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ARGENTINOS, DE LA LONA AL DIVÁN

Peor que estanflación, desempleo y dólar: el default anímico

Jue, 09/05/2019 - 11:26am
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La recesión se vincula a la actividad productiva; la inflación al poder adquisitivo de la población; la sideral tasa de interés a la deuda y la volatilidad del dólar; el menor consumo masivo a la caída del salario y al creciente desempleo. Son todas mucho más que meras sensaciones: figuran en cuanto indicador cuantitativo oficial se difunde mes a mes, que un factor subjetivo llamado “incertidumbre” potencia y agrava. A su paso por Buenos Aires, el veterano líder socialista español, artífice del Pacto de la Moncloa, Felipe González, agregó la ponderación que faltaba: "El estado de ánimo depresivo, desesperanzado, tiene más resistencia al cambio que el estado airado, que la ira". Lo dijo al comparar la actual situación con la antesala de la crisis de 2001. Es la expresión visible de la malaria. Sin embargo, una minoritaria Argentina se oculta de los magros resultados de la gestión que afectan el funcionamiento de todo el país: la de los residentes que fugaron capitales por más de US$300 mil millones; la de los que aún pueden viajar afuera; la del par largo de millones de consumidores que no se hace ver por los shopping pero sí están online y convirtieron a MercadoLibre en la empresa nacional más cotizada del mundo. El pujante mundo delivery. O la del puñado de profesionales de la tecnología y diseño web, al que le sobran oportunidades de trabajo por la demanda local y la que le llega de USA, Australia, Reino Unido, España, India y Canadá. Conviven en las sombras con una tasa de desocupación arriba del 10% y en ascenso, según vaticina OCDE. También debajo de la superficie, más de un 40% de la clase activa intenta sobrevivir desde la clandestinidad para cubrirse de la cada vez más ilimitada voracidad fiscal.  

La recesión con inflación e incertidumbre, que en menor o mayor medida castigan a casi toda la sociedad, mellan cualquier entusiasmo.
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Lo que todos los días en las calles del país se ve, y lo mucho que no, quedó sintetizado en una frase del veterano ex jefe de Estado español, Felipe González, a su paso por el Seminario Democracia y Desarrollo organizado por Clarín: “El estado de ánimo hoy es peor que la crisis”.

La recesión con inflación e incertidumbre, que en menor o mayor medida castigan a casi toda la sociedad, mellan cualquier entusiasmo y espíritu emprendedor del argentino, en modo gentilicio, y retrae la exteriorización de comportamientos expansivos, lo cual se refleja principalmente en el consumo.

El último relevamiento mensual de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) lo ratifica: mientras las cantidades vendidas en los negocios chicos y medianos localizados en calles y avenidas comerciales de la capital federal y de las principales ciudades del interior se desplomaron un 13,4% en abril en comparación con el mismo mes de 2018, las transacciones online, pese a que no tuvieron el empuje de otros meses, siguieron con signo positivo: 0,3%.

Del cruce informativo surge que los rubros más lastimados por la crisis en el comercio minorista fueron "Calzado y marroquinería", "Joyerías, relojerías y bijouterie", "Bazares y regalos" y "Electrodomésticos, Electrónicos, Computación, y Celulares", en tanto que los más prolíficos en el e-commerce resultaron ser ropa y artículos deportivos; farmacias, perfumería y cosmética; muebles y decoración; neumáticos y repuestos de autos.

Si bien el retroceso del poder adquisitivo de la población es el denominador común de esos disímiles resultados, hubo una fuerte incidencia de las tarjetas recargadas y la necesidad de bajar los niveles de endeudamiento de las familias, lo cual  repercutió particularmente en la venta online, por la directa dependencia que tiene ese medio de pago en la concreción de las operaciones.

Claves detectó, en ese sentido, que el crédito al consumo se contrajo un 24% a valores reales, las ventas en supermercados, shoppings y autoservicios perforaron hacia abajo el 10% cada una y los patentamientos de autos disminuyeron un 54%.


La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) estimó para abril una caída del 13,4% en relación al mismo mes en 2018 del consumo general, con lo que en lo que va de 2019 acumula un descenso del 12,1%.

Se toca pero no se ve
A contramano, el comercio online ha venido en alza siguiendo la tendencia internacional que trasciende la crítica situación actual en el país y se relaciona más bien con la conectividad masiva que modificó los hábitos de los individuos. 

Un estudio de Nielsen indica que, todos los días, 3.400 millones de consumidores se conectan a internet y pasan, en promedio, 6 horas y media en línea.

