea obligada a esperar de 7 a 8 meses para saber a qué atenerse desde la virtual nueva línea de largada. 

En el entretanto, otra es la ansiedad que atraviesan las más de 4,5 millones de personas al año que, contabiliza el INdEC, entran y salen con dólares de las entidades autorizadas a operar en cambios y que en gran parte explican que el ahorro nacional esté compuesto en las 2 terceras partes por moneda extranjera. 

La desigualdad también atraviesa a la legión dolarizada, ya que se estima que 43.603 familias integran el selecto club del millón en verdes.

Gastos corridos

De todos modos, la devaluación del ingreso general de la población que causaron las corridas cambiarias diezmó el consumo y, por ende, resintió el PIB, pero también le quitó algo de aire al balance del colchón, que en muchos casos fue compensado a costa de privaciones en cambiar el auto, de racionalizar destinos, estadías y frecuencias de viajes; renovar vestuario; electrodomésticos; refacciones y equipamiento en las casas; salidas y hasta en costumbres alimenticias reñidas con las marcas y lugares de aprovisionamiento. 

De acuerdo con un cálculo que circula en el mundo del marketing, basado en la actividad del comercio online y el éxito de las jornadas de promociones y descuentos (hot sales), si el equivalente a los dólares atesorados en este crítico lapso se hubiera seguido volcando al mercado interno, la caída hubiera sido la mitad de la que fue y el PIB no hubiese ido a parar a los caños.

De ahí que el plan Alivio lanzado por la Administración Macri antes de las PASO, más los agregados tras la posdevaluación poselectoral, tuviera un moderado alcance, al ser aprovechado por algunos, no todos, los 2 millones de trabajadores que recibieron el aumento paritario y que están con "salarios nuevos".

El colchón aportó poco y nada a la ráfaga estimuladora dirigida al gasto de consumo final de los hogares (conocido anteriormente como consumo privado). 

Técnicamente, se trata del valor de mercado de todos los bienes y servicios, incluidos los productos durables (tales como autos, máquinas lavadoras y computadoras personales), comprados por los hogares. 

Quedan excluidas las compras de viviendas, pero incluye la renta imputada de las viviendas ocupadas por sus propietarios. También incluye los montos y aranceles pagados a los gobiernos para obtener permisos y licencias. 

En este caso, el gasto de consumo de los hogares contempla erogaciones efectuadas a las instituciones sin fines de lucro que les prestan servicios, incluso cuando el país los informa por separado. 

El derrumbe actual estuvo entre los peores de la historia contemporánea, sólo superado en un año únicamente, 2002, al explotar la Convertibilidad: aquel descenso había sido del 15% y se le equipararían los últimos 16 meses.