Argentina ha sido uno de los más prolíficos de la región en adquirir la cultura digital, a punto tal que a facturación del comercio electrónico durante 2018 fue 47% superior a la precedente, con 3,4 millones de productos despachados por $229.760 millones, a razón de $3726 término medio de cada ticket: 78% se efectuaron con tarjeta.
Aunque Virginia Garavaglia, directora de Marketing Latam de Kantar Worldpanel, apunta que “los hogares van menos veces al punto de venta, una tendencia generalizada en la región, en la que se espacian las compras resultando en menos puntos de contacto entre las marcas y los compradores”.

Pero, en particular, está potenciada en estos lares por un cierto pudor que manifiestan algunos segmentos aún pudientes en mostrar en la cara de una población sumergida en la pobreza en la población que ellos sí pueden consumir.

Es elocuente, en parte, en ese aspecto, la dimensión que cobró en el concierto empresario nacional un shopping y banca virtual masivos, invisibles al público, sin vidrieras, marquesinas, ni tinglados industriales, como MercadoLibre, hasta convertirla en la empresa argentina mejor cotizada del mundo, por encima del emporio siderúrgico Tenaris y de la petrolera YPF. 

El que constituye un espejismo en plena vía pública es la cantidad de veredas y calles levantadas, rodeadas de vallas e invadidas por cascos amarillos, que intentan dejar la ya remanida sensación de movimiento con que los gobiernos demandan el voto ciudadano. 
Salvo por esos efímeros trastornos de tránsito y peatonales que el marketing político preelectoral ocasiona, la industria de la construcción viene a los tumbos.

En marzo registró un desplome del 11,3% y repitió un indicador negativo contra el mes anterior del 3,5%, también después de un bimestre de variaciones positivas. 

La mitad de los emprendedores privados cree que la caída no se detendrá entre abril y junio y el pronóstico tampoco es nada mejor para el 44,6% que se dedica a la obra pública.

Los empleos que se destruyen en la construcción y la industria en general, incluidos los que acaban de conocerse en Loma Negra, siembran desocupación pero también desesperanza en los hogares afectados.

Hasta la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que a tal punto simpatizaba con la Administración Macri que ha estado considerando el ingreso de Argentina como miembro activo, le advirtió sobre la necesidad de generar reformas urgentes para que la economía argentina vuelva a crecer y se desarrolle, en el marco del 2do Estudio Económico sobre la Argentina. 

Su director Álvaro Santos Pereira pronosticó que la tasa de desocupación seguirá subiendo hasta el 12% para mediados de año y al 13% durante 2020. Venía del 9,1% en diciembre y ya se encuentra en el 10%, según escribió el economista Orlando Ferreres en La Nación.

La voz del gobierno, en este aspecto, la tomó el secretario de Política Económica, Miguel Braun, cuando afirmó que el estudio económico presentado por OCDE muestra que "en estos 3 años fuimos sentando las bases físicas, políticas, institucionales y regulatorias para el desarrollo. Y en este camino, el trabajo conjunto con la OCDE fue una importante hoja de ruta".

Sin embargo, la realidad discurre fuera de la vista de la dirigencia. Se da por ejemplo el caso de que, al igual que ocurre con el cuantitativamente poco representativo e-commerce, a un selecto grupo de profesionales y técnicos le sobra el trabajo y no da abasto para satisfacer la demanda de sus servicios, tanto interna como del exterior. 

De acuerdo con un relevamiento realizado por la agencia internacional Freelancer, el talento argentino es el 7mo más demandado en el mundo, con USA, Australia y Reino Unido como los más activos en las contrataciones para cubrir vacantes, especialmente en el rubro tecnológico, creativo y analítico. Y más atrás España, India y Canadá.

Los servicios profesionales de argentinos son reclamados para desarrollar, por ejemplo, análisis estadístico, programación de bases de datos, diseño gráfico, procesamiento de datos, diseño de eBooks, análisis de negocios, programación de asistentes virtuales, data entry y tareas en más de 1.300 áreas de especialización.

Pero aún con la economía en retroceso, las necesidades locales relacionadas con Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM por sus siglas en inglés) porque pueden asistir a las empresas en su transformación digital quedarán en un 30% vacantes para el 2020. 
Inclusive, una investigación realizada por la consultora Axxon arroja que el 70% de los trabajos de hoy se tornarán obsoletos en la próxima década, otra bomba que se incuba en las entrañas productivas del país sin cabida en el marketing electoral que polariza en optar por el menos peor.